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-¿Y por qué me niego a acompañarte? Porque el salir contigo es un eterno disputar. Apenas ponemos los pies en la calle, empiezan las recriminaciones y los insultos, y todo a gritos para que se enteren hasta las piedras. Comprenderás que pocas ganas han de quedarme luego para volver a salir contigo. -¿Y acaso te calumnio? ¿No eres un hombre sin pudor? ¿Cómo llamas a eso de vivir públicamente con una mujer que no es la tuya legítima? -Yo no vivo públicamente con mujer alguna. Esa mujer -te lo he dicho mil veces- es una amiga. -¡Mientes! -Una amiga que me ayuda en lo que tú no puedes ayudarme. ¿Puedes tú copiarme los artículos, tomarme notas? -¡Si no sé leer! ¿Por qué me lo repites? ¡Para humillarme!

65 min Videos Faciales De Linda Chica Con Coletas

1080p Videos Faciales De Linda Chica Con Coletas Los días húmedos de la capital, cuando reina el norte pegajoso y hasta mal oliente, me molestan de un modo indecible. Los ruidos me son más discordantes, más ensordecedores, los movimientos más difíciles, como dolorosos, las ideas más escasas, como ausentes, los olores más intensos e ingratos, hasta nauseabundos, la luz falsa, engañosa, mareadora, las aceras son lodazales, las paredes chorrean agua, los vidrios sudan, los hombres se muestran irritables, provocativos, impertinentes, las mujeres andan como sonámbulas y todas parecen viejas; cualquier frase, insignificante en otros momentos, se convierte en insulto; los nervios, exasperados, nos hacen momentáneos pero acérrimos enemigos de seres y de cosas, y creo que en un momento así no nos sería muy difícil acabar con el mundo, si ello dependiera de nuestra voluntad. En tales condiciones tuve que mantener la validez de mi diploma. Comencé vacilante, con la palabra floja y cansada, en medio de la indiferencia ambiente; pero el mismo desgano de mi auditorio me excitó, me irritó poco a poco, lanzándome en mi oratoria acostumbrada. Soy verboso y brillante. No importa que no sepa lo que voy a decir: sustituyo fácilmente las ideas con figuras, con frases retumbantes y efectistas, con imágenes a veces pintorescas, que subrayan muy bien mis actitudes y ademanes de actor. Como no me detengo pese a las frecuentes interrupciones, ni doy tiempo al examen, llego sin esfuerzo a cautivar a los oyentes y aun a arrancarles el aplauso. Aquella tarde memorable, a las acusaciones de coacción, contesté entre otras cosas, cuando ya estaba en vena: «¡Se me acusa de la antítesis de mi acción! ¡Precisamente! He garantizado la libertad del sufragio, me he desvivido por ella en las altas funciones que me incumbían; no he movido un dedo para que se proclamara mi candidatura. Estaba demasiado ocupado en mantener la paz y el orden en nuestra provincia: estaba demasiado ocupado en arrancar, más por la persuasión que por la violencia, de manos de los agitadores, las armas con que querían imponernos un estado anárquico. Y si mi candidatura surgió en el último instante, una vez pacificada la provincia, gracias a mi humilde esfuerzo, cuando ya no era jefe político, sino comisionado eventual para mantener el orden, fue porque la parte honesta, la parte patriota, la parte bien pensante de la opinión -que es, afortunadamente, la mayoría en mi provincia, y en el país entero-, quiso afirmar, exteriorizar, materializar sus nobles aspiraciones, eligiendo por su representante al más modesto de los ciudadanos, al más insignificante de todos, sólo porque había realizado desinteresados y generosos -¡sí, generosos! sacrificios en pro de la verdadera libertad, que no es la licencia ergotista, ni menos la incendiaria anarquía. Al oleaje desbordado de las pasiones inconfesables y de las ambiciones malvadas, se ha opuesto en mi persona sin relieve ni méritos, la playa de arena, mansa, que aplaca sus furores, siendo como es, apenas, un lazo de unión entre la ola devastadora y la tranquila paz de los campos fecundos». Ya con Pegaso desbocado agregué que a estas consideraciones de hecho se sumaban otras simplemente morales, intelectuales y étnicas, que, haciéndome un prototipo de la nacionalidad (gracias, Vázquez), demostraban hasta la evidencia la bondad de mi elección: «El hombre que lleva en todo su ser el sello de la familia -de una familia que ha dado héroes y mártires a la patria-, dondequiera que vaya es reconocido como miembro de esa familia, como genuino, como su más genuino representante, y yo me encuentro aquí, en el seno de mi verdadera familia patricia, como un hijo pródigo quizá, pero afectuoso y sin mancha, que se enorgullece de reincorporarse a los suyos. ¡Sí, señor Presidente!

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84 min Mascarilla Facial De Miel Para Pieles Propensas Al Acné.

97 min Mascarilla Facial De Miel Para Pieles Propensas Al Acné. -Hay que ir pensando en eso. -En la elección. Hay que ver a quién se elige. -¡Al mismo Vázquez, pues! Me miró primero con enojo, después con serenidad, en seguida con sorna, y dijo: -No. No lo quieren en Los Sunchos. Sólo la ingenuidad de Vázquez es comparable a la tontería de Camino; desdeñando un efecto teatral, diré que Vázquez no siguió mucho tiempo en su banca de diputado, ni Camino en su silla de Gobernador. Vázquez porque Camino no quería, y Camino por. lo que se sabrá en seguida. El ex Presidente había tomado sus medidas como hombre de vistas claras y largas, buen conocedor del corazón humano, para mantener todo el tiempo posible la mayor suma posible de influencia, pero con la candorosa ilusión que le atribuíamos de seguir gobernando entre telones y haciendo del nuevo Presidente un simple personero. Si así no fue, si tal no pensaba, desde los primeros tanteos pudo advertir que el instrumento no le obedecía, y que, como se debe «cantar bien o no cantar», por el instante lo más práctico era llamarse a silencio, como lo hizo. Pero algunos «pazguatos», más papistas que el Papa, deslumbrados con el poder que recibieran de él, creyeron que éste era un atributo propio, que sólo podía reclamarles y retirarles quien se lo había concedido, y comenzaron a «corcovearle» al nuevo Presidente, y a no hacer sus gustos con la requerida sumisión, como si no dependieran directa ni indirectamente de él, y como si no pudiera «ponerlos patas arriba a las primeras de cambio». Uno de estos tontos fue mi Gobernador, el del célebre «¡Rodeen a Camino! Fue torpeza la suya. Nuestra provincia había ido pacificándose poco a poco, y la oposición, bajo una mano de hierro, confesaba al fin su impotencia, retirándose de toda lucha y contentándose con la lírica actitud de criticar acerbamente al «oficialismo», a todos los «oficialismos», en la intimidad de sus reuniones privadas, y en la no menos íntima escasez de circulación de sus diarios.

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66 min Hombres Desnudos Para Mujeres Hombres Desnudos

74 min Hombres Desnudos Para Mujeres Hombres Desnudos -No le hagan caso -respondió éste con calma-. Es un asunto que no se debe discutir con él; en el fondo, sabe perfectamente que partirá. juro. -No jures nada, amigo Dick. Estás medido y pesado, y también lo están tu pólvora, tus escopetas y tus balas; así que no hablemos más del asunto. Y de hecho, desde aquel día hasta la llegada a Zanzíbar, Dick no dijo esta boca es mía. No habló ni del asunto ni de ninguna otra cosa. Calló. Se dobla el cabo. - El castillo de proa. - Curso de cosmografía por el profesor Joe. - De la dirección de los globos. - De la investigación de las corrientes atmosféricas. - ¡Eureka!

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720p Bidé De Baño En La Historia Mear Puesto En Cuclillas Puesto En Línea Bastante requemada la tenían a ella los amores. Por un lado, la mamá con sus sofoquinas y pellizcos, ordenándole que rompiese las relaciones con el hijo de Cuadros, por ser una proporción desventajosa y denigrante para la familia; y por otro, el tal señorito acosándola, enviando carta tras carta, unas veces en prosa y otras en verso, pero siempre repitiendo lo del corazón de hielo, pérfida, cruel, etc. —Ya ves, Juanito mío, que esto no es vivir. Dile a ese chico que no sea machacón. Al fin, dos meses de relaciones no dan derecho para tanto. La mamá le dijo con muy buenas palabras que no volviese por aquí, que no pensase más en mi persona; pero ¡que si quieres. Me asomo al balcón, y ¡cataplum! allí está en la esquina mi hombre, con una cara tan desmayada, que da risa; salgo a paseo, y siempre que vuelvo la cabeza veo tras de mí al moscardón, con un aspecto que no parece sino que cualquier día va a subir al Miguelete para tirarse de cabeza, ¡Pero, hombre, tú que tienes amistad con él y te hace caso, dile que no sea tan pesado! Dile que yo le querré siempre como un buen amigo, pero que no me importune más, pues su testarudez la pago yo. A mí no me incomoda, pero mamá se pone furiosa al verle; cree que yo aliento esa constancia, que nos entendemos sin que ella lo sepa, y la otra tarde, al volver de paseo, me dio un par de bofetones. Ya ves, Juanito. pegarme a mí. y por culpa de ese mico. Que no vuelva: dile que no vuelva, o le aborreceré. Pero lo que la traviesa muñeca no decía era que le importaban muy poco las cóleras de mamá y que deseaba la desaparición de Andresito por propio interés.

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93 min Galería Gratis Negro Nuevo Porno Wamen

90 min Galería Gratis Negro Nuevo Porno Wamen Gurdilo terminó declarando que el no podía admitir la petición del gobierno, y rogó al Senado que votase contra ella. Admitirla equivalía a servir una venganza particular. Podía haberse aceptado esta resolución en el primer momento de la llegada del Hombre-Montaña, cuando el Estado no había hecho aun ningún gasto; pero resultaba incongruente matarlo ahora, después de haber costado al país tan enormes sumas. Una parte de la asamblea aceptó la opinión de Gurdilo; pero esta vez el orador no consiguió apoderarse de la voluntad de todos los senadores, y varios amigos de los altos señores del Consejo se levantaron a contestarle. Después de una larga discusión, la asamblea quedó dividida en dos grupos: unos, con Gurdilo, pedían que no se matase al Hombre-Montaña, pues esto representaba el derroche inútil de las sumas empleadas en su manutención; otros defendían al gobierno, demostrando que tan enormes gastos eran la prueba mejor de la necesidad de suprimir al costoso intruso para realizar economías. Flimnap tembló en su asiento. Gurdilo iba a perder la victoria que se imaginaba haber alcanzado con su discurso. Como los defensores del gobierno hablaban de economías, la opinión se iba hacia ellos. Vio que Gurdilo conversaba en voz baja con un viejo senador de palabra balbuciente y aspecto caduco, el cual daba fin muchas veces a las discusiones más intrincadas con una solución de sentido vulgar, conocida de todos, pero que todos habían olvidado. El anciano, después de oír al tribuno, se levantó para formular una proposición que podía satisfacer a los dos bandos. Era oportuno no matar al gigante, para que así no quedasen perdidas las grandes sumas que había costado su manutención, y era conveniente también que en adelante no comiera a costa del Estado, consiguiéndose de tal modo la economía que buscaban los amigos del gobierno. Para esto, lo más sencillo era obligar al Hombre-Montaña a que viviese lo mismo que los hombres esclavos, que ganaban su subsistencia trabajando como máquinas de fuerza. - Ese gigante puede emplear sus brazos en las obras de ampliación de nuestro puerto. Su enorme estatura y su vigor le permitirán colocar grandes rocas en los fondos submarinos más aprisa que lo hacen nuestros buzos y nuestras máquinas. De este modo su manutención puede resultarnos gratuita, y ¡quien sabe si hasta representara un buen negocio para el Estado! Ese animal enorme, bajo una dirección severa y convencido de que no comerá si no trabaja, puede dar un rendimiento mayor de lo que creemos.

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47 min Figuras De Capodimonte Y N Radaelli Vintage

12 min Figuras De Capodimonte Y N Radaelli Vintage En casi todos los barrios se veían andamios y albañiles, carros que arrastraban cantos ciclópeos y se oían martillazos estridentes sobre hierros y maderas, chirriar de sierras que cortaban piedras, rechinar de grúas, y gritos y latigazos de carreteros. Una llovizna de cal flotaba en el aire caliente. Los teatros estaban cerrados y sólo los music-halls de los Campos Elíseos y el Moulin Rouge alegraban las primeras horas de aquellas noches cálidas de Agosto. No quedaban sino los pobres y los extranjeros, inglesas desgalichadas de canotier, que recorrían los museos con el Baedeker en la mano o pasaban en pandillas, alargando sus cuellos de cigüeñas, en los breaks de la Agencia Cook. El sudor removía las secreciones acumuladas de los cuerpos que no se lavaron durante el invierno una sola vez. De cada portería brotaba un vaho caliente de pies sucios, de bocas comidas de sarro, de efluvios acres de estómagos que digieren mal o se alimentan de legumbres, de queso y de cerveza barata. Las calles estaban poco menos que desiertas e impregnadas de la melancolía que invade a las capitales populosas en esta época del año cuando todo el mundo sale en busca de oxígeno a orillas del mar. La bulliciosa nube de biciclistas que durante la primavera interrumpía el curso de los coches, se reducía a empleados de las tiendas y correos, que serpenteaban desgarbadamente en larguiruchas y despavonadas máquinas de lance, a través de los fiacres y los ómnibus. De noche en la Taverne Royale o en Maxim's, que arrojaban sobre la acera sus luminosas manchas rojizas, se veían algunas cocotas de desecho en compañía de españoles y sur-americanos que venían a París por uno o dos meses. Por los bulevares y las allées de los Campos Elíseos se paseaban infelices busconas muy pintadas, cuya decadencia física disimulaba la sombra de los castaños. Algunos iban a la Gran Rueda a ver la Danza Oriental, donde varias francesas de Argel o de Batignolles, al son de un piano, de unas panderetas y un tamboril, se dislocaban las caderas, la cintura y el vientre, con penosas contorsiones de envenenados con estricnina. En los bulevares exteriores los bandidos hacían de las suyas. Rara era la noche en que no reñían entre sí, dejando, ante la policía impotente, un reguero de cadáveres y heridos. Los periódicos daban cuenta de asesinatos y cambriolages en pleno corazón de París. Los más de estos delincuentes eran souteneurs que, durante el invierno, vivían de la prostitución. En estío, en que París se vaciaba, recurrían a desvalijar las casas y asaltar a los transeúntes, revólver en mano.

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