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111 min Como Decirle Al Sexo Del Feto

Era alta, en extremo extremo delgada, y de constitución nerviosa. Sus facciones eran bellas y regulares, y sus ojos negros hubieran sido encantadores, a no haber en ellos algo de esquivo, duro y altanero que marcadamente rechazaba. Bien fuese por causa de su carácter, o bien por la viciosa educación que le diera su madre, o bien por algún mal estar físico o moral, ello es que en sus maneras era generalmente displicente y díscola. Su madre la calificaba de rara. La segunda, que se llamaba Alegría y tenía diez y siete años, era un gracioso conjunto moral y físico, un fresco arbusto de recio tronco y aguzadas púas, las que encubrían vistosamente una frondosa hojarasca y seductoras flores: era morena, pálida y pequeña, pero bien proporcionada desde su diminuto pie hasta su garbosa cabeza. Sus magníficas cejas y pestañas negras como el azabache daban, cuando sonreía, a sus ojos guiñados y de un gris de ceniza una dulzura infinita, y a sus miradas tal picante, que hacían decir a sus apasionados que tenía alfileres en los ojos. No obstante, la expresión de aquellas miradas y la dulzura de aquella sonrisa ocultaban un alma vulgar, un entendimiento limitado, pero perspicaz y sutil, y un corazón ahogado en egoísmo. Calificábala su madre de buena alhaja. Todas estas cosas en ambas hermanas estaban muy a las claras. Hay en nuestra sociedad, como en todas las humanas, bueno y malo; hay mujeres, y son las más, que son buenas, francas, que tienen mucho talento y que sellan estas cualidades con la más encantadora y más común en España, la ausencia de pretensiones. Hay medianías, y hay mujeres de mala y de perversa índole. Pero lo que no se halla, sino rara vez, es ese artificio, esa falsedad, ese admirable talento de fingir, esa hipocresía que las mujeres que no son buenas, ponen en práctica en otros países. Aquí habrá, en las mal educadas y mal inclinadas, tretas, ardides y hasta mentiras para ocultar sus manejos y sus intrigas, eso sí; pero ocultar su propio yo, eso al menos, gracias al cielo, es muy raro.

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Gratis Mi Primera Maestra De Sexo Señorita Digna -Tiene la palabra -contestó Salomón, deshaciendo el tabaco de un cigarrillo en la palma de su inmensa mano. -Yo anoche he cenado con el Restaurador de las Leyes y su hija Doña Manuelita Rosas y Ezcurra. El Restaurador es más que Dios porque es el padre de la Federación, y cuantos unitarios caigan en mis manos les ha de suceder lo mismo que a los que agarré anoche. Es verdad que uno se escapó, pero va bien marcado, y ya esta mañana le mandé un hombre a Doña María Josefa que le ha de dar buenas señas, porque hombres y mujeres, siendo federales, todos debemos ayudar a Su Excelencia, que es el padre de todos. Para ser un buen federal, es preciso mostrar esto -y Casiopea sacó su puñal, y con el dedo índice de la mano izquierda señalaba en la lámina de acero algunas manchas de sangre, de aquella en que se había empapado la noche anterior. A esta acción todos los mashorqueros contestaron desenvainando el puñal y prorrumpiendo en alaridos espantosos contra los unitarios, contra los franceses, contra Rivera y especialmente contra Luis Felipe, el rey guardachanchos, según lo llamaban, por inspiración de Rosas. En toda esta escena, Daniel era el único de los personajes en cuya fisonomía no hubiera podido distinguirse por nadie la mínima alteración, la mínima expresión, ni de entusiasmo, ni de miedo, ni de afección, ni enojo. Frío, tranquilo, imperturbable, él observaba hasta lo íntimo del pensamiento y la conciencia de cuantos le rodeaban, sin dejar de calcular las ventajas que podría sacar del frenesí de los otros. Apagada la tormenta de gritos, Daniel pidió la palabra al presidente con el aire más resuelto del mundo, y obtenida, dijo: -Señores, yo no tengo todavía el honor de pertenecer a esta ilustre y patriótica sociedad, aun cuando espero incorporarme a ella dentro de poco tiempo; pero mis opiniones y amistades son conocidas de todos, y espero con el tiempo poder prestar a la Federación y al Ilustre Restaurador de las Leyes servicios tan distinguidos como los que le prestan los miembros de la Sociedad Popular Restauradora, que ya son conocidos tanto en la república como en toda la América. Nuevos aplausos y nuevos gritos siguieron a este tan lisonjero exordio. -Pero, señores -continuó Daniel-, es a las personas presentes a las que yo debo dar las enhorabuenas que se merecen de todo buen federal, porque, sin querer negar a los demás socios su entusiasmo por nuestra santa causa, yo veo que sois vosotros los que dais la cara de frente para sostener al Ilustre Restaurador de las Leyes, mientras que los demás no asisten a las sesiones federales. La Federación no reconoce privilegios. Abogados, comerciantes, empleados, todos aquí somos iguales, y cuando haya sesión, o cuando haya algo que hacer en beneficio de Su Excelencia, todos deben concurrir al llamamiento del presidente, o adonde haya peligros, sin dejar a unos pocos los compromisos y los trabajos.

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74 min Mi Esposa Y Yo Teniendo Sexo Pero usted era exigente, orgullosa, insensible, egoísta. Mi amor hubiera sido abnegado. hubiera pisoteado sus miserables rencores. Con los ojos ardientes de cólera, simulaba el gesto de aplastar con el pie. -Mire usted -dijo volviendo a golpearse la cicatriz-. Cuando tuvo ya edad de comprender lo que había hecho, lo vio y se arrepintió. He sabido cantar para darle gusto, charlar con él, demostrarle el ardor con que me interesaba por todo lo que hacía; he podido, con mi perseverancia, llegar a ser lo bastante instruida para agradarle, pues he tratado de agradarle y lo he conseguido. Cuando su corazón era todavía joven y fiel, me ha amado, sí, me ha amado. ¡Cuántas veces, cuando acababa de humillarla a usted con una palabra de desprecio, me ha estrechado a mí contra su corazón! Hablaba con un orgullo insultante, frenético, pero también con un recuerdo ardiente y apasionado, de un amor cuyas cenizas dormidas dejaban escapar alguna llama de fuego más dulce. -Después he tenido la humillación. hubiera debido esperármelo, si no me hubiera fascinado con sus ardores de niño. después he sido para él un juguete, una muñeca, que servía de pasatiempo a su ocio; la cogía y la dejaba, para divertirse, según el inconstante humor del momento.

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30 min Madres En La Galería De Esperma De Hijos De Libre Creo que me dijo: «Lo que has visto de esta guerra estúpida yo también lo vi. La Fatalidad, ley que viene de muy alto, impidió al gran soldado dar un golpe decisivo. No creas que puedan concluir estas luchas de otro modo que por conciertos y cambalaches como los de Vergara. Tu pobre España gemirá, por largos años, bajo la pesadumbre del despotismo que llaman ilustrado, enfermedad obscura y honda, con la cual los pueblos viven muriendo. y se mueven, gritan y discursean, atacados de lo que llaman epilepsia larvada. Debajo de esta dolencia se esconde la mortal tuberculosis. Si tales no fueron sus expresiones textuales, no creo equivocarme respecto al sentido de ellas. Desde que oí a la Señora subió de punto el desvarío de mis pensamientos. Se me olvidó el nombre del pueblo donde me encontraba. «¿Pero dónde estás, Tito? -me pregunté. Vi a Chilivistra arrastrando por los polvorosos ladrillos de la inmensa habitación la cola negra de un vestido como los que usan las damas en la Corte.

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106 min Absolutamente Gratis Xxx Peliculas Invasion Publica Huiríamos, nos mataríamos con pistola o veneno si alguno intentaba cortarnos la fuga. Acordado esto solemnemente, volvíamos a nuestras conversaciones. Obdulia me dijo: «No sabes cómo andan ahora de alborotadas las señoras alfonsinas con la llegada de la Reina, que parece está ya en camino. ¡Y cómo la muerden! Lo menos que dicen de ella es que es una buena mujer, sin hábitos de reina. No pasa de señora de un comandante, lo más de un teniente coronel. Es algo instruida, como que ha estudiado para maestra. Su título es de la Cisterna. El título no puede ser más profundo. Fama de virtuosa sí que tiene. Gusta más de vivir recogida, que en las bullangas de la Corte. Eso no se puede criticar, digo yo, pero tampoco es razón para que venga aquí a por una corona. Una reina debe ser ante todo reina.

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