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104 min ¿cuántos Huesos Tiene Un Gorila Adulto?

Baranda había enflaquecido tanto que desaparecía bajo las sábanas como un niño. Los cabellos y la barba eran casi de nieve y la nariz y la frente parecían de marfil. Se le hincharon los párpados y las piernas y la cabeza le dolía como si le escarbasen los sesos. Se vio obligado a pasar muchas noches en una butaca porque no podía permanecer tendido. Hubo junta de médicos. -Se muere -opinaron. Uno de ellos, llamando aparte a Plutarco, añadió: -Si no ha hecho sus últimas disposiciones, que las haga en seguida. Alicia, al oír estas palabras, le preguntó a Plutarco con ansiedad: -¿Ha testado? -Sí, hace tiempo. Y la deja a usted todos sus bienes -respondió Plutarco con desprecio. -Usted ¿cómo lo sabe? -replicó Alicia con creciente nerviosidad. Plutarco entró en el gabinete, abrió una gaveta y sacando un papel (la minuta del testamento) se la mostró a Alicia. -Vea usted. La deja a usted todo lo que hay en la casa y un seguro de vida de cien mil francos. ¡Valiente cosa!

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500 mb Viejos Eróticos Asiáticos Gratis Sin Registro ¡Para gente mayor, el chocolate espeso! Adela, caprichosa, pedía para sí la taza que tuviese más espuma. -Esta, Adela -le dijo Juan, poniendo ante ella, antes de sentarse, una de las tazas de coco negro, en la que la espuma hervía tornasolada. -le dijo Adela, mientras que todos reían-; ¡me has dado la de la ardilla! Eran unas tazas, extrañas también, en que Juan, amigo de cosas, patrias, había sabido hacer que el artífice combinara la novedad y el arte. Las tazas eran de esos coquillos negros de óvalo perfecto, que los indígenas realzan con caprichosas labores y leyendas, sumisas éstas como su condición, y aquellas pomposas, atrevidas y extrañas, muy llenas de alas y de serpientes, recuerdos tenaces de un arte original y desconocido que la conquista hundió en la tierra, a botes de lanza. Y estos coquillos negros estaban muy pulidos por dentro, y en todo su exterior trabajados en relieve sutil como encaje. Cada taza descansaba en una trípode de plata, formada por un atributo de algún ave o fiera de América, y las dos asas eran dos preciosas miniaturas, en plata también, del animal simbolizado en la trípode. En tres colas de ardilla se asentaba la taza de Adela, y a su chocolate se asomaban las dos ardillas, como a un mar de nueces. Dos quetzales altivos, dos quetzales de cola de tres plumas, larga la del centro como una flecha verde, se asían a los bordes de la taza de Ana: ¡el quetzal noble, que cuando cae cautivo o ve rota la pluma larga de su cola, muere! Las asas de la taza de Lucía eran dos pumas elásticos y fieros, en la opuesta colocación dedos enemigos que se acechan: descansaba sobre tres garras de puma, el león americano. Dos águilas eran las asas de la de Juan; y la de Pedro, la del buen mozo Pedro, dos monos capuchinos. Juan quería a Pedro, como los espíritus fuertes quieren a los débiles, y como, a modo de nota de color o de grano de locura, quiere, cual forma suavísima del pecado, la gente que no es ligera a la que lo es. Los hombres austeros tienen en la compañía momentánea de esos pisaverdes alocados el mismo género de placer que las damas de familia que asisten de tapadillo a un baile de máscaras. Hay cierto espíritu de independencia en el pecado, que lo hace simpático cuando no es excesivo. Pocas son por el mundo las criaturas que, hallándose con las encías provistas de dientes, se deciden a no morder, o reconocen que hay un placer más profundo que el de hincar los dientes, y es no usarlos.

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46 min Fotos De Hombres Sin Pelo Con El Pecho Peludo -Bueno, Lucía: tú sí me quieres. Pero ¿qué te hago yo que explique esas durezas tuyas de carácter, para mí que vengo a ti como viene el sediento a un vaso de ternuras? Más cariño no puedes desear. Pensar, yo sí pienso en todo lo más difícil y atrevido; pero querer, Lucía, yo no quiero más que a ti. Yo he vivido poco; pero tengo miedo de vivir y sé lo que es, porque veo a los vivos. Me parece que todos están manchados, y en cuanto alcanzan a ver un hombre puro empiezan a correrle detrás para llenarle la túnica de manchas. La verdad es que yo, que quiero mucho a los hombres, vivo huyendo de ellos. Siento a veces una melancolía dolorosa. ¿Qué me falta? La fortuna me ha tratado bien. Mis padres me viven. Me es permitido ser bueno. Y además, te tengo -le dijo tomándola, cariñosamente de la mano que Lucía le abandonó como apenada y absorta. -Te tengo, y de ti me vienen, y en ti busco, las fuerzas frescas que necesito para que el corazón no se me espante y debilite. Cada vez que me asomo a los hombres, me echo atrás como si viera un abismo; pero de cada vez que vengo a verte, saco un brío para batallar y un poder de perdón que hacen que nada me parezca difícil para que yo lo acometa. No te rías, Lucía; pero es la verdad. ¿Tú has leído unos versos de Longfellow que se llaman «Excelsior»?

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22 min Chicos Follando Milfs En El Culo Ni en medio de la mar. Dos horas, dos horas dando repiquetes sin poder encontrar la ruta. Quería balizarme por la torre de la Catedral, y cuando la dejaba demorando por estribor, se me aparecía por babor. Si no sale usted, compadre, creo que aquí me encuentran heladito por la mañana, porque ya no puedo con mi alma. -Vamos, ya está usted en salvo. Yo le llevaré a su casa. ¿Dónde es? -¿Mi casa. ¿Mi casa. Pito mirándole con estupidez, y echando sobre la cara de su interlocutor un vaho de aguardiente que tumbaba. -¿Es la fonda del Lino, la Imperial? -No, fonda no es. Déjeme fijar esta condenada cabeza, que con las vueltas de las calles se me ha puesto perdida. -¿Ha venido solo a Toledo? -No, hombre.

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12 min Slutload 40 Rubia Milf Doble Pluma ¿qué derecho tenía él a vivir pereciendo ella, ni para qué quería la vida aunque se la dejaran de misericordia? Esto no era rebelarse contra las leyes de Dios; era sacrificarse a un deber de caridad, de conciencia, de honor y de justicia. Él la había puesto en aquel trance; pues quien la hizo que la pagara. Esta era jurisprudencia de todos los códigos y de todos los tiempos, y de todos los hombres honrados. ¿Comprometes la vida ajena? Pues responde con la propia. ¿Qué menos? Esto entre vidas de igual valor. Pero ¿qué comparación cabía entre la vida de Nieves y la vida de Leto? ¡La vida de Nieves! Todavía concebía él, a duras penas, que por obra de una enfermedad de las que Dios envía, poco a poco y sin dolores ni sufrimientos, esa vida hubiera llegado a extinguirse en el reposo del lecho, en el abrigo del hogar y entre los consuelos de cuantos la amaban; pero de aquel otro modo, inesperado, súbito, en los abismos del mar, entre horrores y espantos. ¡y por culpa de él, de una imprudencia, de una salvajada de Leto! Lo dicho: aun después de salvar a Nieves, quedaba su deuda sin pagar; y su deuda era la vida; y esta deuda debió habérsela cobrado el mar en cuanto dejó de hacer falta para poner en salvo la de su pobre víctima. Todo esto era duro, amargo, terrible de pensar; pero ¿y lo otro, lo que estaba ya para suceder, lo que casi tocaba con las manos y a veces se las inducía a dar contrario rumbo a su yacht? ¡Cuando éste llegara al puerto, y hubiera que pronunciar la primera palabra, dar la primera noticia, las primeras explicaciones, aunque por de pronto se disfrazara algo la verdad que al cabo llegaría a conocerse? Don Alejandro, sus servidores y amigos. la villa entera, la misma Nieves, después de meditar serenamente sobre lo ocurrido.

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WEB-DL Fotos De Día De San Patricio Nude Gratis -dijo Baranda-. Sigamos nuestro paseo y lo que fuere sonará. Andando, andando llegaron a un molino. Por un plano inclinado, hecho de cadenas y tablitas, subía un caballo ciego, subía, subía y nunca llegaba, haciendo girar aquella a modo de correa metálica que ponía en movimiento el molino. Daba angustia verle trepando, trepando sin cesar, fatigoso, resbalándose, por aquella pendiente movediza, mientras el trigo caía hecho polvo en una caja. El médico halló cierta similitud entre el destino de aquel pobre animal ciego y el suyo. Ambos subían por una cuesta penosa y dura sin esperanza de reposo, a no ser en la muerte. Cuando el caballo jadeante, sudoroso, se paraba para cobrar aliento, un latigazo le recordaba que debía seguir andando sin tregua como si formase parte de aquel mecanismo que se movía gracias a él. El ruido de sus cascos se confundía con el del herraje de la correa y el del molino que trituraba el trigo. Fuera, en el campo verde y luminoso, pacían otros caballos sueltos y alegres, de piel lustrosa y ojos fulgurantes. El mar se había retirado lejos, muy lejos. En el horizonte, entre un boscaje de nubarrones grises, llameaba el sol. Grandes brasas de ópalo y naranja centelleaban en el fondo. Desgarraduras bermejas atravesaban el seno de una nube de un violeta profundo. Por el mar, casi inmóvil, rodaban ligerísimos copos de espuma. Un inmenso nublado se deshizo de pronto en flecos de áureos bordes encendidos.

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103 min Descargar Gratis Mpeg 4 Porno Para Adultos -Sigue, sigue. -Saldría a ver un poco el mundo, si le daba la gana; educaría a sus hijos en el temor de Dios y a la altura de las necesidades del día. -¡Echa, echa, hijo de una perra! -Y con tal que quisiera bien a su marido y se creyera muy honrada con él. con franqueza, hombre, pide por esa boca! -En conclusión, don Robustiano: mi hijo y yo hemos pensado para el caso en doña Verónica, cuya mano vengo a pedirle a usted para Antón. Verde, amarilla, azul. de veinticinco colores se puso la cara del orgulloso solariego al oír las últimas palabras de Zancajos, y ya se disponía, no sé si a tirarle con un mueble o a llamar en su auxilio todas las furias del averno, pues de ambas cosas tenía trazas, cuando el salón, que poco a poco había ido quedándose medio a oscuras con la intensidad del nublado, viose súbitamente iluminado por una luz fatídica y fosforescente: los próximos castaños doblaron rugiendo sus pesadas copas; se abrieron con estrépito las puertas del balcón; estalló en los aires un trueno despatarrado, es decir, según el diccionario montañés, agudo, estridente, como si el cielo fuera una inmensa lona y la rasgasen a estirones desiguales dos gigantes enfurecidos; las nubes se desgajaron, y el huracán, arrollando con su ira potente mares de agua y pedrisco, inundó con ello valles, callejas y tejados. y del achacoso palacio lanzó un quejido lúgubre, aterrador, como si, rindiéndose a la pesadumbre de los años y al furor de la tempestad, gritase a sus cobijados: «¡Sálvese el que pueda, que yo me hundo! Todo esto junto sucedió en brevísimos instantes. Verónica, que aguardaba con afán la respuesta de su padre a la demanda de Toribio, lanzó un grito, don Robustiano dos, y Zancajo un ¡zambomba! que valió por diez; y acto continuo los tres personajes, atropellándose unos a otros, salieron despavoridos al corral. Allí, guarecidos de la lluvia, bajo la teja-vana, estuvieron largo rato esperando a que se desplomaran los últimos restos de la grandeza de don Robustiano. Qué angustias pasaría este desdichado en aquella situación, durante la cual no se atrevió a abrir los ojos, no hay para qué decirlo. Si el techo se hundía, ¿qué iba a ser de él?

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109 min Fotos De Mi Gorda Wifes Coño Carolo mordió su pipa, mirando a la costa, sin moverse, la gorra caída sobre la sien, y añadió con acento frío y sarcástico: -El cielo la acompañe, aunque ya no es hora de bordejear. Cantarela avanzó hasta el umbral, temblando, y se detuvo de nuevo. -¿Por qué no entras? -preguntó Marcelo, volviéndose, con voz ruda- ¡Ahí está! -Sí, pues -arguyó Carolo arrojando una bocanada de humo, y dirigiendo su vista de soslayo a la joven-. Nadie la priva de entrar. -¡Parece que te comiera un gusano el corazón! Ella dio unos pasos maquinalmente, lastimada y llorosa; y viose en la pieza de las redes, que tan bien conocía. La vela de la imagen estaba encendida, y reinaba en el interior un profundo silencio. A su entrada, un hombre se levantó de la banqueta de un extremo, con los brazos sobre el pecho. Tenía el semblante color de bronce, ajado y marchito, sin duda por los insomnios; el pelo largo y negro abierto al frente, cayéndole con descuido por detrás de las orejas; y la estatura elevada, de formas vigorosas y fornidas, apenas encubiertas por un pantalón de hilo crudo, una camiseta a cuadros de algodón, una faja solferino y unas botas fuertes a media pierna, a propósito para andar sobre el guijarro y la conchilla. Un pañuelo de seda plomizo anudado al cuello, y formando triángulo sobre su dorso, escapular de atleta, completaba su traje tosco de labor, sin colores vivos ni fútiles adornos. Este nombre miró a Cantarela con aire huraño, retraído y taciturno, y la barba clavada en el pecho, que oprimía con sus dos brazos musculosos. Ella dejó caer la manta a la espalda, elevando trémula la mano y volviendo despacio a un lado la cabeza, para fijar sin brillo sus ojos en el suelo. La había concluido de imponer aquella figura apuesta y bizarra, en cuyas facciones viriles parecían haber dejado burilada una dureza salvaje, las peleas oscuras y heroicas con el huracán y las olas. Cantarela sufrió una impresión de miedo y dijo al fin, balbuciente: -¿Puedo verlo, Gerardo? El pescador irguió la cabeza lentamente al eco de aquella voz llena de ruego; y observó recién quizás, que el hermoso rostro de quien le hablaba tenía un color terroso, el párpado caído, el mirar vago y los labios secos.

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85 min Películas Porno De Sexo Porno Caseras Reales Mientras tanto, cuidaré directamente de su alimentación. Ahora manda su amigo Flimnap, y no morirá usted de hambre. Sonrió el profesor al acordarse de sus preocupaciones pecuniarias algunos días antes, cuando intentaba ayudar a la alimentación del gentleman con sus modestos recursos. Como era un guerrero influyente, podía regalar hasta la saciedad a su adorado gigante distrayendo una parte mínima de los grandes depósitos de materias nutritivas requisadas por el gobierno para las necesidades del ejército. - Va usted a comer mejor que en los últimos días -dijo con el tono maternal que emplea toda mujer cuando se ocupa de la alimentación del hombre que adora-. ¿Le siguen gustando a usted los bueyes asados? ¿Cuántos quiere para hoy, dos o media docena? Iba a contestar el coloso, cuando un ruido extraordinario vino del lado de la ciudad. Para el oído de Gillespie no era gran cosa: hubiese equivalido en el mundo de los seres de su estatura al ruido que produce el choque de dos guijarros, o al de varias bolas de espuma de jabón cuando estallan. Pero el capitán Flimnap, que tenia más limitadas y por lo mismo más sensibles sus facultades auditivas, se estremeció de los pies a la cabeza, vacilando sobre la mano del gigante. Escuchaba por primera vez estos ruidos pavorosos, y aunque había leído en las crónicas antiguas muchas descripciones del estruendo de las armas inventadas por los hombres, nunca pudo suponerlo tal como era en la realidad. - ¡Grandes dioses! -gritó-. ¡Son tiros! ¡Disparos de armas de fuego! ¡Y suenan cerca de la Universidad! Adivino lo que ocurre.

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400 mb Novias Por Correo Ruso Teniendo Sexo ¿Una señora vieja? -Sí, casi -respondí. -¿Muy tiesa? --continuó, enderezándose-. ¿Qué lleva un bolso donde podía caber toda la casa. y algo brusca, algo dura con la gente? El corazón me dejó de latir al reconocer la exactitud evidente de la descripción. -Pues bien; si subes por allí -y me señalaba con el látigo las alturas- y sigues derecho hasta llegar a las casas que dan al mar, creo que tendrás noticias suyas. Pero mi opinión es que no te dará gran cosa. Toma para ti un penique. Acepté el regalo con agradecimiento y compré pan, que me comí mientras tomaba el camino indicado. Anduve bastante tiempo antes de llegar a las casas que me había señalado; pero por fin las vi. Entré en una tiendecita donde vendían toda clase de cosas, preguntando si tendrían la bondad de decirme dónde vivía miss Trotwood. Me dirigí a un hombre que estaba detrás del mostrador pesando arroz para una muchacha; pero fue la muchacha quien contestó a mi pregunta, volviéndose con viveza. -¡Mi señora! ¿Para qué la quieres?

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