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22 min Dolor De Pecho Que Debo Hacer

¡a ver! -exclamó riéndose don Martín-, ¡a ver el señor Abad, como se nos viene con un chascarrillo! Vaya, me alegro, hermano, de que la sangre andaluza no se te haya latinizado en las venas. Lo que natus es, negar no potes; que yo tengo para una ocasión un latinajo en conserva. Pablo y el Abad se echaron a reír. ¿no está bien dicho? -preguntó don Martín-; pues yo así lo he oído decir; desde entonces acá habrán sacado latines más pulidos, no me opongo; pero hágote saber, hermano, que a Pablo le tiene más cuenta y le vienen mejor las alpargatas del quinto, que no los potingues del boticario. Así ten entendido, Pablo, y no lo eches en saco roto, que para la tierra, lo que vale más que bendición de obispo, es majada de oveja. Hermano, esto es un decir, un ponderar; no vayas a tomarte a censo lo que digo, ni por donde quema. -Ya sé, ya sé, Martín -respondió el Abad-, ¿acaso piensas que me iré yo a escandalizar por las cosas que no llevan malicia? Eso queda bueno para los fariseos, hermano. Segunda partePablo no pudo dormir aquella noche.

2160p Pelirroja Molienda En Una Polla Dura

34 min Pelirroja Molienda En Una Polla Dura -Que nos casáramos. cuando usted quisiera. -preguntó sonriendo como entre nublados. -¿Dentro de un año? ¡Tanto! Pero si usted quiere. ¿Por qué dentro de un año? no tengo. con-fi-an-za. Mi amigo es muy veleta. -Muy veleta y muy.

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WEB-DL Revista Privada Facial Cabello Rizado Restarunt

25 min Revista Privada Facial Cabello Rizado Restarunt -exclamaba entonces-, recordando unas cuartetas que recitaban en su convento: ¡Oh! si el sol, luna y estrellas, como son astros lucidos, fuesen lenguas que alabasen tu nombre santo y divino. Lejos estaba entonces de ella traer con triste premeditación a su memoria sus dolores pasados como un acíbar para amargar lo presente; cruel propensión que tienen muchos, haciendo de esta suerte en todas ocasiones de lo pasado nuestro verdugo, pues si nos ofrece recuerdos de felicidades, es para echarlas de menos, y si de penas, es para volverlas a sentir. Zanjada su cuenta con lo pasado, de que saliera ilesa la pureza de su alma, la sanidad de sus sentimientos y lo inmaculado de su conciencia, sucedíale como a la azucena que aja y dobla el huracán sin empañar su blancura ni robarle su perfume, que, repuesta la calma, se rehace, alza su cáliz y vuelve a su lozanía, sin más agitarse en la serena atmósfera que Dios le envía. Y no es la primera vez que hacemos notar el envidiable rasgo que caracterizaba a esta suave criatura, que era su natural inclinación al bien hallarse, su propensión a la alegría, nacidas ambas de su encantadora falta de pretensiones a la vida, magnífica prerrogativa que alimenta la educación modesta, retirada y religiosa, y que destruye de un todo la moderna educación filosófica, bulliciosa y emancipada. Así fue que apenas pasó algún tiempo, y que se halló querida, mimada y mirada como un miembro de la familia, instalada agradablemente y domiciliada en su nueva morada, nada le quedó que desear, y se sintió tan dichosa, que un día, como era tan expansiva, se echó con un movimiento caloroso y espontáneo al cuello de su suegra, y le dijo: -¡Madre, qué feliz soy aquí! ¡Estoy tan contenta! La señora, que habitualmente hacía calceta y tenía la cabeza inclinada sobre su labor, la levantó, miró con sorpresa a su nuera, y le respondió: -¡Dichosa tú, hija mía! me alegro -mas en la especie de sonrisa amarga que por un instante se indicó en sus labios, se leía claramente la confirmación de las palabras con que acogió a su llegada la explosión de dolor de su nuera. ¡Cuán cierto es que una mujer no siente tanto la muerte de su marido como una madre la muerte de su hijo! Así juzga cada cual en este mundo por su propio sentir el ajeno: los inmutables por la duración; los apasionados por la vehemencia de los sentimientos, y en ambas cosas, en la vehemencia y en la duración, suele tener más parte el temperamento que el alma. Nadie es ni puede ser juez de la fuerza del sentir ajeno. Hemos visto personas de constitución robusta enfermar y aun morir de una leve pena, y hemos visto personas débiles y enfermas sufrir los más acerbos golpes del destino sin alteración en su exterior. ¿Cómo fijar reglas generales, cuando no hay dos personas, ni aun dos gemelos, que ni en el orden físico ni en el moral sean en un todo semejantes?

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108 min La Tracción Del Pene Vale La Pena El Dolor Y El Tiempo

45 min La Tracción Del Pene Vale La Pena El Dolor Y El Tiempo Y levantando una mano, votaron todos por aclamación la urgencia de quitarle los pantalones al Hombre-Montaña. Flimnap abandonó la tribuna con el ánimo desorientado, no sabiendo ciertamente si debía entristecerse o alegrarse por lo que acababa de oír. La intervención de Gurdilo le había hecho sospechar en el primer momento que tenia por objeto pedir la muerte de Gillespie. Pero al convencerse de que el senador solo deseaba cambiar su vestidura, sin hablar para nada de hacerle perder la existencia, casi sintió gratitud hacia el. Le importaba poco que Gurdilo le hubiera llamado pedante y le aludiese con otras frases despectivas, sin hacerle el honor de citar su nombre. Los enamorados son capaces de los más grandes sacrificios a cambio de que la persona amada no sufra. Para el lo interesante era saber que el gentleman no iba a morir. Hasta pensó que ofrecería un aspecto más gracioso vestido con arreglo a las indicaciones del tribuno. Siempre le había causado un malestar indefinible verlo con pantalones, lo mismo que una mujer, contra todas las conveniencias establecidas por las costumbres y la gloriosa historia del país. Al caer la tarde se dirigió a la vivienda del Gentleman Montaña. Después de salir del Senado había pretendido sin éxito alguno hablar con el presidente del Consejo Ejecutivo. Su personalidad gloriosa parecía disolverse así como iba decreciendo la curiosidad simpática por el gigante. Las gentes volvían a no conocerle. Varios periodistas pasaron junto a el sin pedirle su opinión.

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400 mb Ojos Marrones Cabello Rubio Afeitado Coño

85 min Ojos Marrones Cabello Rubio Afeitado Coño -¡Ñacaniná! -repitió Cruzada, levantando medio tono su silbido. -¿Quién me llama? -respondió la culebra. -¡Soy yo, Cruzada! -¡Ah, la prima! ¿qué quieres, prima adorada? -No se trata de bromas, Ñacaniná. ¿Sabes lo que pasa en la Casa? -Sí, que ha llegado el Hombre. -Y, ¿sabes que estamos en Congreso? -¡Ah, no; esto no lo sabía! -repuso la Ñacaniná deslizándose cabeza abajo contra el árbol, con tanta seguridad como si marchara sobre un plano horizontal-.

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96 min Ella Tiene Un Coño Y Polla

55 min Ella Tiene Un Coño Y Polla El comisionado contestó que tal vez habría alguna exageración jactanciosa, pero que, en verdad, eran más ricos e industriosos que lo que constaba de una manera oficial, y que él tenía que enterarse bien de todo para dar su informe, cumpliendo religiosamente con su deber. Los señores contribuyentes le suplicaron que no se metiese en tales barahúndas, que se iba a calentar demasiado la cabeza, y nadie se lo había de agradecer; y, al fin, para acabar de convencerle, echaron entre todos una manga y le dieron ocho mil realetes, como ayuda de costas y consuelo en los trabajos de su peregrinación, con lo cual se fue bendito de Dios con la música o dígase con la estadística a otra parte. Desde que tuvo lugar esta ocurrencia, la gente de Villafría había depuesto la jactancia y se complacía en ser humilde. La franqueza y la sinceridad les parecían asimismo prendas muy necias y que nunca deben emplearse con los curiosos, comprendiendo toda la práctica sabiduría del proverbio que dice: A quien quiere saber, mentiras en él. Procedía de aquí la prudente desconfianza y el hábil disimulo con que los villafriescos hablaban con todo forastero; mas esto no impedía que procurasen saber de él cuanto había que saber. No fue necesario mucho ingenio para mover a don Gregorio a que dijese el objeto de su viaje. Ya no había en esto secreto alguno, y D. Gregorio lo dijo todo. El pasmo y la estupefacción se extendieron al instante por todos los ámbitos de Villafría, con la nueva de que doña Luz era millonaria: heredera de una fortuna enorme. Para D. Acisclo fue la sorpresa no inferior a la de todos su compatricios. Nada distaba más de su mente que la herencia de doña Luz; pero D. Acisclo sabía y aguardaba la venida de D. Gregorio, aunque ignorando a qué venía.

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36 min Alicia Goranson, El Sexo Y La Ciudad.

21 min Alicia Goranson, El Sexo Y La Ciudad. Y hasta por la misma señora. ¡usted dispense! -Comprendo, amigo Pascual. Por el ventanillo veo un buque que cruza. En fuerza de repetirse, el espectáculo no me llama la atención. Además, me divierte y me da pena Pascual, que continúa: -Y usted dirá: «¿por qué no aprovecharon Port-Said? En primer lugar, por el tonto del relojero, que se nos pegó. Mire que no le di una trompada por milagro. ¡gentes que no se hacen cargo de nada! luego, porque. ya ve usted, pensaba yo: ¿cómo decir en un hotel por señas. ésta.

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150 mb A Los Husbnads Les Encanta El Sexo Rudo Y Lascivo. -Pero lo da usted a entender, que es lo mismo. ¡Así cayesen en casa de usted llovidos del techo media docena de sobrinos! Ya veríamos la cara que usted ponía. -Señora, yo no soy rico y es claro que me apurarían. -Ya, ¡si usted cree que con dinero se compone todo! -No creo eso, Marquesa; pero creo que con dinero son las cargas menos gravosas. -¡Así pudiese yo endosarle a usted mi sobrina! esa que usted llama perla. Como si no me sobrase con las dos perlas de mis hijas para darme que hacer. ¡Perlas! Cuidados sí que son las niñas. -¿Y por qué no la dejó usted en el convento? -¿Con diez y seis años la había de dejar en el convento, para que toda Sevilla me quitase el pellejo, y me llamase tía tiránica?

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46 min Quiero Tener Sexo Con Un Amigo Casado

97 min Quiero Tener Sexo Con Un Amigo Casado -¿Conque pasado mañana? ¿Quieres venir en mi partida? -Gracias; adiós. Les vi partir, y todo el día y toda la noche estuve pensando en aquella gente. Yo no vi el triste desfile de los ocho mil soldados de Dupont cuando entregaron sus armas ante el general Castaños, porque esto tuvo lugar en Andújar. A pesar de que la primera y segunda división habían sido las vencedoras de los franceses, la honra de presenciar la rendición fue otorgada a la tercera y a la de reserva, por una de esas injusticias tan comunes en nuestra tierra, lo mismo en estos días de vergüenza que en aquellos de gloria. Por delante de nosotros desfilaron las tropas de Vedel, en número de nueve mil trescientos hombres, y dejando sus armas en pabellón, nos entregaron muchas águilas y cuarenta cañones. Les mirábamos y nos parecía imposible que aquellos fueran los vencedores de todo el mundo. Después de haber borrado la geografía del continente para hacer otra nueva, clavando sus banderas donde mejor les pareció, desbaratando imperios, y haciendo con tronos y reyes un juego de titiriteros, tropezaban en una piedra del camino de aquella remota Andalucía, tierra casi olvidada del mundo desde la expulsión del islamismo. Su caída hizo estremecer de gozosa esperanza a todas las Naciones oprimidas. Ninguna victoria francesa resonó en Europa tanto como aquella derrota, que fue sin disputa el primer traspiés del Imperio. Desde entonces caminó mucho, pero siempre cojeando.

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68 min Amor Con Una Stripper Letra Feat Mike Jones

650 mb Amor Con Una Stripper Letra Feat Mike Jones Este apareció al fin, y al ver al gigante con su arma aplastadora y todo el suelo en torno de él cubierto de enemigos, gritó con entusiasmo: - ¡Victoria! Marchemos inmediatamente contra el palacio y acabaremos en un instante con el gobierno de las mujeres. ¡Viva la emancipación masculina! Pero Edwin se había inclinado sobre el, tomándole con sus dedos, y lo elevó hasta el mismo bolsillo donde estaba oculta Popito. Al hacer este movimiento cayeron de su pecho muchas flechas que habían quedado medio clavadas en el paño de la chaqueta. - Lo que vas a hacer, querido Ra-Ra -dijo-, es quedarte quietecito dentro de este bolsillo, donde encontrarás una agradable sorpresa. ¿Crees que voy a perder el tiempo mezclándome en esta ridícula guerra entre hombres y mujeres? ¡A callar! Es inútil que protestes, porque no te oiré. Ahora ya no necesito guías; puedo moverme solo. Y como su estatura le permitía ver por encima de los tejados, se dirigió hacia el puerto por el camino más corto. Ra-Ra, luego de quedar sumido en el fondo del bolsillo, se asomó a su abertura, braceando entre gritos de desesperación. Pero el gigante no quiso escuchar lo que juzgaba protestas políticas del revolucionario y le dio un golpe en la cabeza con uno de sus dedos, enviándolo otra vez al fondo del bolsillo. Llegó Gillespie al puerto, teniendo siempre ante sus pies un ancho espacio de terreno libre de gentío.

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