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85 min Chica Universitaria Folla A Su Hermanastro Mayor

¡Pobrecito Brillante mío. Y hasta había llegado a unir su linda cabeza de bebé con las negras narices de la bestia, cubriéndolas de besos. El desaliento las tuvo hasta bien entrada la noche clavadas en sus asientos del salón, silenciosas, sin otra luz que el escaso resplandor de los reverberos públicos que entraba por los balcones abiertos, produciendo una débil penumbra. Las tres, envueltas en sus batas de verano, destacábanse en la obscuridad como inmóviles estatuas. Las niñas pensaban en su porvenir, que adivinaban confusamente; presentían que desde aquel momento comenzaba para ellas una era nueva, en que no todo serían alegres risas e indiferencia para el día siguiente. Los pensamientos de doña Manuela aún eran más obscuros. Miraba en torno de ella, y nada, ni un mal rayo de esperanza amortiguaba su desesperación. Necesitaba dinero para reponer esta pérdida, que tanto podía influir en el prestigio de la familia, y para satisfacer ciertos compromisos que, como de costumbre, la agobiaban con gran urgencia; pero a pesar de ser tan numerosas las amistades, no encontraba, repasando su memoria, un solo nombre. ¡Y pensar que ella, que había derrochado tantos miles de duros y vivía con cierta ostentación, pasaba angustias por unos cuantos miles de reales. El recuerdo de su hermano se aferraba tenazmente a su memoria. ¡Ah, maldito avaro! Necesario era todo su mal corazón para dejar a una hermana en el sufrimiento, pudiendo remediar sus penas con algunos de los papelotes mugrientos que a fajos dormían en el viejo secrétaire de su alcoba. Pero no había que pensar en semejante hombre. Bastantes veces la había humillado con rotundas negativas. Otro de los que no se podía contar para salir de la situación era su hijo Juanito. Doña Manuela, que le había tenido tanto tiempo a su voluntad, asombrábase ahora ante sus alardes de independencia. Le habían cambiado su hijo, según ella decía con el tono quejumbroso de una madre resignada.

HDLIGHT Follando A Mi Hija Cuando Ella Duerme

80 min Follando A Mi Hija Cuando Ella Duerme No tuve, en pocos días, tiempo de profundizar la observación de lo que me salía al paso. Mi goce se duplicó por el bienestar físico que me causaba la tónica balneación, y por el femenil gusto de vestir galas y adquirir superfluidades en las ricas tiendas. También sentí orgullo al convidar a la duquesa, a su hermana, a algunos de los que me han obsequiado, a almorzar en mi hotel. Se enteraron de Dick, de Maggie, y vi el gesto admirativo de las caras cuando agregué: -Bah, mi escocesa. Salió, para venir a servirme, de casa de lady Mounteagle. En efecto, sabe su obligación. ¡Al cabo, Biarritz es un pueblecillo! En una semana, no había nadie que no me conociese. De mi yo verdadero nada sabían; en cambio, conocían hasta el número de frasquitos de vermeil cincelado que contenía mi maleta de viaje, traída por Maggie de la casa Mapping and Web, reina de las tiendas caras y primorosas, en que se expenden tan londonianos artículos. No todo el mundo, sin embargo, me hizo igual acogida. Hubo sus frialdades, sus distanciaciones, sus impertinencias, aristocráticas y plutocráticas. Con mi fina epidermis, sentí algunos hielos, algunas ironías, mal disimuladas por aquiescencias aparentes; hubo sus corrillos que se aislaron de mí, sus saludos envarados, peores que una cabeza vuelta para no ver. Y entonces sí que empecé a «picarme al juego». A vuelta de correo, Agustín me contestaba: -Esa es la lucha. Eso es lo que le prepara a usted un deleite de victoria. Apunte usted nombres. Verá usted qué delectación exquisita la de recordarlos después.

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23 min La Persecución Nazi De Los Homosexuales.

49 min La Persecución Nazi De Los Homosexuales. Sus palabras me embelesaban; su gracia y monería en hablar me tenían cautivo, y me hubiese pasado veinte años oyéndola el ceceo y los dichitos salados y graciosos. Cualquier tontería contada por ella adquiría el mérito de la sandunga. Escuchándola llegué a creer que cuanto le sucediese a aquella mujer merecía la pena de referirse, y que a cada paso le ocurrían cosas chuscas, reideras y donosas, que no nos pasaban a los demás. Como todas las personas de individualidad muy acentuada y típica, doña Milagros parecía crear vida alrededor de sí; diríase que la trama de la existencia diaria, tan pálida, vulgar y monótona, para ella estaba entretejida de hilos de color y de pajuelitas de oro. En mi casa hacía sol cuando entraba doña Milagros. Estaba entonces la señora en temporada humorística, pues todos los días tenía algo que contar del asistente, a quien por sus torpezas apodaba Gedeón. Las gracias de Gedeón eran inagotable tema de risa. Subía doña Milagros agitada y abanicándose con un periódico; dejábase caer en el primer asiento que encontraba a mano, y emprendía el relato de las gedeonadas. Gedeón había servido en el mismo asafate el chocolate de ella y las botas embetunás de su marido; Gedeón había cepillado un traje de lana a pintitas, y persuadido de que cada pinta era una mancha, medio había deshecho la tela; Gedeón había colgado el cuadrito de San Antonio cabeza bajo; Gedeón, con las abrazaderas de las cortinas de la sala, había adornado la mesa. «Hoy ese mardito me hiso pedasos la compostera buena, sin más que cogerla así, entre el purgar y el dedo índise. Yo le dije: ¡Mira, Gedeón, borrico de mi arma, que te aviso que pa otra ves que derrames el dulse por el piso, te hago lamer el suelo con la boca. hasta que no quee rastro. ¡Ay Jesú, don Benisio! Los asistentes aquí son muy rudos. No se puede con eyos». De pronto la veíamos echar a correr sobresaltada: «¿Qué pasa?

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79 min Sitio Perfecto Para Jack Off

HDTV Sitio Perfecto Para Jack Off Así pues, el doctor era hombre bien conocido, pese a no pertenecer a ninguna institución científica, ni a las Reales Sociedades Geográficas de Londres, París, Berlín, Viena o San Petersburgo, ni al Club de los Viajeros, ni siquiera a la Royal Politechnic Institution, donde su amigo, el estadista Kokburn, metía mucho ruido. Un día Kokburn le propuso, para darle gusto, resolver el siguiente problema: dado el número de millas recorridas por el doctor alrededor del mundo, ¿cuántas millas más ha andado su cabeza que sus pies, teniendo en cuenta la diferencia de los radios- O bien, conociendo el número de millas recorridas por los pies y por la cabeza del doctor, calcular su estatura con toda exactitud. Pero Fergusson continuaba manteniéndose alejado de las sociedades científicas, pues era feligrés militante, no parlante; le parecía emplear mejor el tiempo investigando que discutiendo, y prefería un descubrimiento a cien discursos. Cuéntase que un inglés se trasladó a Ginebra con intención de visitar el lago. Le metieron en un carruaje antiguo en el que los asientos estaban de lado, como en los ómnibus, y a él le tocó por casualidad estar sentado de espaldas al lago. El carruaje realizó pacíficamente su viaje circular y nuestro inglés, aunque ni una sola vez volvió la cabeza, regresó a Londres perdidamente enamorado del lago de Ginebra. El doctor Fergusson, por su parte, durante sus viajes se había vuelto más de una vez, y de tal modo que había visto mucho. No hacía más que obedecer a su naturaleza, y tenemos más de un motivo valedero para creer que era algo fatalista, aunque de un fatalismo muy ortodoxo, pues contaba consigo mismo y hasta con la Providencia; se sentía más bien empujado a los viajes que atraído por ellos y recorría el mundo a la manera de una locomotora, la cual no se dirige, sino que es dirigida por el camino. -Yo no sigo mi camino -decía,,, el doctor con frecuencia-; el camino me sigue a mí. A nadie asombrará, pues, la indiferencia y sangre fría con que acogió los aplausos de la Real Sociedad; estaba muy por encima de tales miserias, exento de orgullo y más aún de vanidad; le parecía muy sencilla la proposición que había dirigido al presidente, sir Francis M . y ni siquiera se percató del inmenso efecto que había producido. Después de la sesión, el doctor fue conducido al Traveller's Club, en Pall Mall, donde se celebraba un soberbio banquete. Las dimensiones de las piezas servidas a la mesa guardaban proporción con la importancia del personaje, y el esturión que figuraba en tan espléndida comida no medía ni un centímetro menos que el propio Samuel Fergusson. Se hicieron numerosos brindis con vinos de Francia en honor de los célebres viajeros que se habían ilustrado en las tierras de África. Se bebió a su salud o en su memoria, y por orden alfabético, lo que es muy inglés: por Abbadie, Adams, Adamson, Anderson, Arnaud, Baikie, Baldwin, Barth, Batuoda, Beke, Beltrame, Du Berba, Binbanchi, Bolohnesi, Bolwik, Bolzoni, Bonnemain, Brisson, Browne, Bruce, Brun-Rollet, Burchell, Burtckhardt, Burton, Caillaud, Caillié, Campbell, Chapman, Clapperton, Clol Rey, Colomien, Courval, Cumming, Cunny, Debono, Decken, Denham, Desavamchers, Dicksen, Dickson, Dochard, Duchaillu, Duncan, Durand, Duroulé, Duveyrier, Erchardt, D'Escayrac de Lautore, Ferret, Fresnel, Gallnier, Galton, Geoffroy, Golberry, Hahn Hahn, Harnier, Hecquart, Heuglin, Homernann, Houghton, Imbert Kaufmann, Knoblecher, Krapf, Kummer, Lafaille, Lafargue, Laing, Lambert, Lamiral, Lamprière, John Lander, Richard Lander, Lefebre, Lejean, Levaillan, Livingstone, Maccarthie, Magglar, Maizan, Malzac, Moffat, Mollien, Monteiro, Morrison, Mungo-Park, Neimans, Overweg, Panett, Partarrieau, Pascal, Pearse, Peddie, Peney, Petherick, Poncet, Puax, Raffene, Rath, Rebmann, Richardson, Riley, Ritchie, Rochet D'Aricourt, Rongawi, Roscher, Ruppel Saugnier, Speke, Steidner, Tribaud, Thompson, Thornton, Toole, Tousny, Trotter, Tuckey, Tyrwitt, Vaudey, Veyssiére, Vincent, Vinco, Vogel, Warhlberg, Warington, Washington, Werne, Wild y, por último, por el doctor Samuel Fergusson, el cual, con su increíble tentativa, debía enlazar los trabajos de aquellos viajeros y completar la serie de los descubrimientos africanos. -Un artículo del Daily Telegraph. -Guerra de periódicos científicos.

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101 min Chicas Desnudas Lesbianas Calientes Besándose

108 min Chicas Desnudas Lesbianas Calientes Besándose -¡Los sofiones que da el señor cura! -respondió Sancho-: aínas me hace ahorcar por haber pedido una presa de esas crudas. Yo sé dónde espumé tres gallinas y dos gansos, hasta cuando llegase la hora de comer, y aquí me dan con las del martes por haber solicitado una triste pierna. -Una triste pierna de oro -replicó el vicario-. Nos desrancharemos por serviros, noble mancebo: ahora están crudas esas presas y será bien esperemos que se hallen en su punto. Salieron de la capilla, y como volviesen a pasar por la fábrica, se llegó de nuevo el arquitecto a don Quijote, y alargándole la mano, le dijo: -Mi querido. Esto era para el caballero peor que llamarle buen hombre: sintió agolpársele la sangre a la cabeza, al tiempo que su mano caía instintivamente sobre la empuñadura de su espada. -¿Sabe este bebedor quién es "mi querido"? -respondió apretando los dientes y temblándole las carnes del cuerpo-. Mirad dónde os ponéis, o daréis con tal maestro que os enseñe las cuatro primeras reglas de la buena crianza. Hubo de interponerse el cura y suplicar a don Quijote dispensase el atrevimiento involuntario de aquel viejo, quien no era en suma sino un pobre diablo. -El aguardiente -respondió el caballero- sobre ser de mala índole es muy mal educado. Podemos dispensar por un instante a un borracho, señor cura; mas no me consta la necesidad de seguir sufriendo sus impertinencias. Como en la casa parroquial no hubiese el ámbito necesario para tan gran señor, le invitó el cura a pasar a la vecindad, donde le había preparado alojamiento digno de su persona. Aceptolo don Quijote, y seguido de su escudero, se fue adonde le dirigían, pues la cama le hacía muy al caso. Los monacillos con quienes don Quijote había dado en el suelo cuando encontró la procesión, antes se hubieran dejado ahorcar que perdonarle; y así anduvieron con tiempo dándose sus trazas para que su venganza fuese cumplida. Llegados a la casa, le designaron su aposento, advirtiéndole que en él hallaría lo necesario, y se fueron sin hacer ni decir otra cosa.

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43 min Rubia Estrella Porno Con Tinkerbell Tatuaje

47 min Rubia Estrella Porno Con Tinkerbell Tatuaje Algunos quieren dar a entender que D. Acisclo hizo mil tramoyas y falsedades; pero nada se pudo probar, y por consiguiente no debemos creerlo. Don Jaime Pimentel, sin abandonar la corte, sin escribir apenas carta alguna, con el mayor sosiego, tuvo el gusto de recibir su acta, casi limpia, pues sólo llevaba dos protestas insignificantes y mal fundadas. El júbilo de D. Acisclo fue grande después de la victoria. ¡Qué lauro el suyo! ¡Qué muestra de poder la que acababa de dar! Con un candidato invisible, descuidado, flojo; con un enemigo tan fuerte, tan único, tan modelo y tan fénix entre los representantes del pueblo, había logrado vencer, y vencer por una gran mayoría. Después de admirarse de su propia capacidad para la política, sólo se reconocía deudor a D. Juan Fresco y a la copiosa turba de bermejinos que le siguieron en el día de la elección como a caudillo respetado. Durante todo este largo período electoral, las relaciones amistosas de doña Luz y del P. Enrique se fueron estrechando más cada día. Hasta doña Manolita, dejándose llevar del entusiasmo de su marido, o bien compartiéndole, no había pensado más que en las elecciones. Doña Luz y el padre eran sin duda las dos únicas personas de cierta posición en todo el distrito, que no habían pensado en éste ni en el otro candidato, y que no se habían afanado por el triunfo de cualquiera de ellos. En medio de aquella agitación política, habían hallado retraimiento dulcísimo en la misma casa de quien la promovía; y allí eran las pláticas suaves y encumbradas, y las conversaciones amenas, en que siempre aprendía algo doña Luz, en que siempre hallaba nuevas excelencias en el entendimiento y en el corazón del padre, y en que el padre, a su vez, no dejaba nunca de pasmarse del despejo, de la agudeza, de la notable discreción, de la fantasía poética y de la sensibilidad exquisita de su bella interlocutora. Don Anselmo había terciado en los debates, aunque ya no tanto, por haberle tenido también D. Acisclo muy interesado en las elecciones.

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61 min Culo Jodido Obtener Hardcore Más Caliente Coño Adolescente No encontrando a Leré donde creía deber encontrarla, la buscó por otras partes, junto a San Clemente, por el toque instintivo de asociar lo presente con lo pasado. En esto de los encuentros perseguidos o casuales, el Acaso descompone con muchísima gracia los cálculos todos de la previsión humana, pues siempre resultan los tales encuentros en lugar y coyuntura que nunca el rondador imaginaba. Y así sucedió en aquel caso, pues una tarde que Guerra iba por las Cuatro Calles, hallándose su mente distraída casualmente de Leré y de cuanto con ella se relacionara. ¡pataplum, Leré! Esto pasa, esto le ha pasado a todo el mundo. ¡Y es el hombre tan tonto que no sabe fiar a la caprichosa lotería del Acaso los encuentros, y se empeña en buscarlos con vana y pueril lógica! Pues señor, cruzaba Guerra, y vio que salían, de una tienda de ropas dos hermanas del Socorro acompañadas de Leré, que llevaba un lío de compras. Ambos se sorprendieron, y en el primer momento no supieron qué decir. Ángel la detuvo sin hacer caso de las dos hermanas, y ella le saludó sin turbarse, con aquella bendita serenidad a prueba de sorpresas y emociones. «Ya sé que estuvo usted en casa. ¿Seguirá muchos días aquí? Supongo que lo verá todo. Mire, en la Catedral mi tío puede servirle de guía y enseñarle cosas que no se pueden ver sino por recomendación, el tesoro, el relicario, las ropas, los subterráneos, las alhajas y el manto de la Virgen. Contestó Guerra con cuatro frases de ordenanza, y le pidió una entrevista. Dijo Leré que por el momento no podía ser, pues estaba sirviendo en el Socorro; pero que pensaba volver otra temporada al lado de su tía, y entonces podría verla y hablarle todo lo que quisiera. No pasó nada más, ni podía prolongarse la conversación delante de las religiosas, que ya parecían un poquito escandalizadas. Separáronse, y él se fue tan alegre, porque sólo el verla y las cuatro palabras cambiadas de prisa y corriendo pareciéronle un triunfo.

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100 mb Sujetador Muy Sexy Por Vicotoria Secreto Y el procedimiento del esmaltado. Y todo, todo. -La Santa debía de ser muy elegante. -Vaya. ¡Refinadísima! -Mañana, despacio, por la tarde, me leerá usted la relación, y repito que la edición corre de mi cuenta. Se dilató el semblante del erudito. Ya se veía empaquetando ejemplares para enviar a los académicos que a veces le escriben, no más que para consultarle cosas de Alcalá y sus contornos. Ahora verían que puede dominar otros asuntos su pluma. -Leeré -dijo- únicamente lo narrativo. Las notas serían enojosas. Quedan para la impresión. Y me dejó sola con don Antón de la Polilla. - V - No necesito diplomacia, o por lo menos, no necesito astucia con este amigo, cuya boca no sufre candados. -Me estaba riendo, don Antón, de los guiños que usted me hacía. -Ya, ya lo noté.

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26 min Star Trak Troy Recibe Nalgadas Historias Váyase Apolo con su murga a freír monas al Parnaso; que aquí se está por el monte Sion. Por mí te congratularé con la elegante frase de moda, diciéndote: Pues te casas, séate el santo yugo ligero; pues tendrás fruto de bendición, séate la carga de los hijos ligera; pues te entierras en vida, séate la tierra ligera. Pocos días después volvió Pablo, y se fijó el día del casamiento. La víspera se halló sir George en la calle a don Galo. Éste, que aún no estaba del todo repuesto del susto que le había dado sir George en la mañana que hemos referido, quiso evitar su encuentro torciendo por una boca-calle; pero sir George apresuró el paso, lo alcanzó y lo paró. -¡Oh señor don George! -exclamó algo turbado don Galo-; no os había visto; no es extraño, pues soy, ya lo sabéis, tan corto de vista. -Tenía muchos deseos de veros -repuso sir George-; deseaba suplicaros que me acompañaseis a comer: he recibido por el último vapor unos faisanes y una remesa de vinos escogidos; pero como ya no tengo el gusto de veros. -El gusto y la honra serán para mí, señor don George -repuso con una sonrisa no muy natural don Galo, en quien la remesa de vinos escogidos había avivado la inquietud-; pero como tengo tanto que hacer. -¿Y como no os veo ya en casa de Clemencia? -Es cierto, no recibe porque su tía ha empeorado, y pasa allá toda la tarde y noche. -¿No me habéis dicho que se casa? Don Galo, que se iba reponiendo, contestó en su tono natural: -Ya se ve que os lo dije, como que yo fui el primero que lo supe; pero ya lo sabe todo el mundo. -Me han dicho que su novio es un ganso lugareño. -Os han informado mal, muy mal, don George; yo que lo he tratado, os puedo decir que es un bellísimo sujeto, de un carácter angelical, de mucho talento y mucha instrucción, como que tuvo el mismo maestro que Clemencia, el sabio Abad de Villa-María; que es generoso y caritativo como pocos, y en cuanto a guapo lo es como ninguno: se cuentan de él hechos que admiran y asombran, en particular un lance con cinco ladrones que lo sorprendieron en su cortijo. -¡Oh, señor don Galo! no me refiráis proezas bandoléricas; estoy cansado de oírlas cantar en romances a vuestros ciegos.

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96 min Como Tocar Una Vagina De Niña

35 min Como Tocar Una Vagina De Niña Ni lo confirmo ni lo niego; pero lo consigno para que se vea hasta qué punto reinaba la tranquilidad en Coteruco en los comienzos del mes de marzo de aquel año memorable. Mediando estaba, cuando dio en hablarse por el pueblo de un empeñado partido a la flor de cuarenta, que se jugaba desde dos noches antes en la taberna, entre Patricio y Barriluco, contra un tal Facio Lindones y otro, su compañero, Polinar Trichorias; es decir, entre los cuatro bebedores de más saque, y floristas más diestros de Coteruco y sus contornos. Pero no era esto lo grave. Éralo, y mucho, el que, según noticias, se jugaba nada menos que una becerra, que había de comerse guisada en las Pascuas de abril, con el aditamento de tres arrobas de patatas, pan y vino a discreción, al cual banquete habían de asistir hasta treinta convidados entre los más asiduos concurrentes a la batalla. Ésta había de durar quince noches consecutivas, al fin de las cuales se haría una liquidación general, y los compañeros que salieran alcanzados en ella, pagarían la salsa; porque es de saberse que las tajadas, o sea la becerra, la regalaba Patricio, de las varias que tenía para el abasto de carnes, del cual era rematante. Las mujeres empezaron a lamentarse del mal ejemplo que con esto se daba a sus maridos y a todos los hombres de bien. Díjose juego que varios de unos y de otros, llevados quién de la curiosidad, quién del olor del convite prometido, concurrían en excesivo número a presenciar la batalla, y que durante ella se bebía no poco a buena cuenta, y se oía lo que no eran bendiciones; porque es de saberse también que los cuatro combatientes eran tan famosos en el pueblo por su decir sin trabas ni pelos en la lengua, como por su beber sin calo ni medida. De Barriluco, en el mero hecho de jugar asociado con Rigüelta, suponíase que éste cargaría con su escote, en el caso de perder ambos la partida; pero a Facio y Polinar, sin oficio ni beneficio, vagos perdurables, desacreditados hasta el punto de que nadie quería darles una heredad a renta ni una res en aparcería, ¿quién los garantizaba en un caso desgraciado? ¿Cómo el tabernero, cuya desconfianza era proverbial en Coteruco, les servía jarro tras de jarro, a cuenta de los perdidosos, y, con cargo a la misma, convidaba a los espectadores? ¿Habría perdido el juicio el tabernero? ¿Habrían descubierto los jugadores alguna mina de onzas acuñadas? ¿Andaba en todo ello alguna mano pródiga y sutil, que pagara el gasto y dirigiera el partido? Nada de esto era creíble, y, sin embargo, el hecho era notorio: el partido existía en plena Cuaresma; el vaso circulaba a discreción entre los jugadores y entre los curiosos, que cada noche aumentaban en número; y mientras se bebía y se jugaba, se hacían irreverentes y mordaces alusiones a determinadas cosas y personas, dignas del mayor respeto. Testigos de intachable formalidad, enviados a la taberna exprofeso, lo declararon así. Don Frutos observó que al mismo tiempo que estos rumores crecían, menguaba la concurrencia de hombres a la iglesia, por la noche. Alarmóse el buen párroco, y se acercó un día al tabernero para recordarle la obligación en que estaba de hacer un esfuerzo para poner coto a aquel desmán que podía concluir en un escándalo, sin ejemplo en tan morigerado vecindario. Negó el tabernero la gravedad supuesta al caso.

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