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69 min Templo De Shirlet Como Un Adulto Joven

Un pelo áspero y ensortijado cubría el sitio donde antes debió estar la corona. Su negra sotana, hecha jirones, se ceñía a su cintura con unas largas disciplinas. Traía descalzos los pies, y colgando de una larga cuerda, que dejaba arrastrar por el suelo, una custodia rota y abollada. -¿Por qué lloras, mortal? ¿No tienes fe? Si vienes tras de mí, yo te la daré. No morirás nunca. Soy el profeta de Dios. -Y se alejó repitiendo solemnemente: «¡Ven! Ignacio, helado de terror, quiso levantarse, mas vio espantado desfilar por el fondo del jardín la extraña procesión de sus escarnecidas virtudes. Una idea sombría, cual pájaro protervo, cruzó entre negras nubes por su mente. -¡¡Estoy en una casa de locos! Estaba en una casa de locos, y estaba allí porque había creído en la virtud, en la honradez, en la bondad, en la lealtad y en la justicia, y aquellas virtudes no eran más que un juego con que la sociedad en que había ido a caer encubría con inicua farsa sus bastardas pasiones. Estaba allí porque había amado a cuantos le rodearon, y ellos no habían hecho más que fingir cariño en espera de la hora en que pudiera mostrar sus odios.

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68 min Señor Pollas Grandes Chicas Calientes Acebo Te despierto porque ahí tienes visita, don Francisco Mancebo, que quiere hablarte con muchísima urgencia. Vaya unas horas de traer recados! Pero dice que es cosa grave, y que no hay más remedio sino que te tiene que hablar. En la sala baja está esperándote. -Voy al momento -dijo Guerra echándose de la cama, pues aquella visita de Mancebo tan a deshora le daba mala espina. ¿Qué sería? Vistiose a escape, y bajó. El clérigo no se entretuvo en saludos, y desde que le vio entrar le embocó sin preparativo alguno las siguientes palabras: -Grandes novedades, Sr. Ángel, novedades estupendas. Sepa usted que no la admiten. -¡Que no la admiten! Yo no he vuelto aún de mi asombro. Ayer acordó la Congregación no dar el hábito a Lorenza, porque hay ciertas dudas acerca de. En resumen, que la echan, que no la quieren. -¡Qué me dice, hombre! Si no puede ser.

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69 min Muy Joven Dulce Transexuales Follando Compilación -prosiguió dirigiéndose a su mujer, a la que por una de sus ideas llamaba siempre delante de gentes de usted. -Martín -contestó ésta-, en este mundo cansado, ni bien cumplido ni mal acabado. Esta vida es un viaje: ¿a qué anhelar por buenas posadas en que no hemos de estar sino de tránsito? -Pues, señora, mas que sea de tránsito, como que el transitillo mío es, a la hora ésta, de duración de setenta y siete años, sin los que caigan, digo que soy feliz, gracias a usted, señora, y a mi malva-rosita; si no fuera por la muerte de mis hijos, era yo quien se habría comido la torta del Cielo; pero en fin, nadie se va de este mundo sin saber que ha estado en él. -Di gracias a Dios, Martín. -Sí señora, sí señora, no hay duda de que de Dios nos viene el bien; pero de las abejas la miel. -¿A que no entendéis vos la felicidad como mi padre, tío? -preguntó Clemencia al Abad. -Es claro que no, hija mía -contestó éste-; pues creo que la verdadera está en procurarse alas que nos eleven, no a las nubes, sino sobre ellas; pues las nubes con su indeciso y mudable rumbo e indistintas formas, aunque en esfera aérea, son de terrestre origen, y a la tierra vuelven. -Pues, hermano -opinó don Martín-, como no sean las de los ángeles, estoy para mí que las de los pájaros no vuelan tan alto. ¿Qué dices tú, Pablo? que estás siempre callado y con la boca abierta como cañón arrumbado, y no parece sino que te criaron con migas y adormideras. ¿No digo yo bien, y no mi hermano, que todo lo pone fuera de tiro de pistola? -Señor -contestó Pablo-, cuando la felicidad según uno la sueña, está en un imposible, vale más que el deseo se abstenga de analizarla y el corazón de ansiar por ella. -Pablo, hombre -repuso su tío-, estoy para mí, que con los latines, que te engulles por receta de mi hermano, te vas a meter a coplero. Lo que has dicho es un sinfundo en buen versaje; pero a ti te están esas jerigonzas como los requilorios a las viejas. Latines era para don Martín el nombre genérico de todo estudio y saber. -Hermano -le dijo el Abad-, lo que dices es poco delicado y poco cierto.

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92 min Strap On Fem Dom Sex Movie Presumo que no. Se hace lo que se puede: no debemos ir más adelante, so pena de incurrir en crueldad y despotismo. Dispongo, pues, ¡oh capellán mío, y tú, incauto jovenzuelo! que se os abran prontito las puertas de esa mansión de tristeza. Tendreislo entendido, y os cuidaréis de tomar las medidas conducentes a vuestra próxima libertad». -¡Oh, bien, bien, y viva la incógnita! -exclamó Calpena batiendo palmas-. Ya somos libres. Clérigo, abrázame. -Despacito: veamos lo que dice después. Prosigo. «Escribo a los dos, porque deseo abreviar, y porque no hay nada que Mentor deba reservar de su extraviado Telémaco. Con los dos hablo a la vez. Estenme atentos. Si después de esta reclusión, que ha sido barrera contra los malos deseos, castigo de la temeridad, y garantía del honor, no se da Fernando por limpio y curado de su mal de aventuras deshonrosas, entiendo que es locura proseguir mi empresa. No puedo más. Hice cuanto de mí dependía para levantar un valladar entre su presente ignominioso y el brillante porvenir que he soñado para él. Le he brindado con la paz, le exigí sumisión.

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114 min Pequeñas Tiras De Aislamiento De Espuma Para La Venta Bueno, bueno, bueno. Ni corto ni perezoso, Prim no quería ser menos en Reus que sus amigos Serrano y González Bravo en Barcelona, y largaba también su Manifiesto, negando a Espartero los diez y seis meses que le faltaban de Regencia, y proclamando la mayoría inmediata de Isabel II. Sin sospechar entonces sus futuros destinos, ni los engrandecimientos de su figura en el porvenir; hallándose, como quien dice, en la edad del pavo, cual niño aplicado y muy inteligente que aún no conoce la discreción, llamó a Espartero soldado de fortuna, aventurero egoísta, y a Mendizábal intrigante, embaucador y dilapidador de los intereses públicos. Andando el tiempo fue de los que creyeron que la memoria de uno y otro debía perpetuarse con estatuas. Al mismo tiempo que Serrano y González Bravo entraban en Barcelona como chiquillos con zapatos nuevos, desembarcaban en Valencia Narváez, Concha (D. Manuel) y Pezuela, asistidos de varios jefes y oficiales, entre los cuales descollaban Fulgosio, Arizcun y Contreras, y al instante se entendieron con la Junta llamada de Salvación, consagrándose todos con celo entusiasta a llevar adelante la grande aventura del alzamiento. Partió Concha sin perder tiempo hacia las Andalucías, para ponerse al frente de las tropas pronunciadas en Sevilla y Granada, y Narváez recibió de la Junta el mando de las de Valencia. No necesitaba más el guapo de Loja para tener a España por suya: diéranle soldados, una bandera que despertara simpatías circunstanciales en cualquiera región del alborotado país, y ya era el hombre que a todos se les llevaba de calle. No había otro que le igualara en aptitudes para establecer un predominio efectivo, por la sola razón de ser más audaz, más tozudo y más insolente que los demás. Dése a cada cual lo suyo, y resplandezca en la distribución de censuras y elogios la estricta justicia. Narváez supo ser el primer mandón de su época, porque tuvo prendas de carácter de que los otros carecían, porque su tiempo, falto de extraordinarias inteligencias y de firmes voluntades, reclamaba para contener la disolución un hombre de mal genio y de peores pulgas. El cascarrabias que necesitaba el país en momentos de turbación era Narváez, porque no había quien le igualase en las condiciones para cabo de vara o capataz de presidio. El barullo grande. a que nos había traído la coalición; la ceguera de los liberales confabulándose con los moderados para derribar al Regente; la confusión y escándalo inauditos de aquellas Juntas que legislaban en nombre de la Nación y repartían grados, honores y mercedes a paisanos y militares; los actos de imbecilidad o de locura que señalaban el estado epiléptico del país, requerían un baratero que con su cara dura, su genio de mil demonios, sus palabras soeces y su gesto insolente se hiciera dueño de todo el cotarro. El General bonito, como llamaban a Serrano entonces, hombre afectuoso, presumido, de arranques gallardísimos en los campos de batalla, blando en las resoluciones, cuidándose principalmente de ser grato a todo el mundo, mujeres inclusive, no servía para el caso; Prim, nacido del pueblo, tenía gustos y costumbres de aristócrata; aunque adelantado en su carrera militar, no había subido a las más altas jerarquías; si en él descollaba la inteligencia, como en Serrano el don de simpatía, no se encontraba en disposición de levantar el gallo. Concha, con extraordinario talento militar y más sagaces ideas que sus colegas, se reservaba sin duda para mejores días, y en la propia situación expectante se hallaba O'Donnell, cuya mente sajona entreveía sin duda empresas grandes que acometer en días normales. Podían ser estos los hombres del mañana; pero el hombre de aquellos días era Narváez, no embrión, sino personalidad formada, porque el baratero nace, y a poco de nacer, con sólo un par de arranques y el fácil reparto de cuatro bofetadas a tiempo y de otros tantos navajazos oportunos, ya se ha revelado a sí mismo y a los demás, ya es el poeroso ante quien todos tiemblan. Empezaba D.

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