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16 min Phil Hartman Anal Retentivo Chef Vid

-Por de pronto -exclamó el poeta, encarándose con la vieja y asentado junto a las mozas- sáquese unas botellitas de vino bueno, si es que lo hay, y algo, si lo tiene, que nos vaya ayudando a envasar el mosto. -¿Cómo si lo hay? -repuso la tía Guarnición-. ¡De primera! ¡Mejor no le pisaron hombre! ¿Cómo que si tengo con qué ayuar al mosto? Dos perniles del propio Trevélez toman el aire en mi despensa; un barrilito de aceitunas se rezuma a la vera de ellos, y junto al barril puse esta mañana una cazuela de pestiños que gotean miel y están más suaves que manteca. -Venga todo eso, pues, y si más se cría en la casa pidan las niñas por sus bocas. -¡Pía usté por la suya, rumbón! Las muchachas vistas están, que vistas y deseando de servirle; pero verlas no es tó. Fuera parte otras habilidaes, Frasquita toca la guitarra como los serafines, y esta Mariquilla de la O se canta y se baila como un ángel. De mó, que si se aburre su mercé, no será culpa nuestra. -Ni mía tampoco -respondió Manuel, tirando el sombrero encima de una silla y despuntando un puro, mientras la vieja ponía sobre la mesa botellas, vasos y manjares. Era el cacareado vino de lo peor que envenena cubas: sólo con el picante de las dos mozas se podía tragar; el jamón estaba mohoso; las aceitunas duras; los pestiños ásperos como lija. Del pan no se hable: moreno y de la semana anterior. Menos mal que, según la vieja, lo amasaron sus manos, y ello ayudaba a morderlo con gusto. Vaya que la de la O y Frasquita suplían, con sus arrumacos, la mala condición de los líquidos y los sólidos; y vaya que Manolo, en punto a bebidas, no encontraba mala ninguna. En punto a hembras, fuera injusto poniendo reparos a las que le deparaban los buenos oficios del alcalde.

Camrip Culo Perra Acaba De Dejar Ver Ver Sacudir

20 min Culo Perra Acaba De Dejar Ver Ver Sacudir »Al ñudo este hizo bellaquear la silla. No pudo alzarse ni un chiquito y sudaba, mirándolo a Miseria. »-Entonces -le dijo el que jue herrero- si querés dirte, firmame otros veinte años de vida y plata a discreción. »El demonio hizo lo que le pedía Miseria, y este le dio permiso pa que se juera. »Otra vez el viejo, remosao y platudo, se golvió a correr mundo: terció con príncipes y manates, gastó plata como naides, tuvo trato con hijas de Reyes y de comerciantes juertes. »Pero los años, pa'l que se divierte, juyen pronto, de suerte que, cumplido el vegísimo, Miseria quiso dar fin cabal a su palabra y rumbió al pago de su herrería. »A todo esto Lilí, que era medio lenguaraz y alcahuete, había contao en los infiernos el encanto'e la silla. »-Hay que andar con ojo alerta -había dicho Lucifer-. Ese viejo está protegido y es ladino. Dos serán los que lo van a buscar al fin del trato. »Por esto jue que al apiarse en el rancho, Miseria vido que lo estaban esperando dos hombres, y uno de ellos era Lilí. »-Pasen adelante; sientensén -les dijo- mientras yo me lavo y me visto, pa dentrar al Infierno como es debido. »-Yo no me siento -dijo Lilí. »-Como quieran. Pueden pasar al patio y bajar unas nueces, que seguramente serán las mejores que habrán comido en su vida de Diablos. »Lilí no quiso saber nada pero, cuando se hallaron solos, su compañero le dijo que iba a dar una güelta por debajo de los nogales, a ver si podía recoger del suelo alguna nuez caída y probarla. Al rato no más golvió, diciendo que había hallao una yuntita y que, en comiéndolas, naide podía negar que jueran las más ricas del mundo. »Juntos se jueron p'adentro y comenzaron a buscar sin hallar nada.

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91 min Dick Smith Ford Y Columbia Sc

54 min Dick Smith Ford Y Columbia Sc -¡Hurra! ¡Hurra! -exclamó, mientras el globo, sin lastre alguno, ascendía a trescientos pies de altura. Los talibas espoleaban a sus caballos, que barrían el suelo con los cascos; pero el Victoria, encontrando un viento más activo, les tomó la delantera y avanzó rápidamente hacia una colina que cerraba el horizonte al oeste. Fue una circunstancia favorable para los viajeros, porque pudieron pasar al otro lado de la colina, mientras que la horda de Al-Hadjí se vio obligada a dar un rodeo por el norte para salvar el obstáculo. Los tres compañeros se sostenían agarrados de la red, que habían podido atar por debajo, de suerte que formaba una especie de bolsa flotante. De repente, después de haber pasado la colina, el doctor exclamó: -¡El río! ¡El Senegal! En efecto, a una distancia de dos millas fluía una extensa corriente de agua. La orilla opuesta, baja y fértil, ofrecía una retirada segura y un lugar favorable para el descenso. -Un cuarto de hora más -dijo Fergusson-, y a salvo. Pero, desgraciadamente, el globo vacío caía poco a poco sobre un terreno casi enteramente desprovisto de vegetación, compuesto de largas pendientes y llanuras pedregosas, donde no se velan mas que algunos matorrales y una hierba espesa que el ardor del sol había secado. El Victoria tocó varias veces el suelo y volvió a elevarse; pero sus saltos disminuían en extensión y altura, y en el último se quedó enganchado por la parte superior de la red a las altas ramas de un baobab aislado, único árbol en medio de aquel terreno desierto. -¡Todo ha concluido! -exclamó el cazador. -Y a cien pasos del río -dijo Joe. Los tres desdichados saltaron a tierra y el doctor condujo a sus dos compañeros hacia el Senegal.

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68 min Lamiendo Coño Durmiendo En El Barco

56 min Lamiendo Coño Durmiendo En El Barco La imaginación del autor es viva y plástica, y añadiré que algo sensual: es una imaginación de diez y siete años, la edad del autor -dato que conviene tener presente para estimar las promesas del libro-. Trátase de quien casi se halla aún en la adolescencia, y no de uno de esos mozos eternos, de siete a nueve lustros corridos, para los cuales la prensa estereotipa el epíteto de «joven escritor», y que se pasan la vida a régimen de biberón literario. Confieso que me agradaría saber de una vez qué se entiende por «joven escritor» y por qué se huye de ser «escritor maduro». Madurar es una buena cualidad en las uvas; ¿no ha de serlo en los cerebros? Con la peregrina manía de perpetuarles la juventud a los que un día fueron jóvenes, igual que el resto de los mortales, sucede que tal mañana se despiertan, no maduros, no viriles, sino caducos, leleando. La más hermosa edad, la plenitud de la existencia, se va suprimiendo para los escritores, cual si fuesen las mujeres guapas y presumidas. El libro que aquí veréis está escrito con la primer savia de la vida; es un rostro fresco, en el cual no se han borrado aún ciertos rasgos infantiles. Prevenida en favor de Antonio de Hoyos por mi antigua amistad con su padre, no sirvo en este caso para hacer de censor, sino para aplaudir una tentativa que considero muy afortunada. Aunque tan pesimista al describir los medios, Hoyos tiene el entusiasmo y la viveza y el radicalismo de su edad, el sentimiento intacto aún, la fantasía nueva. Aparte de las severidades satíricas, Hoyos es fiel en la pintura, y despunta en él un observador que dentro de algún tiempo adquirirá doble sagacidad, y al par reposo y malicia. ¡y hasta indulgencia! Con la experiencia y las lecturas a que se entrega asiduamente, y con las condiciones que este libro revela, mal profeta seré si Hoyos no se conquista uno de los primeros puestos entre los novelistas españoles, aun ahora que, al parecer, todas las novelas están escritas y agotados los filones todos. Emilia Pardo Bazán - Atmósfera Cogió con mano febril La Época, que en blasonada bandeja de plata la ofrecía un criado vestido con la librea roja y verde de la Casa; buscó una postura cómoda para su respetable humanidad en la pequeña bergère que junto a la encendida chimenea ocupaba; desplegó el periódico húmedo aún, aspirando con fruición el acre olor a tinta de imprenta, y se dispuso a leer lo que con tanta impaciencia deseaba hallar. No debía ser su flaco la machacona prosa del artículo de fondo, puesto que, haciendo una imperceptible mueca de desprecio, pasó por alto la columna y media que ocupaba y leyó el título del artículo que allí venía. «Tardes de la Aldea», cuento, rezaba el rótulo. Miró la firma: «Juan Liste». ¡Majadero!

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67 min Imágenes Porno De Sexo Fetiche Libre De Fumar

200 mb Imágenes Porno De Sexo Fetiche Libre De Fumar ¡He oído decir que se había casado usted! Respondí que, en efecto, me había casado hacía un año. -¡Y que tiene usted éxito! Vivo tan lejos del mundo, que no me entero de nada; pero he oído decir que empieza usted a ser célebre. -He tenido mucha suerte, y mi nombre empieza a conocerse. -¿Y no tiene usted madre? -dijo con voz más dulce. -¡Es una lástima! Hubiera estado orgullosa de usted. Cogí la mano que me tendía con una dignidad mezclada de dureza; estaba tan tranquila de rostro como si su alma estuviera en reposo. Su orgullo era lo bastante fuerte para imponer silencio hasta a los latidos de su corazón y para extender sobre su rostro el velo de insensibilidad mentirosa a través del cual miraba, desde la silla en que estaba sentado ante ella, a lo lejos, muy a lo lejos. Al alejarme de ellas, a lo largo de la terraza, no pude por menos que volverme para ver a aquellas dos mujeres, cuyos ojos estaban fijos en el horizonte, cada vez más sombrío a su alrededor. Aquí y allí se veían brillar algunas luces, en la ciudad lejana; una claridad rojiza iluminaba todavía el oriente con sus reflejos; pero del valle subía una niebla que se extendía como el mar en las tinieblas, para envolver en sus pliegues aquellas dos estatuas vivas que acababa de dejar. No lo puedo pensar sin terror, pues cuando volví a verlas un mar furioso se había verdaderamente abierto bajo sus pies. Reflexionando sobre lo que acababa de oír, pensé que se lo debía contar a míster Peggotty. Al día siguiente fui a Londres para verle.

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28 min Como Desnudarte Para Ti Novio

650 mb Como Desnudarte Para Ti Novio Lo que hace del Progresismo un partido imposible, merecedor de exterminio, no es el dogma, como ellos dicen, sino la grosería, la falta de maneras, el lenguaje chabacano y pedestre. Esto lo decía un galán a cierta señorita, en un palco del teatro de la Cruz, donde cantaba la ópera Hernani el tenor Guasco, con la Tirelli y la Chelva. Era el galán un joven gaditano, instruidísimo y elegante, ya pasado por el extranjero, como lo demostraba el indefinible barniz, la tintura, el tufillo que distinguían su persona de otras muchas de acá. Llamábase D. Esteban Ordóñez de Castro, y comía la sopa burocrática en la Secretaría de Estado. Componía eruditos versos y cantaba en galana prosa: figuraba en el ramillete más fresco de la juventud moderada con ideas recalcitrantes, espolvoreadas de cierto escepticismo, que era entonces del mejor tono. Su buena figura, su arte de llevar la ropa y de bien hablar sin decir nada, su mediano saber de lenguas, marcábanle el camino de la diplomacia, en el cual entraba con pie derecho. «No está usted esta noche poco fastidioso con tanto hablarme de política -le dijo Eufrasia, que con su hermana Lea daba lucimiento al palco de la viuda de Navarro-. Además, no me gusta que me hablen mal del Progreso, porque yo soy muy progresista. para que usted lo sepa». -Eso lo dice usted para que vuelva a contarle lo que en Londres oí acerca del progreso retrospectivo de los españoles. -¿Ya saca otra vez a Londón? ¡Por Dios, D. Esteban! Si ya sabemos que ha estado usted en el extranjero. Yo también; digo, siempre que se consideren como extranjis las tierras de la Mancha, por el aquel de que nadie ha estado en ellas. Y se ha perdido usted de ver unas poblaciones magníficas.

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108 min Campamentos Frescos Para Los Adolescentes En América

Camrip Campamentos Frescos Para Los Adolescentes En América Sí, se engañaba sin duda y ¿cuándo no se engañan todos aquellos que, dotados del fatal don del entusiasmo, pretenden realizar las brillantes teorías que eles inspiran sus delirantes sueños? He aquí por qué rara vez se halla en los caracteres entusiastas la apreciable cualidad llamada consecuencia. La condesa estaba muy lejos ya del heroísmo de que se creía capaz al principio de sus relaciones con Carlos. Temblaba sin cesar temiendo el anuncio de su partida, porque bien le siguiera, bien se quedase, creíase que aquel momento completaría la desgracia de su vida. Ni concebía la posibilidad de vivir sin Carlos, ni menos aún la de verle vivir con otra. El germen de la terrible pasión de los celos comenzaba a desenvolverse en su corazón, y había momentos en que la muerte se le presentaba como un bien apetecible. No era ya la brillante condesa de S. **, no era ya siquiera la mujer de talento que inventaba recursos para retener al amante. Su tez alterada; su mirada, ora ardiente y casi febril, ora lánguida y apagada por el desaliento; la desigualdad de su humor; sus movimientos nerviosos; la continua abstracción en que se le veía siempre que no estaba Carlos a su lado; todo revelaba en ella aquel torcedor secreto que cada día la oprimía con más rigor. Pero si ella padecía no era Carlos a la verdad más dichoso. Su pasión le devoraba: era un hombre y en vano quería olvidarlo. Si los remordimientos de su falta aún dormían a veces en su corazón, era porque los sufrimientos de la pasión contrariada le hacían tan infeliz que podía creer que estaba ya suficientemente expiada. Arrastrado por su corazón al lado de la condesa, pasaban días y días en la más estrecha y peligrosa intimidad, y cada vez se retiraba de junto a ella más enamorado y más infeliz. Cuando todos le juzgaban tranquilo poseedor de Catalina, era presa de todas las agonías de una pasión continuamente irritada y nunca satisfecha. Su propia resistencia había sucumbido más de una vez junto a la condesa, pero parecía que la flaqueza del hombre vigorizaba el orgullo de la mujer. Había algo de incomprensible para el mismo Carlos en la larga resistencia de aquella criatura tan imprudente y tan apasionada. No entendía cómo sacrificaba su dicha y reputación al amor para condenar a aquel mismo amor a una eterna lucha. La mayor parte de las mujeres son detenidas por el temor del desconcepto público; pero Catalina, ¿qué podía respetar cuando arrojaba a los pies del ídolo de su culpable amor todo cuanto su sexo aprecia más?

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