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Allí supimos que eran las del general Ligier-Belair que iba a auxiliar el destacamento de Santa Cruz de Mudela, sorprendido y derrotado el día anterior por los habitantes de esta villa. En la de Manzanares reinaba gran desasosiego, y una vez que los franceses desaparecieron, ocupábanse todos en armarse para acudir a auxiliar a los de Valdepeñas, punto donde se creía próximo un reñido combate. Dormimos en Manzanares, y al siguiente día, no encontrando ni cabalgaduras ni carro alguno, partimos a pie para la venta de la Consolación, donde nos detuvimos a oír las estupendas nuevas que allí se referían. Transitaban constantemente por el camino paisanos armados con escopetas y garrotes, todos muy decididos, y según la muchedumbre de gente que acudía hacia Valdepeñas, en Manzanares, y en los pueblos vecinos de Membrilla y la Solana no debían de quedar más que las mujeres y los niños, porque hasta algunos inútiles viejos acudían a la guerra. Por último, resolvimos asistir nosotros también al espectáculo que se preparaba en la vecina villa, y poniéndonos en marcha, pronto recorrimos las dos leguas de camino llano: mucho antes de llegar divisamos una gran columna de negro humo que el viento difundía en el cielo. La villa de Valdepeñas ardía por los cuatro costados. Apretando el paso, oímos ya cerca del pueblo prolongado rumor de voces, algunos tiros de fusil, pero no descargas de artillería. Bien pronto nos fue imposible seguir por el arrecife, porque la retaguardia francesa nos lo impedía, y siguiendo el ejemplo de los demás paisanos, nos apartamos del camino, corriendo por entre las viñas y sembrados, sin poder acercarnos a la villa. En esto vimos que la caballería francesa se retiraba del pueblo, ocupando el llano que hay a la izquierda, y al mismo tiempo el incendio tomaba tales proporciones, que Valdepeñas parecía un inmenso horno. Los gritos, los quejidos, las imprecaciones que salían de aquel infierno, llenaban de espanto el ánimo más esforzado. Al punto comprendimos que el interior del pueblo se defendía heroicamente, y que el plan de los franceses consistía en apoderarse de los extremos, incendiando todas las casas que no pudieran ocupar. De vez en cuando un estruendo espantoso indicaba que alguno de los endebles edificios de adobes había venido al suelo, y el polvo se confundía en los aires con el humo. Los escombros sofocaban momentáneamente el fuego; pero este surgía con más fuerza, cundiendo a las casas inmediatas. Al fin pareció que todo iba a cesar, y, según dijeron los que estaban más cerca, habían salido del pueblo algunos hombres a conferenciar con el general francés. Mucho tiempo debieron de durar las conferencias, porque no vimos que estos seretiraran ni que concluyese el ruido y algazara en el interior; pero al cabo de largo rato un movimiento general de la multitud nos indicó que algo importante ocurría. En efecto, los franceses, replegando sus caballos en la calzada, retrocedían hacia Manzanares. Cuando entramos en Valdepeñas, el espectáculo de la población era horroroso. Parece increíble que los hombres tengan en sus manos instrumentos capaces de destruir en pocas horas las obras de la paciencia, de la laboriosidad, del interés acumuladas por el brazo trabajador de los años y los siglos. La calle Real, que es la más grande de aquella villa, y, como si dijéramos, la columna vertebral que sirve a las otras de engaste y punto de partida, estaba materialmente cubierta de jinetes franceses y de caballos.

12 min Cish Como Dispositivo Aprobado Por La Fda Para El Cáncer De Mama

62 min Cish Como Dispositivo Aprobado Por La Fda Para El Cáncer De Mama Yo no sé si culparte o defenderte; No sé explicar traición tan atrevida. Tú, que alardeabas siempre de ser fuerte: ¿Por qué fuiste a amargar así mi vida Vendiendo ante el destino cruel tu suerte, Al postor de más oro? ¿Por qué uncida Fuiste a jurar al pie de un Dios sagrado Ser de un hombre que nunca habías amado? Yo vi temblar tu planta vacilante Al marchar al altar do te inmolaban, vi palidecerse tu semblante, los azahares en tu sien temblaban; Te vi casi caer en el instante En que tus puros labios pronunciaban, Con apagada voz, los juramentos Que nuestra antigua dicha hacían fragmentos. Yo también vacilé, mis tristes ojos Fijos en ti, querían anonadarte, Al oír el juramento caí de hinojos, ¡Y juré, por mi madre, perdonarte! al contemplar los fúnebres despojos De aquel amor que vengo a recordarte, Sentí huérfana el alma y solitaria alcé por ti a los cielos mi plegaria. Al fin todas las luces se extinguieron, También el canto se extinguió en el coro; El templo abandoné, los que me vieron Advertirían las huellas de mi lloro. ¡Y qué me importa a mí, si comprendieron Que te amo con delirio y que te adoro, Si hoy te lo digo en esta despedida Que te doy con el alma y con la vida! Adiós, mujer, si acaso a tu ventura Faltaba el sacrificio de la mía, Ahí la tienes también; ¡adiós, perjura! Que seas feliz, pues nunca en mi agonía Podría yo contemplar que la amargura Tu vida entristeciera un solo día. en prueba de mi inmenso encono, ¡Te saludo al morir, y te perdono!

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109 min India Reynolds Videos Desnudos Frente Magizene -¡Está mala! -exclamó Carlos, pero Elvira estaba ya a veinte pasos de distancia, y el portero fue quien contestó: -Sí, señor, está algo mala la señora condesa, pero no ha guardado cama. Su indisposición, según me ha dicho su doncella esta mañana, más es tristeza que otra cosa. Carlos no oyó más. Subió corriendo las escaleras y apenas dio tiempo de que le anunciasen, tal fue la impaciencia con que se lanzó al gabinete en que le dijeron estaba la condesa. Toda su turbación y su timidez habían desaparecido al saber que Catalina padecía. Esperaba hallarla contenta, resplandeciente, triunfante, y las palabras «está mala», «está triste», operaron un trastorno completo en sus ideas y sentimientos. Catalina estaba reclinada con languidez en su elegante sofá, cuyo elástico asiento cedía muellemente al ligero peso de su delicado cuerpo. Tenía un peinador blanco con el cual competía su tez extremadamente pálida aquel día, y sus cabellos, recogidos con negligencia hacia atrás, dejaban enteramente despejada su hermosísima frente y sus grandes y brillantes ojos. Al oír el nombre de Silva se incorporó con un movimiento de sorpresa y duda, pero al verle animose súbitamente su melancólico rostro y brilló en sus ojos la más viva alegría. -exclamó con acento capaz de volverle loco- ¡Por fin le vuelvo a ver a Ud. -Catalina -dijo él tomando con un estremecimiento de placer la mano que ella le alargaba a Catalina-, yo ignoraba que Ud. estuviese mala. -Es decir -repuso ella con melancólica y hechicera sonrisa-, que sólo debo a mi indisposición. -No -la interrumpió él sentándose a su lado-, pero yo temía. Catalina, temía encontrar a Ud.

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100 min Deborah Ann Woll Desnuda Verdadera Bllod Anda, hijo, y da gracias a Dios que así te dé para ocasiones donde te muestres prudente y generoso. -Albricias, madre, que pregonan a mi padre -respondió Sancho-: ahora debo dar gracias por lo que me mataría de pena, si me viese en la necesidad de cumplir. A res vieja alíviale la reja, señor: sin descansar no hay trabajar, y sin dormir no hay azotarse. -¿Qué estás diciendo ahí de azotes, embustero? ¿Quién te ha mandado azotarte ahora? -Como vuesa merced -replicó Sancho- quiere remediarlo todo a costa mía, pensé que se trataba de desencantar de nuevo a mi señora Dulcinea, y de camino al muchacho. -Duerme, animal -dijo don Quijote-, duerme, y no me saques de mis casillas con tus necedades y embustes. Cuando yo te mande que te azotes, te azotarás; y si no te azotas, morirás, escudero mal intencionado e insurgente. Durmió Sancho; no se azotó ni bien ni mal, y al otro día salió a la conquista del mundo tras su señor, el cual no se acordó del príncipe, de Urganda la desconocida, ni de maldita la cosa. -¿Y ahora adónde vamos? -preguntó Sancho-. Si todas las aventuras han de correr como la de esta noche, ya puede vuesa merced llevarme al fin del mundo. Hemos comido bien, no hemos dormido mal, y ni la fada Urganda ni el mago Alquife nos han perjudicado en lo más mínimo. -Si esta resolución dura en ti -respondió don Quijote- no veo lejano el día en que te halles conde de Oropesa o pertiguero mayor de Santiago. El buen semblante que ponemos a los sucesos de la vida parece modificarlos en favor de los ánimos serenos, a quienes el pasado no aflige, no desconcierta el presente ni pone cavilosos el porvenir. Pero si los quebrantos y las desgracias encuentran en ti la filosófica resistencia del sabio, ten cuidado de no salir de madre al primer viento propicio que te sople: harto dejas conocer que así te ensoberbece la próspera como te hace desmayar la adversa fortuna. ¿Qué motivo de alborozo es el que hubieses comido y dormido bien una noche? Más digno de nosotros sería haberla pasado en vela y en ayunas para seguir mejor nuestra profesión de andantes. -Yo supongo -replicó Sancho- que no porque uno satisfaga sus necesidades, será menos caballero ni escudero.

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Hd No Hay Lugar Para Orinar En El Día Del Carnaval

70 min No Hay Lugar Para Orinar En El Día Del Carnaval Y cátate lector, que en esto comienza el traca-racatrá-trá de las tarrañuelas con que algunos mozos, diestros en manejarlas, sorprendieron a la muchedumbre, y cuyo charrasqueo repetían y multiplicaban los ecos del frontón de la iglesia y de la bóveda de los árboles de enfrente, entre el incesante sonar de los panderos y el alternado vocear de las cantadoras. ¡Y aquello fue un delirio! Delirio que acometió hasta a los viejos allí presentes, que si no salieron a bailar al corro, se zarandearon de firme en el sitio en que se hallaban, y mecieron el ya tibio pensamiento en un columpio de gratas y refrigerantes memorias. Como estas cosas sucedían tan cerca de la hoguera como lo consentía su calor, brillaban los rostros ardorosos de las danzantes, y se podían contar las pintas, los remiendos y las pegas de las alegres sayas de las mozas, y distinguir la que llevaba medias de la que iba en pernetas o de la que estaba descalza, pues de todo había; y tanta era la luz que a la sazón derramaba la hoguera, que transformaba, ante los fascinados ojos, en transparentes jirones de verde gasa el espeso follaje de los árboles, y aun llegaba a la carral de vino con fuerza bastante para que desde la braña se conociera, con sus pelos y señales, a todos y a cada uno de los agazapados bebedores; en la pared de la iglesia se leían cuantos letreros habían escrito allí los muchachos con carbón; relucía el entonces mudo metal de las campanas, como si ardiendo estuviera también, y hasta en el cielo parecía haberse extinguido el fulgor de los astros. Así es que pudo verse perfectamente a Bastián, que no perdía baile, que bailaba por tres en cada uno, y que en cada breve descanso se largaba muy ufano a matar el gusanillo de la sed en la precitada sucursal de la taberna. Bien pronto se puso que echaba fuego por los ojos, y público fue que Tasia le arrimó un soplamocos por yo no sé qué irreverencia cometida por el gaznápiro en una rápida mudanza. Díjose también que de alguna otra muchacha recibió aquella noche igual obsequio que de Tasia por idénticos motivos; y es dicho muy creíble, porque a media jornada del jolgorio andaba el buen sobrino de don Sotero hecho una pólvora. Con lo indicado tiene el lector lo bastante para saber lo que pasó en la hoguera de San Juan en Valdecines, en la ocasión de que vamos hablando; y hágase cuenta de que ya sabe todo lo que pasa en las demás hogueras de la Montaña, precursoras de la fiesta del lugar, salvo la diferencia de algún detalle, que no conviene más que a las de San Juan, como estos pocos que voy a mencionar, a fuer de minucioso y puntual historiador. Es el caso que, no bien consumió la fogata el último escajo del acopio y la gente se quedó a oscuras, comenzó el pacífico desfile de los más con rumbo a los respectivos lugares. Los menos, es decir, una pandilla de mozos casaderos, enamorados y correspondidos los unos, pretendientes a secas los otros, aspirantes a serlo los demás, después de tomar un trago en la ya extenuada carral de la arboleda, que poco después fue arrastrada de allí a su correspondiente metrópoli, corrieron a la cercana casa de uno de ellos, donde había, sobre una cama, hasta una docena de arcos revestidos de flores naturales y olorosas. Tomó cada cual el que le pertenecía, y sobró uno, que era el de Bastián; y entonces se supo que éste, empapado en vino hasta los huesos y no muy firme de pies, había marchado hacia su casa mucho antes de apagarse la hoguera. Dejando el arco sobrante, salieron otra vez a la calle los alegres mozos y entonando perezosas baladas y poniendo, en obsequio a la moza de sus pensamientos, un arco en esta ventana, que se alcanzaba con la mano, y otro en aquel balcón a fuerza de fuerzas, y encaramándose el más ágil sobre los hombros del más fuerte, se pasaron el resto de la noche; y ya querían como asomar los barruntos del crepúsculo sobre las cimas de las montañas fronteras a Perojales, cuando se fueron a descansar, despeados y enronquecidos. Mientras ellos se acostaban, las revoltosas muchachas, que apenas habían pegado el ojo pensando en la travesura que tenían preparada, echáronse a la calle con sendos ramos de espinoso acebo al hombro. Reuniéronse en la ya desierta braña de la iglesia, donde se veía la enorme calva, hecha por sus mismos y otros tan saltadores pies, en el fino, verde y tupido césped, muy cerca del negro montón de ceniza que había dejado allí, por todo rastro, la hoguera, y en alegre comparsa, por la burlona Tasia dirigida, encamináronse, alumbradas ya por los tibios rayos del sol naciente, a la mies cercana. Allí, entre cháchara y bureo, fueron clavando ramos en otros tantos maizales sin resallar; y como no eran muchos los que se hallaban en tal atraso de labores, tuvieron las pícaras tiempo sobrado para recorrer todas las mieses del lugar sin que lo advirtiera el vecindario. Y ahora sábete lector, por remate y fin de este , que no llegaron a seis los ramos puestos; pero que, ¡oh dolor de los dolores e inclemencia de las inclemencias! de aquellos ignominiosos sambenitos, más de la mitad se alzaban en tierras del pobre Macabeo. No es fácil cosa describir el cuadro de ideas encerrado en la mente de Águeda mientras fue desde su casa a la de don Sotero. Había en él sombras y contornos terribles; esbozos de colosales figuras; tintas indecisas y vagas; confusión, desorden, ruidos extraños que la aturdían y amedrentaban; pero ni una sola concepción detallada y en reposo en qué fijar la atención y dar rumbo al pensamiento.

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H.264 Correo Negro Mi Amiga Mamá Porno

42 min Correo Negro Mi Amiga Mamá Porno -Y añadió-: ¿Qué es eso que llevas en brazos, Mariquilla? -Lleva un perro -respondió Clemencia. -Un perrillo chico -repuso vivarachamente la niña-; pero su madre es grande. -Calla, renacuajo -le dijo don Martín-, que eres como el grillo, que no se ve a dos pasos y se oye a dos leguas. La mañana está calurosilla -prosiguió dirigiéndose a Clemencia-; el sol está que echa chiribitas, aunque estamos en febrero. Ya se acerca San Matías, marzo al quinto día, entra el sol por las umbrías y calienta las aguas frías. Ea pues, con Dios id y con Dios volved. Si tiras a la izquierda, verás qué bueno está n mi cebadal, pues febrero saca la cebada de culero. Clemencia y las niñas anduvieron algún tiempo por el campo, y entraron después en un camino encajonado en altos vallados de pitas, a cuyos pies nacían espesas e intrincadas las zarzas, las esparragueras, las madreselvas, las pervincas, entre las cuales asomaban las amapolas sus encendidas y rojas caras con su ojo negro, y los candiles de vieja sus jorobas. En el mismo vallado se levantaban dos altos pinos; a su sombra se sentó Clemencia con su pequeño séquito a descansar, oyendo el suave murmullo de sus sonoras cimas que tan indefinible encanto tienen, oro suave, triste y lejano como un eco que repite debilitado el hondo y melancólico suspiro del mar, ora vago y misterioso, como a veces suenan indefinidas voces en el corazón. La niña más chica traía un pájaro. -Señorita -dijo la mayor-, Aniquilla está lastimando a ese pájaro que aprieta con la mano. -repuso la chica-; no tengo la mano apretá, sino aflojá. -¿Sabes lo que es un pájaro? -le preguntó Clemencia. -Sí -contestó Mariquilla. -¿Pues qué son? Los pájaros son clarines entre los cañaverales, que le dan los buenos días al sol de Dios cuando sale.

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43 min Clip De Casa Libre Muestra De Porno Muestra Muestra Sexy Esposa

48 min Clip De Casa Libre Muestra De Porno Muestra Muestra Sexy Esposa Ello les dura poco tiempo, y salen del Gobierno en completa virginidad política. Lo más que han hecho es estudiar los asuntos que allí se quedan para que los estudie el sucesor. Esta caterva de estudiantes debiera ser mandada, ¡voto a Sanes! al Limbo de las eternas vacaciones. Esto dijo la vieja Mariclío, a quien diputé por persona sagaz y de mundana picardía. Salió para entrar de nuevo, y durante su ausencia me visitó Graziella en un intermedio de sus abluciones. Aún le faltaban toques de afeite y compostura, y el pelo lo traía suelto. La peinadora, que podía pasar por hombre público, según lo que charlaba y peroraba, lucía en el cercano gabinete la soltura de su lengua. La tía Mariclío volvió a mí con un libro viejo, que abrió sobre el velador sentándose en postura de escribir. «Aquí voy yo anotando. Mira, mira -me dijo risueña, escribiendo con un estilete que a cada momento se llevaba a la boca para mojarlo con su saliva-. Obligada estoy por mi Destino a mencionar todo lo que hace esta gentezuela; pero escribo sus nombres con una saliva especial que me dio mi padre para estos casos». -¿Qué casos? -Esta saliva tiene una virtud preciosa. Lo que con ella escribo se lee hoy, se lee mañana; pero luego se borra y no llega a la posteridad. Ignoro cómo tracé, con rápido mover de pluma, lo que suponía dictado por don Manuel Ruiz Zorrilla; pero hablando en conciencia, no puedo afirmar sino que me lo dictaron los mismos demonios. En mi escrito, que no tiene principio ni fin, ensalcé el radicalismo puro, única receta para sacar a esta Nación de su atonía y somnolencia mortíferas. Si don Manuel se sentía con redaños para obra tan grande, bastárale plantarse en firme, y dar grandes voces diciendo: «Cortes y Rey, caterva de políticos intrigantes y ociosos: Convocad a la Nación con verdad y honradez, y ella os dará un criterio de gobierno. ¿No queréis hacerlo?

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73 min Chicas Sexy Sexo Femenino Pelicula Gratis Perdí a dos hijas casi al mismo tiempo. Clara, acompañada del Penitenciario, salió hacia Compostela dispuesta a que ciñese su frente la toca de las novicias. Y Tula, ¡nada menos que Tula! con toda su severidad, su acritud, sus principios de orgullo y sus altivas frases fielmente calcadas en las de mi pobre esposa. cogió al aguilucho de la familia y lo chapuzó. ¿dónde diréis que chapuzó al mísero pajarraco? ¡En la bacía del barbero Redondo! Sí: con el hijo del rapista, con el pintorcejo de puertas y ventanas fue con quien Tula se resolvió a renunciar a su honesta soltería, y a entrar en el amor y el matrimonio, paraísos desconocidos para ella hasta entonces. Me avergüenza esta página. Quiero pasarla por alto o punto menos, corriendo un velo sobre el error de una doncella a quien tuve, no solamente por recatada e invencible, sino por preciada de su calidad y deseosa de conservar siquiera el prestigio de un distinguido nacimiento. Los chismes de Feíta no habían hecho mella en mí; juzgué que eran invenciones de aquella cabeza caliente y destornillada. La caída de Tula me recordó que el hambre de amor, como la obra, hace olvidar las facticias jerarquías sociales, y conduce a la más democrática igualdad, a la nivelación más absoluta. Bajo el impulso de esta necesidad, apremiantísima; bajo la fuerza de esta ley, todo lo convencional desaparece, y sólo quedan en pie Adán y Eva, la primitiva pareja del Edén, el varón y la hembra atraídos el uno hacia el otro merced a instintos que a veces ni saben definir. Tula no encontraba su media naranja, y se moría por dar con ella, hasta que se la brindó la embadurnada mano del vástago del rapabarbas. Y verla y asirla fue todo uno. Hemos ignorado siempre cómo se desenvolvió el idilio. Yo bien noté que el pintor venía muy a menudo a mi casa; pero lo consideraba efecto de su carácter solícito y servicial. Queriendo Sobrado cumplirnos su palabra de adecentar el piso donde vivíamos, envió al hijo de Redondo para que diese una mano de pintura gris perla a las maderas -puertas, ventanas y galerías- con lo cual el mozo se pasó una quincena dentro de nuestro hogar, tanto más libremente, cuanto que nadie sospechaba que sus brochas gordas fuesen flechas del carcaj de Cupido. Así que se difundió por la ciudad la noticia de que Tula, la almidonada y remilgada Tula, descendía hasta el pintorcejo; los comentarios versaron principalmente sobre un punto tan delicado como difícil de esclarecer: ¿de qué manera habían principiado a entenderse los amantes?

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H.264 Tonos De Llamada Gratis Para Virgin Mobile Nosotros -Con toda esa monserga que llevas a tu casa, doña Cabeza quedará desenojada. El toque está en que sortees la primera embestida de la fiera celosa. Pongo la última razón: «Don Manuel de mi alma: o sois el salvador de España, o quedaréis perdido en el montón gregario, donde se os pondrá un cencerro y pastaréis tranquilamente en el presupuesto. Concluido mi trabajo, me sentí satisfecho, y hasta cierto punto conforme con la esclavitud que la hechicera me imponía. Ya me inquietaban menos los temores y el deseo de volver a mi casa. Hallábame un si es no es alelado, como si obraran en mi voluntad los efectos de un licor o esencia de extraordinaria virtud aplanante. A ratos dormía, y en mi sueño me asaltaban visiones placenteras, me arrullaron lejanos cantos eróticos de ninfas, entre cuyas voces distinguí la de Graziella con agudas notas humorísticas. Desperté, y halleme solo en la casa, la puerta cerrada con llave. Entraron luego la italiana y su criadita, que me traían dulces, cigarros y más botellas de aquel delicioso y somnífero vino que me apagaba la voluntad, y me encendía la imaginación con ardores resplandecientes. No pedí a mis carceleras que me devolviesen la libertad. Dulce pereza me familiarizaba con la atmósfera tibia y perfumada de aquel presidio. Pasó todo el día sin que me aliviara de la holganza, y vi llegar la noche sin que me asustase la idea de pasarla blandamente en la serena gruta. En mi segunda noche, no vi a Mariclío. Pregunté por ella, y dijéronme que había ido a la Academia de la Historia (calle de León), donde cobra la menguada pensioncilla de que vive. En aquella casa venerable, suele entretenerse ayudando al conserje en el barrido de la biblioteca y en quitar el polvo a los estantes. Si le anochece en esta faena, suele quedarse a dormir en la portería, y por la mañana le cepilla la ropa al gran don Marcelino, por quien siente ardoroso cariño maternal. Prosigo contando que yo dormitaba, y Graziella, junto a mí, escribía cartas en el velador.

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107 min Virgen Atlantica Vuelo 007 Hora De Llegada

78 min Virgen Atlantica Vuelo 007 Hora De Llegada Pedro se pone encendido como la grana cuando tal le dicen, porque ve en esas habladurías una ofensa directa a su pudor y al mío. -No es tampoco D. Pedro -dijo Amaranta riendo- con sus sesenta años a la espalda, hombre a propósito para una mujer fresca y lozana como usted, amiga mía. Y ya que de estose trata, aunque le parezcan irrespetuosas y tal vez impúdicas mis palabras, usted debiera apresurarse a tomar estado para no dejar que se extinga tan buena casta como es la de los Gutiérrez de Cisniega; y de hacerlo, debe buscar varón a propósito, no por cierto un jamelgo empedernido y seco como D. Pedro, sino un cachorro tiernecito que alegre la casa, un joven, pongo por caso, como este Gabriel, que nos está oyendo, el cual se daría por muy bien servido, si lograra llevar a sus hombros carga tan dulce como usted. Yo, que almorzaba durante este gracioso diálogo, no pude menos de manifestarme conforme en todo y por todo con las indicaciones de Amaranta; y doña Flora sirviéndome con singular finura y amabilidad, habló así: -Jesús, amiga, qué malas cosas enseña usted a este pobrecito niño, que tiene la suerte de no saber todavía más que la táctica de cuatro en fondo. ¿A qué viene el levantarle los cascos con. Gabriel, no hagas caso. Cuidado con que te desmandes, y mal instruido por esta pícara condesa, vayas ahora a deshacerte en requiebros, y desbaratarte en suspiros y fundirte en lágrimas. Los niños a la escuela. ¡Qué cosas tiene esta Amaranta! Criatura, ¿acaso el muchacho es de bronce? Su suerte consiste en que da con personas de tan buena pasta como yo, que sé comprender los desvaríos propios de la juventud, y estoy prevenida contra los vehementes arrebatos lo mismo que contra los lazos del enemigo. Calma y sosiego, Gabriel, y esperar con paciencia la suerte queDios destina a las criaturas. Esperar sí, pero sin fogosidades, sin exaltaciones, sin locuras juveniles, pues nada sienta tan bien a un joven delicado y caballeroso, como la circunspección. Y si no aprende de ese Sr. Pedro del Congosto, aprende de él; mírate en el espejo de su respetuosidad, de su severidad, de su aplomo, de su impasible y jamás turbado platonismo; observa cómo enfrena sus pasiones; como enfría el ardor de los pensamientos con la estudiada urbanidad de las palabras; cómo reconcentra en la idea su afición y pone freno a las manos y mordaza a la lengua y cadenas al corazón que quiere saltársele del pecho. Amaranta y yo hacíamos esfuerzos por contener la risa.

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