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Si muriese ahora aún llevaría al sepulcro un aroma de amor, que acaso más tarde sería desvanecido. ¿Por qué sería una desgracia la muerte para mí? Todavía amo y soy amada, y tal vez este fuego divino se apagaría antes que nuestra existencia. ¡Debe ser una cosa horrible sobrevivir a su propio corazón! ¡Ser un cadáver y no poder aún descansar en la tumba! Si la muerte me sorprendiese ahora, mis últimos instantes nada tendrían de crueles. La muerte me reconciliaría conmigo misma y con el cielo, y el amor que va quebrantando mi frágil organización tomaría vigor de mi alma en el momento en que se desatase triunfante de la materia grosera. Mi muerte en esta hora te ahorraría muchos años de remordimientos, y mientras mi cuerpo descansara en el sepulcro, mi alma sería custodia de la tuya. Si los efectos de mi culpa no sobreviviesen, si las lágrimas de nuestra inocente víctima no llegasen a turbar el sueño de mis cenizas, ¡cuán hermoso luciría mañana el sol sobre la piedra de mi sepultura! Y así debiera ser, amigo mío. Si yo muriese, mi voz se alzaría del borde de la huesa para pedirte paz. «Compra -te diría, compra con tus virtudes el reposo de mis cenizas, ¡el perdón de mi alma!

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69 min Folla A Tu Mamá Cuando Esta Borracha Me encaramé inmediatamente encima del pupitre, convencido de que por lo menos había un perro debajo. Pero por más que miraba con ojos asustados en todas direcciones, no veía ni rastro. Estaba todavía así, cuando volvió míster Mell y me preguntó qué hacía allí subido. -Dispénseme; es que estaba buscando al perro. -¿Al perro? --dijo él- ¿A qué perro? -¿No es un perro? -¿Que si no es un perro? -Del que hay que tener cuidado porque muerde. -No, Copperfield -me dijo gravemente-. No es un perro; es un niño. Tengo órdenes, Copperfield, de poner ese cartel en su espalda.

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21 min Viejo Gay Da Handjob En Coche -¡Acabaíca de bajar la traigo ahora! -¡Fresca como la nieve! ¿quién quiere agua? -¡Nieve! ¡Nieve! -¡Qué frescuras de agua! -¡De la Alhambra, quién la quiere! -¡Buena del Avellano, buena! -¡Quién quiere más, que se va el tío! Y así por este estilo centenares de pregones incitantes, hiperbólicos, que concluyen por obligar a beber. Abrís la mano, y recibís una cucharadita de anises para hacer boca; mientras los paladeáis, el aguador fregotea el vaso, que llena después de agua clara y algo espumosa, como escanciada desde cierta altura; después que consumís el vaso, os ofrecen más, y aceptáis «una poca» aunque no tengáis gana, y por todo el consumo pagáis un céntimo doble, salvo lo que disponga vuestra generosidad. Antes de la recogida de la antigua moneda, «la ley» era un humildísimo ochavo, y cuando acaeció la revolución monetaria, hubo largas y empeñadas discusiones entre los partidarios de que el «chavo» fuera sustituido por el céntimo, y los que aspiraban a que lo fuera por el doble céntimo; y aún recuerdo con placer una acalorada disputa en que intervine yo, defendiendo la causa del céntimo doble, y en la que un amigo mío, alpujarreño por más señas, defendió un sistema ecléctico, que consistía en utilizar el céntimo para tomar agua sola, y el doble agua con anises. De tal suerte nos llega al alma todo cuanto al agua se refiere, que todos nuestros sentidos se avivan hablando de ella, y que por ella somos pensadores sutiles. Y hasta aquí sólo se ha hablado de la manera vulgar de beber, manera propia de gente nueva, que tiene en poco aprecio las tradiciones, y que desconoce el mar de fondo que hay en el asunto.

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700 mb Foto De Mujer Con Brazos Peludos. Antenor dejó de buscar la carreta, donde se había dado el lujo de pelear a pie firme. Listo sobre las piernas, parecía dispuesto a concluir con furia la pelea que comenzó por fuerza. No tardó mucho. Un encontrón y vimos al forastero levantado hasta la misma altura de Antenor, para ser tirado de espalda como un trapo. Lo levantamos para sentarlo en el suelo, con las espaldas apoyadas contra la pared de la pulpería. Se desangraba por el pecho a borbollones. Hicimos un arco de expectativa en torno suyo. Con inútil angustia presenciábamos el inevitable avance de la muerte, que en cada inspiración se le entraba en el cuerpo, para expulsar la vida en un chorro de sangre y de calor. Un momento se detuvo el baldeo trágico. El moribundo, terroso de haberse vaciado en aquel espasmo, alcanzó a decir muy bajo: -Aura va ha venir la policía a buscarlo a ese hombre. Ustedes son testigos todos de que yo lo he provocao. Antenor, a caballo, huía. Bañado el vientre y las piernas en sangre, el forastero comenzaba a ponerse duro.

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96 min Pintura Sobre Pintura Al Óleo Con Látex. Lo que cantaba ella eran canciones bohemias, en dialectos italianos. Pícaras -y más que por la letra, que Luis Augusto no lograba comprender enteramente, lo adivinaba por el gesto y por la profunda intención del frasear de Josefina. Canto, a media voz, para recreo de la gentil, de la. intuitiva, de la bebé-mujer soberbia, que en su misma vida de inocencia y de esplendor tenía los gritos todos de todas las pasiones. «Así -pensó el filósofo -están en los capullos, latentes, ignorados; los faustos de las rosas». Resuelto, él se había afeitado el bigote. Esto, sabía muy bien Augusto (porque decíanselo largamente los espejos), que habíale rejuvenecido hasta acercarle algo a aquel encanto de su novia. Además, aquí sola, ella, con su propia alma en silencio, con su propio ser de bravo capullo de amorosa en el verde ensueño de la música y del bosque, representaban sus diez y seis años lo menos veinte, veintiuno, veintidós. A no ser por el peinado, nadie la creyese ahora tan chiquilla, y menos por el arranque de la pierna. Calzaba botas de lona, sin tacón, de garganta baja; y el ligero desorden de su falda dejaba ver la seda blanca y calada de las medias. Esbeltísima opulencia de carne rosa, tras de los calados -que cobraban un matiz indefinible de fondos de flor o de fondos de nieve tintada por la aurora. ¿Qué fugitivos tonos de aurora, o de celeste violeta, hay en la rosa carne muy blanca de las blancas? Venne, ca'o notte e dolce 'o cielo ch'é nu manto; tu duorme e i'te canto 'a nouna affianco a te. Sí, esto se lo había oído Augusto a Tita Ruffo.

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Mp4 Sin Fin Ser Sin Un Pene Mi

98 min Sin Fin Ser Sin Un Pene Mi No lo ha oído más pronto porque no ha querido. No hay peor sordo. Ya entraba la impetuosa andaluza como un rehilete, sin fijarse en lo que Ilduara decía, atenta sólo a su idea. -¡Ay, Jesús! ¡Fortuna han tenido esos cachos de sielo en encontrarse conmigo! ¡Pulmonía como la que piyan si no! ¡Yo no sé cómo hay való pa enviá a esos angeliyos fuera con una tarde tan fría! ¡Y desabrigás! ¡Ni el ganbansiyo e franela yevaban! De forma que dije: Ama, arribita con eyas. Charlando así, había tomado en brazos a una de las gemelas, y la cubría de besos gorjeados y sonoros. Yo temblaba, mirando a mi esposa inmóvil, erguida como el torreón aquel, con un aspecto arquitectónico y una calma fría del peor agüero. Tan significativo y terrible era su ademán, que mi hija Rosa, muy partidaria de doña Milagros, se atrevió a murmurar: -Mamá, es cierto.

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38 min Descargar Pelicula Porno Gratis Sexo Coño Lo sé de muy buena tinta. -Sin embargo, Silva hace de su mujer un alto precio y es uno de los más atentos y finos esposos que he conocido. -Sí, pero según se dice no tiene otra pasión que la de la ambición, y por muy obsequioso y muy dulce que se muestre con la linda Luisa, me han asegurado que es de puertas adentro, un compañero asaz, triste e incomunicativo. Se dice que ha tenido un gran pesar con la pérdida de una querida, y que se hizo ambicioso por distracción. Por distracción también podrá su esposa hacerse cualquiera otra cosa, porque, en fin, es preciso que la vida tenga algún interés, algún objeto. -¿Hacia dónde se encamina Ud. -Yo me dirijo al teatro del Príncipe. -Yo a casa del Ministro de Hacienda con quien tengo esta noche una conferencia. Los dos caballeros se separaron, saludando antes profundamente a una señora que pasó junto a ellos con dos niñas muy lindas. Era Elvira de Sotomayor con sus hijas. La mayor, que cumplía apenas trece años, era una rubia angelical; la segunda, que tenía diez, era una morena de ojos de fuego que se llamaba Catalina. Iban a visitar a la familia de Silva, y una hora después regresaban a su casa por la misma calle. Elvira parecía tan profundamente triste que la mayor de sus hijas la preguntó tímidamente la causa. -¿Qué te aflige, mamá?

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100 mb Golpes Dolorosos En La Zona Pélvica Pero no bien acababa de poner sus pies en ese improvisado baño, cuando la ballenera viró de bordo y tomó al este, volando más bien que navegando con la brisa del sur. Y a ese mismo tiempo, mientras Don Cándido abría tamaños ojos y cruzaba sus manos, cuatro caballos levantaban nubes de agua, corriendo a gran galope sobre él. Don Cándido volvió la cabeza cuando ya estaba rodeado de los cuatro verdaderos federales, en cuyos semblantes no pudo adivinar otra cosa nuestro pobre amigo que su última hora. -Usted se iba -le dijo uno de ellos alzando sobre la cabeza de Don Cándido el cabo de fierro de un inmenso rebenque. -No, señor, venía -contestó Don Cándido haciendo maquinalmente profundas reverencias a los jinetes y a los caballos, o más bien, a los caballos y a los jinetes, siguiendo el orden de una rigorosa cronología moral. -¿Cómo es eso que venía, y se iba usted para adentro del río? -Sí, mis distinguidos amigos federales; venía de casa del señor gobernador delegado, de quien soy secretario. -¿Pero usted iba a alcanzar la ballenera? -le interrogó otro. -No, señor, líbreme Dios de ello; quería acercarme solamente, lo más posible, para ver si la ballenera traía gente de desembarco en el fondo, para volver a avisarlo a los heroicos defensores de la Federación e incitarlos a triunfar o morir por el padre de cuantos hijos tiene Buenos Aires, y por el señor Don Felipe y su respetable familia. Una grita estrepitosa contra los franceses y en loor de la Federación y de los federales sucedió al discurso de Don Cándido, en la multitud de marineros del puerto y carretilleros que se habían acercado, con el agua a la rodilla, hasta el lugar de aquella escena en que todos esperaron ver un desenlace trágico. El coronel Crespo, el comandante Ximeno, Larrazábal y todos cuantos estaban sobre la pequeña barranca de la capitanía, no sabiendo lo que pasaba, y queriendo saberlo cuanto antes, dieron tan fuertes gritos e hicieron tan violentas señas a los de a caballo, que uno de estos hizo subir a Don Cándido a la grupa, medio cargado por algunos comedidos entusiastas de los que allí había. Y he aquí que condujeron en triunfo hasta la alameda al impertérrito secretario de Su Excelencia, que se había arrojado al agua para observar el fondo de la ballenera francesa. Inútil es decir todas las felicitaciones que recibió Don Cándido.

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Youtube Tira De Potencia Pdu Vertical U Cero Cuadra blanqueada parecía la capilla, con su altar de gusto francés de cargazón, y un confesonario vetusto, procedente quizás de alguna iglesia en ruinas. En el mueblaje del locutorio había banquetas altas que debieron de pertenecer a un escritorio de casa de comercio, y otras enanas que sin duda fueron de una escuela de niños, un sofá de Vitoria, y por decoración tres estampas: San José, Pío IX y León XIII; el suelo de baldosín, sin más reparo del frío que una angosta estera delante del sofá. La famosa y popular Congregación, fundada en Madrid treinta años ha para asistir enfermos a domicilio, instalose en Toledo poco antes de los sucesos que aquí se refieren; pero aún no tenía casa propia. Establecidas provisionalmente en una de alquiler, esperaban las hermanas tener pronto edificio suyo y nuevo, contando con la generosidad de personas ricas del vecindario. Hallábanse ya organizadas conforme a las reglas de su instituto, con los tres grados de religión, a saber: profesas, novicias y postulantas. En la categoría de novicias estaba Leré. La primera vez que Guerra visitó a su amiga en aquella temporada, causole extrañeza verla de hábito, y no ciertamente porque el vestido religioso la desfigurase, robando encantos a su persona, sino quizás por todo lo contrario. Pronto se acostumbraron sus ojos a tal transformación, y llegó a creer que nunca había visto a Leré de otro modo; tan bien encajaban en su figura la falda de estameña negra con muchos pliegues, la manga perdida y el estrecho manguito cubriendo el brazo hasta la muñeca; la cerrada toca, que se prolongaba hasta mitad del pecho formando como una muceta, sobre la cual no llevaba aún rosario por no ser profesa; la negra esclavina sobre los hombros, y en la cabeza el velo blanco; los dos rosarios pendientes de la cintura, el uno llamado la Corona, con catorce dieces divididos por medallas; el otro, como insignia o distintivo de la Congregación, terminado en crucifijo de bronce. El bailoteo de los ojos se destacaba y lucía más, sin duda por no verse de la cara más que el palmito puro, recortado por la holanda, sin nada de pelo y muy poco de la frente. Acompañábala en las visitas una hermana profesa llamada Sor Expectación, cuarentona, de rostro blanquísimo y facciones bozales, resultando un contraste muy extraño entre la fealdad etiópica y la blancura alabastrina. Sus ojos parecían cuentas de bruñida pizarra. Mostrábase la hermana muy afable con Guerra, que era ya, dicho sea de paso, uno de los protectores más generosos del naciente instituto. La conversación solía versar sobre las dificultades con que tropezaba el Socorro para establecerse en Toledo, y entre col y col se deslizaban apreciaciones morales y místicas. Sor Expectación, a pesar de su mayor categoría ante la novicia, dejábala hablar sin meter baza, y la oía con atención cariñosa, cual si viera en ella uno de esos discípulos precoces que hacen callar a los maestros.

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Mp4 Cama Masajeador Mate Colchón Agua Vibrador Quiere hacer el bien; su ambición es espiritual; anhela que perpetúen su nombre los bronces de la Historia. Cree, tal vez, que lo de los frailes le valdrá una estatua. Podrá ser; pero por de pronto, su ambición de gloria estorba a otras ambiciones menos desinteresadas, y es forzoso quitarle de en medio. La prensa se ha desatado en denigrarle. En los corrillos se pondera su ignorancia, su falta de lecturas, como si nuestros políticos fueran prodigios de ciencia y erudición. Salvo dos o tres, la turbamulta no es más que un cúmulo de ignorancia; el craso de todas las cosas, envuelto en una cascarita de latín, y con tropezones de abogacía indigesta. »Si es injusto tildarle de ignorante, aquí donde hay Ministros que creen que la Habana es camino para Filipinas, la injusticia sube de punto cuando le tachan de interesado, de poco escrupuloso en la administración de los dineros del pro-común. Tal juicio es absurdo, villano: no ha gobernado a España hombre más puro, menos picado de la codicia. En él la pasión patriótica es una verdad, no un papel, como los que otros desempeñan, mejor o peor aprendido. Por venir a salvarnos, por la ilusión de implantar en su país ideas nuevas, este hombre, este niño grande, tiró una fortuna por la ventana. De aquellas ideas sólo ha podido realizar una pequeña parte. no le han dejado ni siquiera planearlo. Le tiran de los pies, de las manos, del cabello, de los faldones, y le imposibilitan todo movimiento.

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