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26 min Anal Y Primera Vez Y Coito

para que ahora, despedido y olvidado sin justificación alguna, ella, la mujer de los ensueños e inspiraciones, la décima musa, le mirase con cara de pocos amigos, diciéndole con sus ojos desdeñosos: «¡Largo de aquí, trasto. ¡No me importunes más! Y sí Amparito no pensaba esto mismo que suponía el antiguo novio, era algo parecido lo que expresaban sus miradas fieras y sus gestos desdeñosos para espantar a aquel moscardón molesto, que no la dejaba «ni a sol ni a sombra». ¿Y aún seguía allí, tieso como un poste, importunándola con sus miraditas? ¿No tenía bastante con tantos desdenes? Pues ahora verás. Y se puso a coquetear con el teniente, con el gallardo Fernando, que estaba en el balcón, de uniforme, al aire la rapada y morena cabeza, asediando a la niña con la media docena de palabritas galantes que tenía en su repertorio para los casos de conquista. Amparo y el teniente, en un extremo del balcón, volviendo casi la espalda a la plaza y aislados del grupo juvenil que hablaba y reía junto a ellos, tenían el aspecto de verdaderos novios; él, serio, solemne, llevándose la mano al tercer botón de la guerrera, que es donde suponía estaba el corazón, mirando algunas veces al cielo, todo para dar más fuerza y sinceridad a lo que decía; y ella, con cierta sonrisilla irónica, negando con graciosos movimientos de cabeza y volviendo algunas veces la mirada para ver si el «posma» seguía allí. Nada le importaba Andresito; pero a pesar de esto, sentía cierta satisfacción pensando que estaba a sus espaldas viéndolo todo. ¡Proporciona tanto gusto hacer sufrir. El poeta sufría como uno de los condenados de aquel poema de Dante, cuya lectura nunca había podido terminar. Gracias a que era un «vate aplaudido» en la Juventud Católica y tenía ideas muy cristianas; que si no, a la vista de tamaña traición hubiera sido capaz de ahogar su dolor cometiendo la más atroz barrabasada, por ejemplo, dando un adiós patético a la ingrata, y arrojándose después de cabeza en aquel caldero de aceite hirviendo donde volteaban los buñuelos.

55 min Cincuenta Años De Edad Con Gran Culo

31 min Cincuenta Años De Edad Con Gran Culo Sin darse cuenta de ello, se vio junto al cortinaje que cubría la puertecilla por donde entraba doña Manuela todas las noches a la hora de acostarse. El mismo instinto que le hacía recatarse fue quien hizo avanzar su mano levantando levemente un lado de la misteriosa colgadura. Miró, y sin embargo no sufrió la impresión de momentos antes. Todo era verdad. Ahora comprendía las palabras de don Eugenio, su sonrisa triste, la mirada de conmiseración con que había acompañado su rápida salida de la tienda. Y abrumado por la sorpresa, permaneció erguido, con los ojos desmesuradamente abiertos, apoyando su espalda en la pared, como si temiera desplomarse. Debió lanzar un suspiro; tal vez chocó con demasiada rudeza contra la pared. —¿Quién anda ahí? Y tras larga pausa, contestó a esta voz femenil otra de hombre en tono más bajo, pero que rasgó los oídos de Juanito: —Será Miss, que juega. No supo cómo salió de allí. Lo único que pudo recordar fue que el instinto de precaución le dominaba aún, y que al bajar la escalera lo hizo de puntillas, evitando roces, como si fuera un delincuente y temiera ser descubierto. Cuando se vio en la calle sintió un calor insufrible.

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72 min Mi Novia Chupa La Polla De Mis Amigos

62 min Mi Novia Chupa La Polla De Mis Amigos -¡Si lo viera su mercé! ¡Está tan escuchimisado, tan flaquito! -Sí, sí; lo que está es rajado de gordo. -Pero señor, es muy pulido y muy fino para pisar lodo. -¡Fino, sí! Si lo apalean echa bellotas. ¡Fino! ¡Vea usted, que se zamarrea de ganso! -¡Ganso! ¿Mi Bernardo ganso? Si es un moralista, señor. -¡Moralista!

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96 min Músculo Sobrenatural Sam Gay Sam Winchester

115 min Músculo Sobrenatural Sam Gay Sam Winchester Al anochecer entró en mi celda el Comandante, seguido de tres descomunales guerrilleros, notificándome que el General de la División reclamaba mi persona, para someterme a un interrogatorio conforme había lugar en justicia. «¿Puedo saber a dónde voy? Y él, rígido y seco, me contestó repitiendo el cuento del loro: «Usted, seor Tito, irá aonde ó leven». Laconismo tan áspero me enfadó; pero el estoicismo selló mis labios. Sacáronme al pasillo y del pasillo a la calle, donde vi grupos de soldados que se iban a poner en marcha. Despidiome el Comandante con una mirada lastimera y un saludillo militar. En cambio, los adioses de Maribatista fueron de ternura casi materna, con el aditamento de unas lonchas de jamón y unos bollitos, que me dio envueltos en un número de El Cuartel Real. Ya que la pobre mujer no pudo darme noticia del lugar a donde me llevaban, por ella tuve conocimiento del tiempo que había durado mi prisión. Cincuenta y dos días estuve recluido en aquel antro que, visto por fuera, se me representó cual un resto vetusto de construcción feudal. Como apenas podía yo tenerme a causa de mi dilatada inmovilidad, me metieron en un carro de víveres, atándome los pies para que no me fugara. Y aquí me tenéis otra vez, llevado por valles y montes hacia lugares desconocidos, donde se decidiría la solución adversa o favorable que mi Destino me deparase.

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26 min Hilary Duff Y Natilie Portman Desnuda

58 min Hilary Duff Y Natilie Portman Desnuda -Rara vez; la altura de las montañas de África es menor, según parece, que la de las de Europa y Asia. Pero, de todos modos, el Victoria las salvará sin dificultad alguna. En poco tiempo el gas se dilató, bajo la acción del calor y el globo tomó una marcha ascensional muy pronunciada. La dilatación del hidrógeno no ofrecía ningún peligro, y la vasta capacidad del aeróstato no estaba llena más que en sus tres cuartas partes. El barómetro, mediante una depresión de unas ocho pulgadas, indicó una elevación de seis mil pies. -¿Podríamos estar subiendo así mucho tiempo? -La atmósfera terrestre -respondió el doctor- tiene una altura de seis mil toesas. Con un globo muy grande, iríamos lejos. Eso es lo que hicieron los señores Brioschi y Gay-Lussac, pero empezó a manarles sangre de la boca y los oídos. Les faltaba aire respirable. Hace unos años, dos audaces franceses, los señores Barral y Bixio, se lanzaron también a las altas regiones, pero su globo se rasgó.

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38 min Autor Candice Sexo En La Ciudad

DVDRIP / BDRIP Autor Candice Sexo En La Ciudad ¡Dios mío santísimo, si me sienten llegar contigo! ¡Si doña María se levanta y ve que Asunción y yo no estamos allí! ¡Esto ha sido una locura! ¡Desgraciada Asunción! ¡Tan buena y tan loca! Inés lloraba con vivo dolor la pérdida de su amiga. -Para mí es como si hubiera muerto -añadió-. ¡Que Dios la perdone! -Engañado por su aparente santidad, jamás creí que tuviera tan ciega pasión por un hombre. -Su hipocresía es superior a todo lo que puede concebirse. Ha aprendido a disimular con tal arte sus sentimientos, que todos se engañan respecto a ella. -Para decírtelo todo de una vez, Inés, yo creí que la que amaba a lord Gray eras tú.

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17 min Reino Encantado Del Paso De Usuario Sexual

700 mb Reino Encantado Del Paso De Usuario Sexual Por esto fue mayor mi rabia cuando me enteraron de las inconveniencias de la otra en París. Vino después la caída de Cristina, despojada de la Regencia por ese pillo de Espartero; la Reinita y su hermana quedaron en Palacio como prisioneras del Progreso, hasta que los buenos vinieron a libertarlas y a poner las cosas de la Nación en su lugar. Volvió a Madrid Doña Luisa Carlota, y yo a su intimidad. ¡Ay, qué arrepentida estaba de sus ligerezas! Tal era su pena, que no debemos atribuir a otra causa su muerte prematura. Y motivos tenía la pobre para desesperarse y poner el grito en el cielo. Reñida con su hermana, ya era punto menos que imposible colocar a uno de sus hijos en el Trono casándole con Isabel II. 'Pero, señora -le decía yo, no menos desconsolada que ella-, ¿por qué no hizo Vuestra Alteza caso de mí, que mil veces tuve el honor de advertirle que previera este matrimonio? Y ella bajaba la cabeza humillada, y decía: 'tienes razón: he sido una bestia, sí, Cristeta, una bestia. Pero ya no tenía remedio: la Reina Cristina, que no quería ya cuentas con su hermana, hizo la cruz a los hijos de esta, Paco y Enrique, borrándolos de la lista de maridos probables de Isabel.

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118 min Rubias De Piernas Largas Con Grandes Tetas.

69 min Rubias De Piernas Largas Con Grandes Tetas. »Una madrugada -como a pesar suyo- Trifón descendió de la piedra, requirió su báculo, y echó a andar. Caminó media jornada arreo, hasta llegar a Alejandría, y cerca ya de la ciudad siguió la ostentosa vía canópica, y derecho, sin preguntar a nadie, se halló ante la puerta exterior del palacio de Costo. Los esclavos januarios se rieron a sabor de su facha, y más aún de su pretensión de ver a la princesa inmediatamente. »-Decidla -insistió el solitario- que no vengo a pedir limosna, ni a cosa mala. Vengo sólo a hablarla de amor, y le placerá escucharme. »Aumentó la risa de los porteros, mirando a aquel galán hecho cecina por el sol, y cuya desnudez espartosa sólo recataban jirones empolvados de sayo de Cilicia. »-Llevad el recado -insistió el asceta-. Ella no se reirá. Yo sé de amores más que los sofistas griegos con quienes tanto platica. »-¡Es un filósofo! -secretearon respetuosamente los esclavos; se decidieron a dar curso al extraño mensaje, pues Catalina gustaba de los filósofos, que no siempre van aliñados y pulcros. »Catalina estaba en su sala peristila; a la columnata servía de fondo un grupo de arbustos floridos, constelados de rojas estrellas de sangre.

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