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53 min Thomas Amelia Gay Jefferson Co Ga

-¿Cómo que han dado al través contigo, Sancho el grande? -dijo don Quijote. -El grande, sí -respondió Sancho-, el grandísimo bellaco y el grandísimo tonto que se anda tras un amo que muestra holgarse de cuantas lesiones recibe por amor suyo. Hazme la barba, hacerte he el capote, señor: vuesa merced me ha dejado arrostrar solo a esa legión de pantasmas, sobre esto se pone a darme soga. El amigo que no presta y el cuchillo que no corta, que se pierda poco importa. -Fantasmas Sancho, que no pantasmas -dijo don Quijote. -Ahora me libre Dios del diablo -replicó el fiero Sancho-: éstos eran el día y la hora de enseñarme a decir fantasmas en lugar de pantasmas. Pues reniego del amigo que cubre con las alas y muerde con el pico, y manos besa el hombre que quisiera ver cortadas. -¿Tan poco te importa, Sancho, que acaben con tu señor sus enemigos, y tan menguada idea tienes de él, que le comparas con el cuchillo que no corta? Ahora digo por mi parte, que le hago salvo y perdonado al que te quite la vida, y que ya te pueden comer lobos, sin que yo experimente maldita la pesadumbre. Ven acá, mezquino: ¿por qué no saltas sobre el rucio, vuelas tras los frailes, los alcanzas, y haces en ellos el debido escarmiento, primero que estarte ahí hartándome de desvergüenzas. s que se le olvidaron a Cervantes XX - Donde nuestro caballero se muestra muy juicioso, hasta cuando la aventura en que gana el cuerno encantado de Astolfo le hace mostrarse más loco que nunca de Juan Montalvo «Libertad e soltura non es por oro comprado», dijo D. Quijote; y dando de espuelas a su caballo, salió del camino por ser de la caballería no seguirlo siempre, sino al contrario, ir por lugares sin senda, por despoblados, montes y valles obscuros, donde suelen toparse doncellas andantes, jayanes enanos, moros encantados y malandrines a quienes despanzurra en un santiamén. -Esto de salir uno cuando le viene en voluntad, amigo Sancho; entrar cuando está cansado, ponerse de nuevo en movimiento, ir y venir sin dar cuenta de sus acciones a nadie, es gran cosa para el hombre que gusta de gobernarse a sí mismo. Pregúntame cuál es el mayor de los males, y me oirás responderte: el cautiverio. ¿Cuál el más infeliz de los nacidos? El esclavo, el preso. La flor del viento, la luz matinal tomada en la campiña, son manjares que el alma saborea con ahínco; y hasta la verdura de los prados, la obscuridad de lo montes lejanos contienen un delicioso alimento para el espíritu y el corazón del hombre que puede gozarlos segura y libremente.

16 min Traje Manguera Lencería Medias De Nylon Pantie Medias De La Media

55 min Traje Manguera Lencería Medias De Nylon Pantie Medias De La Media —¡Caballeros. ¡Ni en la mejor fonda! dijo Rafael—. ¡Ole por la cocinera! Don Juan encontró de mal gusto la felicitación, pero admiró la obra. Era una merluza de más de tres libras, que parecía de plomo brillante, con el escamoso vientre hundido en la salsa, un fresco cogollo de lechuga en la boca, y en torno de la cola unos cuantos rabanillos cortados en forma de rosas. La fuente tenía una orla de rodajas de huevo cocido, y sobre la capa amarillenta que cubría el apetitoso animal, tres filas de aceitunas y alcaparras marcaban el contorno del lomo y la espina. Don Juan miraba, con la pala de plata en la mano. ¡Vive Dios, que le remordía la conciencia destrozar aquella obra de arte! Pero la cosa se había hecho para comer; y al poco rato, la blanca carne de la merluza, revuelta con los sabrosos adornos, estaba en todos los platos. —Y ya que dimos fin con la pobre, ahora otro traguito. Decididamente, el tío se ponía alegre. Las niñas recordaban como un sueño la cara irónica y glacial de otras ocasiones. Ahora sonreía con bondad, tenía las mejillas muy coloradas, y cautelosamente se aflojaba el talle, como para dejar un huequecito a lo que viniese después. Otro plato ligero, pero éste era francamente indígena: lomo de cerdo y longanizas con pimiento y tomate, un guiso al que daba siempre Visanteta una gracia especial, que hacía a todos mojar el pan en la roja salsa. Don Juan y su sobrino predilecto se entendieron con él, pues doña Manuela apenas lo probó. Rafaelito fumaba, costumbre detestable que irritó al tío, pues no podía comprender tales interrupciones en la digestión. Las dos niñas habían ido un momento a su cuarto: cuestión de aflojarse los corsés.

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41 min Dasha P Desnuda Modelo De Galería De Pisos

Camrip Dasha P Desnuda Modelo De Galería De Pisos -Más tarde o más aína, la mano de Dios cobra las deudas; por demás lo sé, Gorio. -¡Si uno naciera dos veces! -Dejémoslo aquí, si te es igual! -Dejao está por la presente. -Pues entonces. a más ver, Gorio, haiga salú, Carpio. Hallábase don Frutos entre don Román y sus hijos, tomando chocolate después de haber dicho misa por primera vez desde el suceso triste que en aquel pueblo no se olvidaba un punto. -Ya usted lo ve, señor don Román: me encuentro más fuerte que un roble, y como si nada me hubiera pasado. -Gracias a Dios, es la pura verdad, -respondió don Román. -Por consiguiente -continuó don Frutos-, no se negará usted hoy a darme su licencia para volver a mi casita. -No hay que pensar en eso, señor cura. -¿Pero usted no ve, alma de Dios, que me está echando a perder? ¿Qué va a ser luego de mí, acostumbrado, como ustedes me tienen en esta casa, a tantos mimos y regalos? ¿Les parece poco lo que han hecho conmigo hasta hoy para que todavía? ¿Quién soy yo, pobre gusano, para que ángeles como Magdalena hayan velado mi sueño, y usted y don Álvaro no se hayan separado un punto de mi cabecera durante tantos días y tantas noches? ¡Déjemme, señores míos; que me avergüenzo de ser objeto de tantas bondades, y ya se me figura que tardo en volver a mi celdilla, para no ocuparme en otra cosa que en pedir a Dios por usted, única moneda en que un pobrepárroco puede pagar los beneficios recibidos! -Y ¿a qué viene esa jaculatoria, señor don Frutos? -observó don Román entre grave y chancero.

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34 min Chicas Universitarias Calientes Desnudándose Completamente

54 min Chicas Universitarias Calientes Desnudándose Completamente Guerra no acertó a responderle. Subyugado por Leré, ni aun se atrevió a detenerla, cuando quiso retirarse dejándole solo. Esperaba él que se alargara la tertulia, porque algunas noches pudo prorrogarla valiéndose de su autoridad. Pero ya ni autoridad sentía sobre ella, y la vio salir sin atreverse a suplicarle una hora más de compañía. En tanto, la toledanilla consagraba todo su tiempo libre a las prácticas religiosas: rezos o meditaciones místicas ocupaban sus noches hasta hora muy avanzada, y por la mañana tempranito se iba a la iglesia más próxima, que era San Ginés, y no volvía hasta las nueve. Todos los días comulgaba. Ángel se pasaba en su casa las horas en soledad tristísima, empapando el pensamiento en memorias de la niña difunta, haciéndola revivir con la imaginación, o figurándosela en otro mundo desconocido, indeterminado, en el cual, según la idea del afligido padre, habían de ser apreciadas como en éste sus gracias, su belleza, y el donaire de sus mentiras. Siempre que Leré le concedía un rato de tertulia, hablaban de esto, y suspiro va, suspiro viene, de recuerdo en recuerdo, comentando a la pobre niña como si fuera un texto obscuro, concluían por ponerse tan atribulados como el día de la desgracia. El consuelo era difícil, sobre todo para Guerra, privado de aquel recurso de la religión, bálsamo por la virtud esencial de las creencias, bálsamo también por el entretenimiento y ejercicio que proporcionan los actos del culto. No dejó de hacer esta observación en uno de sus paliques con la beata, y ella le dijo: -Pues el remedio de su amargura, bien en la mano lo tiene. ¿Qué se diría de un sediento a quien le pusieran en la mano el vaso de agua, y en vez de beberla la tirara? Se diría que estaba loco. Pues lo mismo digo yo de usted. -¿Pero qué me recetas? -dijo Ángel echándose a reír-. ¿Que me meta yo en las iglesias, o que me pase las horas de la noche como tú, de rodillas, importunando a la divinidad y dándole jaqueca a los santos? Ya me estoy viendo en esa facha de beato, y no tienes idea de lo ridículo que me encuentro. Pero tú me vas dominando de tal modo, que harás de mí lo que quieras, y sufriré las modificaciones más absurdas.

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24 min Pee Wee Entrenador De Fútbol Ataques Árbitro

46 min Pee Wee Entrenador De Fútbol Ataques Árbitro Vi a Muley El Abbás hablando sucesivamente con este y el otro Chej, con el Kaid et tabyia, jefe de los artilleros, con los diferentes kaides y bajaes de la caballería regular (Jaiali), de los Bukaris (Guardia negra), y de las irregulares masas de tropa (harca) que componían aquella inmensa grey. El Príncipe Ahmet salió a caballo con lucida escolta de jinetes árabes, y fue a inspeccionar la gente que acampaba al pie de la montaña. Luego volvió a Casa de Assach. El sol se desembarazó de nubes; sus rayos hacían brillar las armas, y con suave picor, hiriendo la piel de los hombres, los llevaba de la ansiedad a la confianza. Un Kaid de los facíes me ofreció caballo y armas; pero no acepté, pues no me sentía con las necesarias aptitudes de agilidad y resistencia para seguir a la Caballería en sus atrevidas carreras. No pudiendo permanecer ocioso, mi puesto no debía ser otro que las trincheras de Torre Geleli o la Casa de Assach. Acompañé al Kaid hasta las alturas que hay pasado el arroyo de Virgech: desde allí vimos que los españoles habían levantado su campamento, y marchaban ordenadamente hacia nuestras posiciones, en dos grandes masas que debían de ser los Cuerpos Segundo y Tercero. La verdad, era un espectáculo imponente ver marchar tan gran número de hombres formando líneas, que de lejos parecían trazadas sobre el papel. Avanzaban con paso tranquilo en dos enormes conjuntos de diez mil hombres cada uno. Detrás, junto al fuerte de la Estrella, quedaba otro golpe de gente, que debía de ser la Reserva. Todo lo que vi suspendió mi ánimo: era como la perplejidad calmosa con que la Naturaleza anuncia las tempestades. ¿Hasta dónde llegarían aquellos hombres, que yo veía como nube parda arrastrándose por la tierra, y que llevaba dentro de sí el rayo y la destrucción? Pasaron los españoles el Alcántara, sin duda por puentes que les habían construido sus ingenieros, y seguían adelante con grave marcha de gigantes, esquivando los terrenos pantanosos, pero sin perder su orden ni sus alineaciones admirables. Desde las lomas donde dejé a los facíes, bajé rápidamente, y pasando el arroyo Virgech me volví a las trincheras que en extensa línea, con entrantes y salientes, conforme a las ondulaciones del terreno, serpenteaban de Norte a Sur, cortando el camino de Tettauen. Seguían los españoles su marcha pavorosa, y los dos Cuerpos de Ejército se separaban más conforme iban ganando terreno. Entre ellos distinguí otro bloque rastrero y movible, más bien azul que pardo, que me pareció la Artillería montada. Detrás, a larga distancia de los dos Cuerpos, venía la Caballería en abierta y descomunal falange, dos inmensas filas que parecían trazadas con regla. En nuestro campo, a medida que a las trincheras me aproximaba, advertí, más que silencio, un susurro, bajo el cual vibraba un escalofrío.

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91 min Anticuerpo 2002 Escenas De Sexo Robin Givens

720p Anticuerpo 2002 Escenas De Sexo Robin Givens -Hasta la tarde. -A Dios, Catalina. Ella le alargó la mano. Esta vez Carlos la llevó a sus labios. Ella no se ofendió, pero al salir se detuvo un momento a la puerta, y, poniendo la mano sobre su corazón, pareció querer sepultar en él la emoción que, a pesar suyo, revelaba su semblante. Carlos la vio alejarse y se sentó pensativo en el sitio que ella había ocupado. Entraron poco después las criadas de Elvira, y se marchó a su aposento, saliendo de aquel en que había pasado la noche con pensamientos bien diferentes de los que le acompañaron al entrar en él. Elvira estaba fuera de peligro, pero su situación era, según la opinión de los médicos, tan delicada que exigía un incesante cuidado. Por lo tanto, aquella noche, como la anterior, Catalina quiso velar a su lado y Carlos, como es de suponer, se presentó para acompañarla. Las horas pasadas en aquella habitación la noche última habían establecido entre ellos una cierta confianza, que años enteros de amistad en medio del bullicio del mundo no hubieran acaso producido. Volvieron a verse aquella segunda noche con el placer de dos compañeros de trabajos o peligros que se hubiesen separado por largos años, y se instalaron cerca de la enferma con la franqueza que inspira la seguridad de ser mutuamente agradables. Como Elvira descansaba tranquilamente, Catalina se apartó de junto a ella yendo a colocarse en un sillón al extremo opuesto del aposento, y dijo a Carlos con dulce familiaridad: -Puesto que hemos de velar y que por ahora no necesita Elvira, mientras ella duerme podremos hablar en voz baja. -Venga Ud. Carlos, deseo que me refiera Ud. su historia. Hace algunos días que hubiera manifestado mi curiosidad, si el obstinado desvío de Ud. no me lo hubiera impedido. -¡Mi historia!

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150 mb Madres Enseñando A Sus Hijos A Tener Relaciones Sexuales.

15 min Madres Enseñando A Sus Hijos A Tener Relaciones Sexuales. -Aquí no hay más hada, ni más duende, ni más genio que usted. Genio, sí, y noto que lo va echando malo. De ayer a hoy me ha reñido usted tres veces. -Sí, señor, y le riño la cuarta. por impaciente. No parece sino que le tratamos tan mal aquí. Pues sepa usted, señor fuguilla, que la opinión de D. Segundo es que aún debe estarse quietecito otro mes, pues si se lanza por esos caminos a caballo o en una carreta, está muy expuesto a una recaída, sí señor, y a que empeore la pierna, sí señor, y la otra pierna, y la cabeza. sí señor. Ea, ya no riño más; y aunque usted no quiera, me voy». Quedose Calpena meditabundo, pensando en su partida, que con ardor deseaba, aunque presumía que no podría efectuarla sin pesadumbre. Por su mente fecundísima pasó una idea. ¡Vaya una idea! La formulaba de este modo: «Quisiera tener un amigo muy íntimo, uno de esos amigos que son como hermanos, uno de esos amigos a quienes amamos entrañablemente. Y mi mayor gozo sería que este amigo se hiciera amar de Demetria y que él la amase a ella, cosa en verdad facilísima. ¡Qué gusto verles casados, ver a mi amigo compartiendo con ella el gobierno de esta gran casa! ¡Ah, se me olvidaba! es preciso, indispensable, que el amigo tenga patrimonio para poder realizar decorosamente la feliz coyunda.

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69 min Temas Sexuales

19 min Temas Sexuales Y ya se disponía a tirar la segunda, que de fijo habría dado al lance una terminación funesta, cuando D. Pito, vencido y maltrecho, se retiró del campo bramando: «Cuadrúpedo, me has roto la cabeza. ¡Me caso con tu madre! ¡Lástima de agua del bautismo que te echaron! ¡Me caso. Si estoy soltando un río de sangre. La culpa tiene quien se pone a jugar con jumentos. Vaya una coz. ¡Yemas! Y no se cuidó de perseguir a su agresor, porque tuvo que acudir a la casa para restañarse la herida y aplicarse a ella un poco de bálsamo, vulgo caña, pues con esto, como buen lobo de mar, se curaba todo, lo de dentro y lo de fuera. Lavada la contusión y visto que no era grave, se la tapó con un pañuelo para evitar el frío, y no hacía más que rezongar jurando y perjurando que cuando cogiese a tiro al cafre de Tatabuquenque, le había de convertir todo el cuerpo en un puro cardenal. «¡Ah! -se decía-, si D. Ángel lo permitiera, ¡qué magnífica bestia, domándola bien, para dar vueltas a una noria! Lo que yo digo: el mundo está perdido con esta libertad que hay ahora y esta igualdad de pateta. ¿Por qué hemos de ser todos iguales, todos amos, todos señores? ¿Por qué no se ha de establecer que los brutos y zopencos, como este pedazo de hotentote, sean declarados inferiores y se les pueda vender y comprar para que trabajen a las órdenes de un buen vejuco? Pero no hay caso, y los prohombres suspiran y lloriquean cuando se habla del latiguito y del grillete.

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63 min ¿por Qué Los Chicos Chupan Tetas Chicas

100 mb ¿por Qué Los Chicos Chupan Tetas Chicas Volviéndome a mirarlo al entrar en el jardín, vi a míster Murdstone apoyado en la tapia del cementerio hablando con su amigo. Los dos me miraban, y tuve la sensación de que hablaban de mí. Míster Quinion durmió aquella noche en nuestra casa. A la mañana siguiente, después del desayuno, coloqué mi silla, e iba a irme cuando míster Murdstone me llamó, se sentó gravemente delante de una mesa y su hermana se puso en su pupitre. Míster Quinion, de pie, con las manos en los bolsillos, miraba por la ventana; yo los miraba a todos. -David -me dijo míster Murdstone-: cuando se es joven se está en el mundo para trabajar y no para soñar ni haraganear. ---Como haces tú -añadió su hermana. -Jane, déjame hablar, haz el favor. Digo, David, que la gente joven está en el mundo para la acción y no para soñar ni para haraganear. Y con mayor motivo tratándose de un muchacho de tu carácter, que necesita corregirse mucho y al que no se pude hacer mejor servicio que obligarle a que se acostumbre a trabajar, que es lo único que puede doblegarle. -Y que en el trabajo de nada sirve la terquedad; se les doblega lo que hace falta -interrumpió su hermana. Él le dirigió una mirada, mitad de reproche, mitad de aprobación, y continuó: -Supongo que sabes, David, que yo no soy rico, y en todo caso lo sabes ahora. Has recibido ya una educación costosa. Las pensiones son caras, y aun cuando no lo fueran, no te enviaría a ninguna. Pienso que no sería beneficioso para ti. En el mundo has de tener que luchar con la vida; por lo tanto, cuanto antes empieces, mejor. Yo pensé que me parecía que ya había empezado a luchar en mi pobre camino, o por lo menos se me ocurre ahora. -¿Has oído hablar alguna vez de nuestra casa de comercio?

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105 min Chicas Empujando Cosas Inusuales Hasta La Vagina

41 min Chicas Empujando Cosas Inusuales Hasta La Vagina Mientras Gracia cortaba el pantalón hasta descubrir el sitio del balazo, Demetria reunía todos los pañuelos que llevaban para improvisar un vendaje conveniente. Volvió a la sazón Serrano muy satisfecho: venía de ver el cadáver del escopetero, y dijo a Calpena: «No sabe usted bien el servicio que nos ha hecho librándonos de ese bandido, el más malo, el más sagaz de cuantos andan por aquí. Merece usted que se le proponga para una cruz. -Pues si buena cruz hemos ganado, buen balazo nos cuesta. Yo llevo ya cinco en diferentes partes de mi cuerpo, y ya ve usted. Con suerte, siempre con suerte. A ver, Roldán, ven acá; examina esta herida y dinos que no es de cuidado. ¡Ay de ti si te equivocas! Luego le curas de primera intención para que pueda llegar a Salvatierra, donde hallará médicos de sobra». El llamado Roldán, que era un sargento practicante, dijo que estaba dentro la bala, y que no le parecía la herida peligrosa, por no interesar la rodilla. Si el señor no sentía dolores muy vivos, era que la bala no había tocado el hueso. No cuadraba más tratamiento que vendarle, aplicada una unturilla que ellos traían, y después que cuidara el herido de evitar todo movimiento. «Pues me divierto -dijo Fernando-. Ya no puedo andar. Pero, en fin, sea lo que Dios quiera, y cúmplase el destino que está marcado a cada criatura». Y mientras Roldán, asistido de las dos doncellas, le curaba, Serrano le informó de la gran victoria que habían alcanzado días antes con la ocupación de San Adrián, añadiendo que no bajaron a Oñate porque el General no lo estimaba práctico ni provechoso, y prefería conservar aquellas posiciones y tener asegurada la comunicación con Vitoria y Alsasua. Hablando de sus propios servicios en la campaña, declaró Serrano que se sentía con alientos para tomar parte en mil y un combates y avanzar en su carrera.

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