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54 min Como Hacer Tu Propio Pecho

Cuente vuesa merced conmigo, señor don Quijote, y ármeme caballero en la primera iglesia o capilla que topemos, a fin de que pueda yo acometer cualquier género de aventuras. -Ese cuidado será mío -tornó a decir don Quijote-: en último caso bastará la pescozada, si sucediere que halláremos estorbo para las otras ceremonias. Cuando el armar un caballero ocurre en un palacio, con tiempo y comodidad se hace la armadura sin omitir requisito; pero tan armado queda uno con que una princesa le calce las espuelas, una reina le ciña la espada y el padrino le de el espaldarazo, como con el simple espaldarazo y la vela de las armas. Se concluyó la comida, y levantándose todos, invitó la señora a don Quijote a volver a la sala, donde continuarían la conversación de sobremesa. Pasaron a ella en efecto; y bien acomodados, las señoras en el suelo sobre muelles cojines o alfombras, los hombres en anchas sillas de vaqueta, don Alejo la anudó de esta manera: -¿Conque no será circunstancia indispensable que una princesa me calce las espuelas? Vuesa merced tiene presente que en el acto de armarse caballero Rui Díaz de Vivar, hubo reyes y reinas e infantas y espuela de oro, y espada con empuñadura de diamantes, y Evangelios con pasta de nácar, sobre los cuales el Cid Campeador jurase. Y si no, ¿por qué la infanta doña Urraca le hubiera gritado desde las murallas de Zamora:  «Afuera, afuera, Rodrigo,  El soberbio castellano;  Acordársete debiera  De aquel tiempo ya pasado,  Cuando fuiste caballero  En el altar de Santiago,  Cuando el rey fue tu padrino,  Y tú, Rodrigo, su ahijado.  Mi padre te dio las armas,  Mi madre te dio el caballo,  Yo te calcé las espuelas  Por que fueses más honrado? -Esto es así -respondió don Quijote- y yo no digo otra cosa; antes abundo en los recuerdos de vuesa merced, y encareciendo sus ideas, añado que lo propio sucedió con el doncel Pedrarias a quien esa misma infanta doña Urraca ciñó la espada, para que saliera a combatirse con don Diego Ordóñez de Lara, según reza la crónica:  «El padrino le dio paz,  Y el fuerte escudo le embraza,  Y doña Urraca le ciñe  Al lado izquierdo la espada». »Cuando el rey de la Gran Bretaña hizo caballeros a los tres príncipes en la villa de Fenusa, Oriana, Brisena y otras de su misma clase todas reinas o emperatrices, les calzaron las espuelas y ciñeron las espadas.

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500 mb Tráiler De Brandy Real Taylor Gratis El odio a las clases honestas y acomodadas de la sociedad era sincero y profundo en esa clase de color; sus propensiones a ejecutar el mal eran a la vez francas e ingenuas; y su adhesión a Rosas leal y robusta. Desde que el dictador marchó a Santos Lugares, y con él los batallones de negros que había en la plaza, las negras empezaron también, por su cuenta, a marchar al campamento, abandonando el servicio de las familias que quedaron entregadas a su propia asistencia. Pero antes de salir de la ciudad se presentaban en bandas en casa de Manuela o en la de Doña María Josefa Ezcurra, anunciando que iban a pelear también por el Restaurador de las Leyes. Y en el día que describimos, no era pequeño el número de ellas que cuajaba los patios y zaguanes de la casa de Rosas, haciendo estrepitosa algazara al despedirse de Manuela y de cuantos allí había. Era un día de jubileo en aquella casa, tan célebre en los fastos de la tiranía. Doña María Josefa se había trasportado a ella desde las once; y a las ocho de la noche todavía estaban allí esperando algún otro chasque de Santos Lugares que hiciese saber si Lavalle había pasado más acá de la Capilla de Merlo o si el ejército federal había salídole al encuentro y pulverizádolo bajo sus tremendas armas, y a los rayos del genio. Ya era de noche. De repente, el eco de un cañonazo lejano vino a herir el espíritu de todos. Manuela se inmutó visiblemente. No era la causa política, era la vida de su padre lo que inspiró un cúmulo de sentimientos penosos en su corazón. Por un largo rato, la atención de todos se concentró en el oído; pero en vano.

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87 min Id De Madres Sexy Les Gusta Follar Esta noche todas las ovejas descarriadas vuelven al redil. Vengo de allá. si vieras. La condesa ha llorado mucho y se ha puesto de rodillas delante de Villavicencio; pero no pudo conseguir nada. La ley y siempre la ley. Si es lo que yo digo: la ley. Por supuesto, chico, no puedo negarte que me dio lástima de la pobre condesa. Lloraba tanto. Inés estaba más serena y se conformaba. Aguárdate y la verás llegar. Sin embargo, más vale que no parezcas en tu vida por aquí.

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23 min El Pene Es Demasiado Grande Para Ella Haciendo memoria apareció una circunstancia de significado obscuro. ¿Por qué, él, enamorado impaciente, atrevido insinuador, había permanecido algo más de un mes rondando en torno de aquella muchacha, sin decidirse a hablarle? ¿Qué le había detenido? Un mañana hicieron un viaje juntos, a La Plata, en el rápido de las once. La casualidad los sentó uno frente al otro. Ella leía en una revista y llevaba puesto un sombrero verde bajo cuyas alas florecía la cabellera rubia. Estaba hermosa. El pensó: "En cuanto me mire, le dirijo la palabra". Al cruzar por Quilmes, Alejandra dejó la lectura y se puso a observar hacia afuera. Le gustaba contemplar el cuadro que la ciudad ofrecía a la distancia, donde se destacaban los molinos de viento que emergían de entre las casas como una multitud de gigantescas zancudas pensativas ante el mismo horizonte. Después, al reiniciar la lectura, sus ojos se fijaron en Gualberto.

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103 min ¿por Qué Soy Culpable Sobre El Sexo? De la llaneza democrática del Rey oímos contar innumerables casos. Alguien le había visto llegar de noche, solo, a su vivienda y llamar a la puerta tirando de aldabón, como cualquier vecino trasnochador. Otros le sorprendieron en el interior de su palacio inspeccionando las obras de decorado. Viendo a un obrero que clavaba una guarda-malleta, subido en débil escalera, puso en esta el Rey su mano y dijo: «Cuidado con caerse, amigo. Siga usted clavando; yo mantengo». Una mañana, paseando Obdulia y yo por la Segunda Playa, vimos una dama guapa y melancólica, con traje veraniego enteramente blanco: «Ya tenemos aquí a la de las patillas» dije a Obdulia, que cebó en ella sus miradas. Un rato fuimos tras ella, acechándola con discreto espionaje. La vimos llegar pausadamente hasta Los Molinucos; volvió luego por la playa en baja marea, fijando sus ojos en la arena húmeda como si buscara en ella alguna inscripción borrada por las aguas. Subió después hacia Las Llamas; se sentó en un ribazo. Sin duda esperaba. ¡Qué triste es esperar, esperar al que no llega, al que no acude puntual a la cita!

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72 min Películas Con Hot Sexy Chica Desnuda Y míster Dick, animado por el éxito, volvía a la carga con nuevo ardor. -La bondad de este caballero, señora -dijo míster Micawber al oído de mi tía---, si usted me permite que saque una comparación florida del vocabulario de nuestros juegos nacionales, un poco vulgares, me traspasa; semejante recibimiento es una prueba muy sensible para un hombre que lucha, como yo, contra un montón de preocupaciones y dificultades. -Mi amigo míster Dick -repuso mi tía con orgullo- no es un hombre vulgar. -Estoy convencido, señora -dijo míster Micawber-. Caballero -continuó, pues míster Dick le estrechaba de nuevo las manos-, agradezco vivamente su bondad. -¿Cómo está usted? -dijo míster Dick en tono afectuoso. -Regular, caballero -respondió, suspirando, míster Micawber. -No hay que dejarse abatir -dijo míster Dick-; por el contrario, trate de alegrarse como pueda. Aquellas palabras amistosas conmovieron profundamente a míster Micawber, y míster Dick le estrechó otra vez la mano entre las suyas. -Tengo la suerte de encontrar a veces, en el panorama tan variado de la existencia humana, un oasis en mi camino; pero nunca lo he visto de tal verdor ni tan refrescante como el que ahora se ofrece ante mis ojos.

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