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71 min ¿tragar Cum Ayuda A Sanar Heridas?

La obra, con todo, no cundía ni adelantaba por eso. Antes bien, el padre escribía en ella menos que nunca. Se sentaba en su bufete; se colocaba delante el libro en blanco, donde iba vertiendo sus ideas conforme se le ocurrían, salvo el ponerlas más tarde en orden según un plan sabio y bien meditado; tomaba la pluma por último; pero todo era en balde. No se presentaba nada claro y concreto que decir. Un mar de pensamientos y de sentimientos se agitaba en su espíritu, como si viniese sobre ellos el más violento huracán, barajándolo y revolviéndolo todo, por donde, en vez de una creación armónica, brotaba el caos tenebroso. De esta suerte, después de soltar la pluma, los codos sobre la mesa, la diestra en la mejilla, se pasaba el Padre largas horas sin escribir y sin hacer nada. Otras veces andaba por el cuarto a largos pasos. Otras se echaba en un sillón y se cubría el rostro con las manos. Jamás se había sentido tan inactivo, tan incapaz y tan infecundo. Un día cerró con despecho el volumen en que iba escribiendo sus apuntes, y se puso a escribir en hojas sueltas. La inspiración entonces vino sin duda en su auxilio. La pluma corrió precipitada como si el torrente de ideas que tenía que verter le imprimiera un movimiento extraordinario. ¿Por qué raro hechizo hallaba el Padre esta facilidad para escribir en hojas sueltas, cuando tan premioso estaba para escribir en el libro? El hechizo no estaba en el libro ni en las hojas sueltas, sino en el asunto. El Padre se acababa de decidir a escribir sobre otro, que singularmente le importaba, que le preocupaba hacía tiempo, que pesaba sobre él, y del que era menester desahogarse. Por esto la pluma corría.

10 min Plana Sobre Su Espalda + Gang Bang

64 min Plana Sobre Su Espalda + Gang Bang Y ya, cuando a este punto llega, anda el negocio de condición que quien se quisiere ayudar a salir del cenagal, nunca le faltarán buenas inspiraciones del cielo, que favoreciendo los actos de virtud los esfuerza, con que, conocido el error pasado, enmienden lo presente y lleguen a la perfeción en lo venidero. Mas los brutos, que como el toro cierran los ojos y bajan la cabeza para dar el golpe, siguiendo su voluntad, pocas veces, tarde o nunca vendrán en conocimiento de su desventura. Porque como ciegos no quieren ver, son sordos a lo que no quieren oír ni que alguno les inquiete su paso. Huelgan irse paseando por la senda de su antojo, pareciéndoles larga, que no tiene fin o que la vida no tiene de acabarse, cuya bienaventuranza consiste sólo en aquella idolatría. Deja robados Guzmán de Alfarache a su tío y deudos en Génova, y embárcase para España en las galeras Nunca debe la injuria despreciarse ni el que injuria dormirse, que debajo de la tierra sale la venganza, que siempre acecha en lo más escondido della. De donde no piensan suele saltar la liebre. No se confíen los poderosos en su poder ni los valientes en sus fuerzas, que muda el tiempo los estados y trueca las cosas. Una pequeña piedra suele trastornar un carro grande, y cuando a el ofensor le parezca tener mayor seguridad, entonces el ofendido halla mejor comodidad. La venganza ya he dicho ser cobardía, la cual nace de ánimo flaco, mujeril, a quien solamente compete. Y pues ya tengo referido de algunos y de muchos que han eternizado su nombre despreciándola, diré aquí un caso de una mujer que mostró bien serlo. Una señora, moza, hermosa, rica y de noble linaje, quedó viuda de una caballero igual suyo, de sus mismas calidades. La cual, como sintiese discretamente los peligros a que su poca edad la dejaba dispuesta cerca de la común y general murmuración -que cada uno juzga de las cosas como quiere y se le antoja y, siendo sólo un acto, suelen variar mil pareceres varios, y que no todas veces las lenguas hablan de lo cierto ni juzgan de la verdad-, pareciéndole inconveniente poner sus prendas a juicio y su honor en disputa, determinóse a el menor daño, que fue casarse. Tratábanle dello dos caballeros, iguales en pretender, empero desiguales en merecer. El uno muy de su gusto, según deseaba, con quien ya casi estaba hecho, y el otro muy aborrecido y contrario a lo dicho, pues, demás de no tener tanta calidad, tenía otros achaques para no ser admitido, aun de señora de muy menos prendas. Pues como con el primero se hubiese dado el sí de ambas las partes, que sólo faltaba el efeto, viendo el segundo su esperanza perdida y rematada, su pretensión sin remedio y que ya se casaba la señora, tomó una traza luciferina, con perversos medios para dar un salto con que pasar adelante y dejar a el otro atrás. Navegando Guzmán de A[l]farache para España, se mareó Sayavedra; diole una calentura, saltóle a modorra y perdió el juicio.

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12 min Olvido Anciano Desplaza Nueva Piel Desnuda Mejorada

250 mb Olvido Anciano Desplaza Nueva Piel Desnuda Mejorada ¡Cuidao que la has cogido gorda! ¡Nunca te he visto tan borracho, mi hijo! -¿Qué quieres, mi negra? ¡La política! En un santiamén se vaciaron varias botellas consecutivas. Los más se quitaron la ropa; uno de ellos, Garibaldi, se quedó en calzoncillos, unos gruesos calzoncillos de algodón, bombachos, salpicados de manchas sospechosas. -Oye, Porto (así llamaban al farmacéutico en la intimidad), arráncate con un pasillo, que lo vamos a bailar esta negra y yo -propuso Petronio. -¡Ya verás, mulata, cómo nos vamos a remenear! Empezó el guitarreo, un guitarreo áspero y tembloroso, sollozante, lúbrico y enfermizo, como una danza oriental. La vela de sebo que ardía entre largos canelones en la boca de una botella, alumbraba con claridad fúnebre el interior de la choza, donde se veía una grande cazuela, sobre el fogón ceniciento, con relieves de harina de maíz y frijoles pastosos, una mesa mugrienta, varios cromos pegados a la pared, que representaban al Emperador de Alemania con su familia, los unos, y los otros, carátulas de almanaques viejísimos. En el patio había dos o tres arbolillos polvorosos y secos, al parecer pintados. Junto a la batea, atestada de trapos sucios, dormía un perro que, de cuando en cuando, levantaba la cabeza, abría los ojos y volvía a dormirse como si tal cosa. En el bohío de al lado, que se comunicaba por el patio con el de la Caliente, lloraba y tosía, con tos cavernosa, un chiquillo. Una negra vieja, en camisa, con las pasas tiesas como piña de ratón, salió al patio en busca de algo, no sin asomar la gaita por encima de la cerca para husmear lo que pasaba en el patio vecino. Andaba muy despacio, arrastrando los pies, con la cabeza gacha y trémula. La seguía un gato con la mirada fija.

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1080p Vanessa Lane, Sexo Oral Con Ella Misma.

37 min Vanessa Lane, Sexo Oral Con Ella Misma. Los dos amigos se habían reído en silencio, como una promesa tácita de descubrirse en oportunidad, sin insistir más al respecto. Como Raúl recordase a Areba Linares, en uno de los giros de la conversación, con el interés natural que inspira una persona de mérito, Zelmar había replicado tranquilamente: -Pronto la conocerás. ¡Oh, eterno femenino! El lunes se baila en lo de Stewart, te refresco la memoria. Aparte de la mecánica insulsa de la danza, ¡qué gratos instantes de expansión! Me los reservo, y te aseguro que has de pasar por entre los tules de fantasía de mi jolgorio. Mira, Raúl: que no se te ocurra abordar formalmente a Areba: te lo digo con la misma licencia con que me permito sazonar el pastel por medio de esta copa de jerez viejo. Sería igual que tú echases tus rieles sobre un puente sospechoso. La habilidad estaría en que tendieras un hilo eléctrico que pasara por encima, rasando, de manera que ella sola sintiera el vibrante rumor del acero zaherido por el viento, sin recoger ni una frase que le diera luz. Ya me entiendes: ¡es un fondo que asusta! Muchas ingeniosas intrigas brotan de ella, mansas, casi imperceptibles, hilos de agua que nacen quién sabe en qué ojos escondidos de la tierra; pero Julieta Camandria es el órgano caracterizado, como si dijéramos el hilo fino y plateado convertido en raudo que salta bullicioso y golpea a la piedra del escándalo, hasta repercutir en la trompa más rebelde. ¡Deliciosa e incomparable Julieta! En lo que no puede revelarse, está su fuerte; el día en que no hubiera secretos, se moría de nostalgia. ¡Cuidado Raúl, que ella o la otra se haga la ilusión de descubrirte alguno, o de inventarlo al menos, para rodear tu personalidad de una atmósfera ficticia! Algo turbaron el pensamiento de Raúl estas y otras frases, proferidas con la más marcada sencillez y amistosa afabilidad, y por largas horas conservó en el fondo cierta inquietud mortificante que no le era fácil desvanecer. Tentado estuvo de comunicarse con entera franqueza, a condición de que su amigo le aclarase los oscuros conceptos, que hallaban su espíritu tan bien preparado para engendrar dudas y sospechas; pero la discreción, que era una de las cualidades notables de su carácter, le aconsejaba guardar todavía algún tiempo el secreto que Bafil no tardaría, por otra parte, en adivinar o descubrir, si es que ya contra sus designios, no había levantado una punta del velo.

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103 min Jabonosa Masaje Porno Morena Rihannon Bray

31 min Jabonosa Masaje Porno Morena Rihannon Bray -Quién sabe si podremos contar con todos. -También tengo esa duda. -Las defecciones son cosas naturales en todas las revoluciones. -¡Ah, y los enemigos encubiertos son los peores! -Los más terribles. -Pero a mí no se me escapan. Ahí tiene usted uno. -Ese que entra. -Pero ése es un muchacho. -Sí, es muchacho de veinte y cinco años. Todo el mundo lo cree el mejor federal, pero para mí no es otra cosa que un unitario disfrazado. -Eso no vale nada. -Ya lo sé, pero es unitario. -¿Su nombre? -Bello; Daniel Bello; es hijo de un verdadero federal; hacendado, socio de los Anchorenas; y de gran prestigio en la campaña.

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52 min Evan Handler Sexo Y La Ciudad

83 min Evan Handler Sexo Y La Ciudad También la chica, mi novia o prometida, Facunda Iturrigalde (allá van nombre y apellido), me motejaba por chiquitín; la risa no iluminaba su rostro inexpresivo y mofletudo sino cuando se hablaba de mi corta talla, y algo decía en vascuence que hacía reír. Era sin duda un concepto semejante al de La Niña boba, de Lope, cuando le presentan el retrato de medio cuerpo del novio que le destinaba su familia: Eso es no tener marido -siquiera para empezar. Esto me ofendía. Pues una tarde. Dejadme tomar otro aliento, que esto es gravísimo. Una tarde, digo, iba yo acompañando a mi novia desde Durango a Santa Polonia. Una fatalidad benigna nos dejó solos, pues los padres iban delante con el carro cargado de aprestos de fábrica, herrajes, maderas, para una obra que habían emprendido en la mejor de sus casas. Charloteaba yo con Facunda, dándole lección de lengua castellana, y obligándola, con insistencia de dómine, a repetir temas y conceptos de uso constante en la conversación. A propósito estiraba yo mi acción escolar para retrasarnos en el camino y ponernos a mayor distancia de los padres. Dos criados que nos seguían con un borrico, cargado también de material, pasaron delante de nosotros, y en esto, atardeciendo, atravesamos un grupo de nogales que con su sombra anticipaban la noche y convidaban al descanso. Díjome Facunda que aquellos nogales y otros que más allá se veían eran suyos. Entrome con esto un vivo afán de posesión de la tierra y de lo que no era tierra. Y pues esta y los ganados, el fruto vegetal y la carne animal habían de ser míos, bien podía tomar posesión de todo en aquel instante. Apenas pensado el propósito mío de hacer efectivos mis derechos, acudí a la práctica, declarando a Facunda la pasión violentísima que el lugar sombrío y apacible, el sosiego del campo y la hermosura de ella levantaron al modo de tempestad en mi alma. Observé que mis palabras ardientes en castellano declamatorio, parodia de las famosas endechas de don Juan Tenorio en el sofá, la impresionaron hondamente y la movieron a estupor y curiosidad seguida de infantiles risotadas. Estimando la actitud de Facunda como un principio de consentimiento, me lancé de las palabras fogosas a los actos atrevidos.

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DVDRIP / BDRIP Confrontación Decisión Contemporánea Hostigamiento Serie Temática Sexual

85 min Confrontación Decisión Contemporánea Hostigamiento Serie Temática Sexual -Con ruedas de molino se comulga a los tontos -respondió don Quijote, mirándole despacio-; y veo aquí uno que no me huele a Salomón. No era don Quijote de los que tascan el freno: cuando no se remitía a las manos, sus razones herían a los descomedidos como su lanza. Quedose de una pieza el barón, riéronse sus amigos, siguió paseándose el caballero, Sancho Panza se fue a rodear sus animales, y don Alejo de Mayorga se andaba por las puertas de las bellas, invitándolas a salir con esta cancioncita: «A coger el trébol, damas, La mañana de San Juan, A coger el trébol, damas, Que después no habrá lugar». Entre llevarle al huerto, hacerle ver la caballeriza y otras distracciones, llegaron las doce, hora en que el aventurero, puesto a caballo, se partió. Era su ánimo ir, acometer, vencer a los paganos, cortarles la cabeza, libertar a su dama, y volver a pasar una noche más en el castillo. Esta esperanza comunicaba algún vigor a Sancho, quien de bonísima gana se hubiera quedado hasta cuando su señor volviera. No vino en ello don Quijote, si bien no faltó por su criado el insinuárselo. -Para hecho tan principal -dijo- no le estaría bien ir sin su escudero, cosa que aún pudiera dar ocasión a que se murmurara de su calidad. Y afirmándose en la silla, estiradas las piernas, como quien montaba a la brida, el yelmo de Mambrino en la cabeza y el cuerno de Astolfo al cuello, salió al camino embrazando su rodela y empuñado de su lanza. Sancho, para quien quedaba casi siempre lo peor, no fue tan feliz; porque un perro que estaba a guardar la puerta, tirándosele de repente encima, le dio un susto de dos mil demonios, aun cuando no le mordió de veras. Una vez recobrado el buen hombre, principió por maldecir a don Quijote, quien no tenía noticia de lo ocurrido, pues andaba ya muy adelante; siguió maldiciendo a la caballería y los caballeros; se maldijo a sí mismo, maldijo su linaje, el día en que nació, la hora en que entró al servicio de ese loco, y maldiciéndolo todo en este mundo, cerró con el rucio a mojicones, como si él hubiera tenido la culpa; montó y desapareció fuera del castillo. -Tú más necesitas de espuelas que de freno -le dijo don Quijote cuando sintió que llegaba-: ¿por qué diantre tardas, Sancho? Si vienes con pie de plomo, se malogrará el influjo de las estrellas; y te afirmo que hoy nos corre del todo favorable. -Vuesa merced me dejará comer de lobos, sin volver la cabeza -respondió Sancho-. Puesto que vuesa merced se aloje bien, cene bien, duerma bien, las estrellas son buenas, y cargue con el escudero una legión de diablos. Si a vuesa merced no se le da un ardite de mis enfermedades, mis necesidades, mis heridas, estoy aquí como entre enemigos, y me voy a mi pueblo.

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