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Cuarta parte -Y él: «Bendiga Dios el instante en que te vieron mis ojos. Deslumbrado fui; obscuridad triste llenó toda la tierra cuando desapareciste. Lloré yo mi miseria y escondí mi rostro, creyendo que para mí había concluido el reino de la luz. Ahora te veo, y mi alma se llena de gratitud, pues con mirarme sólo has tenido toda la piedad que como criatura de Dios merezco. ¿Qué más puedo desear después de verte? Sólo verte otra vez es mi deseo, y si no te enojaras, te pediría que me dejases gozar de tu presencia y de tu voz, aunque ninguna esperanza dieras a mi admiración de ti. Eres como divinidad a quien se debe todo acatamiento, y un culto que no puede ser callado, pues la voz se dispara sola en tu alabanza». Y dijo Yohar risueña: «Cállate ya, embustero gracioso. que por querer ser fino demasiado 5en el requerimiento, echas flores de trapo, sin olor. Exprime tu corazón con verdad y sin tanto requilorio, y ansí te entenderé. Para decirme que so mujer bella y que penas por mí, no hay precisión de tanta cuenta de palabras vacías. Y no me hables de tu miseria, que es mentirosa, pues sé que vienes aquí con fingimiento de omildad, y que con ropas puercas tapas tu señorío de príncipe cristiano. Tu cara dice que de padres altos naciste, y tu lenguaraje suena con lustración, que yo no entiendo, porque so inorante. ¡Ay, Yahia, qué bestia bonica verías en mí si me trataras despacio!

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115 min Muchos Usos Para La Palabra Joder Ligeritas de ropa a pesar de la estación, revoloteaban alegremente por su cuarto, que ofrecía el desorden del despertar, en torno de las dos camitas de inmaculada blancura, que en sus arrugadas sábanas guardaban el calor de los cuerpos jóvenes y ese perfume de salud y de vida que exhalan las carnes sanas y virginales. Gorjeaban alegremente, como pájaros que despiertan, pero sus trinos no podían ser más vulgares. —¿Dónde estarán mis botinas? —Mis medias. me falta una. ¿La has escondido tú? —¡Ay, Dios. ¡Tengo una liga rota! Y así continuaba el diálogo de exclamaciones sueltas, lamentos y protestas, mientras las dos jóvenes, en chambra y enaguas, mostrando a cada abandono rosadas desnudeces, iban de un lado a otro, como aturdidas por el ambiente cálido y pesado de la habitación cerrada. Luego pasaron al tocador, un cuartito en el que la luz de la ventana, después de resbalar sobre la luna biselada de un gran espejo, quebrábase en el cristal azulado o rosa de las polveras y los frasquitos de esencia. La pieza no era un modelo de curiosidad y delataba el desorden de una casa donde falta dirección. Los peines de concha guardaban enredadas en sus púas marañas de cabellos; muchos frascos estaban desportillados, y el blanco mármol tenía pegotes formados por el amasijo de gotas de esencia con los residuos de polvos. Las dos muchachas soltaron sus cabellos, largos y ondeantes como banderas; sacudiéronlos, haciendo caer sobre el mármol las horquillas como una lluvia metálica, y después, cual buenas hermanas, ayudáronse mutuamente en la difícil tarea del peinado de un día de ceremonia. La clara luna retrataba en su fondo ligeramente azulado las cabezas de las dos hermanas, con la cabellera suelta y vestidas de blanco, como tiples de ópera en el momento de volverse locas y cantar el aria final. Sus rostros no eran gran cosa; hubieran resultado insignificantes a no ser por los ojos, unos verdaderos ojos valencianos que les comía gran parte de la cara, rasgados, luminosos, sin fondo, con curiosidad insolente algunas veces, lánguidos otras, y cercados por la ojera tenue y azul, aureola de pasión.

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16 min Playa Gay Kjg Lago Macho Lago Playa Verano Verano -¡Sí, sí, caramba! -admiraba el abogado con envidia. Como que él lo estaba viendo. A cada instante, uno por pomada, por hierro, por clorato. Tres dependientes, y apenas si él podía charlar, seguidos, seis minutos con Ruiz, que era el principal. Un río de plata y calderilla. -¡Ah, si yo tuviese algún dinero para poder establecer una farmacia. una farmacia modelo, popular, con precios aún de mayor economía! -Porque, fíjese: a usted mismo, y eso que ya se le trata como amigo: gramo, de antipirina, un real; pues bien, dado por la mitad, aún se ganaría, porque nos cuesta en fábrica a tres céntimos. ¿usted es boticario? ¿Cómo se iba a establecer? ¡Qué importa!

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112 min Que Tipo De Lesbiana Eres Tu

79 min Que Tipo De Lesbiana Eres Tu Sabemos asimismo que mientras haya palomitas, esto es, que mientras las olas rompan en espuma, no obstante la quietud del aire, sigue la marejada de fondo -la de los mareos y los balances odiosos. Y observando siempre en la rueda alta del timón a un marinero que la mueve sin cesar, fijo en la proa, desde su avanzado observatorio del puente, aprendemos que hay que afrontar ola por ola a fin de que no batan al Reus de costado. El vigía se nos antoja, pues, la providencia, y su misión algo sagrado de cuyo descuido dependemos todos. No paran aquí nuestras tareas, en esta vida de holganza como la de una playa, como la de un flotante hotel de balneario -hasta el punto de que no he vuelto a coger el alemán. Don Lacio, pasajero reincidente, nos habitúa a consultar cada noche el cuadro de la marcha colgado sobre el buzón de petitorio; y varios llevan su carnet de apuntación. Día tal. Singladura. 340 millas. Consultamos los barómetros, los termómetros, los higrómetros del comedor, en horas fijas, siendo cátedras de náutica los grupos, a menudo, donde se empieza a apreciar el valor justo de un nudo, de una milla, de la extensión del mar que se descubre, del tiempo que tardan en perderse de vista los barcos. -¡Babor, derecha; estribor, izquierda! -termina siempre don Lacio, dirigiéndose a mí-. Y además no siempre se dice el mar, sino la mar. es más marinero. Hacia las tres de la tarde se hunde Sicilia en lejanías, confundida con las brumas. Otra vez «la mar», redonda y solitaria, que nos concentra nuevamente en la extraña intimidad de desconocidos que ya nos sonreímos, nos queremos, nos odiamos.

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22 min Color De Badd I Lyric Sexo Hasta Quiero Una amable necesidad nos pone muchas veces en el artículo de sacrificar a las Musas, como cuando en un castillo alguna enamorada princesa nos canta por la noche en el jardín sus gratos dolores. ¿Qué harías tú en semejante caso? -Si me sé acordar -respondió el escudero-, en un cumpleaños de mi hija Marisancha hice unos versos de poner con pórlogo en libro. -Con pórlogo, biografía del autor y muchas laudatorias, amigo Sancho Panza, según el estilo del día. Por desdichado que seas, admiradores no te han de faltar. Aún puedes hacer otra cosa, y es un cambio de biografías con un compadre tuyo, como ya lo hemos visto: el hace la tuya, tú haces la de él, y nada se quedan vuesas mercedes a deber en las cucamonas. Insinuaste poco ha que en cierta ocasión habías hecho versos; ¿no me has confesado que no sabías ni leer ni escribir? -No los escribí con pluma, señor; no hice sino afilarlos en la memoria, de modo que cuando llegase la oportunidad saliesen sin pisarse entre ellos y en buena formación. -¿Y qué tales? -preguntó don Quijote. -Como si los hubiera hecho adrede -respondió Sancho-; silbaditos y melosos. ¿No es el modo de hacerlos ir contando en los dedos y dándose de calabazadas? -Así trabajan los tontos -respondió don Quijote-; y sudan, y pierden el sueño, y amanecen con unas ojeras que da lástima. -Con ojeras yo no amanezco -replicó Sancho-; pero así los compuse. -Mal año para ti y para todos los que poetizan como tú.

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86 min Calientes Fotos De Anime Sexy De Chicas -No lo niego, -Es decir, que anda en el negocio una mano experta en el mal; y no cabe duda de que en el propósito de recoger el fruto a todo trance, se ha herido al árbol en el corazón. -Pues yo, don Román, a pesar de todo, venía con el ánimo de que llegáramos a un acuerdo sobre el caso. -Y ¿qué acuerdo cabe, señor don Frutos? -Tal vez trabajando usted sobre los que vienen por aquí por la noche. -¡Si ya no viene nadie. o como si nadie viniera! Vienen unos pocos, por cumplir y de mala gana, y como luchando entre la verdad y la calumnia, a juzgar por la cara que me ponen. A la menor palabra mía que no les halagara, tomándola por disculpa irían a reunirse con los de la taberna. ¡Si le aseguro a usted que no sé cómo mirarlos, en mi afán de contener el desastre, y hasta llego a parecer yo el delincuente y no la víctima! ¡Con qué pena los veo, don Frutos, caminar al abismo con la venda sobre los ojos! ¡Sangre mía que fueran, no me causara su perdición tan honda pesadumbre! -¿Y como no, señor don Román, si su felicidad era obra de usted? Pues juzgue usted ahora lo que a mí me pasa. Toco la campana todas las noches al rosario y a la doctrina. Como si callara.

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