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102 min Kits De Crewel Asiático Religioso Indio Hindú

Así me lo revelaron gemidos, ayes dolorosos que a mi lado sonaban. Un hombre, que por las trazas era médico, se acercó a mí, y después de reconocerme minucioso, ordenó que me arropasen con mantas o capotes, prescribiendo brebajes de quinina y alimentación muy moderada. Desde la visita del físico ceso en las referencias directas de mi persona porque estuve privado de conocimiento en largos días, conservando sólo un brumoso recuerdo de la horrenda sed, del amargor de la quina, y del repugnante gusto de los caldos que me daban. Cuando mis sentidos empezaron a recobrarse, pude advertir que muchos de mis compañeros de Hospital se morían lindamente, y oí los azadonazos de los que a la parte de afuera les cavaban la sepultura. Otros, destrozados por las balas, venían a sustituir a los fenecidos. Mujeres, que parecían monjas por su parda vestimenta y luengos rosarios, andaban entre nosotros con blando pisar de alpargatas. Eran enfermeras bondadosas, calladas y solícitas. Mi renacer a la vida fue un vertiginoso cavilar sobre la impía guerra civil, monstruo nefando que sólo me mostraba sus extremidades dolorosas. Dos Ejércitos, dos familias militares, ambas enardecidas y heroicas, se destrozaban fieramente por un quítame allá ese trono y un dame acá ese altar. No era fácil decir cuál de estos dos viejos muebles quedaba más desvencijado y maltrecho en la lucha. En sin fin de páginas de la Historia del mundo se ven hermosas querellas y tenacidades de una raza por este o el otro ideal. Contiendas tan vanas y estúpidas como las que vio y aguantó España en el siglo XIX, por ilusorios derechos de familia y por unas briznas de Constitución, debieran figurar únicamente en la historia de las riñas de gallos. Así lo pensaba yo en aquellas horas siniestras de mi vida, y así lo pienso todavía. Ahora voy a dar a mis joviales lectores un plato de gusto, contándoles que una mañana fui conducido por las blandas mujerucas y algunos militares de indecisa graduación a una estancia del piso alto, ancha y luminosa, donde me dieron alimento escogido para fortalecerme en mí convalecencia. Diéronme también una cama bien mullida, y en derredor mío vi un mediano ajuar de cómodos mueblecitos. Encontrábame allí como el pez en el agua y mi sorpresa fue tan grande como mi alegría cuando un vejete modoso y limpio, de porte un tanto sacristanesco, y una monja gordita, risueña y algo cojitranca, me dijeron que ya no corría peligro de ser fusilado. Por mi vida se interesaban personajes altísimos, y aun damas y princesas.

46 min X Películas Clasificadas Hombres Asiáticos Chicas Blancas

41 min X Películas Clasificadas Hombres Asiáticos Chicas Blancas Si en el gobierno de la ínsula que su D. Quijote le confiara había cometido mil tropelías electorales para sacar diputado a Don Bruno; si fue un gobernador muy parcial y más devoto de sus amigos que del procomún, en el terreno de los intereses conservó inmaculada pureza, y su conciencia salió de allí tan limpia como sus bolsillos. De su integridad era testimonio el hecho de que tuvo que pedir dinero a sus amigos para costearse el viaje de Cádiz a Madrid, y resignado con su suerte, por el camino iba soltando aforismos de manchega filosofía: «Todo el mal nos viene junto, como al perro los palos. A donde se piensa que hay tocinos, no hay estacas». Volvía el hombre a su casa sin otro caudal que las esperanzas en la próxima vuelta del Duque. Cogido el mango de la sartén por los hombres de Octubre, ayudados de los hombres de Julio, reducido habían a la mayor miseria y aniquilamiento a los hombres de Septiembre. Entraron proclamando que se hundía todo, Patria, Religión, Gobierno, Monarquía, y hasta el firmamento, si no se arrancaban de las manos de Espartero aquellos diez y seis meses que de regencia le restaban, y para que no se creyese que ellos, los señores de Octubre y de Julio, ambicionaban los puestos de Regente o Tutores, declararon la mayor edad de la niña, haciéndola de golpe y porrazo mujer capacitada para pastorear el español ganado, tan pacífico y obediente. Cierto que el Duque había cometido errores políticos, algunos muy graves; pero ¿qué planes, qué ideas, qué sistema traían los nuevos curanderos para aplicar a los males antiguos un remedio eficaz? Atropellaron un poder para crear otro con los mismos y aun peores vicios; tiraron un ídolo para poner en su peana otros, que más bien debieran llamarse monigotes, cuya incapacidad se vio muy clara en el correr del tiempo. Repitieron los defectos de la Administración esparteril, agravándolos escandalosamente; si el Duque convirtió en razón de Estado la protección a los que le eran fieles; si a veces pospuso el bien General al de una media docena de compinches y paniaguados, los libertadores de Octubre y de Julio nos traían el imperio sistemático de las camarillas, del caciquismo, del pandillaje, de las asoladoras tribus de amigos, con el desprecio de toda ley y la burla del interés patrio. En el tránsito de la turbulenta infancia de Isabel a su mayor edad, vemos aparecer la pléyade funesta: hombres de talento en gran número, de brillante exterior y fecundos en palabrería, enteramente vacíos de voluntad y de rectitud, en el sentido General. Entre unos y otros, civiles y militares, no hicieron más que levantar esta Babel que tanto cuesta destruir: los Olózagas y López, por el lado liberal; los Narváez, Serranos y Conchas, por el opuesto; el mismo O'Donnell, que supo hallar un pasajero equilibrio, con un pie en cada lado, y otros que no es necesario nombrar, más que laureles merecen maldiciones, porque nada grande fundaron, ningún antiguo mal destruyeron. Entre todos hicieron de la vida política una ocupación profesional y socorrida, entorpeciendo y aprisionando el vivir elemental de la Nación, trabajo, libertad, inteligencia, tendidas de un confín a otro las mallas del favoritismo, para que ningún latido de actividad se les escapase. Captaron en su tela de araña la generación propia y las venideras, y corrompieron todo un reinado, desconceptuando personas y desacreditando principios; y las aguas donde todos debíamos beber las revolvieron y enturbiaron, dejándolas tan sucias que ya tienen para un rato las generaciones que se esfuerzan en aclararlas. Observó en Madrid el buen Milagro mudanzas y novedades: derribos de casas, edificaciones hermosas, modas y costumbres de importación reciente, y a María Luisa la encontró muy flaca y desmedrada, a Rafaela repuesta de sus destemplanzas con la dichosa viudez y el más dichoso casamiento, a los chicos muy despiertos, adornados de relumbrones de ciencia y de pedantesca verbosidad ostentosa que en el trato escolar iban adquiriendo. Mayor sorpresa que él con estas hechuras del infalible progreso, tuvieron sus hijas viéndole venir de la ínsula sin una mota ni nada que se le pareciese; tampoco traía regalos, que con la visita al Regente tuvo que dejarse allá las ollas de arrope y dos cajitas de bizcochos de Almagro. Creían las chicas que su padre no volvería del Gobierno sin una carga de dinero, producto de su honesto ahorro y de las obvenciones propias del cargo, y les supo mal verle venir a lo náufrago que a duras penas salva la vida y lo puesto.

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79 min Michele Obama Gordo Culo En Europa

64 min Michele Obama Gordo Culo En Europa Olvidábase de todo. En tanto hacíase en los hogares humilde comentario de la caída, se hincaba el diente en su deshonra y se esparcía cal sobre los pobres amores de Gerardo. Y los días pasaron, y con ellos las resistencias del pudor. Una tarde decidió alejarse, para no volver. Así mismo la persiguieron las miradas de desprecio; pero ¿qué importaban? Ella se creía feliz. Ahora que una convicción amarga penetrando su espíritu la hacía echar de menos en su amante el entusiasmo de los primeros tiempos, y la arrastraba a abismamientos dolorosos, sentíase débil ante esa nube de recuerdos. ¡Cuánto cuidado exquisito en su crecimiento noble, y cuánta ternura en su período álgido, para verlo desaparecer a un solo golpe! Mansa y cariñosa recibe el agua del mar la altiva y ligera nave que se confía valiente al viento y a la aventura; obra de lenta labor y de ímprobos esfuerzos, que lleva al frente un símbolo de fe y al costado el áncora de la esperanza; pero surge de improviso la ola formidable que enturbia el transparente espejo, y disipa su azul de ilusión; y la nave arrojada a los cantiles choca y se sumerge, llevando esperanza y fe al fondo del piélago bravío. Pausa, y no enfriamiento de pasión: tregua breve y necesaria era sí la que hacía Cantarela a sus afanes, lastimada por los signos de indiferencia de su amante. En ese intervalo lúcido y tranquilo sintió los torcedores del pesar, al agolparse tumultuosas las memorias queridas; mas, muy pronto volvió a imponerse el profundo afecto, y borró todo remordimiento, a impulsos de los celos, el monstruo, que el gran poeta inglés pinta de verdes ojos y productor del alimento de que él mismo se nutre. El deseo durable y violento exaltose aún más con el aguijón inesperado. Ocurriósele recién a ella que Zelmar no era un oscuro barquero, sin otros horizontes que aquel en que el cielo parece unirse a las aguas; y lloró al pensar cuántas mujeres lindas lo querrían, ofreciéndole halagos y ternezas que ella no podía brindarle. No fue ahora él, como otras veces, el que secó sus lágrimas, ardientes y copiosas, sino el enojo del celo, concentrado y siniestro. Por vez primera se quejó a solas de un dolor desconocido, punzante, agudo, cual si hiriesen a mansalva su entraña más noble de improviso robándole la quietud y el sueño. No de otra manera la aguja de acero sepultada en las carnes, fina y sutil, que camina errante por el cuerpo a través de los tejidos, llega a hincarse de repente en fibra vibrante y demasiado sensible arrancando un grito de dolor.

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86 min Proyecto De Ley Llamado El Acto De Protección Del Paciente Con Cáncer De Mama

Hd Proyecto De Ley Llamado El Acto De Protección Del Paciente Con Cáncer De Mama -Entendido, hija mía, entendido -exclamó al punto su padre, que no desperdiciaba síntoma ni detalle-. Entendido de pe a pa, como si los mismísimos angelitos del cielo me lo cantaran al oído. Entendido -añadió levantándose de la silla en que se sentaba-, y no se hable una palabra más. ¡Ah, qué torpe y qué simple y qué bárbaro fui empeñándome en que se me pusiera en las palmas de las manos lo que no debe ser mirado sino con los ojos de allá dentro! ¡Qué sabes tú de esas cosas tan quebradizas, tan escondidas y tan hondas, ni con qué vergüenza te atreves a echarles la zarpada brutal para revolverlas y profanarlas? Perdóname, hija mía, siquiera por la honrada intención que tuve al ponerte en el apuro en que te puse. Quédate con tu secreto que te acredita de juiciosa, y no se hable más de esto hasta que tú lo desees. A mí con lo callado me basta. Un beso ahora para sellar las paces, y adiós. Se adivinan la temperatura del beso y la calidad de la sonrisa con que despidió Nieves a su padre. El cual, andando hacia su despacho, resumía y salpimentaba de este modo los frutos de su terminada indagatoria: -Se ve y se palpa. No cabe la menor duda. Está en inteligencia perfectísima con su primo; y no por sugestiones extrañas ni por consejos oficiosos de nadie, sino por nacimiento espontáneo, o providencial, de esa idea o de ese sentimiento en la cabeza o en el corazón de entrambos; circunstancia que dobla el interés y el valor de la cosa. Nachito, según las incesantes afirmaciones de su madre, no tiene tacha en su moral; y según lo declaran bien palpablemente sus retratos, tampoco la tiene en su físico. De caudal, no se hable: será una mina de oro acuñado. Nachito, con estas condiciones y prendas tan ventajosas, hoy por hoy, entiéndase esto bien, hoy por hoy, reina en el corazón y en la cabeza de su prima. La cabeza y el corazón de Nieves, hoy por hoy.

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104 min Heidi Klum Fotos Desnudas En Yate

Hd Heidi Klum Fotos Desnudas En Yate -Cerca de Londres --dije. -Pero este caballo -me contestó, sacudiendo las riendas para que le mirase- estaría más muerto que un cochinillo asado antes de la mitad del camino. -¿Entonces no va usted más que a Yarmouth? -Eso es -dijo Barkis-. Allí tendrás que tomar la diligencia, y la diligencia te llevará hasta. donde vas. Como esto era mucho hablar para él, pues ya observé en un precedente que era hombre flemático y nada charlatán, le ofrecí un bizcocho en agradecimiento, y se lo zampó de un bocado, exactamente como lo hubiera hecho un elefante, y en su rostro no se observó más impresión de la que se hubiera observado en el del elefante. -¿Es ella quien los ha hecho? -preguntó, inclinado, como siempre, hacia delante y con un brazo sobre cada rodilla. -¿Se refiere usted a Peggotty? -Sí --contestó Barkis. -Sí; en casa es ella quien hace los pasteles y toda la cocina. -Según eso, ¿lo hace ella? Y Barkis puso la boca como si fuera a silbar, pero no silbó. Se inclinó a mirar las orejas de su caballo, como si viera en ellas algo nuevo, y así continuó durante mucho tiempo. -¿Y amorcillos no habrá, supongo?

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54 min Efectos De Vicoden En Un Orgasmo

750 mb Efectos De Vicoden En Un Orgasmo eso es, en sus adentros, bastante más que lo que dice. Pues ¡caray! ocurre que sobre esos mismos puntos le tira de la lengua el primero que llega a la botica, o le coge en la calle o en el Casino; y ya es otro hombre diferente: ya le falta, vamos, aquella seguridad, y aquel mirar sereno, y aquel orden en los razonamientos. y aquella firmeza de palabra. y ¿qué sucede? que amilanándose así, se desconcierta, se confunde, y sale del paso con una cuchufleta de chicuelo, eso es, cuando no con una tontería. a mí no me gusta eso, y se lo digo así. «Pero, hombre, tente firme en tu puesto; habla con formalidad, eso es, con el aplomo que tú sabes cuando quieres. Pues nada, don Alejandro: me responde muy serio que está convencido de que no se le ocurre cosa ni idea que valgan dos cuartos; que es una pura vulgaridad y un hombre enteramente insignificante, ¡caray! Y de aquí no hay quien le saque. -Es raro eso, ¿verdad, Nieves? ¡Y para lo que hoy se usa! -Y les advierto a ustedes que lo mismo es en lo poco que en lo mucho. Por ejemplo: está cantando a media voz. en la botica o en su cuarto, porque él nunca está de mal humor. Digo que está cantando, y cantando bien, eso es.

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Youtube Chico En Chico Cum Comiendo Porno

71 min Chico En Chico Cum Comiendo Porno Y quieres huir, ¿no es así? ¡Ven, ven a la policía, granuja! ¡Ven a la comisaría! -Déme mi dinero, haga el favor -dije yo, muy asustado-, y déjeme en paz. -Ven a la comisaría, y allí demostrarás que es tuya. -Deme mi maleta y mi dinero, ¿quiere usted? -grité deshecho en lágrimas. El joven todavía replicó: «Ven a la comisaría», arrastrándome con violencia al lado del asno, como si hubiera alguna relación entre aquel animal y un magistrado. Después, cambiando de pronto de opinión, saltó al carrito, se sentó encima de la maleta y, diciendo que iba derecho a la comisaría, partió más deprisa que nunca. Corrí tras él todo lo que pude; pero no tenía aliento para llamarle, ni me hubiera atrevido a hacerlo aunque hubiera podido. En un cuarto de hora estuve veinte veces a punto de que me atropellaran; tan pronto veía a mi ladrón como desaparecía a mis ojos; después volvía a verle; después recibía un latigazo de cualquier carretero; después me insultaban, caía en el barro, me levantaba, chocaba contra alguien, o me precipitaba contra un poste. Por fin, sofocado por la camera y turbado por el miedo de ver que Londres entero se pusiera a perseguirme, dejé al joven que se llevase mi maleta y mi dinero donde quisiera. Ahogado y todavía llorando seguí, sin detenerme, el camino de Greenwich, que estaba en el camino de Dover, según había oído decir, llevando hacia el retiro de mi tía Betsey una parte de mis bienes casi tan pequeña como la que traía la noche en que mi nacimiento tanto le enfureció. No sé nada; pero creo que pensaba seguir corriendo pasta Dover cuando renuncié a la persecución del muchacho del carrito y tomé el camino de Greenwich. En todo caso, mis ilusiones se desvanecieron pronto; me vi obligado a detenerme en la carretera de Kent, cerca de una terraza que adornaba una fuente con una gran estatua en el centro. Allí me senté en el umbral de una puerta, agotado por los esfuerzos que acababa de hacer, y tan sofocado, que apenas si tenía fuerzas para llorar, pensando en mi maleta y en mi media guinea. Se había hecho de noche, y mientras descansaba oí dar las diez en los relojes; pero era verano y hacía calor.

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80 min Detrás De Las Escenas De Porno Negro

20 min Detrás De Las Escenas De Porno Negro Es una indicación sin pretensiones y sin miras interesadas. No soy de los que están enamorados de la Cecilia Aznar. No la conozco, y seguramente no la conoceré. No podría yo, además, tener un coloquio voluptuoso con una moza que puede plancharme, como no lo tendría tampoco con la Gabriela Bompard, porque la idea de que me metan en un saco de tela me estremece. Mi valor, harto probado en los campos de batalla, no llega a tanto. Yo no aceptaría nada de la Cecilia, ni siquiera la plancha para hacerme un alfiler de corbata. Lo que hay es esto: que al saber yo que andan por ahí las dos Gabrielas; que la casualidad puede dar lugar a que me siente a su vera en el café, en el restaurant, en el teatro o en cualquier otro sitio público; que si despido mi casa puede ocurrir que entren a verla las dos Gabrielas y hablen con los míos sobre precio y condiciones, y que estoy obligado a llamarlas señoras y a ser circunspecto y respetuoso con ellas, pienso que podríamos hacer algo por otra delincuente, inmensamente menos culpable, no para que salga a zarandearse por la Puerta del Sol, aprovechando los efectos de una publicidad lúgubre, sino para que no arroje la ennegrecida lengua a los curiosos malsanos del campo de Guardias. En ningún país del mundo tiene la mujer menos consideraciones que en España. Ya que imitamos a París en tantas cosas, generalmente nocivas, imitémoslo en salvar de la afrenta y el dolor del patíbulo a una mujer que es española y madre. Pídalo usted, amigo Blasco. Yo no me atrevo a pedirlo, porque temo que la agarroten dos veces; una por ella y la otra por mí. Navajazos y navajeros La sangrienta aventura que ha corrido nuestro compatriota Ivón -que no sé cómo siendo español pudieron ponerle semejante nombre en la pila bautismal, ni cómo ha podido seguir llamándose así durante veinticinco o treinta años- probará una vez más a los incautos mancebos que París no es Madrid y que la place d'ltalie no es la puerta del Sol. Como no hay gentes que se den peor fama que los españoles, resulta que nosotros mismos hemos circulado en París la burda especie de que por un quítame allá estas pajas empalmamos la navaja y le tiramos un viaje al mismísimo lucero del alba, y París cree -o creía, porque ya se va convenciendo de lo contrario- que somos unos matadores atroces. Luego viene un Ivón a darse un paseo por los bulevares, se corre hasta la place d'Italie, los apaches le dan quince navajazos y la policía se lo lleva al hospital para que le hagan la operación de la laparotomía. En una semana, en una sola, París da más navajazos que toda España, a pesar de lo cual continuamos con la fama de navajeros. Los Ivones recién llegados se exponen a morir porque no hacen caso de las advertencias de los periodistas españoles que residen en París. Cuando llegué, hace diez años, a esta villa -luminosa, exceptuando parajes como la place d'Italie, que está como la boca de un lobo,- y di con el saco de mi ropa y con el saco de mis huesos en el bulevar Montparnase, porque está cerca de la oficina que por entonces tenía M.

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62 min Tu Boca Fue Hecha Para Chuparme El Beso

Hdrip Tu Boca Fue Hecha Para Chuparme El Beso Una sonrisa dulce y melancólica vagó por los labios de rosa de la joven; y un suspiro se escapó silencioso de su pecho. Eduardo continuó: -La tempestad está muy lejos, Amalia. Y entretanto un cielo tan puro como tu alma sirve de velo sobre la frente de los dos. El universo es nuestro templo; y es Dios el sacerdote santo que bendice el sentido amor de nuestras almas, desde esas nubes y esos astros; Dios mismo que los sostiene con el imán de su mirada, y entre ellos el nuestro. sí. aquélla. aquélla debe ser la estrella de nuestra felicidad en la tierra. ¿No la ves? Clara como tu alma; brillante como tus ojos; linda y graciosa como tú misma. ¿La ves, mi Amalia? aquélla -contestó la joven extendido su brazo y señalando una pequeña y amortiguada estrella que parecía próxima a sumergirse en las ondas del poderoso Plata, tranquilo como toda la naturaleza en ese instante. En seguida, Amalia reclinó de nuevo su cabeza sobre el hombro de su amado como una blanca azucena que se dobla al soplo de la brisa, y se reclina suavemente sobre el tallo de otra. Sus ojos luego quedaron fijos sobre el diáfano cendal del firmamento. Eduardo la contemplaba embelesado. Y las olas continuaban desenvolviéndose y derramando su blanca espuma, como pliegues vaporosos de blanco tul que se agitan en derredor del talle de una hermosa, a los pies de esos amantes tan tiernos y tan combatidos de la fortuna, olas cuyo rumor asemejaba al cerrar de un abanico cuando con mano perezosa lo abre y cierra una beldad coqueta. -¿Por qué me separas tus ojos, luz de mi alma?

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