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25 min Anime Asiático Lindo Amor Corazones Negro

Pues bien, Lucía: cuando no te me pones majadera, cuando no me haces lo que ayer, que me miraste de frente como con odio y te burlaste de mí y de mi bondad, y sin saberlo llegaste hasta dudar de mi honradez, cuando no te me vuelves loca como ayer, me parece cuando salgo de aquí, que me brilla en las manos la bandera. Y veo a todo el mundo pequeño, y a mí como un gigante dichoso. Y siento mayor necesidad, una vehemente necesidad de amar y perdonar a todo el mundo. En la mujer, Lucía, como que es la hermosura mayor que se conoce, creemos los poetas hallar como un perfume natural todas las excelencias del espíritu; por eso los poetas se apegan con tal ardor a las mujeres a quienes aman, sobre todo a la primera a quien quieren de veras, que no es casi nunca la primera a quien han creído querer, por eso cuando creen que algún acto pueril o inconsiderado las desfigura, o imaginan ellos alguna frivolidad o impureza, se ponen fuera de sí, y sienten unos dolores mortales, y tratan a su amante con la indignación con que se trata a los ladrones y a los traidores, porque como en su mente las hicieran depositarias de todas las grandezas y claridades que apetecen, cuando creen ver que no las tienen, les parece que han estado usurpándoles y engañándoles con maldad refinada, y creen que se derrumban como un monte roto, por la tierra, y mueren aunque sigan viviendo, abrazados a las hojas caídas de su rosa blanca. Los poetas de raza mueren. Los poetas segundones, los tenientes y alféreces; de la poesía, los poetas falsificados, siguen su camino por el mundo besando en venganza cuantos labios se les ofrecen, con los suyos, rojos y húmedos en lo que se ve, ¡pero en lo que no se ve tintos de veneno! Vamos, Lucía, me estás poniendo hoy muy hablador. Tú ves, no lo puedo evitar. Si me oyeran otras gentes, dirían que era un pedante. Tú no lo dices, ¿verdad? Es que en cuanto estoy algún tiempo cerca de ti, de ti que nadie ha manchado, de ti en quien nadie ha puesto los labios impuros, de ti en quien mido yo como la carne de todas mis ideas y como una almohada de estrellas donde reclino, cuando nadie me ve, la cabeza cansada, estas cosas extrañas, Lucía, me vienen a los labios tan naturalmente que lo falso sería no recordarlas. Por fuera me suelen acusar de que soy rebuscado y exagerado, y tú habrás notado que ya yo hablo muy poco. ¿Qué culpa tengo yo de que sea así mi naturaleza, y de que al influjo de tu cariño enseñe todas sus flores? Y le besó las dos manos, como pudiera un niño haber besado dos tórtolas. Así, aunque no parezca cierto, suelen hablar y sentir algunos seres «vivos y efectivos», como dicen las lápidas de los nichos en que están enterrados los oficiales militares muertos en el servicio de la corona española.

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90 min Luciendo Bien En Ese Bikini De Lunares. Si personas cuya constitución moral se asemeja se encontrarían más en peligro que otras en el caso de que una causa seria de división surgiera entre ellas, y les separaría un resentimiento más profundo y duradero. -Sí, seguramente -dijo Steerforth. Pero veamos, por ejemplo. se pueden suponer las cosas más absurdas. Suponiendo que tú tuvieras con tu madre una querella seria. -Mi querida Rose -dijo mistress Steerforth riendo alegremente-, debías haber inventado cualquier otra suposición. Gracias a Dios, James y yo sabemos demasiado bien lo que nos debemos el uno al otro. -dijo miss Dartle bajando la cabeza con aire pensativo-. Sin duda; eso es suficiente. Pre. ci.

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TVRIP Amigo Follando Marido Foto Sexy Su Esposa Y usted no está en ese caso. A usted le basta abrir la boca. y encontrará inmediatamente lo que se le ocurra. Supongo que, si llega la ocasión, se acordará usted de los que estamos cerca. No vaya usted a ponerse en manos de logreros que le asfixien. Bien sabe usted dónde hay amigos viejos. Confieso que la gratitud y la sorpresa me embargaron el habla. Yo, dígase la verdad, me había conducido con Sobrado medianamente. Hasta creía haber estado impolítico con él. Todo por culpa de mi quijotesco empeño en defender contra malandrines y follones la honra de doña Milagros. ¡Necio de mí! Sobrado era el hombre de mundo, el experto, el que conocía a las mujeres, mientras yo. ¡Cuánto me despreciaba a mí mismo! ¡Cuán ridículo me encontraba! Como si Sobrado adivinase mis pensamientos, diome al codo obligándome a mirar, de soportal afuera, hacia las iluminadas ventanas de la comandanta de Otumba.

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64 min La Opinión De Martin Luther King Sobre Los Homosexuales.

21 min La Opinión De Martin Luther King Sobre Los Homosexuales. Su pelo, apretujado, me inspira recelo indefinible. Ninguna simpatía me infunden estos dos seres. Y, sin embargo, insisto, para quedarme en su compañía. Saco un par de monedas. -Agüela, dos duros m’ha dao esta ñora. La avidez de los ciegos se pinta en la cara huesuda, inexpresiva. -Daca. Los guarda en la remendada faltriquera, y rezonga: -Yo, con toa satisfación. Sólo que, como no hay na de lo que se precisa. Esta noche dormiré envuelta en mi manta. Mañana traerán. Queda convenido. Hago mis encargos al cochero. Y, como en casa propia, entro en la vivienda.

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31 min Tetas Grandes Coño Afeitado Lesbianas Slutload No podía siquiera hacer la señal de la cruz. El horror me tiraba los pelos para atrás de las sienes. Me debilitaba en un sudor copioso. Pensé en don Segundo y no pude llamarlo. ¿Cómo no oía? El pobre don Sixto, ya exhausto, había caído cerca mío, a unas cuartas, y luchaba con una tenacidad que duplicaba mi desesperación. Por fin la luz de la luna fue interceptada. Comprendí que mi padrino estaba ahí. Escuché su voz tranquila: «Nómbrese a Dios». Lo vi entrar; tomó a don Sixto de un brazo haciéndolo poner de pie. «Sosiéguese güen hombre, ya no hay nada». También yo pude moverme y me acerqué a sostener a don Sixto que, a pesar de no ser la luz suficiente para ver claro, aparecía demacrado como por varios días de enfermedad. «Sosiéguese», repitió mi padrino. «Acompáñeme pajuera; ya no hay nada». Como un ebrio lo sacamos a la noche.

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97 min Canciones De La Banda De Hermanos Desnudos Y Letras

23 min Canciones De La Banda De Hermanos Desnudos Y Letras Amo a Emily, y no puedo decir que amo a Agnes; es completamente distinto: pero siento que donde Agnes está, con ella están la paz, la bondad y la verdad, y que la plácida luz de vidriera de iglesia que he visto hace tiempo la ilumina siempre, y a mí también cuando estoy a su lado, y a todo lo que la rodea. Llegó la hora de acostarse. Acababa de dejarnos, y yo daba la mano a míster Wickfield para despedimos, cuando me detuvo diciendo: -¿Qué te gusta más, Trotwood, estar con nosotros o it a otro lado? -Estar aquí -contesté presuroso. -¿Estás seguro? -¡Si usted puede; si le gusta! -Pero temo que es un poco triste nuestra vida, muchacho -dijo. -¿Por qué va a ser más triste para mí que para Agnes? No es nada triste. -¿Que Agnes? -repitió acercándose despacio a la gran chimenea y apoyándose en ella-. ¿Que Agnes? Aquella noche había bebido (me pareció) hasta tener los ojos inyectados. Ahora no podía vérselos porque tenía la cabeza baja y los tapaba además con sus manos; pero hacía un momento me lo había parecido. -Ahora me pregunto si mi Agnes estará cansada de mí.

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12 min Escenas Desnudas De La Película Turista

55 min Escenas Desnudas De La Película Turista La resaca era muy fuerte. Al llegar a la orilla las olas chocaban unas contra otras rompiéndose en turbios espumarajos. El cadáver de una raya danzaba entre el oleaje y las hoyas rojas se sumergían y emergían, como enormes tomates, a capricho de los tumbos de la marea que subía invadiendo toda la playa hasta llegar a las casetas. Al descender, con una rapidez incontrastable, arremolinaba los guijarros, que sonaban como si les triturasen en una paila de aceite hirviendo. El cielo, oscuramente gris, estaba muy bajo. El médico, arrebujado en su bufanda, con la gorra hasta las orejas y las manos en los bolsillos del gabán, gozaba con el espectáculo del mar que acariciaba a las rocas con efusiones de un amor salvaje. Una lluvia menuda y tenaz desdibujaba y entenebrecía los objetos. Por las calles fangosas y malolientes del pueblo pasaban de prisa algunos bañistas con las capuchas de los impermeables caídas sobre los ojos. El viento levantaba irrespetuoso las faldas femeninas y volvía del revés los paraguas. Por las bocacalles que daban al mar pasaba zumbando con un cortejo de papeles y basuras. Una mancha blancuzca hormigueaba a lo lejos en la llanura brumosa. Era un rebaño de ovejas. Los árboles temblaban arqueándose como histéricos. Junto al establecimiento de baños termales empezó a apiñarse, con avidez creciente, un grupo de bañistas envueltos en sus peignoirs.

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Blu Ray Caníbal Libre Historia De Sexo De Cerdo Largo Gay

13 min Caníbal Libre Historia De Sexo De Cerdo Largo Gay Además, que de días a días, van muchas horas y bien sabes tú que en cada hora mudan los pensamientos. -De veleta floja fueron siempre los tuyos ¡caráspitis! Alzóse en esto el padre con el papel que cogió de las manos de Bastián, y dijo así, mostrándosele a Macabeo: -Ni entro ni salgo, ni tan siquiera sé por dónde van esos aires con que andáis ahí sopla que sopla; pero mira en este papel una pizca de lo que el señor ofrece a Tasia. -El señor -respondió Macabeo señalando a Bastián- haría mejor en dejar ese papel en el arcón en que estaba, siquiera por bien parecer, hasta que la tierra tapara al que apandó tantos caudales. sabe Dios cómo; y bueno fuera también, caráspitis, que antes de ofrecer esas grandezas supiera si eran suyas. -¡Y mucho que lo son, Dios! -se atrevió a afirmar Bastián. -Tocante a eso -añadió el padre de Tasia, tomando otros papelotes que le alargó Bastián-, aquí está el testamento que lo reza todo. y mucho más. Has de saber que Bastián resulta, por estos ites y consonantes, hijo del finado y su heredero único. -¡Caráspitis! -respondió Macabeo-; sin esos papelotes ni otras pruebas que yo tengo bien flamantes, conociera yo que esta bestia es hijo del padre por lo mucho que le llora. Y con esto finiquito y me voy, y muy campante; que la venganza de la falsía que han querido hacerme, en esta casa la dejo con la cría que meten en ella. Y ahora, sábete -añadió, encarándose con Tasia- que no venía hoy a pedirte, como te has pensado, sino a decirte que para lo que soy y tengo, no es quién una descorazonada, cubiciosa y cicatera como tú. Con este desahogo salió Macabeo a la calle; pero no tan satisfecho como aparentaba.

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600 mb El Corazón De Mi Escena De Sexo Helena Bonham Carter

16 min El Corazón De Mi Escena De Sexo Helena Bonham Carter -sollozó. -No creas. Ve a ver a mi suegro. Yo he hablado con él. Rozsahegy está seguro de recoger esas malhadadas letras con cinco o diez mil pesos cuando más. Es un chantage. No tengas escrúpulos. -No lo haré. Me importa poco. Me voy al campo a trabajar. Es lo que me aconseja María. ¡María! Sentí de pronto el áspero deseo de verla, de hablar con ella, y prolongué la conversación con la esperanza de conseguirlo. -Irse al campo es inútil sin capital, sin una estancia. ¿Qué harás?

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90 min Tetas Realmente Enormes En Los Enanos Rebotando -¡Al fin hallé con quién hablar en los jarales de Coteruco! -decía Lucas refiriéndose a don Gonzalo; mientras don Gonzalo, recordando a Lucas, exclamaba: -¡Qué lástima que este chico tan despierto no tenga cincuenta mil duros! ¡Como si Lucas con cincuenta mil duros hubiera pensado en meterse a demagogo! Volvióse el estudiante a Madrid al fin del verano, dejando el germen de sus delirios en el alma de don Gonzalo, ya bien saturada de dudas y rencores, fruto natural de sus mezquinas vanidades; y dos meses después se dio por concluida la casa de arcos. Propúsose su dueño establecerse en ella de un modo ruidoso y llamativo; y después de amueblarla rumbosamente y de colgar en la sala la historia, en láminas, de Mazzeppa, presidida por el retrato del general Espartero, invitó a medio Coteruco a un sarao inaugural. Trajo de la villa los bizcochos y los azucarillos por arrobas; a carretadas las peras en dulce, y por cántaras el agua de limón; y con esto y el blanco de la Nava que acaparó en el pueblo, y los guisotes que preparó su cocinera, se pusieron Rigüelta, Barriluco y otros comensales de tal jaez, que ya no distinguían los dedos de la mano. Entre brindis, bocados y libaciones, se disparaban cohetes por todas las ventanas del edificio; tremolaban al aire blando de la noche los colores nacionales sobre el palo mayor de la fragata del tejado; y los relinchos de los ociosos mocetones, que desde abajo respondían al estruendo del banquete, aturdían la barriada. don Gonzalo jurara que la soledad del desierto y el frío de las estepas le envolvían en medio de aquella muchedumbre comilona, embriagada y soez. Ni don Román, ni don Lope, ni el señor cura, ni siquiera Toñazos el de la Callejona, ni Juan Antón el de la Portilla; no ya los señores de levita, pero ni aun los labradores de alguna formalidad, habían respondido a la invitación ni concurrido al sarao para darle el apetecido carácter con su presencia. ¡Y don Gonzalo que había soñado hasta con el concurso de Magdalena, a cuya beldad reservaba el obsequio de tres botellas de suspiros que habían de lanzarse al espacio en vistosas y variadas luces desde la copa de un rosal silvestre, de propio intento trasplantado al diminuto jardín contiguo a los arcos! Decididamente el hijo de Antón Bragas caminaba en Coteruco de equivocación en equivocación. Desde aquella noche funesta, cayó el ánimo de don Gonzalo en un abatimiento desconsolador. Temió perderlo todo en la lucha insensata que había intentado; y con el propósito de salvar del desastre siquiera a Magdalena, economizó sus visitas a Osmunda, que estimulaba sus rencores; y no solamente fue a misa todos los domingos, sino al altar mayor y con los mejores trapos de su equipaje. Mas no por eso le miró don Román con tiernos ojos, ni don Frutos te tomó por convertido, ni Magdalena, adivinándole las intenciones en sus miradas de azúcar, le propuso un rapto a media noche; ni, la verdad sea dicha, dejó don Gonzalo de tener montada sobre sus narices la respetabilidad inconquistable de don Román y el desdén implacable de todos sus convecinos.

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