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-Pero mi santo no ha menester vuestro rucio, porque él anda a caballo; ni yo supiera qué hacer de semejante alimaña, la cual, según he visto, ni con azogue en los oídos se menea. -El asno de mi escudero no puede ser lo que dice vuesa merced -respondió don Quijote-; porque si tan malo fuera, no se anduviera junto con mi caballo. Pero sea de esto lo que fuere, las riquezas de este santo deben de ir siempre a más, siendo el ingreso constante, ninguna la salida; y bien se pudiera aprovechar de ellas en obras pías, cosa que agradaría muy mucho al dueño del tesoro. Pues en suma, de nada sirven estos brazos y piernas preciosos, cuando hay tantas hambres que mitigar, tantos dolores que aliviar. La piedad al servicio de la caridad, es el bello y dulce misterio de la religión cristiana. -Nadie toca estas joyas, señor mío -respondió el cura-: fraude sería ese, que el santo castigaría con rigor. Le gusta ver de día y de noche estas prendas de veneración, y él sabe en sus altos juicios para lo que las destina. -¿El cura tiene derecho a ellas? -tornó Sancho a preguntar. -Cuando urge la necesidad -respondió el cura- puede disponer de tres o cuatro. -Como por vía de espumar este depósito -dijo Sancho- y a modo de seña de haber visitado el santuario, ¿no pudiera un pasajero tomar a su cargo dos o mas de estas alhajuelas? ¡No es bueno que yo me halle en disposición de contentarme con las más usadas! Algunillas que no le sirven al santo, señor cura; de esas que por antiguas han sido echadas al rincón. -Hará cosa de seis meses -respondió el cura- vino una loca a preguntar si a dicha no había por aquí algunas cucharas de plata, de esas que ya no sirven, y tuvo a modestia el afirmar que se contentaría hasta con una docena.

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350 mb Pocillos De Tinta Antiguos Fondo De Escotilla Cruzada Casi al propio tiempo se proclamó en una provincia lejana y con el apoyo gubernativo la candidatura presidencial, que desde allí fue comunicándose a todas partes, siempre en las mismas condiciones, «como un reguero de pólvora», según decían con admiración los diarios amigos, que ensalzaban los méritos incomparables del candidato, «representante de la juventud, y, por lo tanto, del progreso, ciudadano de iniciativa, como lo había demostrado en el gobierno de su provincia, espíritu liberal, enemigo de toda hipocresía y de toda bajeza, hombre tolerante, que sería el vínculo de unión entre los estados, las sociedades, las religiones, los partidos del país», y a quien acompañarían mañana, como le acompañaban hoy, «las fuerzas más sanas y eficaces del mismo, los jóvenes de corazón entero y altas aspiraciones patrióticas». -¡Paso a los jóvenes! -comenzaron a gritar, como gritara de la Espada en otros tiempos, en Los Sunchos. Buenos Aires -la provincia-, celosa de su hegemonía política, aunque ésta no fuese ya más que un hecho casi legendario, quiso oponernos otras candidaturas, arrastrar la opinión del país, enarbolando como bandera el nombre de preclaros patricios, y aun el de un político eminente que podía considerar conquistado el interior, porque en la lucha decisiva tomó, siendo porteño, partido a favor suyo y contra su provincia, como muchos otros, que no dejaban de tener razón, según ha podido verse después. Pero si todos los jefes de policía, si todas las autoridades obraban como yo, no había miedo de que nos arrebataran el poder, ni con sutilezas, ni con esfuerzos. De ello quedé convencido cuando Camino resultó electo Gobernador, y Casiano Correa, antiguo amigo de Tatita, Vice -con casi todas las actas protestadas, es cierto-, casi sin oposición, o -como decíamos entonces-, con «elecciones canónicas». ¿Que cómo se alcanzaba este resultado? Pues muy sencillamente. Preparándolo todo con tiempo, el padrón y el registro cívico, sorteando las mesas de modo que los escrutadores fueran nuestros, y contando con los jueces provinciales o federales para el posible caso de un juicio. En aquella época no hubo sino un juez que se atreviera a desafiar al poder, pero su derrota fue completa, por el momento, aunque hoy todos lo consideramos como ejemplarísimo y muchos hayamos contribuido a perpetuar en el mármol su memoria. ¿Diré, después de esto, que nuestro candidato a la presidencia resultó triunfante? No, ni he de contar tampoco el éxodo de sus comprovincianos, que invadieron la capital de la República, convencidos de haber triunfado con él. A mí mismo me dieron ganas de irme, y lo hubiera hecho, a ser de su provincia y de sus allegados. «No hay cosa mejor que tener buenas relaciones», decía Tatita.

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57 min Hotel Erotica 5 Habitaciones Fantasias 2 Viendo que Traddles volvía a mirar con ansiedad a mi tía, le recordé el segundo y último punto que había prometido. -Tú y tu tía me disculparéis, Copperfield, si toco, como temo, un asunto doloroso --dijo Traddles vacilando--; pero creo necesario recordároslo. El día de la memorable denuncia de míster Micawber, Uriah Heep hizo una alusión amenazadora al marido de tu tía. Mi tía, manteniéndose en su tiesa postura y aparente serenidad, asintió con la cabeza. -Quizá -observó Traddles- fuera sólo una impertinencia voluntaria. -No -contestó mi tía. -¿Existía, perdóneme, de verdad esa persona y estaba en su poder? -insinuó Traddles. -Sí, amigo mío --dijo mi tía. A Traddles se le alargó la cara perceptiblemente y explicó que no había podido tocar aquel asunto; que había compartido la suerte de las habilidades de míster Micawber al no ser comprendido en cuantos términos había usado; que ya no teníamos ninguna autoridad sobre Uriah Heep, y que si nos podía hacer a cualquiera de nosotros algún daño o causarnos alguna molestia, nos lo haría seguramente. Mi tía permaneció inmóvil hasta que otra vez algunas lágrimas rebeldes rodaron por sus mejillas. -Tiene usted razón --dijo, Estaba bien pensado el aludir a ello. -¿Podernos Copperfield o yo hacer algo? -preguntó Traddles suavemente.

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105 min Candice Michelle Lesbiana 3 Vías Video Yo no vi el triste desfile de los ocho mil soldados de Dupont cuando entregaron sus armas ante el general Castaños, porque esto tuvo lugar en Andújar. A pesar de que la primera y segunda división habían sido las vencedoras de los franceses, la honra de presenciar la rendición fue otorgada a la tercera y a la de reserva, por una de esas injusticias tan comunes en nuestra tierra, lo mismo en estos días de vergüenza que en aquellos de gloria. Por delante de nosotros desfilaron las tropas de Vedel, en número de nueve mil trescientos hombres, y dejando sus armas en pabellón, nos entregaron muchas águilas y cuarenta cañones. Les mirábamos y nos parecía imposible que aquellos fueran los vencedores de todo el mundo. Después de haber borrado la geografía del continente para hacer otra nueva, clavando sus banderas donde mejor les pareció, desbaratando imperios, y haciendo con tronos y reyes un juego de titiriteros, tropezaban en una piedra del camino de aquella remota Andalucía, tierra casi olvidada del mundo desde la expulsión del islamismo. Su caída hizo estremecer de gozosa esperanza a todas las Naciones oprimidas. Ninguna victoria francesa resonó en Europa tanto como aquella derrota, que fue sin disputa el primer traspiés del Imperio. Desde entonces caminó mucho, pero siempre cojeando. España, armándose toda y rechazando la invasión con la espada y la tea, con la navaja, con las uñas y con los dientes, iba a probar, como dijo un francés, que los ejércitos sucumben, pero que las Naciones son invencibles. -¡Cuánto siento que no esté aquí el Sr. de Santorcaz! -me dijo Marijuán al ver pasar por delante de nosotros a aquellos hermosos soldados, medio muertos de fatiga y de vergüenza-. ¿Te acuerdas de las grandes bolas que nos contaba cuando veníamos por la Mancha y nos refería las batallas ganadas por estos contra todo el mundo? -Lo que nos contaba Santorcaz -respondí-, era pura verdad; pero esto que ahora vemos, amigo Marijuán, también es verdad.

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porno Palin Fotos Desnudas Descarga Gratuita Milf »-En casa de gente güena -contestó la vieja-, sentate con confianza y tomá aliento pa contarme qué te trai tan estraviao. »Cuando medio se compuso, Dolores dijo lo que había sucedido frente del río, y dio unos suspiros como pa echar del pecho un daño. »La viejita que era sabia en esas cosas, lo consoló y dijo que si le atendía con un poco de pacencia, le contaría el cuento del flamenco y le daría unas prendas virtuosas, pa que se juera enseguida a salvar la moza, que no era bruja sino hija de una vecina suya. »Y sin dilación ya le dentró a pegar al relato por lo más corto. »Hace una ponchada de años, dicen que una mujer, conocida en los pagos por su mala vida y sus brujerías, entró en tratos con el Diablo y de estos tratos nació un hijo. Vino al mundo este bicho sin pellejo y cuentan que era tan fiero, que las mesmas lechuzas apagaban los ojos de miedo'e quedar bizcas. A los pocos días de nacido, se le enfermó la madre y como vido que iba en derecera'e la muerte, dijo que le quería hacer un pedido. »-Hablá m'hijo -le dijo la madre. »-Vea mamá, yo soy juerte y sé cómo desenredarme en la vida, pero usté me ha parido más fiero que mi propio padre y nunca podré crecer, por falta'e cuero en que estirarme, de suerte que nenguna mujer quedrá tener amores conmigo. Yo le pido pues, ya que tan poco me ha agraciao, que me dé un gualicho pa podérmelas conseguir. «-Si no es más que eso -le contestó la querida'el Diablo- atendeme bien y no has de tener de que quejarte: »Cuando desiés alguna mujer, te arrancás siete pelos de la cabeza, los tirah'al aire y lo llamah'a tu padre diciendo estas palabras: (Aquí se secretiaron tan bajito que ni en el aire quedaron señas de lo dicho. »Poco a poco vah'a sentir que no tenés ya traza'e gente, sino de flamenco. Entonces te volah'en frente'e la prenda y le decís estas otras palabras: (Aquí güelta los secreteos. »Enseguida vah'a ver que la muchacha se queda, cuanti más, de unas dos cuartas de altor.

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350 mb Cuantos Huesos Hay En Un Pene Allí salían a bailar todas sus ridiculeces, sus defectos morales y físicos, y hasta los detalles más o menos pintorescos y escabrosos de su vida privada. Tuve para esto dos colaboradores eximios en don Claudio Zapata y misia Gertrudis, que conocían la vida y milagros de la provincia entera, desde tres generaciones atrás. Aparte la genealogía minuciosa de cada familia, sabían todos los escándalos verdaderos y calumniosos, presentes, pasados y hasta futuros de cada uno de nuestros comprovincianos de significación. -¿Qué se puede decir de Fulano, misia Gertrudis? -Que es un mulatillo y nada más. El abuelo era un negro liberto de los Bermúdez, que entró de sacristán en San Francisco. Los buenos padres enseñaron a leer y escribir a los hijos, que se hicieron comerciantes en un boliche de almacén y pulpería, y ganaron platita. Me acuerdo que, cuando muchacha, al pasar el padre de este personaje de hoy, le cantábamos para hacerlo rabiar: La Habana se v'a perder la culpa tiene el dinero: los negros quieren ser blancos, los mulatos caballeros. Tenía el odio más inveterado y mortal contra los negros y mulatos, sólo comparable con el que dedicaba a los «carcamanes», o sea italianos burdos, a los «gringos», es decir, a los extranjeros en general, y a los catalanes, aunque fueran nobles hijos de la península ibérica, patria de sus antepasados. Para cada colectividad de éstas tenía una copla, más o menos chistosa, por ejemplo: A la orilla de un barranco dos negros cantando están: ¡Dios mío! ¡Quién fuera blanco. aunque fuese catalán! A los carcamanes, bachichas, «mangiapolenta», escasos por entonces en la provincia, no les economizaba dicterios, y el mismo doctor Orlandi, pese a su alta posición oficial y pecuniaria, no escapaba a sus tiros. Don Claudio le hacía coro y complementaba a veces sus recuerdos y observaciones, con análoga malevolencia, subrayando algún detalle o exhumando otros desconocidos u olvidados por su cara mitad.

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112 min Dios Salve A La Reina Pistolas Sexuales Desearía verle un momento. -Sí señor, está en casa -dijo Minnie-; con este tiempo y su asma no puede salir. Joe, llama a tu abuelo. La pequeña personita que le tenía agarrada por el delantal lanzó tal grito, que su sonido le asustó a él mismo y escondió la cabeza entre las faldas de su madre. Al momento oí que se acercaba alguien resoplando con ruido, y pronto mister Omer, con la respiración más corta que nunca, pero apenas envejecido, apareció ante mí. -Servidor de usted -dijo-. ¿En qué puedo servirle? -Estrechándome la mano, mister Omer, si usted gusta -dije tendiéndole la mía-. Fue usted muy bondadoso conmigo en cierta ocasión, y me temo mucho que entonces no le demostré que lo pensaba. -replicó el anciano-. Me alegro de saberlo; pero no puedo recordar. ¿Está seguro de que era yo?

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30 min Videos De Sexo -A usté. ¿Quié que entremoj antej en un merendero a tomá la mañana? -Hombre, yo no tomo mañanas ni tardes. Tómelas usted si quiere, aunque me parece que ya las tiene en el cuerpo. ¿Ha visto a Fernando? -No, señó. Der propio señorito hamos de platicá. Fue todo oídos D. Pedro, sobresaltado por el tonillo misterioso que en sus palabras el otro ponía, y no tardó en escuchar de los labios gitanescos una interesantísima declaración. Víctor Ibraim, la noche anterior, después de las horas pasadas en el café, había tenido ocasión de ver absolutamente disipadas las tinieblas que rodeaban la persona de Calpena, su origen, sus padres. en fin, ya no había enigma. Todo estaba descubierto y tan claro como la luz del sol. En su estupor, no pudo articular palabra D.

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87 min Abuelas Que Chupan Polla Y Fuman Un cielo gris, una claridad tibia y un campo de palideces multicoloras despiertan en mí más ideas y emociones que un cielo deslumbrante, una atmósfera cálida y un bosque lujurioso. -A mí me pasa lo mismo -dijo Plutarco. -Yo creo que una de las causas de lo prosaico, de lo cursi de casi todos nuestros literatos, obedece a la exuberancia de luz. No sé de poetas más ramplones que los nuestros. Mucha palabrería, eso sí; pero ni una idea, ni una emoción. Nada sincero, nada sobriamente artístico, nada hondo. -Que no le oigan a usted, doctor. Se le comerían vivo. ¡Ellos que se llaman entre sí: «Velázquez del verso», «Donatelos de la prosa», «egregios», «maravillosos». -Nuestra vanidad puede que también radique en el exceso de sol. En nuestros países se padece una irritación crónica del cerebro. -¿Y qué me dice usted de la envidia? En cuanto sale alguien independiente, que no adula, que no se casa con nadie, a formarle el vacío. -Es el procedimiento jesuítico.

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97 min Theodor Fahrner Joyas Vintage Para La Venta Don Juan Manuel Rosas, en armas ya contra la revolución, se dirigió a M. de Venancourt aprobando su conducta, y pidiéndole que retuviese la escuadra. Sin altura ni dignidad personal, confiaba su pequeñez y su miseria a sus mismos subalternos; ordenando a los jefes militares, de oficio, que mintiesen en sus comunicaciones aumentando el número de sus fuerzas. Pero más que esto. El cinismo del dictador llegaba a tal punto, que él mismo, de su puño y letra, escribía las instrucciones para los correos que partían de Buenos Aires para las provincias y Bolivia; ordenándoles que por todo su camino fuesen diciendo que: «S. E. trabajaba día y noche en sostén de la causa americana; que hasta las potencias extranjeras le tributaban respeto y admiración por su valor y por su genio; que todo el mundo estaba pronto a sacrificarse por él; que en todos los paquetes recibía cartas y regalos de los reyes; y que dentro de poco se iba a saber todo lo que él valía, etc. Capitaneó una de las épocas de la vida social, que con él, o sin él, tenía por fuerza que desenvolverse en el naciente pueblo; y no se hizo célebre por haber organizado esa época, sino por haberla ultrapasado en sus impulsos reaccionarios; y no se hizo espectable, individualmente, sino por la ferocidad de su alma, y por las infinitas circunstancias que los sucesos fueron eslabonando en torno suyo, debidos en su mayor parte a causas que no recibieran creación, ni impulsión de la cabeza de Rosas: como sucedió con la contramarcha repentina del Ejército Libertador, que dejaba abierto el camino por donde la tiranía reaccionaria debía marchar hasta su última expresión en la república. Sobre las tablas del tiempo fue septiembre de 1840 quien jugó el destino de los pueblos del Plata; y en perdida la libertad, la primavera de la Naturaleza no fue sino la primavera de sangre de los argentinos. Los sucesos que se precipitan, anudándolos con los sucesos anteriores que se conocen ya, nos van a dar a comprender todo lo que tiene de terrible y de lúgubre esa verdad. En la noche siguiente a aquella en que la policía federal comenzó a hacer de las suyas en la Casa Sola, y en que Luisa recibió por premio de su oración una inspiración que salvó a todos, varios hombres se habían ido reuniendo desde las ocho de la noche en un largo almacén de efectos por mayor, contiguo a una hermosa casa de altos que dominaba casi toda la calle de la Universidad. Los que llegaban llamaban de un modo especial, y la puerta del almacén se abría para cerrarse en el acto. Apenas allá en el fondo se distinguía la débil claridad de una luz, colocada tras una pila de cajones de vino y en redor de la cual iban juntándose los que llegaban. Y a pesar de la distancia que mediaba entre la calle y el fondo del almacén, en que se hallaban, la conversación, aunque animada, se sostenía, sin embargo, en voz baja.

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