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29 min Pequeño Chico Blanco Con Gran Polla

Su indisposición, según me ha dicho su doncella esta mañana, más es tristeza que otra cosa. Carlos no oyó más. Subió corriendo las escaleras y apenas dio tiempo de que le anunciasen, tal fue la impaciencia con que se lanzó al gabinete en que le dijeron estaba la condesa. Toda su turbación y su timidez habían desaparecido al saber que Catalina padecía. Esperaba hallarla contenta, resplandeciente, triunfante, y las palabras «está mala», «está triste», operaron un trastorno completo en sus ideas y sentimientos. Catalina estaba reclinada con languidez en su elegante sofá, cuyo elástico asiento cedía muellemente al ligero peso de su delicado cuerpo. Tenía un peinador blanco con el cual competía su tez extremadamente pálida aquel día, y sus cabellos, recogidos con negligencia hacia atrás, dejaban enteramente despejada su hermosísima frente y sus grandes y brillantes ojos. Al oír el nombre de Silva se incorporó con un movimiento de sorpresa y duda, pero al verle animose súbitamente su melancólico rostro y brilló en sus ojos la más viva alegría. -exclamó con acento capaz de volverle loco- ¡Por fin le vuelvo a ver a Ud. -Catalina -dijo él tomando con un estremecimiento de placer la mano que ella le alargaba a Catalina-, yo ignoraba que Ud. estuviese mala. -Es decir -repuso ella con melancólica y hechicera sonrisa-, que sólo debo a mi indisposición. -No -la interrumpió él sentándose a su lado-, pero yo temía.

103 min Salón Gay Tímido En La Autopista De Peaje De Hempstead

34 min Salón Gay Tímido En La Autopista De Peaje De Hempstead -respondióle don Román, formalmente sulfurado; y luego, volviéndose hacia Gorión, díjole clavando en él sus ojos penetrantes: -¿Quieres apostar a que después de tanto empeño en ir a la feria, no las vendes allá? -¿Qué no las vendo? -Porque no es ese el ajo que a ti te pica; porque no vas a venderlas; porque lo que tú quieres es fachendear con ellas y pintar la mona en la feria. ¿Acerté? Ahí le tenéis colorado como un tomatazo reventón. Pues te vas a llevar un solemne chasco, porque yo también voy a enviar mis dos novillas. Y con los collares de pelo. -Hombre -replicó Gorión con un poquillo de resquemor-, tocante a eso. allá nos veremos, don Román. Buena es la Cordera de usté; pero la otra. la otra. ¿a qué hemos de decir lo que no es? la otra, don Román, no llega a las mías.

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55 min El Sexo Y La Ciudad La Película Completa.

49 min El Sexo Y La Ciudad La Película Completa. Todos se aterraron. Las convulsiones seguían. Juana mandó llamar al médico D. Anselmo. Este, con los recursos de su arte, y obrando también la naturaleza, logró volver la calma a doña Luz, la cual quedó muy postrada. Don Acisclo y todos los allí presentes se quedaron con el deseo de averiguar la causa moral, como sin duda la hubo, de aquel ataque repentino, tan ajeno a la robustez y condición sana de la marquesa de Villafría. Doña Manolita vino a ver a la enferma, y doña Luz tampoco le confió nada. Habían pasado cuatro meses desde que ocurrió el ya referido ataque. En este tiempo habían sucedido cosas singularísimas, que nadie acertaba a explicar en Villafría. Al día siguiente del ataque había llegado D. Jaime, a quien llamaremos el Marqués, pues ya lo era. El Marqués aceptó y recogió la magnífica herencia de doña Luz. Don Gregorio se volvió a Madrid en seguida. Todo esto era naturalísimo. Lo que no lo era, porque venía a contrariar planes anteriores, conocidos ya de todos, era que el Marqués, en vez de llevarse a doña Luz a la corte, se volvió solo a los cuatro días de estar en el lugar, y se dejó en él a doña Luz, bastante delicada e indispuesta.

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33 min Cuando Saber El Sexo

44 min Cuando Saber El Sexo Seguía el dormitorio, embellecido en sus detalles por diversos objetos de gusto delicado; luego el comedor, en que descollaban ricos bronces, y dos grandes jarrones llenos de magníficas flores; y por último, cuadrando el patio provisto de árboles e iluminado en su punto céntrico, en que se elevaba una pequeña fuente de mármol jaspeado con dos surtidores, una pieza de estudio, con ventana al campo y vistas a la quinta de Nerva. Delante de esta ventana, hacia la izquierda, brindando grata sombra, elevaba su copa un ombú frondoso y gigante, al pie de cuyo tronco asomaban las raíces a flor de tierra, a manera de formidables culebras que sepultasen sus cabezas en los enormes huecos de su base carcomida. Entre otras dependencias, a la parte lateral, notábase una cochera, con gran portada, por donde Selim hizo penetrar luego su vehículo. Raúl bajó junto a la verja, subió la escalinata y atravesó lentamente las habitaciones, sentándose a la mesa, que le esperaba servida, siempre silencioso y meditabundo. Media hora después, pasaba a su salón de estudio. Estaba inquieto y desasosegado. Una vez allí, cogió maquinalmente diversos periódicos que se veían esparcidos sobre la mesa y que ya había leído por la mañana. Contenían referencias y detalles de la aventura del Paso del Molino, más o menos exagerados por la fantasía de los cronistas, y descritos con curiosas variantes. Dos diarios serios la narraban con estricta verdad. Al parecer el hecho había encontrado repercusión; Raúl, especialmente, había sido objeto de honrosas demostraciones por parte de las familias interesadas. Se creía en el principio de un romance; pues era inverosímil hasta la misma sospecha de un supremo desprendimiento. ¿Cómo suponer que nadie exponga su vida por una mujer joven, hermosa y opulenta, sin que haya mediado el móvil propulsor de una recompensa proporcionada al sacrificio? Esta hipótesis parecía la más fundada, a partir de las circunstancias especiales que precedieron al suceso, y de la calidad de los personajes que en él desempeñaron un papel trascendente. Recogiendo tales impresiones en una nueva lectura de los periódicos, no dejaba de felicitarse el joven de aquel acto generoso, que sin haber sido sugerido por la intención divulgada a capricho, venía a realzar su personalidad desconocida y a esparcir en su modesto retraimiento como un aroma de dulces afectos y simpatías. Pero esta satisfacción sólo halagaba al amor propio.

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29 min La Información Sobre Ayudas Entre Adolescentes.

Blu Ray La Información Sobre Ayudas Entre Adolescentes. Mandó que le bajasen la chistera y se fue a esperar el coche al Lyon d'Or, que estaba enfrente. ¡Caramba, sí, sereno el día. pero fríe, demás para ir a cuerpo! Las gentes le miraban. Él pisaba con cautela por no llenarse de barro los zapatos. Y, sobre tono, la entrada en Lyon fue un triunfo. Hasta se levantaban por verle, los de lejos. ¡Su frac! ¡Ah, sí, su frac! ¡Como en Madrid no hacía falta más que un frac para llamar la atención en todas partes! Y golpe de efecto, aun. ¡Plam! A las tres en punto el coche, allí a la puerta del café. Acudieron dos floristas. Habíase acostado con ellas en noches sucesivas, por dos duros, por tres duros.

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