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95 min Deslice Mi Polla Por La Garganta De Grannys

-¿Qué es eso de mi comadre? -dijo extático don Martín. -Señor, la probecita. -¿Que me viene usted con la pobrecita? ¿pues no se murió? -¿Qué peros ni qué camuesas? ¿pues no le pagué el entierro? -Sí señor, pero. -¡Qué peros ni qué demonios! Coja usted el portante. -Sí señor, ya voy; pero es que. -¿Es qué? ¡Reviente usted! que me ha metido usted en curiosidad. -Es que resucitó. Clemencia y Pablo soltaron el trapo a reír en sonoras carcajadas; pero no así don Martín, que se puso furioso. -Oiga usted, so embrollona -gritó-, ¿y me viene usted quizás a pedir para el cordero de Pascua de Resurrección?

116 min Barras Cerradas Consiguen La Canción De Mierda

31 min Barras Cerradas Consiguen La Canción De Mierda Íbamos del recado al rancho, del rancho al pozo, del pozo a la leña. No podía dejar yo de pensar en los cangrejales. La pampa debía sufrir por ese lado y. ¡Dios ampare las osamentas! Al día siguiente están blancas. ¡Qué momento, sentir que el suelo afloja! Irse sumiendo poco a poco. Y el barrial que debe apretar los costillares. ¡Morirse ahogado en tierra! Y saber que el bicherío le va a arrancar de a pellizcos la carne. Sentirlos llegar al hueso, al vientre, a las partes, convertidas, en una albóndiga de sangre e inmundicias, con millares de cáscaras dentro, removiendo el dolor en un vértigo de voracidad. ¡Bien haiga! ¡Qué regalo el frescor de la tierra del patio, al través de las botas de potro! Y miré para arriba. Otro cangrejal, pero de luces. Atrás de cada uno de esos agujeritos debía haber un Ángel. ¡Qué cantidad de estrellas! ¡Qué grandura! Hasta la pampa resultaba chiquita.

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84 min Dentro De Asta Pussy Wars 2 Torrent Entraré, ¿pues no he de entrar? Pero necesito preparar el ánimo. pensar las disculpas que debo darle. En fin, déjame aquí, vuelve tú a casa, y si está allí Braulio dile. No, no le digas nada. Entraré sólo. Y mamá, ¿duerme ahora? Descansará tal vez, y no conviene que me vea hasta mañana. Pero si está despierta, bueno sería que Braulio la preparase, diciéndole que ando por Francia, que he escrito, que me he puesto en camino al saber la enfermedad, que deseo me perdone. que llegaré por momentos. Comprendiendo Lucas la penosa incertidumbre del hijo de su ama, discurrió que para capturarle convenía la intervención de persona más autorizada, y obrando con la presteza que el caso exigía, se internó en la casa. No habían transcurrido diez minutos cuando apareció de nuevo, acompañado de un señor obeso, el cual precipitadamente se abalanzó hacia Guerra, y abrazándole le dijo: -¡Ángel, gracias a Dios! Y sin darle tiempo a responder ni a decir nada, le empujó hacia la puerta. Como Guerra se desembozase en aquel momento, el gordo notó que tenía un brazo en cabestrillo. «¿Qué es eso, hijo? Poca cosa, sin duda. ¡Ay, qué alegrón, pero qué alegrón! ¡Y doña Sales que había perdido la esperanza de volverte a ver.

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HDTVRIP Videos De Visión Nocturna De Sexo En Auto. oímos a los demás que reían y charlaban llamando a Dora. Entonces reaparecimos, y rogaron a Dora que cantase. Patillas rojas quiso it por la caja de la guitarra; pero Dora dijo que yo sólo sabía dónde estaba. Así es que Patillas rojas estaba derrotado, y yo fui quien encontró la caja, yo quien la abrió, yo quien sacó la guitarra, yo quien se sentó a su lado, yo quien sostuvo su pañuelo y sus guantes y yo quien se embriagó en el sonido de su dulce voz mientras ella cantaba para el que amaba. Los demás podían aplaudir si querían; pero nada tenían que ver en su romanza. Estaba borracho de alegría y me parecía que era demasiado dichoso para que pudiera ser verdad; temía despertarme en Buckinghan Street y oír a mistress Crupp hacer ruido con las tazas mientras preparaba el desayuno. Pero no, ¡era Dora que cantaba! Después también cantaron otras; miss Mills también, y cantó una queja sobre los ecos dormidos de la caverna de la memoria, como si tuviera cien años, y llegó la tarde. Tomamos el té, haciendo hervir el agua en una hoguera al modo gitano, y yo era más dichoso que nunca. Todavía me sentí más dichoso cuando nos separamos de Patillas rojas y cada uno tomó su camino, mientras que yo partía con ella en medio de la calma de la tarde, de la luz moribunda y de los dukes perfumes que se elevaban a nuestro alrededor. Míster Spenlow iba un poco dormido gracias al champán. ¡Bendito sea el sol que ha madurado la uva, la uva que ha hecho el vino! ¡Bendito el comerciante que lo ha vendido! Y como dormía profundamente en un rincón del coche, yo iba a un lado hablando con Dora. Dora admiraba mi caballo y lo acariciaba (¡oh qué mano tan bonita resultaba sobre la piel del animal! , y su chal no se sostenía bien, y me veía obligado a arreglárselo a cada momento. Creo que el mismo Jip empezaba a darse cuenta de lo que pasaba y a comprender que había que resignarse y hacer las paces conmigo. Aquella penetrante miss Mills, aquella encantadora reclusa que había agotado la existencia, aquel pequeño patriarca de veinte años apenas, que había terminado con el mundo y que no hubiera querido por nada despertar los ecos adormecidos en las cavernas de la memoria, ¡qué buena fue para mí! -Míster Copperfield -me dijo-, venga por este lado del coche un momento, si es que puede dedicármelo.

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116 min Historia De Sexo De Orina Gratis Muy Mojado Adelante con la ilusión, vida y encanto de las naciones pobres. Tú, buen Proteo, que a ratos escribes o garabateas en las tabletas de la divina Clío, continúa la Historia de España, como dice Cánovas, transmitiendo a la posteridad estos actos de fe candorosa y de sutil taumaturgia; añade a ello la fiebre taurina, la ciencia recóndita de esos que llaman los apóstoles, y que andan por los barrios bajos curando todas las enfermedades con agua más o menos limpia, y habrás hecho el retrato fiel de la España de la Restauración». No tenía yo ánimos en aquellos días para continuar la Historia de España, ni conforme al canon político, ni acogiéndome al rico tema de la ilusión plebeya que me recomendaba Segis, deseoso de arrastrarme al concepto irónico de la psicología nacional. Declaro que el acto del Rey poniendo la primera piedra de la Cárcel Modelo en las proximidades de la Moncloa, las sesiones de las Cámaras, el cambio de Ministro de Hacienda, así como el viaje que emprendió don Alfonso para visitar las provincias de Levante y Mediodía, no me interesaban poco ni mucho. Cuando mis amigos me contaban estas menudencias históricas sonábame todo a hueco. La tristeza invadió nuevamente mi alma, complicándose con un malestar físico que me llenó de inquietud, avanzados ya los días tibios de la primavera. Después de Semana Santa empecé a notar que mi vista se nublaba; sentía como arenillas en los ojos, sin que de ello me aliviasen los cuidados de Casiana, que dos o tres veces al día bañaba con agua de rosas mis pupilas enfermas. Los patrones me recomendaron ejercicio y distracción. Conforme con este tratamiento elemental, mi compañera sacábame de paseo todas las tardes; pero mi vista mermaba tan rápidamente, que a los pocos días de estas divagaciones por el Botánico y Ronda de Atocha, tuve que agarrarme al brazo de mi leal Casianilla para no tropezar con los transeúntes. Al propio tiempo crecía la fotofobia, y ni aun amparando mis ojos con gafas negras érame posible resistir la viveza de la luz en plena calle. Fue menester reducir los paseos a la hora crepuscular, motivo mayor de tristeza y abatimiento. Siguieron a esto dolores en las sienes, vascularización en la córnea, que perdía su brillo, tomando según me dijeron un aspecto mate, sanguíneo. Tanto Segis como los demás amigos que me acompañaban en mis largas horas tediosas, convinieron en familiar consulta que era forzoso acudir a la Ciencia. Agravado el mal en breve tiempo, hasta el punto de que ya no distinguía más que los objetos próximos y de mucho bulto, se trató en mi casa de elegir el médico que había de curarme, y Pablo Nougués, doliente también de la vista, llevó a mi casa una tarde para que me examinase al doctor Albitos. Era este un oculista joven, inteligentísimo en su profesión, de trato muy ameno y agradable, discípulo del famoso Delgado Jugo. Examinó el doctor mis dolidos ojos con escrupulosa atención y cariño; enterose de cuanto en mi naturaleza y en mis costumbres pudiera ser considerado como antecedente de la enfermedad. Sus palabras dulces me consolaron; mi sufrimiento sería tal vez un poco largo; pero si no me faltaba la virtud puramente medicatriz de la paciencia, él respondía de mi curación. Terminó el diagnóstico con el nombre científico y un tanto enrevesado de lo que yo padecía. No se me olvida aquel nombre, que fue como un rótulo, clavado por el médico en mi frente: Queratitis Parenquimatosa».

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250 mb Sexo En El Club Dj Muh -Vengan Vds. acá y respondan -dijo Santorcaz excitando la curiosidad de sus oyentes-. ¿No les parece que el mundo está muy mal arreglado? Abriéronse varias bocas con estupefacción, y no se oyó ninguna respuesta. -Pues yo que no he leído ningún libro -afirmó al fin uno de los circunstantes- digo que Dios tiene que volver a hacer el mundo, porque eso de que se lo lleve todo el que primero salió del vientre de la madre y los demás se queden bailando el pelao, no está bien. Mi hermano el mayor, sólo porque le dio la gana de nacer antes que yo, tiene tres dehesas y doscasas; y los demás. uno hubo de meterse fraile, otro se fue al Perú, otro está muerto de hambre en un hospital de Sevilla, y yo, señores, tuve que meterme en el contrabando para que no se me helara el cielo de la boca. -Oye, tú, Marijuán -dijo otro-, ¿sabes lo que contaban en Sevilla? Pues decían que la Junta se iba a poner de compinche con las otras Juntas para ver de quitar muchas cosas malas que hay en el gobierno de España, lo cual podemos hacer nosotros, sin necesidad de que vengan los franceses a enseñárnoslo. -Así ha de ser -observó Santorcaz-. Me han dicho que en Sevilla hay sociedades secretas. -Ya sé -dijo uno-. Tiene razón D. En Sevilla hay lo que llaman flamasones, hombres malos que se juntan de noche para hacer maleficios y brujerías. No hay tales maleficios. Mi amo iba también a esas Juntas, y cuando su mujer se lo echaba en cara, respondía que los que allí iban eran al modo de filósofos, y no hacían mal a nadie.

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