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85 min Enfermera Adulta Practicante Alcance De La Práctica

»Miseria comprendió que el Gobernador tenía razón, confensó la verdá y jue pa su casa pa cumplir lo mandao. »Ya estaba por demás viejo y aburrido del mundo, de suerte que irse dél poco le importaba. »En su rancho, antes de largar los diablos, puso la tabaquera en el yunque, como era su costumbre, y por última vez le dio una güena sobada, hasta que la camiseta quedó empapada de sudor. »-¿Si yo los largo van a andar embromando por aquí? -les preguntó a los mandingas. »-No, no -gritaban éstos de adentro-. Larganos y te juramos no golver nunca por tu casa. »Entonces Miseria abrió la tabaquera y los lisenció pa que se jueran. »Salió la hormiguita y creció hasta ser el Malo. Comenzaron a brotar del cuerpo de Lucifer todos los demonios y redepente, en() un tropel, tomó esta diablada por esas calles de Dios, levantando una polvadera como nube'e tormenta. »Y aura viene el fin: »Ya Miseria estaba en las últimas humeadas del pucho, porque a todo cristiano le llega el momento de entregar la osamenta y él bastante la había usao. »Y Miseria, pensando hacerlo mejor, se jue a echar sobre sus jergas a esperar la muerte. Allá, en su piecita de pobre, se halló tan aburrido y desganao, que ni se levantaba siquiera pa comer ni tomar agua. Despacito no más se jue consumiendo, hasta que quedó duro y como secao por los años. »Y aura es que, en habiendo dejao el cuerpo pa los bichos, Miseria pensó lo que le quedaba por hacer y, sin dilación porque no era sonso, el hombre enderezó pa'l Cielo y después de un viaje largo, golpió en la puerta deste.

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62 min Cachonda Asiática Ama De Casa Ad San Jose - El Victoria Un viento constantemente favorable había acelerado la marcha del Resolute hacia el lugar de su destino. La navegación del canal de Mozambique fue particularmente apacible. La travesía marítima era un buen presagio de la aérea. Todos deseaban llegar pronto y ayudar al doctor Fergusson en sus últimos preparativos. El buque avistó por fin la ciudad de Zanzíbar, situada en la isla del mismo nombre, y el 15 de abril, a las once de la mañana, ancló en el puerto. La isla de Zanzíbar pertenece al imán de Mascate, aliado de Francia y de Inglaterra, y es indudablemente la más bella de sus colonias. El puerto recibe muchos buques de los países vecinos. La isla está separada de la costa africana por un canal, cuya anchura mayor no pasa de treinta millas. Existe un gran comercio de caucho, marfil y, sobre todo, ébano, porque Zanzíbar es el gran mercado de esclavos. Allí se concentra todo el botín conquistado en las batallas que los jefes del interior libran incesantemente. El tráfico se extiende por toda la costa oriental, e incluso en las latitudes del Nilo, y G. Lejean ha visto allí tratar abiertamente bajo pabellón francés. Apenas llegó el Resolute, el cónsul inglés de Zanzíbar subió a bordo y se puso a disposición del doctor, de cuyos proyectos le habían tenido al corriente desde hacía un mes los periódicos de Europa. Pero hasta entonces había formado parte de la numerosa falange de los incrédulos. -Dudaba -dijo, tendiéndole la mano a Samuel Fergusson-, pero ahora ya no dudo.

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80 min Como Quitar El Condón

800 mb Como Quitar El Condón Cuentan de un antiguo que demandó a sus parientes y al médico que le había curado la locura, y les acusó de malhechores. Ese antiguo tuvo razón. Demandamos al que nos trampea, matamos al que nos agravia atrozmente, ¿y no sería sensato arrastrásemos ante los tribunales de justicia al que nos desbarata un mundo entero de felicidad? Cuando loco, ese enfermo era el más feliz de los mortales, pues su desarreglo consistía en estar viendo el mundo cual un teatro iluminado por luz divina, donde se estaban desenvolviendo prodigios increíbles al son de una música lejana y vaga. Si vivimos contentos merced a un engaño, ningún bien nos hacen con sacarnos de él y volvernos a la realidad, madre de sinsabores y dolores. ¡Felices los locos, si no propenden al mal y su locura rueda en una órbita sonora y luminosa! ¡Oh locura! tú eres como la pobreza, heredad fácil de cultivar, no sujeta a los celos de los amigos, ni expuesta a la envidia y la venganza de ruines y perversos. El demente cuyo desvarío es agradable, es más feliz sin duda que el hombre cuerdo cuyas verdades son su propio tormento y el de sus semejantes. El sabio no resucitaría a un muerto ni curaría a un loco, aun cuando lo pudiese, a menos que no quisiese burlarse de ellos o hacerles un mal, porque sabe que la locura y la tumba son dos abismos donde caen y se desvanecen todos los dolores del hombre. Seguía adelante sin dirección conocida el caballero, cuando echó de ver un golpe de gente que se arremolinaba en plácida baraúnda, al compás de tres o cuatro pífanos y tamboriles. Clérigos a caballo, legos a pie, mujeres con las faldas en cinta, grande y variada muchedumbre. Don Quijote hubiera querido esperar que llegaran; mas al ver que todo ese mundo confuso y revuelto propendía hacia otra parte, picó su caballo y, lanza en ristre, fue a herir en los que encontrase desde luego, y esto sin averiguación ninguna. Llevose a las primeras dos o tres monigotes vestidos de musgo, y siguió adelante rompiendo briosamente por la chusma. En el centro venían unos cuantos clérigos cubiertos con papahigos o mascarillas y unas como sobrepellices de salvaje, cosa que les daba fea y terrible catadura.

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55 min Ver Gratis La Notoria Señora Dick

500 mb Ver Gratis La Notoria Señora Dick De haber caído unos pies más cerca, la Susquehanna hubiese zozobrado con tripulación y equipaje. En aquel instante se presentó a medio vestir el capitán Blomsberry, y corriendo cómo los demás hacia el castillo de proa, preguntó: —Con vuestro permiso, señores, ¿qué ha sucedido? Y el joven guardiamarina, haciéndose intérprete de todos, exclamó: —¡Comandante, son “ellos”, que vuelven! Enorme emoción reinaba a bordo del Susquehanna. Oficiales y marineros olvidaban el terrible peligro que acababan de correr, la posibilidad de ser aplastados y hundidos, y no pensaban más que en la catástrofe con que terminaba aquel viaje: la empresa más atrevida de los tiempos antiguos y modernos, y que costaba la vida a los atrevidos aventureros que la habían intentado. “Son ellos que vuelven”, había dicho el joven guardia, y todos le habían comprendido. Nadie ponía en duda que el bólido era el proyectil del “Gun-Club”. En cuanto a la suerte de los viajeros que encerraba, estaban divididas las opiniones. —Han muerto —decía uno. —Viven —respondía otro—. La capa de agua es profunda y la caída ha sido amortiguada por el agua. —Pero les habrá faltado el aire —decía otro—, y habrán muerto asfixiados. —¡Quemados! —replica otro—. El proyectil no era más que una masa incandescente al atravesar la atmósfera.

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86 min Baño Malo Ir A Orinar

30 min Baño Malo Ir A Orinar Permaneció tranquilo y silencioso, con los ojos fijos en el suelo y la punta de los dedos de su mano izquierda delicadamente arqueados sobre la punta de los dedos de su mano derecha. Miss Dartle volvió hacia él la cabeza, con aire desdeñoso. -Dispénseme usted, señorita; pero, a pesar de toda mi obediencia por usted, conozco mi posición, aunque no sea más que un criado. Míster Copperfield y usted, señorita, no son lo mismo. Si míster Copperfield desea saber algo de mí, me tomo la libertad de recordarle que si quiere una respuesta puede dirigirme a mí sus preguntas. Tengo que mantener mi dignidad. Hice un violento esfuerzo sobre mi desprecio, y, volviéndome hacia él, le dije: -¿Ha oído usted mi pregunta? Si quiere, es a usted a quien la dirijo. ¿Qué me contesta? -Caballero -repuso, uniendo y separando alternativamente la punta de sus dedos-, no puedo contestar a la ligera. Traicionar la confianza de míster James para con su madre o para con usted es muy distinto. No era probable que míster James quisiera facilitar una correspondencia que propiciara redoblar la depresión y los reproches de la señorita; pero, caballero, deseo no ir más lejos. -me preguntó miss Dartle. Contesté que no tenía nada más que añadir.

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111 min Sexy Sujetador Y Bragas Fotos Gratis Inmediatamente la mulata hizo señas a un hombre blanco, vestido de chaqueta y pantalón azul, chaleco colorado, que estaba contra una de las ventanas de la sala, con su gorra de paño en la mano. Ese hombre pasó lentamente por en medio de la multitud, se acercó a la mulata; habló con ella, y entró a la alcoba, cuya puerta se cerró tras él. Doña María Josefa Ezcurra estaba sentada en un pequeño sofá de la India, al lado de su cama, tapada con un gran pañuelo de merino blanco con guardas punzoes, y tomaba un mate de leche que la servía y la traía por las piezas interiores una negrilla joven. -Entre, paisano; siéntese -dijo al hombre de la gorra de paño, que sentóse todo embarazado en una silla de madera de las que estaban frente al sofá de la India. -¿Toma mate amargo, o dulce? -Como Usía le parezca -contestó aquél, sentado en el borde de la silla, dando vuelta a su gorra entre las manos. -No me diga Usía. Tráteme como quiera, no más. Ahora todos somos iguales. Ya se acabó el tiempo de los salvajes unitarios, en que el pobre tenía que andar dando títulos al que tenía un fraque o sombrero nuevo. Ahora todos somos iguales, porque todos somos federales. ¿Y sirve ahora, paisano? Hace cinco años que el general Pinedo me hizo dar de baja por enfermo, y después que sané trabajo de cochero. -¿Usted fue soldado de Pinedo?

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99 min O Espermatozoides Móviles Después De La Reversión De La Vasectomía

69 min O Espermatozoides Móviles Después De La Reversión De La Vasectomía Todo el mundo era bueno conmigo, y quizá hubiera viajado de ciudad en ciudad o a través de los campos si no hubiera oído decir que la habían visto en las montañas de Suiza. Alguien que conocía al criado los había visto a los tres; hasta me dijeron cómo viajaban y dónde estaban. Anduve día y noche, míster Davy, para encontrar aquellas montañas. Cuanto más avanzaba más parecían alejarse ellas. Pero las alcancé y las atravesé. Cuando llegué al lugar de que me habían hablado empecé a preguntarme: ¿Y qué vas a hacer cuando la veas? El rostro que nos escuchaba, insensible al rigor de la noche, se bajaba, y vi a aquella mujer de rodillas delante de la puerta, con las manos juntas como para rezar, suplicándome que no la despidiera. -Nunca he dudado de ella -dijo míster Peggotty-, nunca, ni un minuto. Sólo con que hubiera podido hacerle ver mi rostro, hacerle oír mi voz, recordarle la casa de que había huido, su infancia, sabía que, aunque hubiera llegado a princesa de sangre real, caería a mis pies. Lo sabía. ¡Cuántas veces en mi sueño la he oído gritar: « Tío, tío mío querido! y la he visto caer como muerta ante mí. ¡Cuántas veces en mi sueño la he levantado diciéndole muy bajito: «Emily, querida mía; vengo a perdonarte y a llevarte conmigo! Se detuvo, movió la cabeza, y después añadió con un suspiro: -Él, él no es nada para mí.

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