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16 min Ella Pone Consolador En Su Culo

-Voy a servirte, Gorio; y dígote que ni gota de agua ni punto de sosiego quiso tomar el hombre en tóo el camino. Cuanto más andaba, más fresco se ponía; y el que más y el que menos de nusotros, no podía con el arma al llegar a la estación del tren. Allí quiso Patricio meter mucha bulla pa que la gente le viera. ¡y tamién allí (te lo juro, Gorio, por éstas que son cruces) tentao estuve yo de envasarle la bayoneta en el arca! porque has de saber, pa que lo sepas, que al verse injuriao así el señor don Román, soliviantóse de vergüenza, y glárimas le saltaron a los mesmos ojos de la cara. -Mala estuvo esa partía, Carpio: te lo confieso. -Te digo, Gorio, que si te tengo a la vera entonces. hacemos una gorda entre los dos. -Anda pa lante, Carpio. -Voy allá, Gorio. Pues llegó en esto runflando el tren. como tú sabes que runfla. -Sí: runfla una barbaridá. Dos veces le he visto. -Y llegando el tren, en él nos metimos.

WEB-DL Efectos Del Cáncer De Mama En El Cuerpo.

59 min Efectos Del Cáncer De Mama En El Cuerpo. A Rosa se la humedecieron los ojos; Plutarco le miró con profunda gratitud, y Mimí le saltó a las piernas. Después añadió: -A usted, mi querido Plutarco, le recomiendo Rosa. Estoy seguro de morir antes que ustedes. -¡Oh, doctor, no diga usted eso! -exclamó Plutarco conmovido. -Tú nos entierras a todos -agregó jovialmente Rosa, tratando de disimular su emoción. -Al tiempo. Siento que las fuerzas me faltan. Hasta la memoria, que me fue siempre fiel, empieza a flaquearme. ¡He padecido tanto! Ya es hora de volver -agregó tras un largo silencio. Plutarco y Rosa se miraron como no se habían mirado nunca. Los ojos de aquel hombre casto adquirieron un brillo ardiente que sacudió los nervios de la francesa. En lo profundo de sus almas sintieron ambos como un estremecimiento de vergonzosa complicidad incipiente. El ardor diurno se había transformado en un fresco ligeramente punzante.

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14 min Chico Y Mujer Madura Follando Video

12 min Chico Y Mujer Madura Follando Video Y yo le voy queriendo también . ¿Y por qué no había de hacerme feliz el amor de una alma tan generosa y tan elevada? - ¡Clemencia, estás enamorada! - No sería difícil, ya me conoces, soy original en mis ideas. No he amado nunca, porque no he encontrado jamás el alma a la altura de las cualidades físicas, y sería triste para mi amar una bella estatua. ¿Pues no hay bastante belleza con la de la mujer? Yo busco en el escogido de mi corazón, la fuerza, la energía, la inteligencia y la elevación de sentimientos: todo eso he creído entrever en Fernando. Hasta hoy, no se enteramente si es mi ideal, porque menos confiada que tú, no acepto tan fácilmente a un desconocido. Creo en su talento, porque eso se revela desde el primer instante; pero aún no conozco ni su valor personal ni la generosidad de sus acciones. Así es que me reservo. Mira: no le amo aún; pero si cualquier suceso me hiciese conocer de una manera indudable las grandes dotes que le supongo, le amaría con toda mi alma, le adoraría y procuraría hacerle dichoso con toda la pasión de que una mujer es capaz. Nada habría en el mundo que me detuviera para ser suya; ni la fortuna ni la gloria tendrían para el más tesoros que los que podrían ofrecerle mi amor ardiente y mi ternura inmensa. ¡Feliz el hombre a quien yo ame, Isabel, porque le amaré como no se acostumbra amar hoy, como es difícil que se ame en el mundo! ¿Y ya me ves tan altiva, tan desdeñosa, tan exigente?

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91 min Los Grandes Gays Comen El Culo Tambien Los cargos de Presidente y Secretario de estas Secciones equivalían a los de Ministro y Subsecretario de los diferentes ramos. Sin puntualizar una por una las diversas expediciones marítimas que efectuaron los barcos insurgentes a fines de Septiembre, procuro corregir mi deficiente sentido cronológico y me apodero de algunas fechas, claveteando en mi memoria la del 24 porque ella señala mi nada lucida incorporación a la escuadra que fue al bombardeo de Alicante con las miras que fácilmente supondrá el lector. Mi amigo Cárceles, que se empeñaba en hacer de mí una figura heroica, me metió casi a empujones en elFernando el Católico, vapor de madera, inválido y de perezosos andares, el cual iba como transporte llevando gente de desembarco ganosa de probar en una plaza rica la fortaleza de su brazo y el largor de sus uñas. Al conducirme a bordo, Cárceles puso en mi compañía para mi guarda y servicio a un presidiario joven, simpático y hablador, que desde el primer momento me cautivó con su amena charla y la variedad de sus disposiciones. Antes de bosquejar la figura picaresca de mi adlátere y edecán, os diré que el Cantón creyó deber patriótico cambiar el nombre del barco en que íbamos, pues aquello de Fernando, con añadidura de el Católico, conservaba el sonsonete del destruido régimen monárquico y religioso. Para remediar esto buscaron un nombre que expresase las ideas de rebeldía triunfadora, y no encontraron mejor mote que el estrambótico y ridículamente enigmático de Despertador del Cantón. A la hora de navegar en el Despertador, mi asistente o machacante hizo cuanto pudo para mostrarse amigo, refiriéndome con donaire su corta y patética historia. Resultó que hacía versos. En su infancia se reveló sacando de su cabeza coplas de ciego; luego enjaretó madrigales, letrillas y algunas composiciones de arte mayor que corrían manuscritas entre el vecindario de su pueblo natal, la villa de Mula. Por algunos trozos que me recitó comprendí que no le faltaban dotes literarias, pero que las había cultivado sin escuela ni disciplina. Casó muy joven con moza bravía; surgieron disgustos, piques, celeras, choques violentísimos con varias familias del pueblo. Cándido Palomo, que tal era su nombre, alpargatero de oficio y en sus ocios poeta libre, llegó una noche a su casa con el firme propósito de matar a su mujer; mas tuvo la suerte de equivocarse de víctima y dio muerte a su suegra, que era la efectiva causante de aquellos líos y el impulso inicial de la tragedia. Cuando Palomo entró en presidio compuso un poema lacrimoso relatando su crimen y proceso. Aunque plagado de imperfecciones, el poético engendro me recordó el libro primero de Los Tristes de Ovidio y aquel verso que empieza Cum repeto noctem. Con estas y otras divertidas confidencias de aquel ameno galopín, que también repitió una letrilla y un romance burlesco que había dedicado a cantar las malicias de su suegra días antes de despacharla para el otro mundo, entretuvimos las horas lentas de la travesía, terminada a las nueve y media de la noche frente a la ciudad del turrón, la dulce Alicante.

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71 min Cómics Desnudos Lara Jones Día Exitoso

250 mb Cómics Desnudos Lara Jones Día Exitoso La tarde pasó muy bien. Dora estaba sentada a mi lado con su brazo apoyado en mi sillón, mientras Traddles y yo discutíamos sobre la calidad de mi vino, y a cada instante se inclinaba hacia mí para darme las gracias por no haber sido gruñón ni malo. Después nos hizo el té, y yo estaba tan encantado viéndoselo hacer, como si hiciera las comiditas de la muñeca, que no me hice el difícil sobre la calidad dudosa del brebaje. Después Traddles y yo estuvimos un rato jugando a las cartas, mientras Dora cantaba acompañándose con la guitarra, y me pareció que nuestro matrimonio sólo era un hermoso sueño y que todavía estábamos en la primera tarde en que había oído su dulce voz. Cuando Traddles se fue lo acompañé hasta la puerta, y después volví al salón; mi mujer vino a poner su silla al ladito de la mía. -¡Estoy tan triste! ¿Quieres enseñarme a hacer algo, Doady? -Pero en primer lugar tendría que aprenderlo yo, Dora -le dije yo-; no sé más que tú, pequeña. -¡Oh, pero tú puedes aprenderlo! -repuso-. ¡Tú tienes tanto talento! -¡Qué locura, ratita! -Yo hubiera debido -añadió después de un largo silencio-, yo hubiera debido ir a establecerme al campo y pasar un año con Agnes. Tenía las manos juntas, apoyadas en mi hombro; reclinó también la cabeza, y me miraba dulcemente con sus grandes ojos azules.

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47 min Cómics Gratis De Madre E Hijo

67 min Cómics Gratis De Madre E Hijo Venga un poco aquí y le diré. Me tomó aparte, y continuó. -Porque usted tiene. Y me dejó boquiabierto, presentándome de memoria un inventario de mi fortuna, que yo mismo hubiera sido incapaz de hacer, ni aun tomándome dos meses de tiempo para buscar los datos y ordenar los papeles. Total, realizando en aquel momento, mi capital ascendería, por lo menos, a un millón seiscientos o setecientos mil nacionales. Ahora bien, habría que rebajar la deuda a los Bancos (pero ésta no era de preocuparse), y considerar que yo no tenía renta alguna, sino el simple aumento por la especulación. Pero eso no importaba. Eulalia tenía rentas de sobra, y yo, con «dejar dormir», mis propiedades, me despertaría una mañana poderoso. -«¡Déquese estar! ¡Déquese estar! -me repetía Rozsahegy, sonriendo con su ancha cara rojiza y bigotuda de mozo de cordel-. En este país, para ganar plata, lo mejor es no hacer nada, nada, nada sino esperar las gangas. Para hacerse rico «trabacando», hay que ser muy vivo y no tener «sonseríos». Divertido, y, al propio tiempo, vejado por esto, quise poner término a los desarrollos económicos de mi futuro suegro, diciéndole: -¡Pero don Estanislao! Si me caso con Eulalia es sencillamente porque la quiero, no por otra cosa.

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