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41 min Patea Tu Trasero En La Cabeza

¡La cara que iban a poner cuando supieran que, conquistando una de las mujeres más hermosas de Buenos Aires, conquistaba, también, una fortuna que ponía fuera de todo parangón: Mauricio Gómez Herrera, gran familia, gran posición, gran talento, gran fortuna, ¡todo! ¡Oh, circunstancias, amigas mías! ¡Oh, santo oportunismo, oh, propicia fatalidad, que llevas de la mano hacia todos los triunfos y todas las cumbres a los elegidos de tu capricho! ¡Y la venganza! Sin embargo, la mañana siguiente me trajo un rato de malhumor. Eran las once, cuando mi valet de pied se atrevió a despertarme con una serie de discretos golpecitos a la puerta de mi dormitorio. -Una señora espera en la sala. -¡Imbécil! ¿No te he mandado que me dejaras dormir? -Son las once, señor, y don Marto me ha dicho que podía despertarlo. -¡Ah, bueno! -Una señora. No ha dicho su nombre. ¡Tantas señoras! ¿Un sablazo matutino?

117 min Quiero Follar Un Mono

88 min Quiero Follar Un Mono ¡Algún ladrón ha robado los libros! Mister Micawber se dio un golpecito con la regla. -Yo he sido. Me ha entregado la llave como de costumbre, un poco más temprano que otras veces, y la he abierto. -No esté usted inquieto -dijo Traddles-; han llegado a mi poder. Tendré cuidado de ellos bajo la autoridad que represento. -¿Es que admite usted cosas robadas? -gritó Uriah. -En estas circunstancias, sí --- contestó Traddles. Cuál sería mi asombro cuando vi a mi tía, que había estado muy tranquila y atenta, dar un salto hacia Uriah Heep y agarrarle del cuello con las dos manos. -¿Sabe usted lo que necesito? -Una camisa de fuerza -dijo él. -No; mi fortuna -contestó mi tía-. Agnes, querida mía, mientras he creído que era tu padre el que la había perdido, no he dicho ni una sílaba (ni al mismo Trot) de que la había depositado aquí. Pero ahora que sé que es este individuo el responsable, quiero que me la devuelvan. ¡Trot, ven y quítasela!

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44 min Viejos Gays Con Pollas Gordas

74 min Viejos Gays Con Pollas Gordas ¡qué veo! ¡oh qué miro! ¡ella! ¡¡Es Sarah! ¡Es Sarah! La magia, el escamoteo en mis ojos, resulta incomprensible. y sí, bien, Sarah. la niña. ¡esta mujer! La estoy viendo sonriosa, con los labios apretados, con los ojos cerrados, entregada libre ahora la faz a la violenta frescura. Su cuerpo harto me ha dicho con rizosas falacias de inocencia cuánto es flor, madura fruta su joven carne tropical.

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51 min Finlandia Follada Coño Peludo Suomi Mojado

96 min Finlandia Follada Coño Peludo Suomi Mojado Con la cual noticia la muchedumbre, hasta entonces muda y como atolondrada con el discurso del Estudiante, empezó a revolverse, a gruñir y a carraspear; a dar, en fin, señales de vida. El vaso volvió a circular de boca en boca, hasta que se agotaron seis jarros de los mayores-, y Gildo gritó entonces, desde la altura de su banco: -Señores: el pedrique que habéis oído no tiene vuelta; pero a las palabras se las lleva el viento, si no hay detrás obras que las amparen. Eso digo yo, y el que sea valiente, que me siga. Tras estas, palabras se lanzó a la puerta. Barriluco, Facio y Polinar le siguieron tambaleándose; Patricio, después de buscar la razón de aquella salida en la cara de Lucas, que le dio a entender que también le ignoraba, resolvióse a apoyar a su hijo a todo trance. -Dirvos, hijos míos, dirvos -aconsejó a unos y a otros de los más remolones; -dirvos con él, que cuando él vos llama, con razón será. Y empujando a éste y palmoteando en las espaldas del otro, salieron todos de la taberna, como bestias los más borrachos, y movidos de la curiosidad los más serenos. Ya en la calle, a las once de la noche, la muchedumbre comenzó a relinchar y a dar corcovos; y siguiendo a Lucas, detuviéronse todos debajo de las ventanas del señor cura, a quien saludaron con una docena de morrillazos a los cristales, otras tantas seguidillas indecentes que entonaron a porfía Gildo y Barriluco, y un sin cuento de apóstrofes soeces, que los más borrachos se creyeron en el deber de lanzar a los oídos del santo varón. Hecho esto, y algo más que no es de escribirse en este libro, dijo una voz: -¡Ahora. a la otra casa con lo mismo! Pero cual si la proposición hubiera sido una descarga cerrada, desbandáronse como palomas todos cuantos eran tertulianos de don Román. Pensáronlo mucho los que se quedaron a pie firme; y al cabo se fueron a dormir la mona a sus respectivos domicilios, donde todo era sustos y congojas, como en el resto del pueblo con motivo de la algarada. ¡No había memoria en Coteruco de un escándalo semejante! Al día siguiente fue don Frutos a casa de don Román, y le halló en la huerta, paseándose desazonado y triste. -¿Sabe usted lo ocurrido anoche? -Nada ignoro, señor don Frutos, -le respondió el caballero.

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88 min Bbc Nude Art 1 Mayo 2010

103 min Bbc Nude Art 1 Mayo 2010 -Ahora veamos --dijo mistress Mackleham poniéndose los lentes-. ¿Dónde está el párrafo? « El recuerdo de los tiempos pasados, mi muy querida Annie. , etc. ; no es aquí. «El amable y viejo censor . Querida Annie, tu primo Maldon escribe de un modo ilegible; pero ¡qué estúpida soy! es el doctor, ¡naturalmente! ¡Ya lo creo que es amable! Aquí se detuvo para besar el abanico y dar con él al doctor, quien nos miraba a todos con una sonrisa plácida y satisfecha. -Ahora lo he encontrado: « No te sorprenderá saber, Annie (claro que no, sabiendo que nunca ha sido realmente fuerte. ¿Qué decía yo hace un momento? que he sufrido tanto en este lugar lejano, que he decidido abandonarlo, suceda lo que suceda, con un permiso de enfermo, si puedo, o dimitiendo totalmente si no lo consigo. Todo lo que he sufrido y sufro aquí no es imaginable». Y sin la prontitud para actuar de la mejor de las criaturas -dijo mistress Mackleham, repitiendo sus gestos telegráficos al doctor, y doblando la carta- me sería imposible pensar en su regreso.

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65 min Trabajos Para Adolescentes En Myrtle Beach

116 min Trabajos Para Adolescentes En Myrtle Beach La cintura de castaños es un hermoso parque bordado de caprichosos senderos y macizos de flores y tupido de césped. La antigua media torre almenada es un anchísimo mirador de cristales; la glorieta una sala de verano; la teja-vana de enfrente, mitad invernáculo, mitad pajarera, y así todo lo demás; porque Toribio se había propuesto, como dijimos, hacer una gorda, y lo cumplió transformando el antiguo caserón solariego en una morada provista de cuantas comodidades pudiera exigir en el campo el gusto más exquisito. ¡Pues dígole a usted los moradores del improvisado Edén! Antón es un señor bastante grueso, que se pasa el día corriendo de hacienda en hacienda, aquí dirigiendo la siega, allá inspeccionando la cabaña, más allá la poda de un monte, en el otro lado la construcción de una nueva casa de labranza, aquí riñendo a un colono holgazán, allí remunerando la laboriosidad de otro, etc. Siempre va tarde a comer a casa, por más que se propone lo contrario, pero nunca de mal humor; y el mayor desahogo que se permite, al desplomarse rendido en un sillón mientras se enfría un poco la sopa, es un par de resoplidos al aire y otro de besos en cada mejilla a dos chiquitines rubios como el oro, rollizos y frescos como unas mantecas y sanos como corales, que le acometen apenas se sienta, y trepan sobre sus rodillas, y le sueltan el chaleco, y le aprietan la garganta, y se le encaraman en los hombros, y le aturden y le embriagan a embestidas, abrazos y pisotones. Verónica es una matrona ágil y risueña que se mira en los ojos de Antón. Tiene sobre sí el peso de la dirección interior de la casa, y después de atender, como ella lo hace con afanoso deleite a tan sagradas ocupaciones, apenas le queda una hora que consagrar a su mayor delicia: ver a sus dos hechiceros diablillos correr por el jardín o por la castañera. No ha querido salir un instante fuera de los términos del pueblo, como Toribio deseaba, para que conociera un poco el mundo. Para ella el mundo es aquel rincón donde ha nacido, donde están sus hijos, Antón y cuantas personas y objetos le son caros. El único pesar que le aqueja es la consideración de que algún día, y no lejano, tendrá que separarse de sus pimpollos para darles una educación que allí no pueden recibir, si su padre y sus abuelos no se resuelven, como ella desea, y ellos no quieren, a que sean unos señores labradores, corno lo es su padre. Toribio, un poco más cano y caído de voz que antes, es el mismo de siempre: risueño bromista y cariñoso. Tan pronto como conoció que su hijo era tan capaz como él para dirigir el belén de sus propiedades, encomendóselas con la mejor gana y se consagró pura y exclusivamente a saborear los goces de la familia, para lo cual contaba con un corazón de perlas. Don Robustiano pasó la pena negra durante los ocho meses que necesitó la mágica dirección de Toribio para terminar las obras del palacio. Su corazón de padre le aconsejaba todos los días que fuese a ocupar la cómoda habitación que el rumboso jándalo le preparó en su casa; pero su tesón característico, sus resabios aristocráticos se lo impedían. Pero eso, no bien se dio al edificio solariego el último brochazo de pintura, brindó con la flamante morada a toda la familia de su hija. Y brindar en tales términos equivalía en don Robustiano a decir: «Necesito que vengáis a vivir conmigo; quiero morir en vuestra compañía.

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109 min Adolescente Lo Consigue Por Su Garganta

Camrip Adolescente Lo Consigue Por Su Garganta -¡Es un ciclón! -pensó Badillo, de pie junto a José de San José y requiriendo su garrote. Aunque, en verdad, más que ventolera, lo que se les echaba encima parecía como un tropel de toros. o como un tren loco, que en la vía, allá a dos leguas, hubiese perdido los rieles. Juanón, el fornido mozo, había podido contener las mulas desmandadas, y otros el borrico de la loza. ¡taf! ¡Uuuueeeiiiooouuu. ¡¡Automóviles. qué concho! Uno delante. Otro. Propiamente como rayos.

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113 min Exterior De Cuero Faux Grande Frío Vintage

37 min Exterior De Cuero Faux Grande Frío Vintage -Le agradeceré, señora -interrumpió míster Spenlow-, que se limite a relatar los hechos. Miss Murdstone bajó los ojos, movió la cabeza como para protestar contra aquella interrupción inconveniente, y después repuso, con aire de dignidad ofendida: -Puesto que debo limitarme a relatar los hechos, lo haré con la mayor brevedad posible. Decía, caballero, que desde hacía algún tiempo tenía mis sospechas sobre miss Spenlow y sobre David Copperfield. He tratado a menudo, pero en vano, de encontrar la prueba decisiva. Es lo que me ha impedido confiárselo al padre de miss Spenlow (y lo miró con severidad). Sabía que en semejantes casos se está muy poco dispuesto a creer con benevolencia a los que cumplen fielmente su deber. Míster Spenlow parecía aplastado por la noble severidad del tono de miss Murdstone a hizo con la mano un gesto conciliador. -A mi regreso a Norwood después de haberme ausentado para el matrimonio de mi hermano -prosiguió mi Murdstone en tono desdeñoso-, creí observar que la conducta de miss Spenlow, igualmente de regreso de una visita a su amiga miss Mills, que su conducta, repito, daba más fundamento a mis sospechas, y la vigilé más de cerca. Mi pobre, mi querida Dorita, ¡qué lejos estaba de sospechar que aquellos ojos de dragón estaban fijos en ella! -Sin embargo -prosiguió miss Murdstone-, únicamente ayer por la noche adquirí la prueba decisiva. Yo opinaba que miss Spenlow recibía demasiadas cartas de su amiga miss Mills; pero como era con el pleno consentimiento de su padre (una nueva mirada muy amarga a míster Spenlow), yo no tenía nada que decir. Puesto que no se me permite aludir a la depravación natural del corazón humano al menos se me permitirá hablar de una confianza excesiva mal colocada. -Está bien -murmuró míster Spenlow como apología -Ayer por la tarde -repuso miss Murdstone- acabábamos de tomar el té, cuando observé que el perrito corría, saltaba y gruñía en el salón, mordiendo algo. Le dije a mi Spenlow: «Dora, ¿qué es ese papel que tiene el perro en su boca? Miss Spenlow palpó inmediatamente su cinturón lanzó un grito y corrió hacia el perro. Yo la detuve diciendo «Dora, querida mía, permíteme.

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86 min Vintage Quad Hi Fi Para La Venta

10 min Vintage Quad Hi Fi Para La Venta -Creo que tiene razón esta chiquilla -observó don Plácido-. Hombres como ése. En fin, Dios sabe muy bien lo que se ha hecho. -¡Y habrá muerto sin confesión! -Sospécholo cuando no ha venido el señor cura a restituirme lo que robó en vida esa garduña. -¡Que Dios le perdone como yo le perdono! -Pues si tú le perdonas, que no se condene por mí. ni por ti tampoco. ¿Verdad, Pilar? -Con tal de que no vuelva, perdónole también -dijo la niña. -Así me gusta. Pues, sí señor; la cosa no tiene duda, porque acaba de decírmelo don Lesmes en la portalada. -¿Don Lesmes ha vuelto ya? -preguntó Águeda. -¡Otra te pego! ¡Y yo que no me acordaba! Pues sí; volvió don Lesmes.

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