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27 min Texto Riendo Mi Culo Fuera De Lmao

¡y qué cuerpo tan rechoncho. con aquella pechera, que debe de ser postiza! (Con saña burlona. ¡Pobre Ángel! si no las has tocado todavía, y tienes ilusiones sobre el particular, piérdelas, necio, y convéncete de que aquello es lana. Una nueva trampa que te pone, a más de las de la santidad, una hipocresía de la carne. Porque no le des vueltas, no, no es carne aquello; ni aquellos ojos son ojos de persona. con su meneo insoportable que da ganas de vomitar. (Oprimiéndose el pecho.

26 min You Tube Bell Bottom Blues Clapton

Vivir You Tube Bell Bottom Blues Clapton -¿La puerta de la calle estaba abierta? -¿Abrieron en cuanto se dio usted a conocer? -¿Se sorprendió el gringo? -¡Me parece! ¿Para qué diablos le sirven a usted los ojos? ¿Preguntó algo?

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112 min Chica Jap Follando Con Viejo

104 min Chica Jap Follando Con Viejo -Mi tía será la que más me llore -respondió don Alejo-. Cuente vuesa merced conmigo, señor don Quijote, y ármeme caballero en la primera iglesia o capilla que topemos, a fin de que pueda yo acometer cualquier género de aventuras. -Ese cuidado será mío -tornó a decir don Quijote-: en último caso bastará la pescozada, si sucediere que halláremos estorbo para las otras ceremonias. Cuando el armar un caballero ocurre en un palacio, con tiempo y comodidad se hace la armadura sin omitir requisito; pero tan armado queda uno con que una princesa le calce las espuelas, una reina le ciña la espada y el padrino le de el espaldarazo, como con el simple espaldarazo y la vela de las armas. Se concluyó la comida, y levantándose todos, invitó la señora a don Quijote a volver a la sala, donde continuarían la conversación de sobremesa. Pasaron a ella en efecto; y bien acomodados, las señoras en el suelo sobre muelles cojines o alfombras, los hombres en anchas sillas de vaqueta, don Alejo la anudó de esta manera: -¿Conque no será circunstancia indispensable que una princesa me calce las espuelas? Vuesa merced tiene presente que en el acto de armarse caballero Rui Díaz de Vivar, hubo reyes y reinas e infantas y espuela de oro, y espada con empuñadura de diamantes, y Evangelios con pasta de nácar, sobre los cuales el Cid Campeador jurase. Y si no, ¿por qué la infanta doña Urraca le hubiera gritado desde las murallas de Zamora:  «Afuera, afuera, Rodrigo,  El soberbio castellano;  Acordársete debiera  De aquel tiempo ya pasado,  Cuando fuiste caballero  En el altar de Santiago,  Cuando el rey fue tu padrino,  Y tú, Rodrigo, su ahijado.  Mi padre te dio las armas,  Mi madre te dio el caballo,  Yo te calcé las espuelas  Por que fueses más honrado?

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27 min Chica Japonesa Folla Con Chico Negro

H.264 Chica Japonesa Folla Con Chico Negro -Porque es imposible; sería una deshonra para mi hijo; no puede usted ignorar que está muy por debajo de él. -Levántenla hasta ustedes -dijo míster Peggotty. -Es ignorante y sin educación. -Quizá sí, quizá no; pero no lo creo, señora -dijo míster Peggotty-; sin embargo, como no soy juez en esas cosas, enséñenla lo que no sepa. -Puesto que me obliga usted a hablar con mayor claridad (y siento tener que hacerlo), su familia es demasiado humilde para que una cosa semejante sea verosímil, aunque no hubiera ningún otro obstáculo. -Escúcheme usted, señora -dijo míster Peggotty lentamente y muy serio-; usted sabe cómo se quiere a un hijo; yo también. Si fuera hija mía no la podría querer más. Pero usted no sabe lo que es perder un hijo y yo sí lo sé. Todas las riquezas del mundo, si fueran mías, no me costarían nada para rescatarla.

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65 min Ensayos En Línea Matrimonio Gay Augusten Burroughs

47 min Ensayos En Línea Matrimonio Gay Augusten Burroughs Por un momento creyó Santiuste en la elocuencia del buen capellán, y con sorna le dijo: «¿Qué es eso, pater? Estáis preparando un sermoncico para endilgarlo después de la primera misa de campaña que se celebre». Y don Toro prosiguió: «Echaré sermones, o guardaré silencio si así me acomodara. La palabra del Señor suena en los corazones, y no es menester que mi voz clueca la traduzca en sonidos usuales. Entérate bien de lo que estamos viendo, Juan, y alaba conmigo a Dios por dejarnos ver tanta belleza. Este nuevo aspecto del África será regocijo y orgullo de nuestro Ejército, porque ¿quién duda que conquistaremos a Tetuán y todo lo que sigue tierra adentro? ¡Lástima grande que no puedan ver esto los pobrecitos españoles que se han quedado en el camino! ¡Pobres cuerpos, pobres almas!

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103 min Opiniones De Los Sacerdotes Sobre El Matrimonio Homosexual.

118 min Opiniones De Los Sacerdotes Sobre El Matrimonio Homosexual. Y se ha perdido usted de ver unas poblaciones magníficas. ¿Ha visitado usted Ciudad Real, Daimiel? Yo, sí. Con que guárdese su Londón y su París. Otra cosa: ¿le gusta esta ópera? Dígame su opinión sin contarnos que la vio en Francia. -Este Verdi tiene talento, un talento salvaje, sin pulimento, sin modales; es un compositor progresista. -A Estebanito -dijo la viuda de Navarro, que por picar en la conversación soltó el hilo de la que sostenía con Lea y con Pastor Díaz-, le gustará más Rolla, porque aunque muy joven, es de los que no progresan, y se plantan en la ominosa década. ¿Verdad que le gusta Ricci, por ser más rossiniano?

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66 min Transformaciones Transexuales De Género Antes Y Después.

82 min Transformaciones Transexuales De Género Antes Y Después. Por aquellos días estaba en todo su auge el establecimiento de recreo y dulce sociedad fundado por Córdoba, Salamanca y otros en la calle del Príncipe: a él concurrían lo más granado de la oficialidad de nuestro ejército y los personajes más simpáticos de la situación, sin que faltasen liberales blandos de buena sombra; allí la vida se deslizaba plácidamente en la conversación, en los comentarios de toda noticia social o política, en el murmurar malicioso, en el referir ameno, en la lectura de la prensa, en el billar, en el juego, etc. Al poco tiempo de introducirse en tal sociedad, Carrasco no sabía salir de ella, y entre su cuerpo y los sillones de gutapercha producíase un aglutinante que cada día era más fuertemente pegajoso. Coincidieron con esta vida otras adherencias de que por su condición reservada no se hablará mientras la necesaria armonía y el buen concierto de la totalidad histórica no lo exijan. Véase ahora si este poderoso fatalismo centrípeto no era suficiente a someter sin lucha la voluntad centrífuga de la pobre desterrada, dejándola en triste recogimiento. Procurábase consuelo Doña Leandra en la sociedad de sí misma y en los viajes imaginarios al país de sus amores, valiéndose para ello de los más rápidos medios de locomoción, ora el clavileño de su paisano, ora la escoba de las brujas. Los días, semanas y meses del último tercio de 1844 pasaron con triste monotonía: Doña Leandra adormeciéndose en la contemplación extática de su bendita tierra, D. Bruno adaptándose fácilmente a los gratos ocios del casino, las hijas lidiando a sus novios con la doble suerte del amor honesto y de la querencia de matrimonio, y Narváez fusilando españoles, tarea fácil y eficaz a que se consagró desde el primer día de mando. Lo que él decía: «Voy a introducir grandes mejoras en el orden administrativo, a fomentar el trabajo agrícola, industrial y científico, a dar a España una vida y un ser nuevos; mas para esto necesito que esté sosegada, pues sin orden, ¿qué reformas, ni qué civilización, ni qué niño muerto? Lo primero es el orden, lo primero es hacer país.

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