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- Doctor -me dijo- vengo a inferir a usted una molestia. Tengo que arreglar un asunto de honor con el comandante Flores, que me ha insultado anoche. No he creído conveniente encargar el arreglo de este negocio a ninguno de mis capitanes, y suplico a usted que me sirva de testigo. Entre usted y yo no han mediado relaciones de amistad; pero creo que no rehusará usted prestarme este servicio de caballeros. - No tengo inconveniente -respondí-; estoy a la disposición de usted. Contóme entonces el lance de la noche anterior, y me dio sus instrucciones. Quería batirse el mismo día, y escogía como arma la espada. Era un duelo a muerte. Fui a ver a Flores, recibióme con arrogancia, designó como su testigo a un amigo suyo de Guadalajara, a quien citó para una hora después. - No habrá dificultad ninguna -me dijo- dentro de tres horas Valle estará complacido. Me despedí inmediatamente y fui a dar aviso a Fernando del pronto arreglo de aquel negocio; pero aún estaba hablando con él cuando un ayudante vino a llamarle de parte del coronel, y con urgencia. Encontró a su jefe indignado. - Sé que ha desafiado usted a muerte al comandante Flores, por yo no sé qué palabras que dijo a usted anoche en el baile. - ¿El se lo ha dicho a usted, mi coronel? - El me lo ha dicho. - Pues bien, es cierto; me ha ofendido gravemente, y yo he creído conveniente reparar este agravio retándole. Sería yo un hombre despreciable si no lo hiciese así. - Y ¿usted no sabe que nuestras leyes militares prohiben bajo severísimas penas el duelo?

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20 min Camper Desnudo Y Ex Diputado Del Sheriff Te diré, si lo ignoras, que el simpático Alfonso se ha enamorado perdidamente de su primita». Otro día (indagad la fecha por el curso de los astros o el vuelo de las aves), se nos apareció el pícaro Segis con un precioso alfiler de corbata en que lucían dos perlitas y un rubí, y me dijo, poniendo en sus palabras tanta seriedad como gracejo: «Vivimos en la época del fausto insolente y de los grandes negocios. No se habla de otra cosa que de capitales extranjeros que afluyen aquí buscando empleo y beneficios pingües, de grandiosas empresas industriales, de ferrocarriles más largos que la cuaresma, y de otros cortos y ceñidos al interés particular. La alta banca se mueve; el dinero se desentumece, y corre a donde lo llaman el crédito y el trabajo. »España renace; pero los provechos de este resurgir de la vida económica no alcanzan todavía más que a las clases opulentas. Y yo pregunto: ¿Por qué lo que llamamos capas inferiores de la sociedad no ha de agregarse también a esta corriente financiera? Si bien se mira, la multitud es rica por solo el hecho de ser tal multitud. Los muchos pocos, alineados en cifra, representan ¡oh Tito! suma considerable. Ha llegado, pues, el momento de crear los Bancos Populares, que recojan los ahorros del pobre y se los devuelvan multiplicados. De tal modo, entiendo yo que laborando de consuno las capas de abajo y las capas de arriba se abrigarán recíprocamente. ¿No crees tú lo mismo? Le contesté que sí, sin añadir observación alguna. Había yo notado que Segismundo, habitualmente muy diestro en el uso de la ironía, la sutilizaba entonces hasta hacer de ella un arte maravilloso. Pasadas dos semanas, se nos presentó Fajardo mejor apañado de indumento: traía botas de charol y un gabancete, no nuevo pero en buen uso, prenda de fijo adquirida en un establecimiento de compraventa mercantil. A mis felicitaciones por su buen porte, y a las preguntas que le hice, me contestó que había mejorado de posición gracias a la buena amistad del insigne Sebo, quien le había conseguido empleo modesto y decoroso en un Banco Popular. Relacioné al instante las referencias de Fajardo con una entidad de crédito establecida no hacía mucho en la Plaza de la Cebada, y cuyas operaciones daban que hablar a la gente.

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35 min Espartaco Sangre Y Arena Crixus Desnuda La tempestad no estaba en los aires sino en la Historia de España. A una hora que debía de ser molesta para los trasnochadores más empedernidos, las cinco o las seis de la madrugada, terminó la parsimoniosa votación para elegir nuevo Gobierno, y se dio comienzo al escrutinio con prolijos trámites a fin de garantir la más escrupulosa exactitud. En esto estábamos cuando retumbó sobre nuestras cabezas un trueno formidable. Retembló el edificio, se estremecieron todos los corazones, vibraron todos los nervios. Subió Salmerón a la Presidencia y demudado, lívida la faz, centelleantes los ojos, dijo solemnemente estas fatídicas palabras: «Señores diputados: hace pocos momentos he recibido un recado u orden del Capitán General de Madrid -creo que debe ser ex-Capitán General-, quien por medio de sus ayudantes nos conmina para que desalojemos este local en un término perentorio». El rayo corrió por toda la Sala en menos de un segundo, levantando a muchos de sus asientos, y oyéronse estas voces: «¡Nunca! Pareciome que en aquella fracción de segundo los pupitres, los divanes, los candelabros, las luces de gas, las pinturas y adornos, los nombres grabados en las lápidas conmemorativas y hasta los mudos maceros gritaban también ¡Nunca! Tratando de imponer silencio, Salmerón prosiguió así: «¡Orden, señores diputados! La calma y la serenidad no deben apartarse de los ánimos fuertes en circunstancias como ésta. Me ha dicho el Capitán General que si no se desaloja el Congreso en plazo perentorio lo ocupará a viva fuerza. Yo creo que es lo primero y lo que de todo punto procede. Espantoso tumulto ahogó la voz del orador. Algunos vociferaban: «¡Esto es una indignidad, una villanía! ¡Esto es una traición infame!

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62 min Película Porno Online Gratis De 30 Minutos ¿Cuándo voy a conocer a ese gran pretendiente? -Cuando quieras. No he venido más que a eso; a poneros en contacto. Te advierto que es un tipo. vamos, una cabeza de estudio. -Me saca usted de quicio. Ea, muéstreme siquiera un retrato, tamaño como un grano de centeno. -Retrato. ¡Hombre, qué descuido el mío! Debí provistarme. En fin, mañana verás al original. -Anticípeme detalles. Su cacho de biografía. No extrañaría usted esta exigencia. -Si tú debes de conocer su nombre. Yo te habré hablado de él, más de una vez, por incidencia. Figúrate que es hijo de mi mayor amigo, compañero de estudios, que se casó con una prima mía, y en su casa, en el pueblo, he pasado largas temporadas. A este muchacho le vi nacer.

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71 min ¿cómo Te Conviertes En Una Estrella Porno? ¡No me hablen, porque tengo los nervios alterados! Nadie lo hubiera creído viéndola tan tiesa, sentada, con los brazos cruzados; pero es que se dominaba maravillosamente. -Pues no saben lo que me alegro decirles -exclamó Traddles radiante de alegría- que hemos recobrado todo el dinero. -Que nadie me dé la enhorabuena --exclamó mi tía---. ¿Y cómo es eso, caballero? -¿Usted creía que míster Wickfield lo había malversado? --dijo Traddles. -Claro que lo creía -dijo mi tía-, y por eso me lo callaba. Agnes, ni una palabra. -Y se vendió --dijo Traddles-, ¡vaya si se vendió! en virtud de un poder suyo que él tenía; pero no necesito decir por quién fue vendido o bajo qué firma. Luego el vendedor lo fingió a míster Wickfield (y probó con números el muy canalla) que él mismo se había apoderado del dinero (dándole instrucciones generales, decía) para ocultar otros déficit y deudas. Míster Wickfield, desamparado, fue tan débil en sus manos, que llegó a pagarle a usted varias cantidades de intereses de un capital que sabía que no existía, haciéndose así, desgraciadamente, cómplice del fraude. -Y por fin cargó con toda la culpa -añadió mi tía---, y me escribió una carta loca, culpándose de robo y maldades que nadie puede imaginar. Entonces fui a visitarle una mañana temprano, pedí una vela, quemé la carta y le dije que si alguna vez podía justificarse ante mí y ante sí mismo, que lo hiciera, y que si no podía, se callara por amor a su hija. Si alguien me habla, me marcho ahora mismo. Todos nos quedamos silenciosos; Agnes se tapaba la cara. -Bien, amigo mío --dijo mi tía después de una pausa-, ¿y por fin le ha vuelto usted a sacar el dinero?

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