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14 min Chica De Cerca Cum Tragando Vid

La caleta de Black-Rock. Aunque nuestra partida era urgente, consideramos necesario escoger un hotel donde depositar nuestras maletas. La elección fue fácil, gracias a Arturo Wells, en una ciudad que cuenta unos 130 000 habitantes. El carruaje nos condujo a White-Hotel, y después de un ligero almuerzo nos pusimos en marcha. Llevábamos provisiones para unos cuantos días. La caleta de Black-Rock era un lugar absolutamente desierto, que no nos hubiera proporcionado recursos de ningún género. Tampoco podíamos contar con un albergue donde guarecernos; pero como estábamos en pleno verano, no había temor a pasar una o más noches al raso. Además, si nuestra tentativa tenía éxito, sería cuestión de algunas horas. O el capitán de El Espanto era sorprendido, sin darle tiempo a escapar, o se daba a la fuga, y habría que renunciar a la esperanza de prenderle. Arturo Wells, hombre de unos cuarenta años, era uno de los mejores agentes de la policía federal. Vigoroso, audaz, emprendedor, de gran serenidad, había demostrado en más de una ocasión sus relevantes condiciones, a veces con peligro de su vida. Inspiraba gran confianza a sus jefes, que tenían muy en cuenta todo cuanto decía. Hallábase en Toledo con ocasión de otro asunto, cuando el azar le puso sobre la pista de El Espanto. Bajo el látigo del conductor, el coche rodaba rápidamente a lo largo del litoral del Erie y se dirigía hacia el extremo sudoeste. Esta vasta superficie líquida está situada entre el territorio canadiense, al Norte, y los Estados de Ohio, de Pensylvania y de Nueva York. Si indico la disposición geográfica de este lago, su profundidad, su extensión, los cursos de agua que lo alimentan, los canales de desahogo, es porque son datos interesantes en el relato que hemos de hacer. La superficie del Erie es de 24 668 kilómetros cuadrados. Su altura cerca de 600 pies sobre el nivel del mar. Está en comunicación al noroeste con el lago Huron, el Saint-Clair y el río Detroit, que le envía sus aguas, recibiendo a los afluentes de menor importancia, tales como el Rocky, el Guyahoga y el Black.

101 min Hombres Gay Desnudos En La Ducha

49 min Hombres Gay Desnudos En La Ducha —Es muy cierto; ¿y ha dado Vd. algunos pasos cerca de la familia? —Esta mañana dirijí al padre un telégrama pidiendole la mano de su hija, y aún no tengo contestacion. Juzgue Vd. cual será mi desesperacion! Ni diez minutos se necesitaban para mandarme decir lo que determinaban. —En verdad,— observó la jóven,— ese silencio es inesplicable. Cándido ahogó sus sollozos, y no teniendo nada que decir, se puso á pensar en Violeta. Enrique, mientras tanto, guiado por Sebastian, iba hácia la casa del Ministro de Obras Públicas. La ciudad había concluido su toilette para la noche. Dos veces por dia, antes de salir el sol, y á la hora general de las comidas—es decir, á las seis de la tarde, grandes carros de movimiento eléctrico, que á la vez riegan, barren y levantan automáticamente el polvo y el lodo, son lanzados á galope por todas las calles, que por este procedimiento quedan completamente limpias en un abrir y cerrar de ojos. A Gilles de Paris deben nuestras ciudades modernas esta invencion higiénica. Una luz, á la vez suave y brillante, inundaba las calles, las avenidas, los jardines y las plazas, que más alumbradas parecian estar que en pleno dia, merced á la multiplicidad de picos eléctricos, distribuidos por doquier con profusion. Las tiendas, cuyas muestras eran figuradas por rayos de fulgurante luz, desarrollaban ante la vista deslumbrada de la muchedumbre los tesoros de la elegancia y del lujo de todo el Universo. Enrique no prestó sinó una mediocre atencion á todas esas maravillas; anhelaba conocer el resultado de la entrevista que debía tener con el ministro, y, sobre todo, volver cuanto antes al lado de su querida Primavera. Al fin llegó á casa del Ministro. Las horas de recibo son de las ocho p. hasta media noche.

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111 min Chicas Desnudas Con Chicas

DVDRIP / BDRIP Chicas Desnudas Con Chicas Eran latas de conservas. Pero aunque el traductor no hubiese prestado sus servicios científicos, el olfato sutil de aquellos pigmeos habría descubierto el contenido de los enormes cilindros, a pesar de que estaban herméticamente cerrados. Para su agudeza olfativa, el metal dejaba pasar olores casi irresistibles por lo intensos. Todos aspiraban con fuerza el ambiente, desde los cinco jefes del gobierno hasta los pajecillos porta-abanicos. El paso de cada torreón deslumbrante era acogido con un grito general: "¡Esto es carne! Poco después decían a coro: "¡Esto es tomate! Transcurridos unos minutos, afirmaban a gritos: "¡Ahora son guisantes! y todos se asombraban de que un ser en figura de persona, aunque fuese un coloso, pudiera alimentarse con tales materias que esparcían un hedor insufrible para ellos, casi igual al que denuncia la putrefacción. Deseosos de suprimir cuanto antes esta molestia general, los organizadores del desfile hicieron aparecer en el patio a una veintena de siervos desnudos, llevando entre ellos, muy tirante y rígida, una especie de alfombra cuadrada, de color blanco, con un ribete suavemente azul, y que ostentaba en uno de sus ángulos un jeroglífico bordado, que, según la declaración del profesor Flimnap, se componía de letras entrelazadas. Aquí la ciencia del universitario se extendía en luminosa digresión para explicar a sus compatriotas la existencia del pañuelo entre los Hombres-Montañas, el uso incoherente que le dan y las cosas poco agradables que depositan en el. Pero, como ocurre siempre en las grandes solemnidades, el público no prestó atención a las explicaciones del hombre de ciencia, prefiriendo examinar directamente lo que tenía ante sus ojos. Un perfume de jardín que parecía venir de muy lejos empezó a esparcirse por el patio, haciendo olvidar los densos hedores exhalados por las torres plateadas. Las señoras y señoritas de las galerías se agitaron aspirando con deleite esta esencia desconocida. Las mamás hablaban entre ellas, buscando semejanzas y similitudes con los perfumes de moda entre el sexo masculino. Algunas concentraban su atención para poder explicar en el mismo día a los perfumistas de la capital la rara esencia del Hombre-Montaña, y que la fabricasen, costase lo que costase. Luego entraron mas siervos desnudos llevando a brazo nuevos objetos. Seis de ellos sostenían como un peso abrumador el libro de notas cuyas hojas había traducido Flimnap. Después otros atletas pasaron, rodando sobre el suelo, lo mismo que si fuesen toneles, varios discos de metal, grandes, chatos y exactamente redondos, encontrados en los bolsillos del gigante. Estos discos eran de diversos tamaños y metales, llevando todos ellos de relieve en sus dos caras un busto de mujer gigantesco y un ave de rapiña con las alas abiertas.

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79 min Gratis Una Noche En Paris Hilton Porno Tal podría ser esta, que, no ya un hombre como Pepe Güeto, sino el último gañán pusiese los ojos en mí con razonable esperanza de lograrme, y yo cediese y fuese suya, no ya siendo hija de un marqués arruinado, sino siendo millonaria y princesa. Por dicha o por desgracia mía, o no hay de esos seres con prendas y excelencias superiores a su clase, lo cual probaría, en suma, que los hombres, por naturaleza, son más iguales de lo que se cree, y que tales prendas y excelencias son creadas por artificio, o, si hay de esos seres, no están reservados para mí, o yo carezco de imaginación para fingir en alguien, aunque no existan, todos aquellos primores que habrían de enamorarme. Así, pues, la energía de amor está en mí como dormida; pero no ha muerto. No permita Dios que mate yo en mí facultad alguna de las que el mismo Dios me ha dado. Duerma el amor en mi seno. A mi razón serena y fría toca velar para que no le despierte sino quien deba. Pero, hija mía, nadie acude a despertarle, y me temo que sea eterno su sueño. -Vamos, yo me arrepiento de una tontería que he dicho -exclamó doña Manolita-. ¿Qué tendría de feo ni de malo que tú fueses y te mostrases donde conviene para que haya quien con títulos bastantes acuda a despertar a ese precioso amor dormido? Casi se me antoja que no sólo tienes derecho, sino que estás en la obligación de hacerlo. No es justo que tanta hermosura (¡cuidado si eres bonita! , no es lícito que tanta distinción y elegancia queden sepultadas en este lugar. Es cruel que tan lindo amor se consuma durmiendo, envejezca, y acaso, acaso, tenga el infortunio de que se le apolillen las alas. De seguro que hay mil galanes por ahí, por esos mundos, que caerían rendidos a tus plantas, si llegasen a verte. De seguro que habrá uno entre ellos a quien tú debes amar. Pero ¿cómo han de adivinar que estás aquí? ¿Por qué has de jugar con ellos al escondite? -En primer lugar, porque, a fin de buscar poesía, no he de empezar yo destruyendo la poesía. El amor no ha de buscarse; ha de aparecer, ha de surgir de un modo providencial.

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71 min Mi Cuello Mi Espalda Mi Coño Y no le consiento a usté que se ladee. Y usté no se ladea. ¡No faltaba má! Por los hijo hay que ser duro como un cuerno. y blando como un merengue. too a su tiempo. ¿estamos? En fin, que usté hará su obligación de padre. o si no, a la horca. Misté: ¿Ha visto esa payasá que la disen el enano? Es una persona que habla y otra la apunta lo que ha de desir y mueve los braso por eya. Pues así haremos, camarada: usté habla y yo le soplo. Tuve un respingo que la señora interpretó por desconsolada negativa, fundada en alguna razón secreta, y al punto añadió con toda su monería y con la zalamera humildad que la hacía tan irresistible: -Que tenemos la cuestión de monise. Que este mes va a haber algún ahogo. Pues ná. no hay ahogo, querío, no hay ni sombra de él. Ayer, cuando salto de la cama, me entra Visente una carta sertificá, con más pegotes de lacre. Firmo el resibo, la abro, y sale de dentro una letriya. ¿Ve usted?

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42 min Mujer Mayor Por Primera Vez Coño Comiendo

80 min Mujer Mayor Por Primera Vez Coño Comiendo La pícara Libertad nos quitó aquella finca, que fue comprada por Bruno Zacarías, padre de la doña Sales, madre de este caballero, el cual la hereda; de modo que si se casa con mi sobrina, mi sobrina será dueña de ella, y por carambola yo, yo, que como capellán que fui y beneficiado que soy, tengo cierto derecho a disfrutarla. ¡Miren las vueltas que la Providencia da a las cosas para que la justicia y el derecho se cumplan! Porque, claro, si hay boda, yo tendré vara alta en la casa, y al cigarral me iré cuando me dé la gana, sí señor, a comerme los primeros albaricoques, y a pasarme muy buenos ratos. Parece un buen hombre este D. Ángel; pero se me figura que no sabe manejar sus intereses. Nada tendría de particular que me encargase a mí de la administración de lo mucho que en Toledo posee, rústico y urbano, pues de fijo lo haría mejor que ese hormiguilla de D. José Suárez, que ha de mirar por lo suyo más que por lo ajeno. Yo lo administraría con escrupulosa honradez y puntualidad, bien lo sabe Dios; yo sería una fiera para los malos pagadores, y las rentas habían de estar muy al corriente, sí señor, todo al céntimo. ¡Ya lo creo que podría yo encargarme! No soy tan viejo como parece, y fuera de este achaquillo de los ojos, tengo buena salud, y me parece que puedo tirar quince años más. Al penetrar en la Catedral por la Puerta Llana, fue otra vez atacado su pensamiento del vértigo de la lotería, en virtud de una concatenación misteriosa, -79- inexplicable, pues nadie, por mucho que discurra, podrá encontrar afinidad entre el recinto hermosísimo de la Iglesia Primada y el bombo de que se extraen las numeradas bolas. Pero ello fue que al poner don Francisco su planta en las baldosas del templo, salió a recibirle y a darle agua bendita el cautivador número, los tres doses volviendo la espalda a un gallardo siete. «Algo quiere decir -discurría persignándose-, que se me haya metido en la cabeza la idea de que hemos dado el golpe. Tiene que ser. (Dudando. ¡Otra ilusión por los suelos! ¿Quién hace caso de estas corazonadas o cabezadas mías? (Reflexionando.

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18 min Sexy Imágenes Calientes De Krishma Kapoor

800 mb Sexy Imágenes Calientes De Krishma Kapoor La sorpresa no me permitió formular una contestación inmediata y terminante. Con medias palabras me mostré muy agradecido a la bondad del Presidente. Mas no podía, no debía dar. ¿cómo decirlo? dar a mis ideas de toda la vida un brutal esquinazo. Saltar tan de súbito al campo alfonsino, parecíame un acto de cínica desvergüenza. Sólo el pensarlo me amargaba y me dolía como un remordimiento. Apuró Bremón los argumentos más ingeniosos para combatir una susceptibilidad que a su juicio era producto de romanticismos mandados recoger. Dignidad tan fieramente escrupulosa y arisca entraba ya en los términos del mal gusto. Disputamos, primero con serenidad, después con cierto agridulce. Por fin, deseando yo cortar por el momento la cuestión, le dije: «Pepe, lo pensaré. Déjame reflexionar y mañana hablaremos». Abandoné la Presidencia con el recelo de encontrarme a Efémera, cuya vaga presencia precedía siempre a las burlas de los ociosos geniecillos maleantes. Al llegar a mi casa habíase afirmado en mi ánimo la resolución de no admitir del alfonsismo una merced indecorosa. Respetaba yo a Cánovas y le admiraba por su elevado entendimiento, por su saber de Historia y de política, así como por su palabra enérgica y sugestiva, esmaltada con los donaires de un ingenio sutil. Pero no quería en modo alguno entregarme a la Restauración, induciéndome a ello no sólo el vocerío de mi conciencia, sino el hecho de tener asegurado un vivir modesto por el estipendio que de mi divina Madre recibía. Decidido a rechazar con toda entereza el soborno, me personé al día siguiente en las oficinas de la Presidencia, y reiteré a mi amigo Fernández Bremón mi negativa exponiéndole exclusivamente las razones de conciencia y dignidad, pues del subsidio materno que aliviaba mi pobreza no tenía yo que dar conocimiento a ningún nacido. En esto llegaron al despacho Frontaura y Campo Arana, y con ellos me dejó Bremón, llamado en aquel instante a la Subsecretaría. Los ociosos funcionarios y yo charloteamos más de media hora de cosas de teatros, comentando la fulgurante aparición del genio de Echegaray en la escena española.

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59 min Mi Esposa Puta Trampa Caliente Rompió Mi Corazón

83 min Mi Esposa Puta Trampa Caliente Rompió Mi Corazón -exclamé, escupiendo por el colmillo. Uno de los peones me miró sonriente: -Has de ser nuevo en el oficio. -Sí -dije como para mí- soy un nuevo que se va gastando. -comentó un viejo- antes de gastarte tenés que dir p'arriba. -Si es apuradazo -replicó Pedro Barrales. Hoy ya subió un potrillo; iba descolgándosele por la paleta, que no le quería bajar el rebenque. Es de los que mueren matando. -¡Güen muchacho! -dijo el viejo con los ojos risueños de simpatía-. Tomá un mate dulce por gaucho. -Lo habré merecido cuando no me voltee, Don. -Será mañana, pues. -Quién sabe -intervino Goyo- no juera mejor que lo largara. -subrayé- pa ver cómo corren por el campo mis veinte pesos. -No -volvió a intervenir el viejito- si es ladinazo pa'l retruque. -Oh -aseguró don Segundo- si es por pico, no hay cuidao.

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