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El video Requisito De Sueño Para Adultos Para Un Rendimiento Óptimo

-Sí -repliqué-; quizá es un poco árido. Y por eso necesita usted reposo, cambio, excitaciones y todo eso; ¿verdad? Pero no es un poco. para él; no me refiero a usted. Una rápida mirada que lanzó hacia donde se estaban paseando cogidos del brazo Steerforth y su madre me demostró a quién se refería; pero fue cosa perdida pues no comprendí nada, y estoy seguro de que se me notaba. -No parece. no digo que sea. pero me gustaría saber. ¿no está muy preocupado? ¿No es más remiso que de costumbre en sus visitas a su madre, que lo quiere ciegamente, eh? -dijo con otra mirada rápida, lanzada a ellos, y una a mí, en la que parecía querer leer el fondo de mis pensamientos. -Miss Dartle -le respondí-, no crea usted, le ruego. -¿Yo creer? ¡Oh querido mío! Pero no vaya usted a creer que yo creo algo. No soy suspicaz.

65 min Varias Chicas Un Chico Asiático Foro

105 min Varias Chicas Un Chico Asiático Foro Aturdido y sin saber cómo interpretar tanta atención y afecto, respondí: -Pero si es que lo. Si es que me convenía. -No, no le conviene a usted. ¿Qué le va a convenir? Como que le rebajaré no sólo los veinte reales de la subida, sino otros veinte de alquiler. ¿eh? vamos, aunque digamos treinta. Se me figura que así. ¿Pero iba usted a retirarse? ¿Tenía usted mucha prisa? -añadió aquel modelo de casero, cogiéndose campechanamente de mi brazo y llevándome hacia los soportales, por donde comenzamos a pasear deteniéndonos a cada minuto. -Conmigo -decía Sobrado recargando el tono confianzudo- puede usted hablar francamente. ¡Yo sé bien. pero muy bien! lo que son ciertas cosas. Un padre tan cargado de familia como usted, pasa a lo mejor la pena negra. y no es que falte con qué vivir, no; ni es tampoco que sea un despilfarrado, ni mucho menos un vicioso. Es que vienen los imprevistos; es que no se puede, teniendo chicas, meterlas debajo de una cazuela; es que hoy el traje, mañana el sombrerillo.

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100 min Cómo Cocinar Una Ronda De Fondo

33 min Cómo Cocinar Una Ronda De Fondo -Y ese caballero ¿quién es? -Ese es Don Baldomero García, federal toda su vida; hombre de carácter más duro que su figura, y tan tartamudo de ideas como de lengua. ¡Hola! Y se da la mano con un excelente personaje de la actualidad. ¿Lo ve usted? -Sí, pero no conozco a ese señor. -¡Por Dios, que usted no conoce a nadie! ¡Ese es Juan Manuel Larrazábal! ¡Dios me libre de creerlo! Pero dicen que es un espía del señor gobernador. -Voces de partido quizá -dijo Amalia, fijando sus ojos rápidamente en un hombre que hacía rato la estaba contemplando con unas miradas trasversales, pues que salían de dos ojos al sesgo. -¿Y podrá usted decirme -preguntó Amalia a la señora de N. quién es aquel caballero que está haciendo molinete con un guante blanco, y que se distingue por el tamaño exagerado de su divisa punzó? ¿Pues que no lee usted La Gaceta? -¡La Gaceta!

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87 min Poemas Contra El Matrimonio Gay Y El Terrorismo

63 min Poemas Contra El Matrimonio Gay Y El Terrorismo »Catalina ordenó distanciarse a su séquito; descendió y se acercó, implorante, al asceta. »Vengo -impetró- a que me devuelvas lo que me has quitado. ¡Dame mi serenidad, mi razón! ¡El dardo me ha herido, y no sé arrancármelo! Dime dónde está él, e iré a encontrarle entre áspides y dragones. Si no le parezco hermosa, haz por tus artes de magia y tu sabiduría que se lo parezca. O hazme morir, pues con la vida no puedo vivir ya. Se interrumpió a sí mismo el narrador, advirtiendo: -Esta frase que atribuyo a Santa Catalina, es la madre Santa Teresa de Jesús quien se la atribuye primero en unos versos que la dedica y donde se declara su rival «pretendiente a gozar de su gozo». -Pues yo recuerdo -asintió Lina- otra poesía de Lope de Vega, si no me engaño, dedicada a la misma Catalina Alejandrina. ¡No es nada lo que pondera el Fénix a la hija de Costo! Una palma victoriosa de tres coronas guarnece, por sabia, mártir y virgen, cándida, purpúrea y verde. -Hay una glosa -advirtió Carranza- que la llama «segunda entre las mujeres. Santa Catalina de Alejandría es una fuente de inspiración para el arte. Desde Memmling y Luini, hasta el Pinturiccio que la retrató bajo los rasgos de Lucrecia Borgia, y el desconocido autor de esta prodigiosa placa, los cuadros y los esmaltes y las tallas célebres se cuentan por centenares. -¡Claro, la imaginación desatada!

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17 min Peliculas Asiáticas Peludas Chorros

22 min Peliculas Asiáticas Peludas Chorros Negro, breoso y sucio, brillando al sol con sus pingajos de jarcias y rodeado de espumas, con su brava tripulación solitaria escondida bajo su alcázar laberíntico de hinchadas lonas, yo lo contemplo como a un salvaje del mar. Pienso durante una hora en los asesinatos feroces, en los odios de las largas travesías, en piratas, en hachas de abordeje. en toda la trágica leyenda. Nuestro esbelto y velocísimo Reus, empenachado de humo, se me antoja como una correcta continuación del tren lanzado desde Madrid sobre las olas. Allá va, allá va esfumándose, perdiéndose, perdiéndose el fragatón ciclópeo, cargado de algodón, de café, de sus hombres tétricos y rudos, viniendo a su albedrío de todos los puertos del mundo. Es por último algo así como una tela de araña en el tul del horizonte. Se pierde. Y una cosa aún más simple nos admira. Pasan dos gaviotas. ¿Tierra, entonces? -¡Sicilia! -nos dice a don José y a mí un marinero. -Se ve ya. Por la otra banda. Don José, tira de mí, cantando: -¡A estribor! ¡a estribor! las aves marinas con rumbo hacia allá.

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120 min Las Chicas Gritan Cuando Tienen Sexo.

120 min Las Chicas Gritan Cuando Tienen Sexo. lo que se propone con ese espantajo. No se puede encender una vela a Dios y otra al diablo, y sus pretensiones demuestran que sigue tan hereje como antes. Mi candidatura estaba proclamada y mi despacho de la policía, lo mismo que mi casa particular, se hallaban continuamente llenos de gente, de amigos adventicios, deslumbrados por mi rápida fortuna, y a quienes Zapata hacía los honores, dándoles el tono y el compás en el coro de mis alabanzas, y haciendo que se atiborraran de mate dulce y de ginebra con agua y panal. Mi gloria estaba en su apogeo. Yo era, si no el más importante, uno de los personajes más importantes de la provincia: todo el mundo me aseguraba que iba a votar por mí, y me pedía alguna cosa para cuando estuviera en Buenos Aires, un empleo para el hijo o el pariente, una pensión para la viuda, la huérfana o la hermana de un guerrero del Paraguay, que probablemente no había salido de su casa, una recomendación para que le descontaran en el Banco, mi apoyo para un pedido de concesión o de privilegio, cátedras en los Colegios Nacionales, en las Escuelas Normales y hasta en las Universidades, cuanto Dios crió y las administraciones humanas inventaron desde que el mundo es mundo. Hubiérase dicho que yo tenía el cuerpo de Amaltea, o la varita de virtud, y creo que durante un tiempo fui más rodeado que Camino, e incomparablemente más que Correa. Yo a todos decía que sí. Cuando se va subiendo en política, hay que acceder a cuanto se nos pide. Basta con reservarse la ocasión de hacerlo, que siempre llega en los tiempos indefinidos. Sólo que suele llegar tarde para los interesados. En cambio, mi candidatura había hecho pésimo efecto en los diarios de oposición, que me llenaban de improperios, lo mismo que a los otros candidatos situacionistas. La prensa bonaerense nos zurraba también, incitada por sus corresponsales, eco molesto del periodismo local. El diario católico de la ciudad, entretanto, me perdonaba a mí solo, atacando con singular violencia a mis futuros colegas, que al fin y al cabo no valían ni mucho menos ni mucho más que yo, en cuanto a preparación, dotes intelectuales y morales y principios políticos. Como Correa, cuyas inútiles veleidades de dejarme plantado se desvanecieron una vez conocida la voluntad presidencial, me sonreía como al elegido de su corazón, y hacía cuanto estaba en su mano para ayudarme, los ataques recrudecieron, diciendo los diarios que él era el más empeñado en mi triunfo y que yo debía considerarme «su hijo. político», agregando que ésta era la mayor vejación que se hubiese hecho sufrir a la provincia. Aunque esto pudiera no haberme importado, pues tenía segura mi «banca» en el Congreso, no me avine a dejar pasar sin castigo todas estas impertinencias, y, empuñando mi mejor tajada pluma, y mojándola en bilis y veneno, inicié aquellas célebres «Semblanzas contemporáneas» cuya serie forma una galería de retratos satíricos de los prohombres de la oposición de mi provincia. Allí salían a bailar todas sus ridiculeces, sus defectos morales y físicos, y hasta los detalles más o menos pintorescos y escabrosos de su vida privada. Tuve para esto dos colaboradores eximios en don Claudio Zapata y misia Gertrudis, que conocían la vida y milagros de la provincia entera, desde tres generaciones atrás.

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61 min Señor De Los Anillos Sexo Toons

101 min Señor De Los Anillos Sexo Toons 04 de 11 Almorzaba sola, Inés-María. La desgracia del teniente había puesto en conmoción a la ciudad. Dos horas antes se la había contado a ella su marido, en breves frases y mientras se disponía a escapar nuevamente hacia la dehesa con los médicos: «Una partida de caza, de ronda de jabalíes, improvisada por la noche en el Casino, y en la cual el joven tuvo la desdicha de caerse del caballo». Después, habíanla dicho que el herido estaba en la agonía. Ella, al pronto, concedióle crédito a Julián. Pero según fue advirtiendo en toda la mañana la expectación de las gentes que pasaban y aun se estacionaban delante del hotel; según fue observando la recelosa actitud de los criados; según, en fin, llegó a saber por uno de ellos, que la herida del joven forastero era de arma blanca. encontraba más extraña aquella cacería. Recordaba que dos noches atrás, al regresar su marido del Casino, la interrogó casi arisco acerca del teniente. Sí, casi arisco con respecto del teniente, no con relación a ella -y la forma del breve diálogo, fue así: «Oye, Inés-María, todas las noches, al volver, me encuentro por aquí a un joven forastero: ¿tú sabes quién es? -«¿No le has visto, entonces, tú? -«Pues es, el teniente ese que ha venido con soldados; ¿le conoces? -«No». -Las negativas habían sido simples y severas; y tanta la fe para ellas de Julián, que en seguida Inés le oyó cambiar de charla -con el propósito de no concederle al asunto una importancia que pudiese injuriarla con la duda. Como siempre, ella, la dulce, la sumisa, le respetó al cortés esta voluntad de no plena comunicación que formaba su carácter; pero habiéndole notado, desde luego, su hostilidad hacia el joven forastero. Hoy, concluyó por hallarle una extraña incongruencia al tal enojo con la galantería para un amigo a quien se invita a cazar. Cómo se hizo esa amistad en pocas horas y qué fatal casualidad pudo ser esta de desgracia tal en la improvisada cacería?

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61 min Perra Dick Negro Gueto Buena Caliente Chupar

Mirar Perra Dick Negro Gueto Buena Caliente Chupar En el fondo del Círculo había un billar y no lejos varias mesitas para jugar a las cartas, al dominó, a las damas y al ajedrez. Se adornaron los balcones de la calle con palmas y gallardetes, al través de los cuales brillaba una hilera de farolillos multicoloros. A eso de las diez empezó a llegar la gente. Dona Tecla, adormilada, con su expresión de idiota, entró, pisándose las faldas, del brazo de don Olimpio, penosamente embutido en una levita color de pasa, del año uno. Delante de ellos iba Alicia vestida con gracia y sencillez, escotada, con una flor roja en el seno. Sus ojos se habían agrandado y ensombrecido; su seno y sus caderas flotaban en una desenvoltura de hembra que ya conoce el amor. Su boca, más húmeda, sonreía de otro modo, con cierta sonrisa enigmática y maliciosa. Garibaldi se había cortado las uñas, y mostraba una camisa pulquérrima, aunque de mangas cortas. Petronio, de americana, lucía una esponjosa flor de púrpura que acentuaba lo cetrino de su faz hepática. Portocarrero iba también de americana con zapatos amarillos muy chillones. Se hubiera creído que todos, por lo macilentos, terrosos y sombríos -la risa fisiológica no se conocía en Ganga-, acababan de salir del fondo de una mina de cobre. Las señoritas, muy anémicas y encascarilladas, y en general muy cursis, con peinados caprichosos y trajes estrafalarios, hechos en casa por manos inexpertas, parecían unas momias rebozadas. En la colonia extranjera, compuesta de hebreos, alemanes y holandeses, no faltaban garbosas mujeres, de exuberantes redondeces y cutis blanco levemente encendido por el calor. Los judíos, fuera de los indígenas, eran los únicos que se adaptaban a aquel clima sin estaciones, de un estío perenne. La esbeltez de Baranda, vestido de fraque, contrastaba con el desgaire nativo de los gangueños. A las once en punto rompió la orquesta: el piano, una flauta y un violín. Las parejas se movían lentas y melancólicas, muy ceñidas, al son de la danza, no menos melancólica y lenta. Petronio -el árbitro de la elegancia gangeña, como su tocayo lo fue de la Roma neroniana- contaba al doctor la vida y milagros de cada concurrente.

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79 min Fotos De La Beata Virgen María.

17 min Fotos De La Beata Virgen María. Y el escribiente leyó: ¡Viva la Confederación Argentina! ¡Mueran los salvajes unitarios! Buenos Aires, 4 del mes de América de 1840, año 31 de la Libertad, 25 de la Independencia, y 11 de la Confederación Argentina. El General Edecán de Su Excelencia al Comandante en jefe del número 2, coronel Don Antonio Ramírez. El infrascripto ha recibido orden del Excelentísimo Gobernador de la Provincia, nuestro Ilustre Restaurador de las Leyes, Brigadier Don Juan Manuel de Rosas, para avisar a Usía que Su Excelencia ha dispuesto, que al comunicar Usía el número de tropas de que se compone la división, diga siempre el doble, debiendo informar que la mitad es de línea, y que toda se halla animada de un santo entusiasmo federal. Lo que deberá Usía tener muy presente en adelante. Dios guarde a Usía muchos años. -Eso es -dijo Rosas tomando el oficio que le presentaba el escribiente. ¡Eh! -gritó en seguida dirigiendo sus ojos y su voz al lugar donde cabeceaba el viejo de la casaca grana, que, como tocado por una barra eléctrica, se puso de pie y se encaminó a la mesa, con el espadín hacia el espinazo, y una charretera sobre el pecho y la otra sobre la espalda-. Ya se había dormido, vicio flojo, ¿no es verdad? -Su Excelencia, perdone. -Déjese de perdón, y firme acá. Y tomando el viejo la pluma que le presentaba Rosas, escribió al pie del oficio, y con una letra trémula: Manuel Corvalán. -Bien pudo aprender a escribir mejor cuando estuvo en Mendoza -dijo Rosas, riéndose de la letra de Corvalán, quien no le contestó una sola palabra, quedándose de pie como una estatua al lado de la mesa-. Dígame, señor general Corvalán -continuó Rosas todavía sonriéndose-, ¿qué le contestó Simón Pereira? -Que los paños de tropa no se podían conseguir hoy al mismo precio que los anteriores, sino a un treinta por ciento más. -¡Mire!

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