login to vote

27 min Libro De Romance Para Adultos Con Escocia Mercenaria

Arrinconada, sólo pude vegetar. Rectifico otra vez: ha vegetado mi cuerpo; que mi espíritu, ¡buenas panzadas de vida imaginativa se ha dado! Entregada a mí misma, en un pueblo decaído, pero todavía grandioso en lo monumental y por los recuerdos, no hice amistades de señoras, porque a mi alrededor existió cierto ambiente de sospecha, y no atendí a chicoleos de la oficialidad, porque, a lo sumo, podrían conducirme a una boda seguida de mil privaciones. Mis únicos amigos fueron dos canónigos, encargados de catequizarme para el monjío, y un viejecito maniático, muy volteriano, y muy simple, don Antón de la Polilla, que desde luego se declaró abogado del diablo, contando horrores de los conventos, cuando no estaban delante los que él llamaba el Inquisidor mayor y el menor, y aun a veces en su misma cara. Yo no le hacía caso sino cuando hablaba de historia y de antigüedades; en este terreno, algunas veces recobra el sentido común, prenda desde tiempo atrás perdida. De los dos canónigos catequistas, uno, el pobre Roa, murió tres años hace, el otro, el Magistral, es C. de varias Academias, y sospecho que tiene escritas muchas cosas que nunca verán la luz, a no ser que ahora, siendo yo millonaria. La biblioteca del señor Carranza me la he zampado; por cierto que encierra muy buenos libros. Así es que estoy fuertecita en los clásicos, casi sé latín, conozco la historia y no me falta mi baño de arqueología. Carranza lamenta que haya pasado el tiempo en que las doctoras enseñaban en la Universidad Complutense. Se consolaría si yo fuese una de esas monjas eruditas, cuyos retratos grabados las representan pluma de ganso en mamo, tintero al margen, y sobre el fondo de una librería de infolios de pergamino. Por haber tenido yo la curiosidad de leer algunos manuscritos del Archivo, las hijas del juez, que son las lionnes de Alcalá, y que me tienen tirria, me han puesto de mote la Literata. ¡Literata! No me meteré en tal avispero. ¿Pasar la vida entre el ridículo si se fracasa, y entre la hostilidad si se triunfa? Y además, sin ser modesta, sé que para eso no me da el naipe. Literatura, la ajena, que no cuesta sinsabores. ¡Cuánto me felicito ahora de la cultura adquirida!

DVDSCR Chistes Humor Sucio Adulto Q A

porno Chistes Humor Sucio Adulto Q A -¿Pero se ha marchado lord Gray con ella? -Se dispone a partir. -Ahora acaba de estar aquí un capitán de navío, el cual me ha dicho que milord ha fletado el bergantín inglés Deucalión, que sale mañana. -¿Pero no corremos a impedirlo? -dijo Inés con gran zozobra-. -Eso será de cuenta de doña María. -Pero será forzoso avisarle que el Deucalión sale esta noche y que lo ha fletado lord Gray. -Sí, es preciso avisárselo -repitió Inés con energía-. Iré yo misma. -Gabriel irá al momento. Aunque doña María me arrojó ayer de su casa, no tengo inconveniente en prestarle este servicio. -Pero no pierdas tiempo. Yo me muero de impaciencia -indicó Inés. -Ve pronto, que la niña se impacienta.

https://top.datacion.top/1494907400.html

H.264 Es Un Buen Día Para Gritar El Culo De Somebodys.

TVRIP Es Un Buen Día Para Gritar El Culo De Somebodys. El Ejército Libertador había pasado cerca de un mes en pequeñas operaciones, marchando lentamente, tratando de conquistar con buenas proclamas y acciones de indulgencia unas simpatías que no era posible hallar en la campaña, en el número en que las buscaba el general Lavalle para vencer a Rosas. El general López, de Santa Fe, empezaba a obrar a retaguardia del ejército. Don Vicente González, y otros jefes de Rosas, por el flanco derecho. Y a su frente el dictador se atrincheraba en su acampamento de Santos Lugares. Y débil en los primeros días de la invasión, se hacía fuerte, moral y materialmente, por la lentitud de su enemigo. La vista se dilataba en todos los horizontes tormentosos de la república. Pero el rayo que debía herir la cabeza de la libertad o de la tiranía no fermentaba en círculos tan lejanos, sino entre las nubes que se cernían sobre el espacio de Luján a Buenos Aires. El general Paz contaba ya en Corrientes un ejército de dos mil hombres, que disciplinaba con su pericia y habilidad exclusivas. El gobernador Ferré juraba «sepultarse en las ruinas de su provincia antes que consentirla esclava». Las provincias de Córdoba, de San Luis y San Juan se inclinaban a entrar en la gran Liga, y se negaban ya a dar al fraile Aldao los auxilios que solicitaba. El general La Madrid pisaba ya el territorio de Córdoba. Aldao escribía a Rosas, con fecha 8 de agosto, desconfiando de todo el mundo, «hasta de su sombra». Pero ¿qué importaba todo esto? El gran problema estaba en Buenos Aires. El triunfo, o la derrota general, estaban pendientes del resultado de la expedición libertadora en la provincia de Buenos Aires. Ante ese reto a muerte de los dos principios, de las dos espadas, en el estrecho palenque de Buenos Aires, la actitud de las provincias, cualquiera que fuese, y hasta la misma cuestión francesa, eran ya cosas secundarias e indiferentes para el resultado del duelo. Lavalle y Rosas representaban los dos principios opuestos de la revolución. Ya estaban frente a frente.

https://start.datacion.xyz/3881618845.html

72 min ¿cómo Se Llaman Las Células Mamarias Precancerosas?

113 min ¿cómo Se Llaman Las Células Mamarias Precancerosas? Dios mío! -¿Por qué te alegras tanto? porque te amaba, y me moría de tristeza lejos de ti. Pero ¿qué vale todo ello junto al premio que me ofreces? -Esa pasión me hechiza, Osmundita. ¡Si supieras cuánto te necesito! -Pues ¿y yo a ti? ¡Virgen de la Soledad! ¡Pídeme, pídeme Gonzalo mío. ¡pídeme sin tardar un solo instante más! Mi está en su cuarto. ¡Vete, háblale! -¡Cascaritas! -dijo aquí don Gonzalo un poco desconcertado. -¿Y si me recibe mal. -¡Imposible! Yo soy dueña de mi voluntad, y tú no vas a consultar la suya, sino a cumplir con un deber de cortesía.

https://wow.datacion.xyz/3682061376.html

550 mb ¿cómo Puedo Aumentar Mi Arrebato De Esperma?

51 min ¿cómo Puedo Aumentar Mi Arrebato De Esperma? Esta misma contemplación del espíritu de Ana, cuya cabalidad y belleza entonces más que nunca le absorbían, le apartaron del riesgo, en otra ocasión acaso inevitable, de observar en cuán grata manera iban unidas en Sol, sin extraordinario vuelo de intelecto, la belleza y la ternura. Con Lucía, no había paces. Lo que no penetraba Ana, ¿cómo lo había de entender Sol? En vano, Sol, aunque ya asustadiza, aprovechando los momentos en que Ana estaba acompañada de Juan o de Pedro y Adela, se iba en busca de Lucía, que hallaba ahora siempre modo de tener largos quehaceres en su cuarto, en el que un día entró Sol casi a la fuerza, y vio a Lucía tan descompuesta que no le pareció que era ella, sino otra en su lugar: en el talle un jirón, los ojos como quemados y encendidos, el rostro todo como de quien hubiese llorado. Y ese día Lucía y Juan estaban en paz: ni permitía Juan, por parecerle como indecoro suyo, aquel llevar y traer de cóleras, que le sacaban el alma de la fecunda paz a que por la excelencia de su virtud tenía derecho. Pero ese día, como que Ana se fatigase visiblemente de hablar, y Adela y Pedro estuviesen ensayando al piano una pieza nueva para Ana, Juan, un tanto airado con Lucía que se le mostraba dura, habló con Sol muy largamente, y se animó en ello, al ver el interés con que la enferma oía de labios de Juan la historia de Mignon, y a propósito de ella, la vida de Goethe. No era esta para muy aplaudida, del lado de que Juan la encaminaba entonces, y tan hermosas cosas fue diciendo, con aquel arrebatado lenguaje suyo, que se le encendía y le rebosaba en cuanto sentía cerca de sí almas puras, que Pedro y Adela, ya un tanto reconciliados, vinieron discretamente a oír aquel nuevo género de música, no señalada por el artificio de la composición ni pedantesca pompa, sino que con los ricos colores de la naturaleza salía a caudales de un espíritu ingenuo, a modo de confesiones oprimidas. Lucía se levantaba, se mostraba muy solícita para Ana, interrumpía a Juan melosamente. Salía como con despecho. Entraba como ya iracunda. Se sentaba, como si quisiera domarse. «Sol, ¿habrán puesto agua a los pájaros? Y Sol fue, y habían puesto agua. «Sol,¿habrán traído la leche fresca para Ana? Y Sol fue, y habían traído la leche fresca para Ana. Hasta que, al fin, salió Lucía, y no volvió más: Sol la halló luego, con los ojos secos y el talle desgarrado.

https://top.datacion.icu/1577238166.html