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42 min Diseño Instruccional Para El Alumno Adulto.

-asegúrome antes. -No es éste. -Bien, acaso nos es más expedito oír que mirar. El caballero de la dama que pierde horquillas, debe tener cierto derecho al camarote 15, puesto que hacen la cama de día a vista de la gente. -¡Posible! -accede Enrique- ¡la mía me la hago yo! fue condición al recibir la llave. Sospechaba esto, que corresponde a mi idea de la pescadera y el capitán en el departamento contiguo, contra la creencia del húsar. Juan llega. -Dime, Juan. -Señorito. -He visto que hay ahí tres camarotes grandes, seguidos, vacíos. el nuestro es para ahogarse, y además, don Pascual nos es a don Enrique y a mi antipático. ¿No podrías tú mandarnos nuestros trastos a uno de ellos? -Ah, son primera preferente, señorito. -Tendrás tu propina, hombre. -No puede ser. Ya ven los señores que van des ocupados, no obstante la apretura del pasaje, -¿Desocupados?

48 min Feynman Hay Un Montón De Espacio En La Parte Inferior

Bdrip Feynman Hay Un Montón De Espacio En La Parte Inferior El detalle consistía en cuatro o cinco verrugas, que de mayor a menor bajaban una en pos de otra desde el nacimiento de la frente hasta el de su aplastada nariz de anchas fosas, remedo de un rosario de bellotas o de cuentas negras de muy regulares formas y magnitud decreciente en proporción, hasta alcanzar la última el tamaño de un guisante. Este archipiélago de excrecencias notables daba extraña singularidad a la fisonomía de Zambique, especialmente cuando una sonrisa dilataba sus grandes labios y le obligaba a descubrir un diente y dos colmillos de una blancura extraordinaria. Al apuntar el alba, y después de mediodía, bajo el sol ardiente, cuando sólo se escuchaba el canto de la cigarra o el zumbido de las langostas en las espigas y cardos, Zambique hacía oír su tambor, acompañando el movimiento de sus dedos, tardo y monótono, con cierta cantinela ahuecada y bronca. Si se hubiesen escrito las palabras de este guirigay, no hubieran sido más descifrables que un jeroglífico casi borrado. Difícilmente un concierto de los tipos gruñones de que habla Landois, producido con toda la fuerza de sus ancas, élitros y antenas, podría dar idea de los ecos de la marimba de Zambique. Tenían algo del trueno en lontananza, y del fuego graneado por hileras. La primera vez que percibió Raúl aquel ruido o música cafre, preguntó a Selim de dónde provenía. -Del fondo vecino, señor -dijo el doméstico-. Es el viejo gorila que golpea el tamboril. Raúl veía siempre pasar a Zambique por delante de sus ventanas, hablando solo, y mirando con fijeza el suelo, encorvado y abatido, como un ente que considera estar de más en la colmena, y que aún resiste a la dura ley de la lucha, por algún vínculo superior al egoísmo del último descanso. Según la versión de Selim, sucedíale con frecuencia cosa distinta, una vez dentro del seto de la quinta, cuando tropezaba en el sendero de su choza con una joven pálida y bella, que era sin duda la reina de aquellos sitios. Zambique descubríase entonces con respetuoso cariño, balbuceaba las más sonoras palabras que aprendiera del idioma nacional, se sonreía, y arrancaba solícito hermosas margaritas y florecillas celestes para obsequiar a la paseante solitaria. Selim creía que esta joven era a quien él veneraba más en la tierra, con todo el fervor supersticioso de su raza. Parece que ya se extinguió con la antigua servidumbre ese género de lealtad noble y consecuente, muy distinta a la obediencia muda impuesta por el rigor de la cadena, y que hacía para perpetuarse al calor de los hogares lo mismo que la planta invariable cuyo verde risueño no empalidece al soplo de los tiempos. En el alma del viejo negro había una siempre verde: la gratitud, que engendra al amor, la abnegación y el sacrificio. El extraño edificio a que se acercara Raúl, era la choza de Zambique, en terreno de Nerva. El viejo negro se encontraba a algunas varas de la puerta, sentado en una osamenta de buey de que él había improvisado una banca; despojo arrancado a algún médano, o terreno de aluvión, notablemente aumentado de volumen por la acción de la humedad o de las sustancias térreas, y desprovisto de cornamenta, que algún sabio de afición habría confundido fácilmente -como ya ha sucedido- con la cabeza de algún ejemplar de raza prehistórica. Zambique hacía ramojos con todo afán y esmero. Ceñía su frente un pañuelo encarnado, que sin cubrirle por completo la cabeza, dejaba ver en el cráneo varios rulillos cortos y plomizos.

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150 mb Juegos Divertidos Como El Conejito Gordito -Es lástima que sus ideas. -¡Hija, sus ideas! -se apresuró la duquesa-. Manolo, mi marido, asegura que Agustín, cuando mande, respetará lo que debe respetar. Y variando de tono: -Es seguro que al formarse Almonte una familia, eso también ejercerá en su modo de ser provechoso influjo. ¡Oh, la familia! Si encuentra una mujer de talento y buena. Y la encontrará. ¿No opina usted lo mismo, Lina. La familiaridad del nombre propio era un halago en la elegante señora, árbitra sin duda de la sociedad, aunque ya su sol declina. Puesto del todo este sol, que fue esplendoroso, aún quedará un reflejo de su irradiar. El propósito de halagarme, por si soy para Almonte algo más que una cliente rica, se revela en el empeño de acompañarme y pilotearme en el Casino -sin oficiosidad inoportuna-, de inventarme excursiones entretenidas, de relacionarme. Debieron de correr voces, un santo y seña, porque hubo atenciones, encontré facilidades, me vi rodeada, mosconeada, invitada a diestro y siniestro, a almuerzos y lunchs. Pregusté el sabor de los rendimientos que el poder inspira; sentí la infatuación de la marcha ascendente por el florecido sendero. No tuve, en pocos días, tiempo de profundizar la observación de lo que me salía al paso. Mi goce se duplicó por el bienestar físico que me causaba la tónica balneación, y por el femenil gusto de vestir galas y adquirir superfluidades en las ricas tiendas. También sentí orgullo al convidar a la duquesa, a su hermana, a algunos de los que me han obsequiado, a almorzar en mi hotel. Se enteraron de Dick, de Maggie, y vi el gesto admirativo de las caras cuando agregué: -Bah, mi escocesa. Salió, para venir a servirme, de casa de lady Mounteagle.

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WEBRIP Películas Porno Ameture Big Boobs Gratis Te lo aseguro, querido. -Cuando Jane encuentra, como digo -prosiguió cuando mi madre dejó de hablar-, una recompensa tan baja, aquellos sentimientos míos se entibian y alteran. -¡No digas eso, amor mío! -imploró mi madre-. ¡Oh, no, Edward! No puedo soportar el oírtelo. A pesar de todo, soy cariñosa, sé que soy cariñosa. Si no estuviera segura de que lo soy, no lo diría. Pregúntale a Peggotty. Estoy segura que te dirá que soy muy cariñosa. -No hay ninguna debilidad, Clara --dijo míster Murdstone a modo de réplica---, por grande que sea, que resulte importante para mí. Tranquilízate. -Te lo ruego, seamos amigos -dijo mi madre- Yo no podría vivir entre la frialdad o la dureza. ¡Estoy tan triste! Tengo muchos defectos, lo sé, y es mucha tu bondad, Edward, que con tu entereza trates de corregirme. Jane, no volveré a hacer objeciones a nada, me desesperaría que quisieras dejarnos. Aquello era ya demasiado. -Jane --dijo míster Murdstone a su hermana-, es muy raro que entre nosotros se crucen palabras duras como estas, y espero que así siga siendo; y no ha sido culpa mía si por rara casualidad ha sucedido esta noche. He sido arrastrado a ello por los demás.

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60 min Películas Exhibicionistas Gratuitas De Mujeres Que Tienen Sexo En Público. pero corrimos, nos separamos, nos perdimos, yo me desmayé. -dijo la madre con furor-. Si el Sr. de Ostolaza que acaba de llegar, dice que te vio en la tribuna de las Cortes. me desmayé. me llevaron a las Cortes. Después mataron a D. -Esto debe de ser obra de alguna infame maquinación -exclamó la condesa llevándonos a la sala-. ¡Señores. ya no hay nada seguro. no pueden las personas decentes salir a la calle! En la sala estaban Ostolaza, D. Pedro del Congosto y un joven como de treinta y cuatro años y de buena presencia, a quien yo no conocía. Mirome el primero con penetrante encono, el segundo con altanero desdén y el tercero con curiosidad. -Señora -dije a la condesa- usted se ha exaltado sin razón, interpretando mal un hecho que en sí no tiene malicia alguna. Y le conté lo ocurrido, disfrazando de un modo discreto los accidentes que pudieran ser desfavorables a las pobres niñas.

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400 mb Linda Delincuente Palisades Parque Registrado Sexo Whitehead Mi primer cuidado fue en dirigir la vista en todas direcciones. Por todas partes la vasta superficie líquida. Ni un pedazo de tierra a la vista; nada más que un horizonte formado por la línea ideal del cielo. Que fuese lago o mar, no tardaría en saberlo. Navegábamos a tanta velocidad, que el agua, bruscamente cortada, elevábase en una menuda lluvia que me mojaba la cara. El agua era dulce y probablemente era la del Erie. No debían de haber transcurrido más de siete u ocho horas desde que El Espanto había dejado la caleta de Black-Rock, pues el sol mostrábase a medio camino del cenit. Aquella mañana no podía ser más que la del 31 de julio. En el puente había dos hombres: uno a proa, mirando la marcha; el otro manteniendo el timón en la dirección del Nordeste, a juzgar por la posición del sol. El primero era el que había reconocido como uno de los espías de Long-Street cuando le dio en la cara la luz. El otro era el que llevaba el farol. Busqué inútilmente al tercero, al que habían denominado capitán. No le vi por ninguna parte. Se comprenderá el deseo que yo experimentaba de encontrarme ante la presencia del creador del prodigioso aparato; del comandante de El Espanto; del fantástico personaje de quien se ocupaba y preocupaba el mundo entero; del audaz inventor que no temía entrar en la lucha con la humanidad y se proclamaba Dueño del mundo. Me dirigí al hombre de proa y le pregunté: ¿Dónde está el capitán? Este hombre me miró con un aire de no comprender mi pregunta, no obstante haberle oído la víspera hablar en inglés. Por otra parte, no pareció inquietarse en lo más mínimo al verme sobre la cubierta, y después de volverme la espalda, continuó observando el lejano horizonte. Me dirigí hacia proa resuelto a hacer la misma pregunta respecto al capitán. En cuanto estuve al lado del timonel, éste me separó con la mano y no obtuve ninguna respuesta.

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500 mb El Sexo De Una Planta De Aguacate -Amor mío, porque son las cinco, y debíamos comer a las cuatro. Dora miró al reloj con un airecito de inquietud e insinuó que creía que aquel reloj se adelantaba. -Al contrario, querida -le dije mirando mi reloj-, se retrasa unos minutos. Mi mujercita vino a sentarse encima de mis rodillas para tratar de contentarme y me hizo una raya con el lápiz en medio de la nariz: era encantador, pero aquello no me daba de comer. -¿No crees, vida mía, que debías decirle algo a Mary Anne? te lo ruego, Doady -exclamó Dora. -¿Por qué no, amor mío? -le pregunté con dulzura. porque yo sólo soy una tontuela, y ella lo sabe muy bien. Como aquellos sentimientos me parecían incompatibles con la necesidad de regañar a Mary Anne, fruncí las cejas. -¡Oh, qué arruga tan horrible en la frente, malo! -dijo Dora, todavía sentada en mis rodillas. Y señaló aquellas odiosas arrugas con su lápiz, que llevaba a sus labios rosas para que marcara más negro; después hacía como que trabajaba tan seriamente en mi frente, con una expresión tan cómica, que me eché a reír, a pesar de todos mis esfuerzos. -¡Así me gusta, eres un buen muchacho! Estás mucho más guapo cuando te ríes. -Pero, amor mío.

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75 min Historias Sobre Ser Castigado Como Castigo

93 min Historias Sobre Ser Castigado Como Castigo No, nuestra incógnita no es una dama. Estamos en grave error. es Séneca redivivo, quizás con faldas. ¿Y tú, gaznápiro, no te admiras, no te deleitas, no pierdes el sentido ante los esplendores de ese entendimiento, y ante las gallardías de esa pluma, que sí, sí. es de mujer, ahora lo veo, por el claro análisis, por la gotita maliciosa que pone en sus conceptos? Créelo, este amarguillo me sabe a gloria. Sigue, hijo, sigue, que esto es oro molido. -Pues si me tomas juramento -dijo Calpena-, declaro que estoy pasando un rato delicioso con lo que se ha servido escribir para nuestro recreo la señora tirana. Quien esto escribe es persona corrida, que ha visto mucho mundo, y adquirido en él fino trato de gentes. Sigo: 'Como en la cárcel no tendrás periódicos, yo me encargaré de contarte lo que dicen, y bien puedes agradecérmelo, que no es tarea fácil ni breve echarse al coleto todo este fárrago. Fuera de La Abeja, que en extremo me agrada, todo el periodismo me resulta enfadoso, indigesto y de escasa sustancia. Se escribe para los sectarios, no para la gente pacífica y neutral. Me encantan, eso sí, las letrillas políticas de Bretón, poniendo en solfa los acontecimientos de la semana con donaire decoroso, sin tocar jamás en la grosería, empleando extraños ritmos y consonantes endiablados, de extraordinario efecto cómico. Se pegan al oído ferozmente estas coplas; hace tres días que no ceso de repetir:    Así, beodo como un atún, Marat hablaba del pro-común.       ¡Trun, trun, trun! »No puedo resistir los artículos que llaman serios, escritos por jóvenes ilustrados. No negaré su mérito; pero que los lea quien quiera. Han tomado ahora la muletilla del espíritu del siglo, y a todo sacan el argumento espirituoso. Los del grupo templado encuentran anárquico cuanto dicen y hacen los de enfrente, y los libres denigran a los otros, echándoles en cara el despotismo, el obscurantismo, las ideas retrógradas y otras cosas muy malas.

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94 min Islas Vírgenes Británicas Secretay Del Estado

99 min Islas Vírgenes Británicas Secretay Del Estado vamos si te has de ofender no sigo. Lo que aseguro es que muchas personas lo advirtieron esta mañana. Notáronlo los señores de González, doña Robustiana, Serafinita, en fin. con decirte que llamaste la atención del señor obispo. Su Ilustrísima me dio las quejas esta tarde en casa de mis primas. Díjome que no te mandó plantar en la calle porque le dijeron que eras sobrino mío. Rosario contemplaba con angustia el rostro de su primo, procurando adivinar sus contestaciones antes que las diera. -Sin duda me han tomado por otro. fuiste tú. Pero no vayas a ofenderte que aquí estamos entre amigos y personas de confianza. Fuiste tú, yo misma te vi. ¿Negarás que te pusiste a examinar las pinturas, pasando por un grupo de fieles que estaban oyendo misa? Te juro que me distraje de tal modo con tus idas y venidas, que. es preciso que no lo vuelvas a hacer.

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