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El personaje subido en la lechuza rodante interpretó este silencio como una muestra de timidez. - Puede usted hablar sin miedo, Gentleman-Montaña. De todos los miles de seres que están aquí presentes, los únicos que conocen el inglés somos usted y yo. Los demás solo hablan el idioma de nuestra raza. Y para aplacar su curiosidad, le diré cuanto antes que el inglés es la lengua particular de nuestros sabios; algo semejante a lo que fue el latín, según mis noticias, durante algunos siglos, en los países habitados por los Hombres-Montañas. Yo soy el profesor de inglés en la Universidad Central de nuestra República. Edwin quedó silencioso ante esta revelación. - Entonces, ¿estoy verdaderamente en Liliput? ¿No es esto un sueño? La risa del profesor volvió a sonar con la misma vibración femenil, considerablemente agrandada por el portavoz. - ¡Oh, Liliput! -exclamó-. ¿Quién se acuerda de ese nombre? Pertenece a la historia antigua; quedó olvidado para siempre. Si usted pudiese hablar nuestro idioma, preguntaría por Liliput a los miles de seres que nos escuchan en este momento sin entendernos, y ninguno comprendería el significado de tal palabra. Nuestra tierra se ha transformado mucho. Calló un momento para reflexionar, y luego dijo con orgullo: - Antes éramos nosotros los que nos asombrábamos al recibir la visita de un Hombre-Montaña. Ahora son los Hombres-Montañas los que deben asombrarse al visitar nuestro país.

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104 min Babes Con Eyaculación Faciales Gratis Gainza y D. Fernando dieron fuertísimos golpes en el portalón que delante tenían, sin que nadie respondiera, ni se oyese rumor alguno. La parada junto a las ruinas en espera de alma cristiana a quien pedir socorro, fue un siglo para el caballero y las dos damitas. Estas rezaban atribuladas, y con más dolor que miedo contemplaban el misterio inmenso de la muerte, explorando con los ojos del espíritu los espacios que tras ese misterio señala la convicción. Por fin, al apremiante llamar de los viajeros, respondió una voz cascada y lúgubre. Poco después se abrió la puerta. Dirigiose Calpena al que abría, anciano de alta estatura, venerable, hermoso, vestido con pobreza, pero sin andrajos, y en pocas palabras elocuentes le informó del doloroso caso que motivaba la petición de auxilio tan a deshora. El viejo entendía el castellano, pero no lo hablaba. Ayudado por el carretero, logró que se enterara Fernando de estas sinceras manifestaciones: él era muy pobre, y no podía ofrecer a los viajeros más que un rincón del claustro en que con vigas medio quemadas y pedazos de cascote se había compuesto un humildísimo albergue donde vivía con su mujer. Pero en el mismo claustro había viviendas mejores, y hasta cómodas, habitadas por familias menos pobres que el que hablaba, y allí seguramente podrían encontrar los señores su remedio. En esto apareció una mujer con un farol, que no fue poca suerte para Calpena, pues no sabía por dónde andaba en aquella lobreguez, y tras la mujer presentose un hombre, no tan viejo como el anterior, con un capote por la cabeza, figura que al pronto imponía miedo. Lo mismo que había dicho antes, repitiolo el joven con mayor vehemencia, y no tardó en oír palabras de consuelo. Ofreciéronle aquellos desdichados cuanto tenían, y le mostraron su casita, hábilmente construida en el coro bajo de la iglesia, la única parte del edificio totalmente respetada por la catástrofe. Al punto salió Fernando a comunicar a las pobres viajeras su hallazgo y el plan que imaginó rápidamente ante los apuros de aquel caso inaudito. «Demetria, lo más urgente es que ustedes entren, y descansen y se repongan de tanta ansiedad y pena tan grande. Hay aquí gentes bondadosas, caritativas, que no desean mas que amparar a los desgraciados. Adentro pues, y mientras ustedes se tranquilizan, estos buenos amigos y yo veremos qué remedios debemos aplicar a D. Alonso». Oyó esto Demetria con el respeto que su favorecedor le merecía; mas no hizo ademán de moverse del lado de D.

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112 min Películas De Mujeres A Sí Misma Siendo Follada Video una mujer. blanca, entre los cordajes blancos. negro su pelo, de un negro audaz inconfundible. ¡chiquilla! ¡es Sarah! la pobre niña me dio la ilusión de aquella ignota pecadora. Mi impulso es desviarme, pasar y partir de la cubierta. No he hecho sin embargo más que detenerme. Estoy demasiado cerca para que no me haya estado viendo, para que deje de darle a la muchacha una confusión más con mi fuga. ¿Qué hace aquí? ¿Es que al divisarme en la cubierta ha querido volver a esconderse como abajo antes? Quieta, la sien en la mano y en la borda el codo, mira al mar, sin esquivar de mi lado la faz pálida -como para no decir demasiado su voluntad de ocultarse-, en la actitud dolorosa de este encuentro que no deseaba ella, sin duda. Revélame, no obstante, su indolencia triste, que estaban en su pensamiento mi imagen y mi recuerdo. Simple cambio, pues, de ilusión por realidad, que la ha sorprendido poco. Sigo acercándome, esperando en su mirada un saludo. Está peinada, con su peinado de jovencilla que ella disimula anudándose en la nuca el pelo con un broche, y tiene sobre los negrísimos bucles flojos de la frente una roja anémona, y otra sobre el blanco crespón de la blusa.

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68 min Cómo Durar Más Tiempo Al Tener Un Orgasmo ¡Vea usted, Clemencita, que hubiese podido escoger entre la flor y la nata! yo la creía incasable. si hubiese sospechado lo contrario. ¿Casarse? ¿A qué santo? ¿No estaba tan bien así? ¡Me he llevado chasco! no seré el solo. -Don Galo -añadió alegremente Clemencia-, este es un gran secreto; pero que no me importa que todo el mundo sepa. -A muchos lo callaré -contestó en su tono galante y con su más chusca sonrisa don Galo-, porque no me gusta ser portador de malas nuevas. -Vamos -añadió para sí, echando con disimulo el lente a Pablo, que en este momento se había puesto a escribir en el escritorio de Clemencia una carta a VillaMaría-, sobre gustos no hay nada escrito; cuando Clemencia lo ha elegido, tendrá mérito; sólo que por más que miro, me persuado que no está a la vista. A la noche don Galo fue algo más temprano de lo que acostumbraba a la tertulia de la señora de la Tijera. -Voy -dijo aún antes de sentarse-, a dar a ustedes una noticia que de cierto ignoran, y tan fresca que aún no existe para el público. Inmediatamente fue don Galo asaltado con esta descarga de preguntas: -¿Es triste o alegre? -¿Pertenece a la alta o baja política? ¿Es jocosa o fúnebre? ¿Es auténtica o apócrifa? ¿Es de luengas tierras? ¿Es indígena?

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80 min Chica En Chica Video De Sexo Real Para manifestarte cual eres, has escogido este día, esta hora, los más solemnes de mi vida, en que voy a pelear por la más santa de las causas. Si no ha de ser sino para distraer mi cólera de este grande asunto, ¡no vengas, ladrón! Ni los quebrantos de tu señor y compañero te sensibilizan, ni sus desdichas te duelen, ni sus peligros te asustan, ni su cariño te ablanda, ni sus bondades te cautivan, ni sus mercedes te ganan la voluntad; luego esos condados, esas coronas que te tienes en tu casa, puesto que soy yo quien te las promete, vienen a ser adquisiciones subrepticias, y mis dádivas se tornarán contra mí, si es verdad aquello de: «No dé Dios a nuestros amigos tanto bien que nos desconozcan». Si desde ahora me desconoces, ¿qué será cuando te veas en tu castillo, rodeado de tus vasallos? Entonces me has de declarar la guerra y has de invadir mis Estados en correspondencia de mis beneficios. ¿Qué retaguardia te pican, ni qué manguardia te soplan, pedazo de bayeta negra? Si no fueras un salsa de perro, se te pudiera poner quizás alguna vez a la vanguardia: pero a la manguardia no irás ni al purgatorio; porque eso más tienes de bellaco, que no eres el primero en morirte, ni aun cuando sabes que con ello hicieras una obra de misericordia. Durante esta invectiva del caballero, el escudero había tenido tiempo de apagar su cólera: viendo que en efecto su señor ni por asomos venía a ser culpable de su última aventura, echó por el atajo confesando en buenos términos el motivo de su impaciencia, y dijo cómo le había salido la lengua de madre sin voluntad ni intención que mereciesen el trepe con que acababa de ser castigado. -replicó don Quijote-; ¿por qué te andas con rodeos y no dices buenamente lo que te sucede? Cuando un perro se te viene encima, no ocurre sino lo que rezan estas palabras; pues no me levantes torres sobre tan livianos cimientos. Tirante el Blanco de la Roca Salada peleó con el alano y le venció; y tú vienes a morirte de miedo de un pachoncito. -No fue tan pachoncito como vuesa merced piensa -dijo Sancho-, sino un dogo como un tigre que no hubiera hecho de mí sino dos bocados. Pero ahora que hemos hecho las paces, señor don Quijote, dígame: ¿adónde y a qué vamos? -¿No lo sabes? Voy a pelear con dos gigantes que tienen cautiva en su fortaleza a mi señora Dulcinea del Toboso. -El año de la sierra no lo traiga Dios a la tierra -dijo Sancho-: de estas alturas no hemos de sacar sino desventuras. Acuérdesele a vuesa merced lo de los yangüeses y no se le olvide lo de los batanes. -¿Qué duda te ocurre ahora acerca de mi valentía?

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52 min Mujeres Que Quieren Tener Sexo ¿Está bien que entrando por ellas como amigo honrado, pretendas quedarte adentro como amo y señor de los señores mismos? ¡Tú, obscuro villavejano, prosaico farmacéutico, gusanejo vil de la tierra, atreverte al sol mismo que con su calor te dio la vida! ¿Dónde se ha visto cosa semejante? Paga, paga, tus deudas de esclavo, barriendo los suelos donde ella pise, y avergüénzate de haber levantado los ojos tan arriba. ¡Carape qué cosas tan tremendas me digo en esas ocasiones; y cómo me zumban los oídos con el sonrojo, solamente con imaginarme que pudieran haberme leído tan malos pensamientos en la cara! Y todo por la arrastrada confusión de ideas; por el feo vicio que una tiene de afinar con el análisis las que mejor le parecen. Una pregunta, un gesto, una mirada, que no son la mirada, el gesto y la pregunta de todos los días, ya nos da que cavilar, que pesar y que medir para un buen rato. hasta que viene el sentido común dando la medida exacta de las cosas y poniendo a cada una de ellas en su correspondiente punto de vista; y se acaba la alucinación. »He dicho a usted que me parecen las regiones de la luz que ahora habito, mejores que el limbo de antes, y lo son real y efectivamente, pero esto no impide que si se dejara a mi arbitrio el volver o no las cosas a lo que fueron sin quedar de las actuales el menor rastro de su paso en la memoria ni en el corazón, vacilara yo mucho antes de decidirme. Bueno, saludable, hermoso es lo presente; pero cada vez que considero que puede tener su fin a la hora menos pensada; que los moradores de Peleches desaparecen de aquí; que el palación se cierra y vuelve a dormitar silencioso en sus alturas, ¡ay, qué triste de color lo veo todo! ¡qué negro me parece el solar de los Bermúdez; qué turbio el mar; qué largas las horas, y qué insulsa la vida! En estas lobregueces de la fantasía, acepto al mejicanito rico, docto y sin viruelas, si con él, por amo y señor de la señora y ama de Peleches, quedan las costumbres de allí en el mismo ser y estado en que ahora se hallan; con lo que le doy a usted una prueba bien evidente de que mis entusiasmos no pasan de los límites racionales que les corresponden; de que mis ambiciones se cifran en el goce de la luz, no en la absurda codicia del astro luminoso; en vivir como ahora vivo, en una palabra. »Y vea usted lo que son las cosas: cifrando en este método de vida todos mis goces, esos buenos señores de Peleches creen prestarme un gran servicio aliviándome de vez en cuando de lo que ellos juzgan pesada carga para mí. ¡Pesada carga conversar con Nieves, recoger sus impresiones de artista y de mujer observadora, y sus confidencias siempre originales y espontáneas y tan pintorescas como todo lo que brota de su luminoso pensamiento! Con un pretexto cualquiera se hace un alto en el programa y se nos licencia temporalmente a don Claudio Fuertes y a mí. Ahora estamos en uno de esos paréntesis fastidiosos, o compases de espera, como los llama el comandante, que los deplora bastante menos que yo. Llevo tres días sin ver a los señores de Peleches más que un ratito al anochecer; y como las horas desocupadas se me hacen siglos y el tiempo está hermoso y los entretenimientos viejos del Casino no me satisfacen, el yacht lo paga. »Sobre esto del yacht, sólo le he dicho a usted que Nieves se perece por andar en él, y que su padre, menos aficionado que ella a esta diversión, cuando no quiere o no puede acompañarla, tolera muy gustosa que vaya sola conmigo y con el famoso Cornias; pero nada le he hablado de lo intrépida que es allí; de cómo se le revela el placer de que va poseída en el ardor de la mirada y en la gallardía de sus posturas; ni de cómo me tienta y seduce con palabras o con gestos más tentadores que ellas, a que fuerce y obligue al balandro a hacer lo que yo no quiero que haga, ni debe de hacer cuando lleva una carga tan preciosa. ¡Y el demonio del barquichuelo, como si lo conociera, hombre!

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92 min Horror Imagen Rocky Dulce Travesti Va llenando el diván, su litera, la de Enrique, de trastos. Es respetuoso como un guardia civil, limpio como un guardia civil, torpe como un guardia civil. Y en el fondo un infelizote que se cae de bueno. Aunque los dos compañeros hemos simpatizado con él, Enrique es quien cultiva predilectamente su amistad. Convencido éste de que no puede ser sino Lucía la dueña de la horquilla, dedícase a la pescadera con empeño. En efecto, el capitán, desocupado a todas horas por este golfo de Bengala, que no obstante su fama hallamos tan amable después de haber cruzado una noche entre la isla Socotora y el faro de Guardafuí, permanece en la tertulia largos ratos sin cuidarse de la hermosota Aurora. cruzando apenas con ella tal sonrisa y cuál mirada en recuerdo de los pasados flirteos -más bien atento a conversar y a parecerles cortés a Charo y a Lucía. No muestra la más leve inquietud al ver al húsar junto a Aurora. ¡No es ella, pues! La idea de que sea Lucía, sigue pareciéndome absurda, sin embargo. ¿por qué no Charo. Charo cuádrale al fin mejor a su edad, a su responsabilidad del orden, a su probable deseo de no empeñarse en aventuras de posible escándalo. -Charo es la mujer más libremente suelta del Reus. ¿Por qué no, Charo? Hemos hecho con rigor nuestro servicio de espías, en las dos últimas noches, Enrique y yo. Al camarote 15 no ha bajado nadie. Ni el capitán. Sí, sí, ¡absurdo! Mirándole yo en la mesa, no he podido concebir que una mujer como Lucía se le entregue -con sus cincuenta y tantos años, con su pelo gris.

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107 min Esposa Teniendo Relaciones Sexuales Con Cuatro Hombres Todas ellas fingiendo cumplir un deber de cortesía con ustedes al visitarlos, se agarran a esa ocasión para darse pisto entre las gentes de la villa y meterles a ustedes sus trapitos por los ojos. Cuando concluya esta tanda, empezará la de las otras, el Faubourg Saint-Germain de aquí, «nuestra vieja aristocracia», como si dijéramos, los Carreños de abajo y los Vélez de arriba, que es ya lo único que nos queda de esa clase, y bastante averiado por cierto. Se da por entendido que no han de faltar ni el juez, ni el clero en masa, ni el médico viejo, ni otros personajes más o menos pesados de palabra, más o menos sinceros de intención. -Pero, don Claudio, por el amor de Dios, ¡eso va a ser el acabose! -¡Adónde vamos a parar con tanta visita? Todo el verano hace falta para recibirlas y pagarlas. -Para ellos estaba, ¡canástoles! -Ya la he dicho a usted que no se apure por eso. En poco más de tres días les han de visitar a ustedes cuantas personas piensen visitarlos aquí. El ritual de este gran mundo no admite más largo plazo: se tomaría la visita a menosprecio. Pues bien, en otros tres o cuatro días pagan ustedes las deudas, y al sol. Para venir a verlos a Peleches, traerá encima cada cual el fondo del cofre, sobre todo las mujeres; pero este detalle no la obliga a usted a la recíproca, aunque para obligarla le usen ellas. Usted se viste como mejor le parezca; y le doy este consejo, porque la misma cuenta le ha de salir de un modo que de otro: al cabo la han de morder. -¡A mí? Y ¿por qué, señor don Claudio? -Porque también eso es de estilo aquí. -¡Pues me gusta! -Y es usted recién venida, y el objeto de la pública curiosidad, y sevillana, y rica, y una Bermúdez del solar de Peleches, y sobre todo.

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