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-¿Tizona y Colada ha dicho vuesa merced? -preguntó el bachiller-; ¿en dónde paran esas famosas armas? -Cuando Rui Díaz -respondió don Quijote- las hubo quitado a los infantes de Carrión, por el desaguisado que éstos hicieron a sus esposas, las regaló a Félix Muñoz y Martín Antolines, el burgalés de pro, sus amigos y conmilitones. Desde este punto pierdo yo de vista esas espadas: deben de hallarse ahora en la Armería Real, o en otro depósito de curiosidades antiguas. -Yo sé de otra espada -volvió a decir el bachiller- que irá a reunirse con Tizona y Colada. Acuéstese vuesa merced y huélguese esta noche: mañana es otro día, y puede ser que conozca el arma que le digo. Riose don Quijote, y ganó una de las tarimas que rodeaban el aposento. El bachiller Sansón no tenía sueño; don Quijote estaba lejos de dormir, y solamente Sancho Panza estaba ya soñando con las bodas de Camacho, circuido de doradas nubes. Las doradas nubes eran los quesos amontonados en columnas; las roscas de Utrera puestas allí cual gloriosas coronas; las gallinas, los pollos y capones asados y aderezados, de los cuales él podía espumar tres o cuatro a modo de advertencia preparatoria. Estaba el buen Sancho rebulléndose y zambulléndose, como queda dicho, en esa gloria celestial, cuando un viejo a quien el ventero había también alojado en ese cuarto, empezó a estornudar con tal brío, que a Sancho Panza mismo, con ser quien era, le sacó de su sueño y sus casillas: en vez del sacramental Ave, María santísima, echó Panza una maldición y un pésete, que hicieron estremecerse al viejo estornudante, quien, recobrándose, dijo: -¿Así saluda vuesa merced a sus hermanos, y de este modo se aprovecha de la ocasión de alabar a la Virgen? -La Virgen no ha menester los estornudos de vuesa merced para ser alabada -respondió Sancho. -¿Y quién le ha dicho a vuesa merced -replicó el viejo- que el estornudar es malo? -Ahora entro yo -dijo el bachiller Sansón-: el estornudar es bueno y muy bueno.

550 mb Captain Hampton The Midget Pirates Tablaturas Para Guitarra Gratis

115 min Captain Hampton The Midget Pirates Tablaturas Para Guitarra Gratis ¡como si no le pagara él de su bolsillo! Agradecióla en sumo grado el mentecato; pero creyó muy político no aceptarla, aunque con la promesa de no privar por entero de su bizarra presencia a los comensales. Fueron éstos más de sesenta en propiedad; pero cerca de otros tantos los pegadizos que rodeaban la mesa y comían, de pie, de lo que sobraba, que era mucho, y bebían de lo que abundaba en jarros y botijos sobre la mesa, debajo de ella y en cada rincón de la sala. Al olor de lo de arriba, llena estaba también la parte baja de la taberna. Bebíase allí mucho, aunque a expensas propias, y no poco se pellizcaba de los guisotes que subían y de las sobras que bajaban en jirones tibios y manoseados. Como estaban abiertas puertas y ventanas, y aun así no se podía respirar en aquella pocilga, y se gritaba mucho arriba y se hablaba muy recio abajo, las inmediaciones de la taberna estaban llenas de muchachos que de vez en cuando se dispersaban por el pueblo, llevando a hogares y corrillos noticias detalladas de cuanto pasaba y se decía en el banquete. De este modo puede asegurarse que todo Coteruco asistió a él. Empezó al mediodía del domingo; y a las cinco de la tarde, deglutida la becerra a fuerza de vino, descuartizóse el carnero, que exigió, para atravesar los esófagos rendidos, nuevos auxilios del jarro. Los comensales más valientes empezaron entonces a perder la serenidad; y como los muchachos de afuera continuaban su espionaje, nadie ignoró en el pueblo cuántos y quiénes de los concurrentes al festín rodaban a aquellas horas por el suelo, o roncaban sobre la mesa. De entre los más serenos escogió Patricio tres, y con ellos pasó a invitar a don Gonzalo y a Lucas a tomar el arroz con leche que iba a servirse. También esto se supo inmediatamente en el lugar, como se supo que habían aceptado la invitación los dos caballeros; que acababan de entrar en la sala, en medio de un estrépito de voces roncas y destempladas; que el alcalde, que ocupaba la cabecera de la mesa, se la había cedido a don Gonzalo, y que Patricio había colocado enfrente de él a Lucas. Era la pura verdad. El Estudiante tomó en su diestra un vaso mugriento lleno de vino tinto, y alzándole sobre su cabeza, brindó por la unión de aquellas gentes, prenda segura de la prosperidad futura de Coteruco, si no se apartaba de la buena senda que había emprendido.

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WEB-DL Porno Adolescente Gratis Con Grandes Tetas Por compadrazgo, por espíritu de clase, tenemos el affaire Weber. ¡Un Consejo de expertos tampoco podía equivocarse! Aquel error produjo la muerte de algunos hombres y la ruina de muchos más. Este error ha producido la muerte de seis niños. Y es muy curioso el hecho de que en un Estado que no cree en Dios, se cree en la infalibilidad de un general Mercier o de un doctor Thoinot. Criadas complicadas No podía pasar mucho tiempo sin que Juana Weber sacase cría, y ahí está la familia Eohee que lo puede decir. Su criadita, Josefina Pelou, venía consagrándose a la original tarea de meterle alfileres a una niña de dos años, que sus padres le confiaron para que la cuidase, y a la que convirtió en acerico. Unas veces le metía alfileres por la boca y otras veces por. donde le cogían. -¿Los ha echado todos? -le preguntó la madre, acongojada, cuando la criatura había devuelto diez. -Si todavía le queda alguno en la tripa -le contestó la criada,- ya lo verá usted. Y la madre, con tal respuesta, debió quedar tranquila, si no encantada.

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24 min Adictos Al Sexo Anonimo Sherman Hospital Elgin Alegría estaba rodeada de unos cuantos jóvenes, entre los que se distinguía Paco Guzmán por su buena figura y genio festivo. -Agua por San Juan -le dijo Alegría-, tiene fama de quitar vino y no dar pan. -Novios hay que son para las muchachas lo que el agua por San Juan. Esta sentencia echó la robusta voz de doña Eufrasia, como una bomba, en medio de la alegre reunión de jóvenes, yendo particularmente dirigida contra Paco Guzmán, a quien conservaba una rencorosa ojeriza desde la profanadora voz de pendencia, de que se había valido para designar la guerra contra el francés. En este momento todas las cabezas se volvieron hacia la puerta, al ver entrar a Pepino que traía en brazos con el mayor cariño, abrazándola por sus desalados pies, la estatua que servía de adorno a la fuente del patio. -Señora -preguntó-, ¿adónde meto el Mercurio? -Hombre -contestó la Marquesa de mal humor, y sin participar de la hilaridad general que causó la aparición de aquel nuevo Eneas-, ponlo en un ángulo del corredor, y otra vez infórmate de Andrea de semejantes pormenores. Pepino, algo sentido de la ingratitud de su señora, dio una vuelta brusca y con él el Mercurio, y se dirigió apresuradamente hacia la puerta, quedándose prendida y arrancada un ala de la cabeza de aquél en el fleco de la sobrepuerta, de la que quedó colgando perpendicularmente como un dormido murciélago. La Marquesa se quedó fría de dolor y muda de indignación. -No vi alas más desgraciadas que las de ese pobre Mercurio -exclamó riendo Alegría-. Esta nueva catástrofe es una conspiración de los desposeídos pies contra la emplumada cabeza. -Y cate usted una demostración de la democracia -observó Paco Guzmán. -Y ¿dónde pongo los otros Mercurios?

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27 min Registrador Asuntos Corporativos Islas Vírgenes Británicas -Si ellas creen que puedo servirles. contesté, pensando que aquello me era conveniente. -Me han encargado, justamente, que se lo pida. -Entonces, no hay más que decir. Cuando esas damas quieran. La fiesta resultó magnífica y en ella pronuncié el más florido de mis discursos, como podrá verse por el siguiente párrafo, que no era, ni con mucho, el más deslumbrador: «Como la cascada que, saltando desde la altura, deshecha en lluvia de colores, en avalancha de piedras preciosas, fecunda todo el alto monte y toda la campiña, desde la planta aromática de la cumbre hasta la flor de la falda, hasta la espiga del llano, hasta el árbol corpulento y añoso que crece entre las grietas del peñasco, así el sentimiento desbordante, así la irisada caridad de la mujer argentina baja desde la cima excelsa en que es soberana, hasta la hondonada oscura en que hormiguea la humanidad doliente; y lo que arriba se llama Gracia, abajo se llama Beneficencia. ¡Dadme, dadme vuestra limosna admirable como único premio de mi vida! ¡Si soy un mendigo, tendré por vosotras dónde recuperar los alientos perdidos; si soy un triunfador, encontraré en vuestras manos la corona de laurel; si soy un poeta, tendré en vuestros ojos, cuando entone un sublime canto, la gota diamantina de rocío, la gema incomparable que no puede pagarse con todos los tesoros de la tierra, de vuestros tiernos, de vuestros abnegados, de vuestros preciosos sentimientos, emanación única de Dios! Esto parecerá rebuscado, enfático, y a los más exigentes hueco, ¡pero había que oírmelo decir con mi voz sonora y musical, y mi ademán, al propio tiempo amplio, rítmico y dominador! Un calofrío por toda la sala, como una ráfaga de viento en un trigal; las mujeres lloraban, los hombres aplaudían a despellejar las manos. ¡Qué triunfo aquél! Al salir del teatro, en medio de los agasajos, los apretones de manos, las felicitaciones entusiastas que exteriorizaban mi triunfo, Ferrando se me acercó en el vestíbulo, donde las damas aguardaban sus carruajes mal cubriendo con los abrigos todavía innecesarios, dada la estación, sus riquísimos trajes de soirée.

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