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118 min Patrón De Ganchillo Marinero Adulto Libre

-Pues aquí me tienes -dijo Celestina-, deseando meterme hasta las cachas en la devoción de esa diosa Trastera, y hoy empiezo a rezarle padrenuestros y avemarías para que me tome en su gracia. La profesora de Ocultismo me dio a renglón seguido prueba magnánima de su confianza y del interés que se tomaba por mí. He aquí sus palabras: «Hoy han estado en la consulta dos señoras amigas tuyas. La Delfina quería cerciorarse de la fidelidad de un lindo coadjutor de San Sebastián, con quien cambió promesas de cariño místico y rigurosamente honesto. El dicho coadjutor se fue a Valladolid, donde al parecer se halla en coqueteos igualmente místicos, puros y honestos, con otra dama que allá tiene el negocio de ataúdes, según le han dicho a tu amiga en un anónimo. La señora que por el habla me pareció vizcaína está dislocada por ti, y anhela saber si puede contar con tu amor y tu lealtad en un largo viaje que emprender quiere contigo. Yo les hice un horóscopo con todas las de la ley, y ambas se fueron muy satisfechas. La tuya llevó la seguridad de que estás enamoradísimo de ella y de que la seguirás hasta el fin del mundo. La otra va dispuesta a cambiar de coadjutor, pues en Madrid tiene donde escoger». Último detalle de esta referencia fue que la vizcaína le había pagado en plata y Delfina Gay en calderilla. Salí de aquella casa con mi espíritu en rotación vertiginosa. Bajando la escalera creí que brincaban delante de mí negros animalejos con saltos de batracio. Los peldaños vetustos de la casa de don Hilario gemían bajo mis pies articulando frases que no entendí: sin duda me hablaban en idioma caldeo. El fresco de la calle no despejó mi alocado entendimiento. Éste se escapaba de la realidad, lanzándose con avidez jubilosa a navegar por el insondable océano ultraterreno. Cerca ya de mi casa, me parecían vanas y mentirosas las imágenes de los transeúntes que mis ojos veían en derredor. Añadiré que aquel estado mental, sin duda de carácter patológico, me transportaba suavemente a las penumbras de un delicioso éxtasis. ¡Qué gusto mecerme en el vacío y subirme a las estrellas, después de dar un puntapié al sólido asiento de la razón!

720p Botella De Cobalto Con 4 Estampados En La Parte Inferior.

93 min Botella De Cobalto Con 4 Estampados En La Parte Inferior. si no es la pluma de ámbar y batista con que las cantan los Pedro Fernández de la prensa aristocrática. - Antecedentes «No tiene escape. Denme ustedes un aire puro, y yo les daré una sangre rica; denme una sangre rica, y yo les daré los humores bien equilibrados; denme los humores bien equilibrados, y yo les daré una salud de bronce; denme, finalmente, una salud de bronce, y yo les daré el espíritu honrado, los pensamientos nobles y las costumbres ejemplares. Palabra por palabra, éste era el tema de muchas, de muchísimas peroraciones, casi discursos, del menor de los Bermúdez Peleches, del solar de Peleches, término municipal de Villavieja. Le daba por ahí, como a sus hermanos les había dado por otros temas; como a su padre le dio por la manía de poner a sus hijos grandes nombres, «por si algo se les pegaba». Tres varones tuvo y una hembra. Se llamaron los varones Héctor, Aquiles y Alejandro, y la hembra Lucrecia. Pero no le salió por este lado al buen señor la cuenta muy galana que digamos. Héctor, encanijado y pusilánime, no contó hora de sosiego ni minuto sin quejido. Aquiles, no mucho más esponjado que Héctor, despuntó por místico en cuanto tuvo uso de razón, y emprendió, pocos años después, la carrera eclesiástica. Lucrecia, de mejor barro que sus dos hermanos mayores en lo tocante a lo físico, al primer envite de un indiano de Villavieja, de esos que se van apenas venidos, dijo que sí; y con tal denuedo y tan emperrado tesón, que a pesar de ser el indiano mozo de pocas creces, ínfima prosapia y mezquino caudal, y a despecho de los humos y de las iras del Bermúdez padre, la Bermúdez hija se dejó robar por el pretendiente, se casó con él a los pocos días, y le siguió más tarde por esos mares de Dios, afanosa de ver mundo y resuelta a alentar a su marido en la honrosa tarea de «acabar de redondearse» en el mismo tabuco de Mechoacán en que había dejado, trece meses antes, depositados los gérmenes de una soñada riqueza. Alejandro, el Bermúdez nuestro, tuvo tanto de su homónimo, el de Macedonia, como sus hermanos Héctor y Aquiles de los dos famosos héroes de La Iliada; aunque, en honor de la verdad y escrupulizando mucho las cosas, algo vino a sacar, ya que no del insigne conquistador, de su padre, pues llegó a ser tuerto como el gran Filipo. Por lo demás, fue el varón más fornido de la casa, y el más sano y animoso. Eligió la carrera de Derecho, y le envió su padre a la Universidad, mientras Aquiles estudiaba Teología en el Seminario, y se sabía, por lo que propalaba la familia del mejicano, que Lucrecia estaba en Mechoacán engordando a más y mejor con la alegría de ver acrecentarse, de hora en hora, el caudal de su marido. Héctor, hecho una miseria, se quedó en Peleches al cuidado de su padre.

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HDTV Esposa Recién Casada Folla Polla Negra

119 min Esposa Recién Casada Folla Polla Negra -decían otros. -Ésta ha sido una sorpresa -repetían algunas maliciosas-, una travesura de la condesa para divertirse a expensas de ese pobre tonto. -¡Y qué guapo es! -observaban las más jóvenes. -Sin embargo, es un necio, ¿qué hace allí inmóvil como el convidado de piedra en el festín de D. Juan? En efecto, la sorpresa, la confusión, la vergüenza y el despecho de Carlos, habíanle dejado estático por algunos momentos, y cuando advirtió el ridículo papel que estaba haciendo en aquel salón resplandeciente, lanzose fuera de él con la misma impetuosidad con que había entrado, sin saludar a nadie ni saber lo que hacía. En cualquiera otra circunstancia este extraño episodio de la fiesta hubiera sido celebrado con unánimes risas y burletas; pero la extrema palidez que se extendió por el rostro de la condesa, la ansiedad con que sus miradas siguieron a Carlos, y la visible emoción que la obligó a sentarse cuando al parecer quiso seguirle, todo esto que no se escapó a las perspicaces personas que la rodeaban, dieron otro colorido muy diferente al cuadro. Cada cual sospechó una amorosa aventura, una escena novelesca, en lo que pronto parecía una casualidad insignificante y risible o una torpeza de cortesano novicio, y nadie se atrevió a ridiculizarla. Por el contrario, hacíanse en voz baja mil diversos comentarios: los hombres concebían celos de la emoción que la sola vista de Carlos causaba en la condesa, y las mujeres, que veían allí sin poderlo dudar una imprudencia de amor cometida por un joven de interesantísima figura, envidiaban en secreto a la mujer que podía quejarse de ella. Mientras tanto, Carlos bajaba las escaleras como un loco, y hallándose al momento en la calle echó a andar desatinado y sin saber a dónde. Tenía el necesario amor propio para sentirse avergonzado y casi furioso del ridículo que acababa de echar sobre sí delante de la condesa; y como si ésta hubiera debido preverlo, como si fuese culpa suya, indignábase contra ella y casi la aborrecía. Acordábase haberla visto hermosa y adornada en medio de sus adoradores, en el momento en que él se presentó como un loco creyendo hallarla acaso moribunda. Dudó de su amor, dudó de su voluntad. Ocurriósele al insensato que acaso se burlaría ella misma con sus amantes del raro espectáculo que acababa de ofrecerles, y en su arrebatamiento de cólera, de despecho y de dolor, estuvo a punto de volver a casa de la condesa para abrumarla de injurias en presencia de toda su tertulia. En aquel momento volvía a ser para él la coqueta sagaz, fría, implacable. En aquel momento no pensaba en Luisa, ni en nadie, sino en aquella mujer a quien aborrecía, y a quien se proponía sin embargo despreciar. Hallose en el Prado sin haber tenido intención de ir a él.

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104 min El Nombre Real De La Luna Expuesta De Milf

70 min El Nombre Real De La Luna Expuesta De Milf -Y citó varios casos de muerte aparente, no sin horror de los circunstantes. -Esa está muerta -contestó otro-, y bien muerta, por desgracia. ¡Triste destino! -sollozó una vieja-. Llegó anoche y al primer baño. Diríase que vino expresamente a ahogarse. Y todos volvían los ojos hacia la inmensa llanura espumosa. -Hoy es día muy peligroso para bañarse -observó un bañero-. La mar está muy picada y el oleaje es muy recio. -¿Ha visto usted a mi hijo? -preguntó acongojada al bañero una señora de luto que venía del pueblo atraída por la noticia de la muerta. -No -contestó el bañero. -Le busco por todas partes y no le hallo. Le vio usted bañarse? -Señora, no lo sé. ¿Sabe nadar? -¡Oh, sí, muy bien! -Pues si sabe nadar no tema usted, por más que la mar no está hoy para bromas.

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97 min Mujeres De Ébano Con Chicos Blancos Porno

Camrip Mujeres De Ébano Con Chicos Blancos Porno Lucía en su garganta la perla de la reina de Egipto, y al pecho, la Cruz. Los ojos imperiosos y serenos de Catalina, más lumbrosos y glaucos que las esmeraldas, recorrían el concurso, queriendo adivinar quién de aquellos, herido por el dardo de la gracia, iba a seguirla hacia Jesús. Y su mirada de agua profunda parecía elegir, señalando para el martirio y la gloria. »Antes de empezar la disputa, se esperaba la orden del emperador. Maximino alzó la mano. Y salió primero a la palestra aquel envidioso Gnetes, el denunciador de Catalina. »Habló con la malicia del que conoce el pasado del adversario, y lo aprovecha. Recordó a Catalina su culto de la hermosura, y alegó que la forma es superior a todo. Insinuó que la princesa, idólatra de la forma, buscaba en las líneas de los esclavos las semejanzas de los dioses. Esta fue una untura de calumnia que preparó el terreno para que la hija de Costo resbalase. Un murmullo picaresco zigzagueó al través de la concurrencia; varios cristianos, que entre ella habían tomado puesto, fruncieron las cejas, indignados. Gnetes, en un período brillante, increpó a Catalina por haberse apartado del culto de Apolo Kaleocrator, árbitro inmortal de la estética, padre del arte, que sobrevive a las generaciones y las hechiza eternamente. Y en arranque oratorio, señaló a la blanca estatua del numen, un mancebo desnudo, coronado de rayos. »Catalina se levantó a refutar brevemente. Ella, que siempre había profesado la adoración de la Belleza, ahora la conocía en su esencia suprasensible. No desdeñaba al simulacro apolínico, pero sabía que Apolo Helios era el Sol, mero luminar de la tierra, criatura de Dios, perecedero y corruptible como toda criatura. Si el mito solar tenía otras infames representaciones en las procesiones itifálicas, al menos la de Apolo era artística, era lo noble, lo sublime de la estructura humana. En este sentido, Catalina no estaba a mal con el numen.

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50 min Super Nintendo Street Fighter 2 Chupa

24 min Super Nintendo Street Fighter 2 Chupa ¡Ángel de Dios! Cuando ya los colmillos se te caen de viejos. ¡baldragonas! -¡Tasia, no me provoques! ¡Y mire usté cuándo! -¿Cuando qué? -Cuando tengo el corazón lo mesmo que una zambomba, reventando por cantar. -¿No lo dije yo? ¡otra tenemos! Pues canta, serrano. -¡Pues canto, caráspitis, aunque las hieles mismas me salgan por la boca! Tasia, bien sabes tú que en la vida no más que una vez se quiere. aunque otra cosa se diga. ¡A mí me llegó la hora! Pues ya tardaba, Macabeo. A bien que no has dejado de entretener la espera. -Tasia, con agua pasada no muele el molino; y por otra parte, aquellos quibiscuobis de que hablabas, nunca tuvieron arte ni concierto.

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67 min Esposa Me Hace Chupar La Polla Negra

20 min Esposa Me Hace Chupar La Polla Negra La impaciencia y malhumor del General en Jefe se comunicaron a cuantos estaban cerca de él. Por fin, a las tres de la tarde, en vista de que el convoy no llegaba, ordenó atacar al enemigo. Yo me retiré a retaguardia porque no había ido a la campaña con miras heroicas. El Sargentico, que todo lo sabía o lo adivinaba, me dijo que la línea carlista se extendía desde Dicastillo hasta el puerto de Eraul, y que el pueblo que atacaban los nuestros era Abárzuza. Hubo un momento en que estuve muy cerca del General Concha; le vi a caballo, revestido de su impermeable, echando los anteojos al lugar del combate. No bien empezaron a disparar los cañones, estalló en los aires una horrísona tempestad de truenos, rayos, centellas y demonios coronados. El espectáculo que daban juntamente el cielo y la tierra, confundiendo su furor y estruendo, pertenecía ¡vive Dios! al orden de las cosas más sublimes que pueden verse en la vida. No sabré yo deciros que mis ojos percibieron los pormenores de la lucha, ni tampoco preciso el tiempo que duró. Sólo sé que después de abrasar con incesante fuego a los pueblos enemigos, lanzáronse contra ellos en frenética legión las tropas de los Generales Echagüe y Martínez Campos. Al anochecer eran nuestros los lugares de Abárzuza, Zurucuáin y Montalbán. Llegada la hora del reposo, que tan bien habían ganado los esforzados combatientes, consulté yo con mi espolique a dónde iríamos a repararnos del cansancio, del hambre y la mojadura, y el buen Ferminico me dijo guiñando el ojo: «Señor; vámonos a Zurucuáin, donde tenemos la posada de mi primo Matías, que nos dará un trato superior. Además, para que usted se alegre un poco, le diré que en ese pueblo hay chicas mucho guapas». Ni sosiego ni comodidad tuve en la posada de Zurucuáin por causa del gran gentío que la invadió aquella noche, y en cuanto a las lindas mozas de que me habló El Sargentico declaro a fe de buen galanteador que no las vi por ninguna parte. De madrugada supimos que el convoy que esperaba el General Concha había llegado a Murillo, y que se habían circulado órdenes a todo el Ejército para el combate del siguiente día. En la mañana del 27, las tropas de Martínez Campos rompieron el fuego amenazando con coronar la sierra de Estella, que domina el pueblo de Zurucuáin. Mi amigo Palazuelos me dijo que el General en Jefe había dado orden de no consumar la operación hasta que la columna que estaba en Abárzuza tomase Murugarren y el caserío de Muru. La misma orden se dio a los que atacaban al pueblo de Grocín.

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90 min Programa Residencial De Jóvenes En Florida.

81 min Programa Residencial De Jóvenes En Florida. Luego se entablaba tímidamente en voz baja, algún diálogo soso. «Hace frío, ¿eh? «Sí, yo también lo noto». «Y mire usted, es raro; aún puede decirse que no llegó noviembre». «Pues tiene usted razón: enfriaron muchísimo las tardes». Etc. Mientras palabreaban, el pensamiento estaba allá, en la otra sala, la que caía a la marina, donde las del duelo sabían que se encontraban el cadáver, y de donde iban a sacarlo muy pronto. Con disimulo miraban todas para Argos, deseando y temiendo a la vez la dramática escena que cortaría el denso aburrimiento de tan fastidiosas horas. Me han dicho después (porque yo en tales momentos no estaba para observaciones) que Argos era una perfecta y hermosísima imagen del extravío mental. Me aseguró doña Milagros que sólo se la podía comparar a una Dolorosa, pero una Dolorosa que, en vez de derramar lágrimas, se encontrase a punto de perder la razón. Sus desencajadas facciones parecían esculpidas en fino marfil; sus inmensos ojazos negros miraban con persistencia a un punto del espacio, y el mirar destellaba sombrío fuego, como si lo que veía Argos fuese alguna aparición horrenda. El lienzo de Doña Juana la Loca, de Pradilla, puede dar idea del semblante y expresión de mi hija en tal momento. Las señoras del duelo cuchicheaban, conviniendo en hablar más alto y hacer ruido para que no se oyesen martillazos, pasos ni salida de los restos. A cada sordo rumor que venía de fuera, estremecíase Argos con hondo escalofrío, y giraban sus pupilas, volviendo después a la fijeza propia de la insania. Aún cuando ningún ruido sospechoso delató la llegada de los mozos que debían bajar la caja, Argos, como si les olfatease, de pronto se enderezó, y sin pronunciar palabra, rígida, tan pálida como la difunta, estiró el brazo y el dedo señalando a la puerta, mientras dilataba sus papilas el espanto de una visión. Era una actitud admirable, digna de una gran trágica.

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