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113 min Índice Amateur Esposa Jpg Tímida Lass

No lejos del montón aristocrático vi a Leona la Brava con Carolina Pastrana y otras amigas del género demi-mundano. Ocasión es de decir que, en aquella época de sus progresos en el arte social, daba la dama de Mula la mejor prueba de su talento vistiéndose con modestia, procurando obscurecerse y pasar inadvertida. En un palco fronterizo entre sombra y sol vi una tanda de mujeres, ataviadas estrepitosamente con pañolones de Manila, mantillas de madroños, altas peinetas y gran carga de flores en el pelo. Eran las que el año 72 hicieron en la Castellana, a las órdenes de Ducazcal, la famosa manifestación contra la dinastía de Saboya: la Moño Triste, la Condesa del Real Cuño, la Sílfide, Pepa la Sastra, la Cacharrito, Rosa Huertas, la Napoleona, Paca la Alicantina, la Eloísa, la Clotildona, etcétera. Retrocediendo con mi atenta observación hacia la grey aristocrática, vi en dos palcos a Vicente Halconero y al Marqués de Beramendi con sus familias. En las gradas, no lejos de nosotros, había tres muchachas picoteras, inquietas y reidoras, que a ratos miraban hacia mí, saludándome con lindas garatusas formuladas con los morros y con los abanicos. «¿Ves aquellas tres chicas que vuelven hacia acá sus rostros picarescos como haciéndonos burla? -dije a Casiana-. Pues son tres Efémeras que han venido disfrazadas de personas, dejando en alguna percha de los espacios sus túnicas flotantes. Pertenecen al grupo de las malas, traviesas y enredadoras. No mires hacia ellas; no les hagamos caso». Casiana, sin comprender bien lo que yo decía, se dio por enterada. Observamos luego que, en los tendidos, hombres y mujeres comían a mandíbula batiente y empinaban botellas o zaques, sin desatender los incidentes de la corrida. La razón de estas merendonas era que, empezando las corridas a las doce y terminando a las cuatro por causa de la cortedad de los días, trastornábanse las ordinarias horas de almorzar y comer. Entre los accidentes restantes de la lidia ordinaria, el que más presente ha quedado en mi memoria es el achuchón que dio un toro a los alabarderos, apostados al pie del palco Real. Rechazaron estos con sus hierros la embestida del morucho, que volvió a la carga con más coraje, abriendo brecha. La res sufrió terribles lanzazos, rompiéronse bastantes alabardas, dobláronse otras, volaron los tricornios por el aire, y muchos Guardias sufrieron el destrozo de sus uniformes. Pero ni los alabarderos abandonaron su puesto de honor y de peligro, ni el cornúpeto se mostraba propicio a terminar la desigual pelea.

59 min Grandes Tetas Enormes Tetas Pezones Llenos

54 min Grandes Tetas Enormes Tetas Pezones Llenos Pero obsérvese de paso con qué facilidad se transforman ciertas gentes en cuchillo de un Merlou, aunque hayan hecho o estén dispuestas a hacer lo mismo que él. Es decir, lo mismo, no; porque M. Merlou, después de sufragar durante varios años todos los gastos de madama Addey mientras fue querida de él, le pasaba, a título de retiro, 500 francos al mes. «Poussé par son bon coeur» dicen los periódicos, y en verdad que ni cinco perras chicas merecía una madama que se coló furtivamente en el domicilio del ex amante para enterar a su familia de las relaciones que tenía con él. -Yo soy la querida de su padre de usted, dijo a la hija de éste, chica de quince años. Madama Addey, que, como hembra, debe pertenecer al surtido ordinario de las que se vengan de quien les hace el bien posible, es también de esas mujeres que involuntariamente hacen daño a las de su clase, porque los Merlou tienen que decirse lógicamente: -Si por ser bueno me dan un disgusto, por ser malo me darán una satisfacción. Por lo menos, ahorraré 500 francos al mes. Y dirán a sus antiguas amantes: -Si quieres comer, hija mía, come alpiste. Como todo tiene reverso, la Julia Guillermo lo es de madama Addey. En este caso era ella quien pasaba una «pensión». «Le» mantenía, y, además, «le» arrullaba la comida, cantándole «couplets», recogidos de todas partes mientras iba vendiendo amores por él, y, una noche, después de cantarle mucho, para arrullarle el sueño, él la mató, poniéndola como «Inri», una rosa de trapo entre los labios, mudos para siempre. La mató porque sí; porque era demasiado buena para él; porque necesitaba vengarse del bien que le hacía; porque las almas débiles inspiran ganas de matarlas. ¿Quién no recuerda el amoroso rapto de la señorita Le Play por el doctor Marcille? La señorita, toda vaporosa y de blanco vestida, cayendo en los brazos del doctor, quien, en compañía de dos amigos, la raptó vertiginosamente en automóvil. Luego, los amigos llevando el automóvil, mientras la señorita y el doctor se amaban en las más humildes posadas del tránsito. Y madama Bob-Walter, confidenta de estos amoríos, teniendo sensacionales interviús, algunas de las que, según se murmuró entonces, le valieron bonitos billetes de mil francos. Fué un idilio. El público lo disculpó todo, el automóvil inclusive, por la pasión de los jóvenes enamorados.

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116 min Marca Esposa De Thompson Linda Cáncer De Mama

97 min Marca Esposa De Thompson Linda Cáncer De Mama ¡Pues ahí son poco sonados los Rubárcenas de Valdecines! Era hombre de saber y muy dado a viajar por el mundo; porque, como he dicho, le sobraba el dinero. En uno de estos viajes, recién llegado yo, llevó consigo a su hija y la puso en un colegio de Francia, en que dicen que había hasta hijas de reyes. La niña Marta era lista como la pimienta, y por su aire y su corte parecía que estaba pidiendo aquellos pulimentos de enseñanza. Por cansar menos, diré que cuando al cabo de los años volvió a la tierra, era un sol de buena moza y hablaba lenguas como agua; en lo tocante a pluma y estudios gramaticales, geografía y otros puntos de saber, ¿quién era el guapo que se le ponía delante? Nada le digo a usted de las obras de mano. Eran las suyas moldes de finura y maravillas. Que con estas cláusulas tuvo los pretendientes a rebaños, por entendido se calla; pero no era mujer dada a los extremos, y ya tenía veinticinco años cuando se decidió por un caballero, rico también y buen mozo si los había. Este tal caballero, don Dámaso Quincevillas, era de Treshigares, pueblo de lo último de la Montaña, donde empieza a nevar en septiembre y no lo deja hasta San Juan. Un año después de casada doña Marta, murió su padre de una apoplejía; y como don Dámaso, al casarse, ya era huérfano, cátese usted que el matrimonio reunió un mar de riquezas en fincas y sonante. De este matrimonio nació primeramente Águeda, que es la joven que usted ha visto a la cabecera de la cama. El vivo retrato de su madre, señor doctor, en lo despierta, y un ángel de Dios en la figura y en los sentimientos. En hora conveniente tratóse de dar a la niña educación al consonante de sus talentos y posibles; pero doña Marta, que estaba entusiasmada con aquella criatura, opinó que el mejor colegio para una niña es una buena madre; y cátala cogiendo, como quien dice, con una mano, cuanto había aprendido en Francia con maestros y en su casa con la experiencia de los años, y pasándolo a su hija, que lo recibe sin perder miga, ni más ni menos que si para ella lo hubiera estudiado quien lo enseñaba. Vino después al mundo otra niña, que es la que dormía en el gabinete cerca de la luz que yo cogí; y doña Marta comenzó a educarla lo mismo que Águeda. Y aquí empieza a nublarse la buena estrella. Un día me llamaron muy deprisa. Don Dámaso estaba muy malo. Con el afán en que le traía el cercado de esa gran posesión que rodea la casa, obra que había emprendido al asomar el verano, cogió una insolación; no la hizo caso; otro día se mojó los pies; resultóle un ataque cerebral.

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19 min Si Crees Que Puedes Ser Gay

45 min Si Crees Que Puedes Ser Gay Soy culpable a los ojos del mundo, y Ud. es pura, Ud. es virtuosa! ¿Qué más quiere Ud. ¡Ud. En prueba de amor ha aceptado el honor de llamarse esposa de Carlos, de ser respetada como tal. Yo, en prueba del mío, he aceptado la afrenta, la reprobación del mundo. ¡Y Ud. es la que perdona ostentándose generosa! Y Ud. es la que viene a perseguirme hasta el fondo de mi retiro, para decirme que no me hecha en cara el crimen de haberme inmolado a un sentimiento del cual supo Ud. sacar tanto honor, tantas ventajas! A esta acerba ironía Luisa, herida e indignada, no acertó a proferir ni una palabra, y Elvira exclamó: -¡Catalina! No es así como debes hablarla. Ella te compadece y ha venido a salvarte. -¡A salvarme! -repitió con sarcasmo Catalina-.

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650 mb Sobre El Cuidado Pastoral De Las Personas Homosexuales.

400 mb Sobre El Cuidado Pastoral De Las Personas Homosexuales. ¡La mujer, atraída a nuestra causa! Y es más: el conocer plenamente la ley de la vida, disminuirá la emotividad nerviosa de la mujer. Todos los males que ustedes sufren, proceden de ideas erróneas, del prejuicio religioso del pecado, del absurdo supuesto de que es una vergüenza. -auxilié, candorosa. El amor -rectificó segundos después. Desplegué una habilidad gatesca para animarle a que se expresase sin recelo. Cuanto más recargaba, mostrábame más persuadida. A mi vez, tomé la palabra, manifestando el anhelo de consagrarme a algo grande, singular y digno de memoria. Este deseo me había atormentado, allá en mi retiro, cuando de ninguna fuerza disponía. Ahora, con la palanca que la casualidad había puesto en mis manos, creía poder desquiciar el mundo. Si alguien me dirigía, me auxiliaba, me prestaba ese vigor mental de que carecemos las mujeres. Supe, con suavidad, hacerle creer que de él esperaba el favor. Yo aportaba lo material, pero mi materia pedía un alma. Polilla temblaba de júbilo. -¡Ya lo decía yo! ¡Si tenía que ser!

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80 min Como Arreglar Un Pene Torcido

En linea Como Arreglar Un Pene Torcido -preguntó mansamente doña Perfecta-. Sentiría que le ocurriera algún percance. Inocencio: ¿Francisco Acero, no nació en Orbajosa? -No señora: él y su hermano son de Villajuán. -Lo siento por Orbajosa -dijo doña Perfecta-. Esta pobre ciudad ha entrado en desgracia. ¿Sabe usted si Francisco Acero dio palabra al gobernador de no molestar a los pobres soldaditos en sus robos de doncellas, en sus irreligiosidades, en sus sacrilegios, en sus infames felonías? Caballuco dio un salto. Ya no se sentía punzado, sino herido por feroz sablazo. Encendido el rostro y con los ojos llenos de fuego, gritó de este modo: -¡Yo di mi palabra al gobernador, porque el gobernador me dijo que venían con buen fin! -Bárbaro, no grites. Habla como la gente y te escucharemos. -Yo prometí que ni yo, ni ninguno de mis amigos levantaríamos partidas en tierra de Orbajosa. A todo el que ha querido salir porque le retozaba la guerra en el cuerpo, le he dicho: vete con los Aceros que aquí no nos movemos. Pero tengo mucha gente honrada, sí señora, y buena, sí señora, y valiente, sí señora, que está desperdigada por los caseríos y las aldeas y los arrabales y los montes, cada uno en su casa, ¿eh? Y en cuanto yo les diga la mitad de media palabra ¿eh?

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119 min Rock Del Amor Brandi C Xxx

720p Rock Del Amor Brandi C Xxx -Hábleme -me invita soltando en la falda el abanico, mostrando ahora sin reservas su bella faz de espera llena de serenidades. -Hábleme -repite dulce, sutil. con una sutil dulzura que me toca el corazón como una punta: -¡La historia me corresponde de derecho. ¡recabo mi parte de pesar! Y aún termina, amarga y seria repentinamente: -Sarah es perversa. ¿quiénes no lo somos? Yo misma, Andrés, usted mismo. ¡no podríamos tal vez decir ahora, en nuestras conciencias, si estamos más altos que los demás o. no tan alto, contra todas nuestras voluntades y arrogancias! Vagan sus ojos en el cielo, y yo no he comprendido. no comprendo esta súbita impresión de tristeza y ansiedad. En mi pecho, a un hachazo de franqueza formidable, se han movido mis pasiones. mis impulsos de gritarla que la adoro. Por no coger su mano y romperla de pasión entre las mías, me las oprimo yo, violentamente. ¡explíqueme esa duda! -casi la impongo. Pero ella se recobra, y vuelve a mí los serenos ojos que dan la paz: -¡Andrés!

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