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77 min Trabaja Ese Trasero Ponlo En El Piso

U. -¡Arzando! -habló Melgares-. Tú, Frasquita, descorcha, en tan y mientras yo deshueso el pernil. En tomando, que tomemos, un golpetaso y un bocao, tú a darle a la sonata, y tú, la de la O, a bailarme unas alegrías. Dempués veremos qué se jase. Punteó la guitarra, púsose la bailaora en pie y Melgares, llevando el son a cuchillazos, rompió a cantar con voz afinada, aunque ronca. Antes puso junto a él, al pronto alcance de sus manos, el rifle. Rasgueó Frasquita en la guitarra al terminar su primera copla el bandido, y Mariquilla adelantó sobre las baldosas, con la cabeza echada atrás, los brazos en alto, la sonrisa en la boca y la lujuria en las pupilas. Los pies de la hembra herían el piso con rítmico e intermitente pataleo; su cuerpo describía sobre el espacio incitadoras curvas; ondulaban sus caderas con gracioso vaivén, y sus manos, subiendo por encima de la cabeza como si trataran de coger las flores en el moño prendidas, retorcíanse con lentitud, mientras su talle, doblándose en arco, ponía al descubierto los senos menudos y temblantes. Al bandido le chispeaban las pupilas; sus labios crispados se adelantaron hacia Mariquita de la O cuando finó la copla y Frasquita preludió la falseta, ese tiempo del baile, durante el cual enmudece el cantor, y cesa el machaqueo de los acompañantes y sólo se escuchan los acordes de la guitarra y el deslizamiento de los pies de la bailaora. Mariquilla de la O era maestra en este género de baile; pero entonces fue más que maestra; fue un sueño de voluptuosidad encarnando en el cuerpo de una hembra. ¡Cómo no lo iba a ser, teniendo delante de sus ojos al bandido, espanto de la sierra, al héroe de mil canallescas hazañas, que la imaginación popular engrandecía hasta el punto de tornarlas legendarias empresas! Para él era su baile; por él quería lucir todas las gracias de su cuerpo. Y ponía asombro en las pupilas y en los nervios sacudidas eléctricas, ver a Mariquilla con el busto echado hacia atrás, los brazos abiertos y la cabeza flexionada contra la nuca, provocando al Melgares con el gesto, con la sonrisa, con los retemblidos de su carne morena, con las sensuales promesas que cada una de sus actitudes traía aparejadas.

41 min ¿qué Causa El Dolor En Los Senos Antes Del Período?

20 min ¿qué Causa El Dolor En Los Senos Antes Del Período? Sólo preguntándole lograban hacerle hablar. Por lo común permanecía silencioso y ensimismado. El mar estaba agitadísimo aquella mañana de mediados de Septiembre. La resaca era muy fuerte. Al llegar a la orilla las olas chocaban unas contra otras rompiéndose en turbios espumarajos. El cadáver de una raya danzaba entre el oleaje y las hoyas rojas se sumergían y emergían, como enormes tomates, a capricho de los tumbos de la marea que subía invadiendo toda la playa hasta llegar a las casetas. Al descender, con una rapidez incontrastable, arremolinaba los guijarros, que sonaban como si les triturasen en una paila de aceite hirviendo. El cielo, oscuramente gris, estaba muy bajo. El médico, arrebujado en su bufanda, con la gorra hasta las orejas y las manos en los bolsillos del gabán, gozaba con el espectáculo del mar que acariciaba a las rocas con efusiones de un amor salvaje. Una lluvia menuda y tenaz desdibujaba y entenebrecía los objetos. Por las calles fangosas y malolientes del pueblo pasaban de prisa algunos bañistas con las capuchas de los impermeables caídas sobre los ojos. El viento levantaba irrespetuoso las faldas femeninas y volvía del revés los paraguas. Por las bocacalles que daban al mar pasaba zumbando con un cortejo de papeles y basuras. Una mancha blancuzca hormigueaba a lo lejos en la llanura brumosa. Era un rebaño de ovejas.

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700 mb Jovencito Toma Un Burro Polla

800 mb Jovencito Toma Un Burro Polla FIN DE BODAS REALES Y DE LA TERCERA SERIE DE EPISODIOS NACIONALES Santander (San Quintín), Septiembre-Octubre de 1900. En el estío de 187. Raúl Henares habitaba en uno de los sitios más pintorescos de las cercanías de Montevideo. La casa quinta ocupaba una posición alta con vistas deliciosas a diversos rumbos, y la circuían bosquecillos de árboles frutales, a su vez resguardados por largas paralelas de sauces de lujoso verdor. La belleza del conjunto, la corrección de los detalles, la armonía de las líneas y la elegancia de las formas, denunciaban en el edificio fuerte, sobrio de adornos y relieves, higiénico y proporcionado, la morada y la obra de un ingeniero de buen gusto y talento. A un flanco, a manera de seto, se extendía una línea de tunas e higueras silvestres, lugar de cita de los bulliciosos tordos, que acudían en bandas desordenadas en la época del celo a disputarse sus amores y esparcirse como negros presagios sobre los terrenos de labranza. Al frente veíase el mar, cuyas irritadas olas en días de tormenta cubrían todo el lecho de arenas de las playas para romperse luego contra deformes peñas, asemejándose con sus dilatadas crestas de bullente espuma a considerables escalones de jinetes adornados de penachos blancos, que vinieran a estrellarse a toda brida contra sólidos cuadros de veteranos. Detrás, a poca distancia, divisábase otra hermosa quinta, cuya vegetación simétricamente distribuida, indicaba una mano inteligente y cuidadosa. Enmedio de tupidas arboledas, surgía una casa blanca y risueña, que servía de estancia estival a una familia opulenta, si bien compuesta sólo de dos miembros, según el dato comunicado a Raúl por su doméstico Selim, que en materia de indagaciones minuciosas de vecindad no desdecía de la costumbre de sus congéneres. Algún tiempo hacía que Raúl Henares habitaba aquel sitio, sin que hasta entonces hubiese tenido ocasión de contraer alguno de esos vínculos pasajeros o durables que la proximidad forma entre personas que residen dentro de una zona determinada. No le faltaban, sin embargo, deseos de descubrir el secreto de la casa solitaria, y el rostro de cualquiera de las dos damas que en ella hacían vida veraniega; pues damas eran, y este detalle, bien importante por cierto, bastaba a azuzar su interés. Confiaba satisfacerlos por medio de uno de esos encuentros que la casualidad proporciona en la estación de campo, y que no ofrecen el inconveniente de la observancia de fórmulas exigibles en otro teatro. Él no tenía tampoco motivos de contar con amistades y relaciones francas y familiares. Pocos meses habían transcurrido desde su regreso de París, en donde cursó ingeniería y obtuvo con las mejores notas su diploma. Los años de ausencia fueron compartidos con Zelmar Bafil, su amigo y compañero de la infancia, a quien una circunstancia imprevista obligara a abandonar sus estudios de medicina al concluir el sexto año.

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78 min Los Sueños Eróticos De Jeannie Videoclip.

56 min Los Sueños Eróticos De Jeannie Videoclip. Sebastián por la cabeza tal pensamiento. -Perdone usted. debieron pasarle ese y otros, si no cuando la muerte del Rey, algún tiempo después. Al tener noticia del noviazgo, llamémoslo así, de la Reina con Muñoz. -El Infante se puso furioso. -O se alegró. lo humano es que se alegrara, porque el matrimonio morganático, en rigor de ley, debía inutilizar a Doña Cristina para la Regencia. -Patraña. -O realidad. Yo me agarro a la filosofía de la historia, y reconstruyo con elementos humanos un personaje obscuro. El Príncipe se alegró, diciendo para su sayo: Reina casada, Regenta eliminada. Pero la Gobernadora fue más lista; no declaró oficialmente sus nupcias; se entendió con Roma. manda sus hijos a criar al campo. Ni siquiera figuran sus alumbramientos en el registro de la Facultad de Palacio.

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101 min Pareja Casada Negra Folla Chica Blanca

27 min Pareja Casada Negra Folla Chica Blanca -preguntó Agnes con el más afectuoso interés. ¡Se asusta como un pajarito! ¿Y si a las señoritas Spenlow no les parece correcto que me dirija a ellas? (Las solteronas son a veces tan extravagantes . -No creo, Trotwood -dijo Agnes levantando con dulzura los ojos hacia mí-, que debas preocuparte demasiado por eso. Según mi opinión, vale más preguntarse si está bien hecho, y si está bien, no titubear. No dudé más tiempo; me sentía el corazón más ligero, aunque con el peso profundo de la tremenda importancia de mi tarea, y me propuse dedicar la tarde a escribir la carta. Agnes me cedió su pupitre para que hiciera el borrador; pero antes bajé a ver a míster Wickfield y a Uriah Heep. Encontré a Uriah instalado en un nuevo despacho, que exhalaba un olor a cal fresca. Lo había construido en el jardín. Nunca he visto un rostro tan innoble entre una cantidad tan grande de libros y papeles. Me recibió con su servilidad de costumbre, haciendo como que no había sabido por mister Micawber mi llegada, de lo que me atreví a dudar. Me condujo al gabinete de míster Wickfield, o mejor dicho a la sombra de su antiguo despacho, pues lo habían despojado de una multitud de comodidades en provecho del nuevo asociado.

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91 min Fotos Gratis De Debrah Harry Desnuda

DVDRIP Fotos Gratis De Debrah Harry Desnuda ¡Se calza tan bien. lleva las uñas tan nítidas! Al disponer este viaje, advierto más que nunca la falta -en medio de mi opulencia- de lujos refinados. De doña Catalina, que nunca viajaba, no he heredado una maleta decorosa. Encuentro un amazacotado neceser de plata, de su marido, con navajas de afeitar, brochas y pelos aún en ellas. Octavia lo examina. «¡L’horreur! Recorro tiendas: no hay sino fealdades mezquinas. No tengo tiempo de encargar a Londres, único punto del mundo en que se hacen objetos de viaje presentables. En Madrid -deplora Octavia- no se halla rien de rien. A trompicones, me provisto de sauts de lit, coqueterías encintajadas, que son una espuma. Ya florezco mi luto de blanco, de lila, de los dulces tonos del alivio. Batistas, encajes, primavera. Y seda calada en mis pies, que la manicura ha suavizado y limado como si fuesen manos. -¿Todo esto, por el primo de Granada, a quien no conozco?

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WEBRIP Manguera En Imagen Pantie Sexo Embarazada

78 min Manguera En Imagen Pantie Sexo Embarazada Era la primera vez que veía llorar a Carlos. ¿Y qué mujer desconoce el poder del llanto de un hombre cuando es amado? Se dice que las lágrimas de la mujer son omnipotentes, pero ¡cuánto más cierta es la omnipotencia del llanto del hombre! El llanto de la debilidad puede conmover, pero en la debilidad el llanto es natural, es fácil, es frecuente. Mas cuando una lágrima humedece un rostro varonil, cuando la fuerza y el orgullo pagan un momento de tributo a la sensibilidad y a la ternura, entonces la emoción que se experimenta es profunda, inexplicable. Hay en ella una mezcla de dolor y de placer, de temor y de confianza. El sentimiento que hace llorar a un hombre, es un sentimiento cuya grandeza intimida a la mujer que le contempla, pero su orgullo se goza del poder que tiene para producirle. La condesa. Subyugada por esta emoción, estuvo próxima a echarse a los pies de su amante. Tomola él en sus brazos y la oprimió contra su corazón. -Catalina -la dijo- fuerza es imponernos ambos un terrible sacrificio. Presentándome contigo en todas partes no hago más que dar pábulo a la malignidad que se enfurece contra ti. El disimulo, según empiezo a conocer, es el arte más necesario al que vive en el mundo, y sólo las apariencias son las que constituyen en la sociedad la virtud o el crimen. Pues bien, preciso es ser esclavos de ellas. -¿Y qué me importa?

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34 min Parejas Casadas Intercambiando Tareas Por Sexo

11 min Parejas Casadas Intercambiando Tareas Por Sexo Lo de siempre. Pero nunca había hecho tan noche sobre mí. Aunque el trecho que me separaba del puesto, en el que encontraría a mi padrino, era un tanto largo, me puse a andar al tranco. Llegaría recién al amanecer ¡qué importaba! tenía ganas de pensar o tal vez de no pensar, pero seguramente sí de que los últimos acontecimientos se asentaran en mi memoria. Además no quería abusar de mi brazo, por el que corrían tropelitos de cosquillas. Miseria es eso de andar con el corazón zozobrando en el pecho y la memoria extraviada en un pozo de tristeza, pensando en la injusticia del destino, como si éste debiera ocuparse de los caprichos de cada uno. El buen paisano olvida flojeras, hincha el lomo a los sinsabores, y endereza a la suerte que le aguarda, con toda la confianza puesta en su coraje. «Hacete duro, muchacho», me había dicho una noche don Segundo, asentándome un rebencazo por las paletas. A su vez, la vida me rebenqueaba con el mismo consejo. Pero qué mal golpe que me aflojaba la voluntad hasta los caracuces, sugiriéndome la posibilidad de volver hacia atrás, con un ruego de amor para una hembra enredadora. Contrariando mi debilidad, miraba adelante, firme. Crucé unos charquitos llorones, que quien sabe qué dijeron bajo los vasos del caballo. También el barro se pega en las patas del que quiere caminar. Pobre campo sufridor el de estos pagos y tan guacho como yo de cariño.

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