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53 min Comunidad De Adultos Activos En Indio Ca

¡Es también a tu humildad, a tu virtud! Flameó su pañuelo Inés-María, llorando siempre, y arrancó el coche al trote de las mulas. Los parientes felicitaban a Julián. Julián declinaba el triunfo en su mujer. Le tomó una mano y dijo, con la espartana brevedad que él creía que debían premiarse estas acciones: -Gracias, Inés, has sabido secundarme. En todo esto no me cabe más orgullo que el haber sabido conducirlo a todo honor! Al buen amigo, al buen poeta Joaquín Alcaide de Zafra Fumaba un magnífico cigarro, rubio y esquinoso y escogido, de quince centímetros. Estiróse el marsellés y el pantalón de punto, se inclinó ligeramente más hacia la izquierda, el cordobés y siguió para el casino. El caballo se lo llevaría Froilán a cosa de las once. Era hermosa la mañana. Al sol, en la puerta del casino, estaban ya fumando y discutiendo Badillo, Cartujano, el secretario, el boticario, Pangolín y Atanasio Mataburros. José de San José llegó y tomó su silla. Por un rato escuchó, golpeándose las espuelas con la fusta. No sólo advirtió que Cartujano, con la presencia de él, tomaba vuelos, sino que pudo asimismo advertir de qué manera, por respeto a él, los demás cedían un tanto en su alborotada oposición de democracias.

106 min Fiesta De Idea De Cena De Cumpleaños De Adultos

46 min Fiesta De Idea De Cena De Cumpleaños De Adultos ¿Por qué no me hundes para siempre en el infierno? Es espantoso, pero lo confieso, lo confieso a solas a Dios, que me oye, y lo confesaré ante el sacerdote. Aborrezco a mi madre. ¿En qué consiste esto? No puedo explicármelo. Él no me ha dicho una palabra en contra de mi madre. Yo no sé cómo ha venido esto. ¡Qué mala soy! Los demonios se han apoderado de mí. Señor, ven en mi auxilio, porque no puedo con mis propias fuerzas vencerme. Un impulso terrible me arroja de esta casa. Quiero huir, quiero correr fuera de aquí. Si él no me lleva, me iré tras él arrastrándome por los caminos. ¿Qué divina alegría es esta que dentro de mi pecho se confunde con tan amarga pena? Señor, Dios y padre mío, ilumíname.

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HDTVRIP Tumor De Células Fusiformes En Imágenes De Mama

63 min Tumor De Células Fusiformes En Imágenes De Mama -¡Qué sé yo lo que digo; si yo creo que estoy loco, en ese laberinto en que me encuentro, rodeado del crimen, de la traición, de la falsía! ¿Quién eres, di? Define tu posición. ¿Cómo hablas en mi presencia de atacar la casa donde voy a asilarme, donde está ese joven a quien llamas tu amigo, donde. -¡Por amor de Dios, señor Don Cándido, que todo tenga que explicárselo a usted! -¿Pero qué explicación cabe en lo que yo mismo he oído? -Esto -dijo Daniel abriendo el último billete, que no había lacrado, y dándoselo a Don Cándido, cuya cara y cuyos ojos asustaban realmente. -exclamó después de leerlo dos veces. -Esto, señor Don Cándido, es trabajar sobre el trabajo ajeno, es envolver a los hombres en sus propias redes, es hacerlos perder dentro sus propios planes, es hacerse servir de sus propios enemigos, es, en fin, la ciencia toda de Richelieu, aplicada a pequeñísimas cosas, porque no hay Rochelas ni Inglaterras entre nosotros, que si las hubiera, también la aplicaría. Ahora, vaya usted y repose tranquilo en el territorio norteamericano. -Ven a mis brazos, joven admirable, que me has hecho pasar el más cruel momento de mi vida. -Venga el abrazo, y váyase usted en mi coche, ilustre primo de Cuitiño. -No me insultes, Daniel. -Bueno, hasta mañana; no, hasta pasado mañana.

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108 min Parejas Cornudas Que Chupan Polla Negra

48 min Parejas Cornudas Que Chupan Polla Negra esto es peor que si me asesinara. ¡No hay Dios, ni mito que castigue crímenes tan. espantosos! Esto último lo dijo sola, porque Guerra no quiso esperar más, y salió, afectando calma, pero en realidad profundamente apenado y caviloso. Dulcenombre, en un rapto de demencia, corrió hacia la escalera gritando: «Es una infamia. abusar así. porque me ve sin familia, abandonada de todo el mundo. Dios mío. Virgen. No, no, que sois mitos». Algunos vecinos salieron a sus respectivas puertas. La galguita ladraba furiosa en el pasillo. Hubo un ligero remolino de curiosidad y chacota en la escalera; pero nada más. Luego, cuentan que salió la moza al balcón, enteramente trastornada, y desde allí, con descompuestas voces y ademanes más descompuestos aún, llamó al amigo perdido, que ya doblaba la esquina de la calle de Santa Brígida sin mirar para arriba ni hacer caso de nada. «Chillará y trinará, ¡pobrecilla!

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550 mb Donde Conseguir Cumming Polla Monstruo

32 min Donde Conseguir Cumming Polla Monstruo Cuando por medio de la máquina neumática se hace el vacío en un tubo, los objetos que se han puesto dentro, pajas o plomos, caen todos con igual rapidez. Aquí, en el espacio, la misma causa produce idéntico efecto. —Es verdad —dijo Nicholl—, todo cuanto arrojemos fuera del proyectil le acompañará en su viaje a la Luna. —¡Ah, qué tontos somos! —¿Por qué nos aplicas ese calificativo? —Porque podíamos haber llenado el proyectil de objetos útiles, como libros, instrumentos, herramientas, etc. ¡Lo hubiéramos echado fuera, y todo nos hubiera seguido! Pero ahora se me ocurre otra cosa. ¿No podríamos salir nosotros también y lanzarnos al espacio por una de las lumbreras? ¡Qué placer tan nuevo debe ser encontrarse suspendido en el éter, mucho más cómodamente que un ave, que necesita batir las alas para moverse! —Es verdad —dijo Barbicane—, pero ¿cómo nos arreglaríamos para respirar? —¡Maldito aire, que falta en tan buena ocasión! —Y si no faltara, amigo Miguel, como tu densidad es inferior a la del proyectil, te quedarás atrás en un momento.

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89 min Recinto De Látex, Consolador, Mordaza, Brazalete, Collar, Caja De Regalo

71 min Recinto De Látex, Consolador, Mordaza, Brazalete, Collar, Caja De Regalo No, Señor, esto no ha sido más que una idea que pasó, como pájaro que vuela, como sombra de una nube que corre por allá arriba. Yo no quiero nada de muerte; pero si no serenas mi corazón, el mejor día salgo con una pitada muy gorda. Yo me conozco, sé que soy atroz en mis quereres, y reconozco que la sangre de familia que llevo en mis venas no es de lo mejorcito». En el altar del Cristo ardía siempre una vela suya, y Dulce cuidaba de que nunca dejase de lucir, pues su preocupación supersticiosa llegaba al extremo de barruntar desdichas, si se apagaba. Con ella y otras que distintos fieles ponían allí, el dorado altar y sus exvotos de cera, entre lazos y cintas, se rodeaban de esplendor fúnebre. El amarillo cuerpo de la santa imagen reproducía con su patinoso barniz antiguo las llamas rojizas, y el cárdeno rostro, el perfil hebreo, la expresión cadavérica adquirían un terrible acento de verdad. La cabellera de mujer que le cuelga en mechones por entre las espinas, velando en parte el rostro, en parte cayendo hasta el costado, le hacía más lúgubre, más muerto, más lastimoso. Ante él, sentía Dulce inefables esperanzas en la misericordia celeste, y de todo corazón le encomendaba su cuita. Representando la imagen al divino Jesús después de muerto, no dejaba de tener para la penitente misterioso lenguaje, reflexión de las propias ideas de ella y de las irradiaciones de su alma. Algunas tardes creía verle más adusto que de ordinario, otras benigno y hasta risueño. Figurábase a veces que los agarrotados dedos no permanecían en mortuoria quietud, y no siempre veía en la misma cabeza el mismo grado de inclinación sobre el pecho. Rara vez estaba sola la capilla; siempre había en ella algún afligido suspirón, madre atribulada o incurable enfermo. No sonaba allí un aliento humano que no expresara algún dolor terrible. Una tarde tuvo que entrar Dulce en la sacristía, no en la de la capilla, sino en la general de la parroquia, y al volver, atravesando la nave lateral de la epístola, vio en un confesionario a un hombre de rodillas, medio cuerpo metido dentro de la caja, como penitente que con gana lo toma. Aunque no le vio el rostro, creía reconocer a una persona muy de su intimidad en otros tiempos.

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TVRIP He Tomado Fotos En El Resort Nudista.

1080p He Tomado Fotos En El Resort Nudista. Luego pasó por un conducto obscuro y estrecho, semejante a los túneles del ferrocarril; pasó por un puente levadizo, bajo el cual se extendía profundo foso vestido de hierba; vio bastiones, plazas de armas con pirámides de balas negras junto a los cañones verdes, inválidos; franqueó puertas rematadas con el escudo nacional, y, por fin, vio campo, terreno inculto a derecha e izquierda, lomas áridas con algunos grupos de chumberas o palmitos, entre peñas, y ya no veía mujeres ni paisanos. La tropa, en cuyas filas iba, avanzaba silenciosa: a lo lejos, a medida que el paisaje se abría, divisó el cronista soldados de todas armas, en grupos, no en actitud de combatir, sino de descanso; acémilas que volvían descargadas, camillas que aún no transportaban heridos. De moros no veía Juan ni rastro por ninguna parte. Agradeció mucho el poeta militar que la masa de tropa, dentro de la cual era como gota de agua en la ola movible, suspendiera su marcha, alcanzado quizás el término de ella. Difícilmente se tenía ya en pie, y necesitaba evocar toda su dignidad y todo su patriotismo para no tumbarse a un lado del sendero. Algo le consoló ver que los soldados reconocían los sitios en que debían armar sus tiendas, y observó con gozo todos los indicios de esta función doméstica que aun en la vida de campaña es indispensable. Oyó que aquel lugar se llamaba El Otero; le animó mucho el notar que los soldados, alegres y activos, no se recataban para manifestar su horroroso apetito. Desde la salida de Cádiz no había vuelto a ver a su amigo Rinaldi: le suponía junto al General en Jefe, y a este se le figuraba en Ceuta, ordenando la situación de las fuerzas en los puntos convenientes para comenzar la campaña. La atenuación física desmedraba de tal modo las facultades mentales de Santiuste, que apenas podía discurrir, y al intentarlo no lograba traer a sus juicios la lógica fugitiva. No sabía en qué Cuerpo de Ejército se encontraba, ni si era su Jefe Prim o Zabala. El capitán Pulpis, única persona con quien hablar podía, pues los demás no paraban mientes en él ni le hacían ningún caso, le dijo que más adentro, fuera ya del campo neutral, había un caseretón llamado El Serrallo, que fácilmente ocupó Echagüe días antes. Rodeado aquel sitio de cerros eminentes, en estos se levantaron fuertes. Atacaron los moros; se les rechazó en cuantas embestidas dieron. Habíamos tenido pérdidas; ellos muchas más. Ya que pisaban territorio marroquí dos Cuerpos de Ejército, y el Tercero no tardaría, pronto veríamos formidables batallas.

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66 min Cómo Crear Un Gran Orgasmo

40 min Cómo Crear Un Gran Orgasmo Paco y elegir en lugar suyo al ya nombrado D. Jaime Pimentel, D. Acisclo se afanó por convertir su minoría en mayoría, trayendo a sí a los neutrales y vacilantes, y procurando, sobre todo, sacar de sus casillas y lanzar en la lucha a no pocos que jamás quieren votar ni mezclarse en política, tal vez porque no ambicionan empleos. Entre estos desdeñosos, dignos en nuestro sentir de reprobación, porque dejan el campo libre a los explotadores, había en el distrito un hombre a quien, vencida su inercia, seguiría toda una población. La población era la que ya conocen mis lectores con el nombre de Villabermeja. El Cincinato electoral, a quien anhelaba mover D. Acisclo, porque con él daba por indudable el triunfo, era el famoso amigo mío D. Juan Fresco, de cuyos labios sé esta historia, así como otras muchas no menos ejemplares, que contaré en lo venidero, si Dios me concede vida y salud. Don Juan Fresco estaba en buenas relaciones con D. Acisclo, el cual le había sido útil y le había servido en algunos negocios; pero D. Juan Fresco no se dejaba llevar con facilidad. Don Acisclo había montado a caballo e ido a verle a su lugar dos o tres veces. Le había escrito además cuatro o cinco cartas, tratando de convencerle. Nada había bastado a quebrantar su resolución ni a cambiar su inveterada conducta de no mezclarse en elecciones ni en política para nada. Don Acisclo rabiaba, se entristecía y se desesperaba de esta terquedad.

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24 min Como Enojar A Mi Leiutenant

115 min Como Enojar A Mi Leiutenant Eran dos, en efecto, altos, vigorosamente constituidos, anchos de espalda, de treinta y cinco a cuarenta años, vestidos como la gente del campo: con sombrero de fieltro de alas grandes; pantalón grueso y botas fuertes. No había duda que examinaban obstinadamente la puerta y ventanas de mi domicilio. De vez en cuando cambiaban unas cuantas palabras, se alejaban un poco y volvían a su puesto de observación. ¿Son esos dos los individuos que ha observado usted antes? pregunté a Grad. Ellos son; estoy segura. En suma, no podía creer en un error de mi vieja doméstica, y me prometí esclarecer el asunto. Seguir yo mismo a los dos hombres no era posible, pues me hubiesen reconocido en seguida; y dirigirme a ellos sin más ni más, ¿de qué iba a servirme? Lo más acertado era disponer que un agente vigilase delante de mi casa y los siguiera hasta donde fuera preciso, a fin de averiguar quiénes eran los dos sujetos en cuestión. ¿Me esperarían para escoltarme hasta la Dirección de Policía? Pronto lo iba a saber; y si así lo hiciesen, tal vez hubiera llegado la ocasión de ofrecerles una hospitalidad que seguramente no agradecerían. Cogí el sombrero, y en tanto que Grad continuaba en la ventana, bajé por la escalera, abrí la puerta y me eché a la calle. Los dos hombres no estaban allí ya. A pesar de que puse la mayor atención, no pude verlos por ninguna parte. A partir de aquel día, ni Grad ni yo los volvimos a ver frente a la casa, ni los encontré en mi camino.

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39 min America Contemporanea Asediada Eros Etica Género En Politica Pensamiento Sexual

42 min America Contemporanea Asediada Eros Etica Género En Politica Pensamiento Sexual El mocito es vengativo y procaz. -No sé si podré ir. -indicó Caballuco-; como ando ahora escondido, no puedo desafiar al D. José Poquita Cosa. Si yo no estuviera como estoy, con media cara tapada y la otra medio descubierta, ya le habría roto treinta veces el espinazo. ¿Pero qué sucede si caigo sobre él? Que me descubro; caen sobre mí los soldados, y adiós Caballuco. En cuanto a darle un golpe a traición, es cosa que no sé hacer, ni está en mi natural, ni la señora lo consiente tampoco. Para solfas con alevosía no sirve Cristóbal Ramos. -Pero hombre, ¿estamos locos? ¿qué está usted hablando? -dijo el Penitenciario con innegables muestras de asombro-. Ni por pienso le aconsejo yo a V. que maltrate a ese caballero. Antes me dejaré cortar la lengua que aconsejar una bellaquería.

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