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Camrip Después De La Oscuridad Por El Kung Fu Asiático

El generalísimo Ra-Ra fue mi abuelo. Cuando las mujeres hicieron lo que ellas llaman la Verdadera Revolución, mi glorioso ascendiente, a pesar de su vejez y de su historia heroica, fue desterrado a una isla desierta, cerca de la gran barrera de rocas y espumas, creada por los dioses, que nadie se atreve a pasar. Allí murió al poco tiempo. Mi padre, que también era general, anduvo vagabundo por toda la República, ocultando su nombre y dedicándose a los más bajos oficios para poder vivir. En esa época de miseria, la madre del profesor Flimnap y el mismo profesor, que solo tiene diez años mas que yo, protegieron a mi madre. Abreviaré el relato de nuestras desventuras. Mi padre murió, mi madre murió también poco después, y yo, gracias al profesor, conseguí que no me dedicasen a los trabajos forzosos, como tantos otros desdichados de mi sexo. No quise ser una máquina de músculos, pero tampoco me plegué a lo que exigía de mi el nuevo régimen para convertirme más adelante en la esposa masculina de cualquiera de las mujeres triunfadoras. Flimnap me llevó a vivir con el por algún tiempo, asegurando que yo era sobrino suyo. ¡Ojalá no hubiese entrado nunca en la Universidad Central! Hice allí amistades que solo han servido para complicar mi vida, dándole mayor tristeza. Pero no; me arrepiento de lo que acabo de decir. La única satisfacción de mi existencia, la sóla razón de que aún siga viviendo, proceden de una amistad que contraje durante mi época universitaria. Luego mi conducta causó muchos disgustos al bondadoso Flimnap, y me obligó a huir de su lado. Yo sabía lo que un hombre no debe saber en este país. Conozco cosas que el gobierno de las mujeres necesita mantener secretas y que representan un peligro de muerte para aquel que las aprende.

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23 min Chica Asiática En Chica Acción Porno Gratis Pero la cobra real, humillada, vencida en su segundo esfuerzo de dominación, repleta de odio para un país que en adelante debía serle eminentemente hostil, prefirió hundirse del todo, arrastrando con ella a las demás especies. -¡Está loca Ñacaniná! -¡Sí, a la caverna! -respondió la columna despavorida, huyendo-. ¡A la caverna! La Ñacaniná vio aquello y comprendió que iban a la muerte. Pero viles, derrotadas, locas de pánico, las víboras iban a sacrificarse, a pesar de todo. Y con una altiva sacudida de lengua, ella, que podía ponerse impunemente a salvo por su velocidad, se dirigió como las otras directamente a la muerte. Sintió así un cuerpo a su lado, y se alegró al reconocer a Anaconda. -Ya ves -le dijo con una sonrisa- a lo que nos ha traído la asiática. -Sí, es un mal bicho. -murmuró Anaconda, mientras corrían una junto a otra. -¡Y ahora las lleva a hacerse masacrar todas juntas! -Ella, por lo menos- advirtió Anaconda con voz sombría-, no va a tener ese gusto.

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108 min ¿qué Consejos De Maquillaje Para El Actor Desnudo? Así es que me reservo. Mira: no le amo aún; pero si cualquier suceso me hiciese conocer de una manera indudable las grandes dotes que le supongo, le amaría con toda mi alma, le adoraría y procuraría hacerle dichoso con toda la pasión de que una mujer es capaz. Nada habría en el mundo que me detuviera para ser suya; ni la fortuna ni la gloria tendrían para el más tesoros que los que podrían ofrecerle mi amor ardiente y mi ternura inmensa. ¡Feliz el hombre a quien yo ame, Isabel, porque le amaré como no se acostumbra amar hoy, como es difícil que se ame en el mundo! ¿Y ya me ves tan altiva, tan desdeñosa, tan exigente? Pues te aseguro que sería yo una mujer humilde, una pobre esclava que estaría pendiente de sus ojos para complacerle, y una leona para disputar su amor . la muerte misma me parecería dulce recibirla de su mano. Nunca te he oído hablar así . ¡Me encantas y me causas terror! te causo terror porque tú eres dulce y tímida, porque tu amor es una lágrima de ángel . mi amor sería una llama devoradora, un volcán. Pero tranquilízate . no amo todavía así a tu primo.

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60 min Tener Sexo Con Lady Fábula Gris Y sin embargo, si llevaran uniforme serían como todos los guerreros del mundo. -¡Qué ganas tengo de intervenir en el combate! -repuso el cazador, apuntando con su carabina. -respondió al momento el doctor-. ¡No nos metamos en camisa de once varas! ¿Sabes acaso cuál de los dos bandos tiene razón para asumir el papel de la Providencia? Huyamos pronto de tan repugnante espectáculo. Si los grandes capitales pudieran dominar así el escenario de sus hazañas, acabarían tal vez por perder la afición a la sangre y las conquistas. El jefe de una de las tribus se distinguía por una constitución atlética, unida a una fuerza hercúlea. Con una mano clavaba la lanza en las compactas filas de sus enemigos, y con la otra descargaba el hacha. En un momento dado, tiro su ensangrentada azagaya, se precipitó sobre un herido a quien cortó un brazo de un tajo, cogió el miembro aún palpitante y empezó a devorarlo. -¡Qué horrible bestia! ¡No puedo seguir conteniéndome!

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65 min ¿puede La Esquizofrenia Conducir A La Ocd Sexual?

113 min ¿puede La Esquizofrenia Conducir A La Ocd Sexual? También podía envolverse en una manta cuyo grueso estaba formado con cinco de las que empleaban las muchachas del ejército cuando salían de maniobras. Esta envoltura había consumido el material de abrigo de tres regimientos. Vivía en una aparente libertad. Todos los pigmeos instalados en la Galería para su servicio procuraban evitarle molestias, y hasta pretendían adivinar sus deseos cuando estaba ausente el traductor. Pero le bastaba ir mas allá de la puerta para convencerse de que solo era un prisionero. Día y noche permanecían inmóviles en el espacio, sobre la vivienda del gigante, dos máquinas voladoras, que se relevaban en este servicio de monótona vigilancia. Si intentaba ir hacia la capital, o si avanzaba por el lado opuesto mas allá del río, sentiría inmediatamente en su cuello el enroscamiento de uno de aquellos hilos de platino que le amenazaban con la decapitación. Imposible también salir durante la noche, pues los ojos de las bestias aéreas partían incesantemente la sombra con sus cuchillos luminosos. La única satisfacción de Gillespie era ver aparecer sobre un borde de su mesa el abultado cuerpo, la sonrisa bondadosa, los anteojos redondos y el gorro universitario del profesor Flimnap. Era el único pigmeo que hablaba correctamente el inglés y con el que podía conversar sin esfuerzo alguno. Los otros personajes, así los universitarios como los pertenecientes al gobierno, conocían su idioma como se conoce una lengua muerta. Podían leerlo con más o menos errores; pero, cuando pretendían hablarlo, balbuceaban a las pocas frases, acabando por callarse. El profesor temía las escaleras y las cuestas a causa de su obesidad de sedentario dedicado a los estudios; pero, a pesar de esto, acometía valerosamente cualquiera de las rampas en torno a las patas de la mesa, llegando arriba congestionado y jadeante, con su honorífico gorro en una mano, mientras se limpiaba con la otra el sudor de la frente, echando atrás la húmeda melena. De buena gana hubiese ordenado la instalación de un ascensor; pero el pensamiento de que sus cuentas podían ser examinadas y discutidas en pleno Senado le hizo desistir de tal deseo. Al fin se decidió a emplear en sus visitas la grúa montadora de alimentos. Silbaba desde abajo para que los trabajadores hiciesen descender el cable, y sentándose en uno de los platos más pequeños empleados en el servicio, subía sin fatiga hasta la gran planicie donde apoyaba sus codos el gigante amigo.

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33 min Cómo Ejecutar El Negocio De Hielo Afeitado

14 min Cómo Ejecutar El Negocio De Hielo Afeitado ¿No habéis dicho que con él puedo yo negar a Dios, y hasta decir que es muy malo? -¡Eso sí! -respondieron a una voz los de la mesa y el del púlpito. -Pues ¡carafles! -continuó Bisanucos, -si tales infamias pueden decirse del mesmo Dios, ¿en qué peco yo declarando que el hijo del difunto Bragas es un fachendoso, sin pizca de sentido ni de vergüenza, y el Estudiante de la Casona un granuja, y los Rigüeltas unos pillos? Lo que ocurrió en el club después de estas palabras, no es para descrito. Gildo, verde y convulso, arrojó el tintero a la cabeza de Chisquín; Toñazos, que estaba cerca de éste, se abalanzó sobre el hijo de Patricio, y de dos guantadas le metió debajo de la mesa; don Gonzalo, aturdido y trémulo, no sabía qué decir ni por dónde escaparse; Lucas bajó del púlpito casi rodando, y a merced del barullo y del estruendo que había en la sala, huyó por la puerta del pajar: los pocos partidarios que los Rigüeltas tenían allí quisieron defender a Gildo; pero la gran mayoría cayó sobre ellos como un pedrisco, y los dejó tendidos y magullados; llegado ya al espanto el miedo del presidente, abrió éste las puertas del balcón, que no estaba muy alto, y se dejó caer al corral; sin sacudirse la basura que agarró en la caída, echó a correr y no se detuvo hasta el Consistorio, donde, a gritos, pidió el auxilio de la guardia; fue ésta al club, mientras su Comandante general se encerraba en casa con barrotes y doble vuelta; pero enterada de lo que ocurría, juzgó arriesgado el trance y se volvió al puesto, dejando que el motín se acabara por sí solo. Acabóse, en efecto, por cansancio, dos horas después, quedando en el suelo docena y media de combatientes, entre borrachos y contundidos. - y también se acabó aquella noche el ya bien cercenado prestigio de los hombres que habían arrastrado al pueblo a tales desvaríos. El día siguiente, por la tarde, volvió Patricio de la ciudad con sus guerreros. Formados en ala, fieros los continentes y resuelto el paso, como si acabaran de ganar una gran batalla, entraron en el pueblo. Pero a la poca gente que los vio llegar, debió importarle una higa tanta fanfarria, porque no se detuvo nadie a contemplarlos, y hasta se les miró con cierto gestecillo de burla. Por la noche fue Gorión a casa de Carpio. -Vengo -le dijo-, al auto de que me cuentes lo que a bien tengas, respetive al viaje, antes que te vayas al club. -No he pensao en ello, Gorio; que el cuerpo más me pide cama que palabrería de chanfaina. -Bien estipulao está así, Carpio, y tamién hablaremos al auto cosas que te pasmarán.

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