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24 min 121 Índice De Jpg Jpg Amateur

Este es D. Enrique, este es nuestro candidato al Tálamo, y hemos de poder poco, o al Tálamo ha de ir ¡ajo! para que veamos a un hombre en el pináculo de la Nación. No se dio por convencida Doña Leandra, y sostuvo con enérgicas razones la primacía de D. Francisco sobre su hermano, fundada en las cristianas virtudes con que agraciado le había Nuestro Señor. Blasonando de conspirador que en su mano tiene la clave de secreta intriga y el hilo con el cual se mueven misteriosamente las voluntades, D. Bruno acogió con incredulidad risueña lo que su mujer había dicho del amor de Isabel, y lo contradijo con suficiencia y seguridad. «¡A buena parte vienes tú con esas historias que le cuentan a tu amiga los cocineros y lacayos, mujer! ¡Si acá todo lo sabemos, y en nuestro poder obra un tesoro de informaciones del origen más alto, del propio cosechero como quien dice! No hay tal amor de la Reina por el D. Francisco. ¡Buena es la niña para no saber distinguir entre sus primos! Sabrás que más de cuatro veces ha mostrado Isabelita su querer al D. Enrique, dando en ello una prueba concluyente, como dice Milagro, de su mucha discreción y agudeza. Perfectamente enterada de todos los pueblos de la costa donde va tocando el bergantín Manzanares, que, entre paréntesis, es un barco que navega por la mar adelante, movido del viento que sopla en las velas.

86 min ¿cómo Hacer Temporalmente La Polla Más Grande?

48 min ¿cómo Hacer Temporalmente La Polla Más Grande? Debí provistarme. En fin, mañana verás al original. -Anticípeme detalles. Su cacho de biografía. No extrañaría usted esta exigencia. -Si tú debes de conocer su nombre. Yo te habré hablado de él, más de una vez, por incidencia. Figúrate que es hijo de mi mayor amigo, compañero de estudios, que se casó con una prima mía, y en su casa, en el pueblo, he pasado largas temporadas. A este muchacho le vi nacer. ¡Ya, desde chiquitín. No tiene la fama que merece, pero así y todo, y aun contando con el indiferentismo de España hacia los que valen. -¿Se llama? -Atención. Haz memoria. ¡Hilario Aparicio, el autor de la Gobernación colectiva del Estado, del Sudor fecundo, de Los explotadores, y de otras muchas obras que permanecen inéditas, por nuestros pecados y por la desidia y la desgana de leer que aquí se padece!

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51 min Mierda De Schlampe En El Tubo De Maderas

56 min Mierda De Schlampe En El Tubo De Maderas Este punto era. convengo en la puerilidad del caso. que yo no quise, no pude, no supe acostumbrarme al pan marinedino, amasado con harinas de afuera, importadas de Santander. En balde me objetaban que peor era aún el agua que el pan; que este, en suma, si no por exquisito, pasaba por tolerable; yo lo declaraba un asco, un veneno, y le echaba la culpa de todas las enfermedades novísimas -tuberculosis, difteria, reblandecimiento, diabetes-. No me dijesen a mí: ¿pues quién oyó, veinte años hace, mentar semejantes padecimientos? Cuando se comía el honrado trigo mariñán y el no menos honrado centeno montañés, nadie padecía de esas enfermedades solapadas y traidores. Fiel a mi convicción, todos los miércoles y sábados, que son en Marineda los días de mercado, una panadera rural, venida desde la inmediata aldeíta de la Erbeda, a lomos de ágil borriquillo, entregaba en mi casa un reverendo mollete, cortezudo, bazo, a medio cocer, para que pesase más; y al hincarle el diente, no me trocara yo por el rey de España. Sería un capricho mío esto del pan de la Erbeda, pero también podría ser el instinto del propietario territorial, que en la introducción de las harinas forasteras presentía la quiebra de nuestros míseros cereales. No fue este el único alarde de independencia, la única manifestación de personalidad que me permití, a riesgo de concitar las iras de mi Ilduara. A la verdad, tampoco quisiera que se creyese que Ilduara no me consentía, con su cuenta y razón, hacer mi gusto. Yo había contraído el hábito de entretener parte de la noche en la Sociedad de Amigos de Marineda. ¡Sombra de mi Ilduara, no te vuelvas hacia mí, ceñuda y destellando indignación! Lo que me llevaba allí era el profundo e inefable deseo de libertad. ¡Oh nombre dulce entre todos, qué música misteriosa encerrarán tus tres sílabas para que así hechices nuestra alma! Es evidente, y lo afirmo con sinceridad de hombre de bien, que yo no tenía ni quería tener pensamiento, palabra ni obra cuyo último fin no fuesen las cuatro paredes de mi hogar; que al encerrar en él mis aspiraciones encerré también mi ternura; que por cuanto oro hay en el mundo, no rompería un solo eslabón de la sagrada cadena que me echaban al cuello mis deberes de esposo y padre.

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76 min Hombres Desnudos En Una Montaña Rusa

113 min Hombres Desnudos En Una Montaña Rusa Detrás de este escuadrón estudioso apareció la litera en forma de lechuza, dentro de la cual iba el ilustre Momaren. El profesor Flimnap marchaba junto a la portezuela de la derecha, conversando con su ilustre jefe, honor público gozado por primera vez, que le hacía caminar titubeante, con el rostro empalidecido por la emoción. Cerraban la marcha graves matronas universitarias, con togas negras. Todas ellas ostentaban en sus birretes los varios colores de las catorce Facultades que clasifican la sabiduría entre los pigmeos. El cortejo fue desapareciendo lentamente bajo la mesa. Sintió el gigante una ruidosa agitación junto a sus pies, pero hizo esfuerzos por mantenerlos inmóviles, temiendo provocar una catástrofe. La avalancha de visitantes se había fraccionado para tomar los cuatro caminos en espiral arrollados a las patas de la mesa. Gillespie vio surgir por los escotillones a muchos servidores suyos, hombres y mujeres, que se colocaron en uno de los lados de la planicie de madera, esperando órdenes. Luego fueron saliendo de dos en dos los doctores jóvenes, yendo a situarse en el borde de la mesa, frente al gigante. Muchos de ellos llevaban lentes de disminución para examinarlo detenidamente. Otros, los mas gallardos y de buen ver, reían y se empujaban con el codo, mirando a ojos simples la cara de Gillespie y haciendo suposiciones sobre sus enormidades ocultas, que provocaban el escándalo y la protesta de sus compañeras mas graves y virtuosas. Apareció, al fin, la litera del Padre de los Maestros, sostenida por ocho universitarios jóvenes, que jadeaban sudorosos después de esta ascensión en espiral. Se abrió la portezuela de la caja portátil y salió Momaren, con su birrete de cuatro borlas y una toga de cola larguísima, que se apresuraron a sostener dos aprendices de profesor. Fue avanzando solemnemente sobre la mesa, y detrás de sus pasos todo el acompañamiento final de graves doctores, que no ocultaban las arrugas y las canas de sus rostros matroniles. El profesor Flimnap corrió a colocar en el centro de la mesa un sillón, que era el mismo que el había ocupado al dar al gigante su lección de Historia.

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44 min Estallido Desesperado Para Orinar En El Trabajo

102 min Estallido Desesperado Para Orinar En El Trabajo Los proyectiles le caen cerca, a cada disparo, levantando surtidores de agua. Piensan muchos que esperarán mientras cruzamos, y hay un momento de ansiedad al ver la nubecilla de humo en el fuerte, precisamente cuando pasamos su línea. el proyectil cruza zumbando por encima de nosotros. Y nada más. Atrás, se queda el fuerte. sigue la cadena de rocas combándose en un anfiteatro que nos muestra la ciudad. Paramos -lejos, muy lejos, en la abierta rada. No reina entre el pasaje el gozo. -El calor y la advertencia que se nos ha hecho a todos de las piraterías de los árabes, nos hace mirar al puerto siniestramente. De noche resulta temerario volver al buque en las lanchas, y aun de día suelen los lancheros, a despecho de la vigilancia inglesa, pararse en la mitad exigiendo triple o cuádruple del alto precio convenido. Por lo demás, ni a tal riesgo creo que habría modo de visitar la población, tendida enfrente cuesta arriba por los áridos peñascos y debajo de otros fuertes. Han sonado las cadenas de las anclas y no se ve un barco hacia nosotros. Apenas un vaporcillo distante, contra la tétrica valla petrosa de bronce obscuro a cuyo pie llega el mar muertamente. Una decoración dantesca. Si hay algo en la tierra capaz de recordar un desolado infierno, es este paisaje.

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99 min Comedia Gruesa Krall Lanza Pee Orines Tonto Boceto Pico Orina

19 min Comedia Gruesa Krall Lanza Pee Orines Tonto Boceto Pico Orina ¡La que se creía destruida, desaparecida para siempre! ¡Sí, el carro del diablo, alimentado por el fuego del infierno, y que lo guía el mismo Satanás! En verdad, si no era el diablo, ¿quién podía ser el misterioso chofer que lanzaba a tan inverosímil velocidad aquélla no menos inverosímil máquina? Lo que parecía fuera de toda duda es que el aparato que corría entonces en dirección de Madison debía ser el que había llamado la pública atención, y del que los agentes de policía no habían encontrado huellas. Éstos habían dicho que no volvería a hablarse de semejante cosa, y quedaba demostrado que también en América se equivoca a veces la policía. Pasado el primer momento de estupor, los más avisados lanzáronse al teléfono para prevenir a los automovilistas esparcidos en la carretera, a fin de evitarles el peligro de perecer aplastados por aquel extraordinario aparato que llegaba como huracán. Serían aplastados, barridos, destruidos, y ¡quién sabe si de la formidable colisión no escaparía sano y salvo el que la producía! Después de todo, debía ser tan diestro aquel rey de los choferes, manejaría su máquina con una admirable precisión y golpe de vista, que es seguro que evitaría todos los obstáculos. Las autoridades tomaron las precauciones para que la carretera estuviera reservada exclusivamente a los corredores, y he aquí que de pronto aparecía un intruso. Los que disputaban el primer premio tuvieron que suspender la lucha al conocer la imprevista novedad. Según ellos, ese prodigioso vehículo no haría menos de 120 millas por hora. Tal era la velocidad al momento de alcanzarles que apenas se pudo reconocer la forma de aquella máquina, la longitud de la cual no excedería los diez metros. Sus ruedas daban vueltas con velocidad extraordinaria. Además, no dejaba tras de sí vapor, humo, ni olor. En cuanto a su conductor, encerrado dentro del automóvil, era imposible reconocerlo, y permanecía tan incógnito como cuando se le halló por primera vez en las carreteras de la Unión.

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16 min Delincuentes Sexuales Registrados Indiana Buscar En Linea

113 min Delincuentes Sexuales Registrados Indiana Buscar En Linea El ligero contacto hácela erguirse, electrizada. quedándola doblada atrás contra la borda, don los hombros fuera, con los codos fuera, mirándome entre las lágrimas súbitamente contenidas. Está apartada de mí, cuanto la estrechez de la baranda le consiente. Pero yo, que he dejado el paso franco, a mi vez recogido de polo a polo frente a cha, contemplándola en una sumisa y lamentable indecisión, no sé aguantar el rayo de sus ojos sino con la misma pregunta necia: -¿Qué tiene? ¿Qué tiene? ¿Qué le pasa? Me estremezco. La veo salvar al ímpetu de un pie el breve diámetro que nos separa y quédaseme delante, rígida, con las manos abiertas y convulsas hacia atrás. ansiando y no pudiendo proferir, tan cerca de mis ojos, lo que rompe su garganta. -dice al cabo bajando en fe de esclava la mirada y llevándose una mano al corazón- ¡que me muero! ¡¡QUE LE ADORO A USTED CON TODA MI ALMA! Parte, en seguida. Déjame asombrado, inmóvil. Su trágico ademán, que me pasma y me fulmina de centella; su trágico ademán bellísimo y terrible, en que ha puesto la niña nuevas y enteras su alma y su vida y su carne de mujer.

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