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69 min Moteles Para Adultos En Long Beach California

Esta institución religiosa es excelente para dar algún alivio a la pobrecita humanidad, que es pura miseria. -Pero yo deseo que tú mandes, que no seas mandada. Yo quiero que tu espíritu sublime se traduzca en hechos. Te daré a conocer mi plan. Leré meditó. Parecía vacilante. Era humana y la oferta de presidir y gobernar una gran fundación hirió su mente soñadora, haciendo flaquear sus propósitos de perpetua servidumbre. -Veremos -murmuró-, y sus pupilas bailaban frenéticas, como no habían bailado nunca. Guerra pudo observar en ella un fenómeno semejante a la oscilación de un gran monumento, esto es, la torre de la Catedral, que se tambaleara, no para caerse, sino para calzar mejor sus cimientos poderosos en las profundidades del suelo. Pasado un ratito de abstracción profunda, la novicia miró fijamente a su amigo y le dijo: -Pues bien, acepto. pero con una condición. -La que tú quieras. -Mire que es algo dura la condición esta, amigo don Ángel. No hay que comprometerse antes de conocerla. Fundemos la institución que llevará tu nombre, y haz de mí lo que quieras. fúndese eso, tal y como usted lo ha concebido; pero antes de que el caso llegue, si ha de contar conmigo, es preciso que usted se haga sacerdote.

16 min Confesiones De Una Rubia Tetona Cachonda

23 min Confesiones De Una Rubia Tetona Cachonda Aguárdate y verás qué pronto despacho. Fue a la cocina, rompió un huevo en una taza y lo batió bien, pero bien; echolo en una vasija grande con la dosis de medio vaso de agua, añadiendo una copa chica de ginebra, un poco de canela y azúcar en proporción. Para el perfecto gin cock tail (literalmente rabo de gallo con ginebra) no faltaban más que las gotas amargas, que le dan aroma y tonicidad; pero como D. Pito no las tenía, prescindió de aquel sibaritismo, y concluyó la confección del ponche, batiéndolo de nuevo con el molinillo del chocolate hasta levantar espuma que se desbordaba del cacharro. Sirviolo luego en un vaso ordinario de los grandes, en el cual resultaban como tres dedos de dorado líquido, y un dedo de espuma que mermaba lentamente. Con aire triunfal lo llevó a su sobrina. «Vaya, endereza ese casco. Tómate este bálsamo de Dios, y verás cómo se te aclara el celaje». Dulce lo probó, y como no le supiera mal, apurolo hasta que no quedó en el vaso más que un poco de espuma, y en su labio superior un bigotillo blanco. «¿Qué tal? ¿cosa rica? Con esto se me han pasado a mí todos los berrinches que he cogido a bordo. Día hubo en que no pudiendo bajar del puente, me sostuve con catorce chiconteles a diferentes horas. Ello fue en el María Josefa cuando el huracán que me cogió en Maternillos». La ingestión de aquel brebaje fue para Dulce confortante y placentera: en los primeros momentos se sintió traspasada por extrañas ráfagas de alegría, de esa alegría que suele producirse entre las vibraciones del extremo dolor, como la chispa que brota de la percusión de cuerpos duros. Al pasar a la sala, toda la habitación giraba en derredor suyo, y D. Pito con ella, lo que produjo en la joven una risa nerviosa, viéndose obligada a sentarse, la mano delante de los ojos. Luego, sin cesar el mareo prodújole el bálsamo otros efectos, una especie de erección del ánimo flojo, volviendo sobre sí, y reivindicando su dominio, un despertar de todas las facultades, un afinarse de todos los sentidos, y con esto, ganas de hablar y de contar su cuita, en términos que las palabras se le salían de la boca antes de que el pensamiento las ordenara.

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70 min Hermanas De Sangre Del Pecado De Lesbianas Dvd

72 min Hermanas De Sangre Del Pecado De Lesbianas Dvd El tranvía ha parado en la esquina. ¡Si son «las magistradas»! ¡Ay, y también el papá de Andresito, guiando su charrette. ¡Si parece que se han dado cita! ¡Todos a un tiempo. ¡Venid, Conchita, mamá! ¡Mirad qué guapo está el señor Cuadros guiando su cochecito! ¡Parece que en toda su vida no haya hecho otra cosa. Y los convidados de doña Manuela entraron en la casa, confundiéndose unas familias con otras, saludándose las mujeres con un tiroteo de besos y elogiando todas las cualidades de la «posesión» que la viuda de Pajares tenía en Burjasot. Era un chalet que parecía escapado de una caja de juguetes; un edificio construido por contrata, tan bonito como frágil, con sus tejados rojos y escalinatas con jarrones de yeso, situado en el centro de un jardincillo excavado en las rocas, con dos docenas de árboles tísicos que gemían melancólicamente, martirizadas sus raíces por la capa de dura piedra que encontraban a pocos palmos del suelo. A pesar de su aspecto de decoración de ópera, que tanto entusiasmaba a doña Manuela, el tal chalet no pasaba de ser una casa de vecindad, enclavado como estaba entre otras construcciones de la misma clase, todas frágiles y pretenciosas, con sus jardincillos como sábanas, y sobre la verja, en letras doradas, los campanudos títulos de Villa-Teresa, Villa-María, etcétera, según fuese el nombre de la propietaria. La viuda había empeñado y perdido para siempre un centenar de hanegadas de tierra de arroz que le producían muy buenos cuartos, para adquirir aquella ratonera brillante y frágil, a la que puso el título de Villa-Conchita, no sin protestas ni rabietas de Amparo. Creía que una «villa» para el verano es el complemento de una familia distinguida que tiene coche; y en las tertulias, al dirigirse a sus amigas, llenábase la boca hablando de su «lindo hotelito» de Burjasot y de las innumerables comodidades que encerraba. La casa era mala, pero el paisaje magnífico. Los hotelitos—había que llamarlos así, para no disgustar a doña Manuela—, ocupando la suave pendiente de una colina yerma, eran un magnífico mirador, desde el cual se abarcaba la vega con todas sus esplendideces. Al frente, Burjasot, prolongada línea de tejados con su campanario puntiagudo como una lanza; más allá, sobre la obscura masa de pinos, Valencia achicada, liliputiense, cual una ciudad de muñecas, toda erizada de finas torres y campanarios airosos como minaretes moriscos; y en último término, en el límite del horizonte, entre el verde de la vega y el azul del cielo, el puerto, como un bosque de invierno, marcando en la atmósfera pura y diáfana la aglomeración de los mástiles de sus buques. El día era hermoso; un verdadero domingo de Pascua. La primavera enardecía la sangre, y la ciudad entera, solemnizando la vuelta del buen tiempo, lanzábase al campo, levantando en él un rumor de avispero.

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61 min Chicas Con Six Pack Abs Desnuda Hace un momento me volvía loco cavilando y dije lleno de ansiedad: «Si yo tuviera aquí un amigo, un buen amigo. -Proyecto, plan, aventura. Una de dos, señor matemático, o es dar la dirección a los globos o es algo de amores. -Es formal, muy formal. Acuéstate, duerme un poco, y después hablaremos. -Me acostaré, pero no dormiré. Puedes contarme todo lo que quieras. Sólo te pido que hables lo menos posible de Orbajosa. -Precisamente de Orbajosa quiero hablarte. ¿Pero tú también tienes antipatía a esa cuna de tantos varones insignes? -Estos ajeros. los llamamos los ajeros. pues digo que serán todo lo insignes que tú quieras; pero a mí me pican, como los frutos del país. Este es un pueblo dominado por gentes, que enseñan la desconfianza, la superstición y el aborrecimiento a todo el género humano. Cuando estemos despacio te contaré un sucedido. un lance mitad gracioso mitad terrible que me pasó aquí el año pasado. Cuando te lo cuente tú te reirás y yo echaré chispas de cólera.

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112 min Rock Of Love 2 Brittanya Desnuda Se inició el relato de las proezas; se habló de enfermedades, de atraso en el desarrollo, de los dientes. Luego Roberto tuvo que dejarles para ir a su tarea habitual y Clemencia se encargó del desayuno. —Voy a vestirlo —dijo Elsa. —¿Dónde tienes las medias? —preguntó Alejandra teniendo a Enriquito sobre las faldas. éste se viste solo, ya. Elsa vistió a Luisito en un santiamén, pero Alejandra no adelantaba gran cosa. Jamás se hubiera imaginado que vestir a un niño fuese empresa tan ardua, sobre todo cuando a éste le da por divertirse. A las primeras palabras, el angelito dejó de serlo y no hubo modo de que permaneciese quieto un momento. Saltaba sobre Alejandra, se le abrazaba del cuello, pretendía montarse en los hombros, le echó abajo el peinado. Mientras tanto, ella había logrado embutirle una media con el talón sobre el empeine. La madre intervino: —¡Quieto, Enrique, porque me voy a enojar! Pero Alejandra, sofocada por la lucha, se reía. —¡Déjalo! ¡Ya verás cómo lo visto! Es un encanto. Ese mismo día fueron a Ramírez.

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16 min Coño Joven Listo Para Follar El consejo frunció mis cejas. ¿Consejitos a mí? Tomé el llavero y resueltamente penetré en la cámara mortuoria. No era alcoba, sino dormitorio amplio, con tres balcones al jardín, un cuarto de tocador contiguo y un ropero. Cambié de opinión: este departamento, convenientemente refrescado, será el mío. El retrato al óleo de Dieguito ocupa el lugar preferente, en el tocador, sobre el sofá. Alrededor del marco, una tira de tul negro, ajado, cogida con un ramo de violetas artificiales. Yo no conocí a Dieguito. ¿Cómo ni dónde había de conocerle? Así es que miro muy despacio su imagen. Es un muchacho guapo, elegante, lleno al parecer de robustez y vigor. Sus ojos me siguen cuando doy vuelta. Es un retrato que parece hablar, salirse del cuadro. ¡Atención! Se me parece. No cabe duda; ¡se me parece! La forma de la nariz, el corte de cara. ¿Qué tiene de particular?

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27 min Mundo Más Sexy Girle Tener Sexo Con pues vámonos». Así dije, y mi padre dio las órdenes a Ido para que aprontara mi ropa y todo mi bagaje, con excepción de libros, pues no consentía que llevase conmigo las causas de mi desarreglo mental, que eran la vida loca de Madrid, el hervidero de las ideas disolventes, y las lecturas de obras perversas que inducían a la inmoralidad y al crimen. Él no tenía nada que hacer en la Corte, que odiaba y maldecía. «Yo no me separo de ti -me dijo-. Tomaremos un bocado al mediodía. yo con un caldo me arreglo. Hoy es vigilia de precepto». Fuimos a visitar a Delfina, y largo rato platicó mi padre con ella, recordándole sus bondades con mi familia. Y entre otras remembranzas de gratitud, sacó de la obscuridad del pasado la siguiente: «Usted, Delfina, ha sido muy buena para nosotros. Cuando vino a Madrid el año 67 mi hermana Bonifacia con su marido, a consultar a los médicos su enfermedad del pecho, estaba usted recién casada. Acompañó a mi hermana en el visiteo de doctores; le regaló una magnífica torta de dulce, y cuando el pobrecito Manuel murió, no quiso usted cobrarle nada por el ataúd y hachones. Esto no lo olvida mi hermana, que ahora vive en Burgos». Con estas y otras finezas nos despedimos, y Delfina me dio un escapulario y una cajita de bombones de chocolate para que me entretuviera por el camino. Dos horas después, estábamos ya en la estación del Norte, con una hora de anticipación a la de la salida del tren, pues mi padre temía que este se le escapara, dejándole un día más en este Madrid, objeto de todo su asco y aversión. En marcha el tren, llevando en nuestro departamento de segunda tres compañeros y dos compañeras de camino, mi buen padre, libre ya de la inquietud del regreso, y gozoso de llevarme consigo, me franqueó sus cariñosas intenciones. «Hijo mío, creo que sólo con sacarte del laberinto de ese Madrid arrastrado y disoluto, te curarás de tus murrias y del desvarío de tu cabeza. Te inficionaron los miasmas del vicio y de la corruptela, ¿no entiendes lo que te digo? pues corruptela quiere decir el burlarse de las leyes de Dios, el no amarle ni temerle, el andar en el tole tole de libertades, que yo llamo licencias, y el querer meternos a los españoles en un fregado de ideas pestíferas y, como quien dice, republicanas.

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