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90 min Completa La Historia Erótica En Blanco

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20 min Haces Fiestas Desnudas

65 min Haces Fiestas Desnudas Duerme, bendito, duerme y no hables. Por huir de tus necedades y embustes me fuera a dar a las antípodas andando para atrás, a fin de que no pudieras seguirme por las pisadas. Sancho creyó ver en estas expresiones algo más que un remusguillo de amenaza, y sin chistar ni mistar, duerme, Sancho, duerme, niño, cogió el sueño de tan buena gana, que se llevó la noche hasta cuando los pajaritos empezaban a llenar de música la frondosidad de los árboles, gorjeando a modo de saludar al Creador, que comparecía en el horizonte, ataviado con los colores de la aurora. Don Quijote de la Mancha había también dormido su poco, después de un largo velar en sus pensamientos: sintiéndose recuerdo, vió que por entre la espesura de las ramas se iban filtrando lentamente los rayos de la luz matinal, mientras la noche, medio desvanecida, se retiraba de la tierra. Aquí fue donde Sancho Panza abrió los ojos, por la primera vez sin que su amo le despertase, y en un largo, escandaloso desperezo, se puso a cantar unas como seguidillas picarescas que sabía de muy atrás. -¿Villancicos tenemos? -dijo don Quijote-; ¿son éstas tus plegarias, Sancho? -Al abrir los ojos, señor, digo lo que hallo de pronto en mi memoria, y hago cuenta que me encomiendo a Dios. -¿Así pues, cuando amaneces dándote al demonio -replicó don Quijote-, haces cuenta que a Dios te encomiendas?

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61 min Jordan Australias Siguiente Top Model Porn -¿Y cómo no me había dicho nada de esa fiesta? ¿por qué se me hizo un misterio de ella? - No sé qué especie de misterio sea ése -respondió Elvira-, en cuanto a no haber dicho a Ud. que tenía reunión anoche la condesa. Culpa es de Ud. que en todo el día no salió de su cuarto excusándose hasta de acompañarme en la mesa. Además, como sabía que Ud. no había de ir, como sólo una visita ha hecho a Catalina y ella, por otra parte, antes de ayer me apreció poco dispuesta a oír de Ud. Francamente, Carlos, creí que estaban Uds.

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78 min Amigos Del Sexo En Yeso Nuevo Mexico Tengo el honor de ser su amiga solamente, me llamo Amalia Sáenz de Olavarrieta -dijo Amalia anticipándose a satisfacer la curiosidad de su compañera, en quien ya había descubierto la propensión de hablar y preguntar que nunca es más común que en los bailes entre ciertas señoras que ya han perdido la esperanza de danzar en ellos. ¿Es usted la señora viuda de Olavarrieta? Tengo mucho gusto en conocer a usted. He oído su nombre muchas veces; y por cierto que en cuanto he oído, no hay nada de exagerado. -Yo creía, señora, que en Buenos Aires había sobradas cosas de que ocuparse para hacer a una pobre viuda el honor de acordarse de ella. -¡Una pobre viuda, que no tiene rival en belleza, y que, según dicen, ha hecho de su casa un templo de soledad y buen gusto! ¡Ah, señora! ¡Si usted supiera qué pocas son las cosas bellas y de buen gusto que nos han quedado en Buenos Aires, no se resentiría entonces la modestia de usted!

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