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40 min Mierda Grasa Con Un Audífono

Creo que dos pajarillos hubieran sabido tanto como nosotros sobre cómo llevar una casa, ¡mi pequeña Dora y yo! Teníamos una criada y, como es natural, ella lo manejaba todo. Todavía estoy convencido interiormente de que debía de ser alguna hija disfrazada de mistress Crupp. ¡Cómo nos amargaba la vida Mary Anne! Se llamaba Paragon. Cuando la tomamos a nuestro servicio nos aseguraron que aquel nombre sólo expresaba débilmente todas sus cualidades; era el parangón de todas las virtudes. Tenía un certificado escrito más grande que un cartel, y a dar crédito a aquel documento sabía hacer todo lo del mundo, y todavía más. Era una mujer en la fuerza de la edad, de fisonomía repulsiva. Tenía un primo en el regimiento de la Guardia, de tan largas piernas, que parecía ser la sombra de algún otro visto al sol a las doce del día. Su traje era tan pequeño para él como él era grande para nuestra casita, y la hacía parecer diez veces más pequeña de lo que era en realidad. Además, los tabiques eran sencillos, y siempre que pasaba la tarde en casa lo sabíamos por una especie de gruñido continuo que oíamos en la cocina. Nos habían garantizado que nuestro tesoro era sobrio y honrado. Por lo tanto, supongo que tendría un ataque de nervios el día que la encontré tirada delante del fogón y que sería el trapero el que no se había apresurado a devolver las cucharillas de té que nos faltaban. Además le teníamos un miedo horrible. Sentíamos nuestra inexperiencia y no estábamos en estado de salir adelante; diría que estábamos a su merced si la palabra merced no diera la sensación de indulgencia, pues era una mujer sin piedad. Ella fue la causa de la primera disputa que tuve con Dora. -Querida mía -le dije un día-, ¿crees que Mary Anne entiende el reloj?

67 min Corazones Del Reino Sora Y Kairi Hentai

109 min Corazones Del Reino Sora Y Kairi Hentai Visanteta a la cocina, a dar a la comida el último punto, y ella al salón, a mimar al hombre temible y preparar el golpe para después de la sobremesa. El piano seguía sonando; pero ahora, de la romanza sentimental se había saltado a la ópera. Come una damicella mi trovare più bella. Al entrar en el salón vio a Juanito contemplando al tío, y éste con la vista fija en el techo, contando sin duda las flores doradas que tenía el papel, como hombre que se aburre y busca desesperadamente la distracción. —Vaya, niñas, basta de cosas tristes. Cantadle al tío algo alegre. Don Juan hizo un gesto como indicando que le era igual y no valía la pena molestarse. —Pero mamá—dijo Amparo—, si esto que cantaba es el Aria de las joyas. Muy bonita. —Pues fuera el aria. Canta algo más alegre. Eso de El dúo de la Africana, que gustó tanto en casa de «las magistradas». —Bueno—exclamó Concha con rudeza—. Ahora El dúo. Una cosa que están cansados de tocar todos los organillos. —Pues sí señora, eso. Tu tío no va al teatro, y tendrá gusto en oírlo.

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77 min Taylor Howard Del Monje Desnuda

105 min Taylor Howard Del Monje Desnuda Sobre el pijama me puse la robe de chambre, y me dirigí serenamente a la sala, seguro de que el sablazo más feroz no podría interesar sino la superficie de mi coraza, reforzada por Rozsahegy. No la conozco. Porte distinguido, ojos negros y severos, traje elegantemente cortado, sombrero de buena marca, ni una alhaja, nada que choque al gusto más refinado. usted disculpará, pero, por no hacerla esperar. ¿A quién tengo el honor? Se había puesto de pie al verme entrar, con una actitud desconcertada, como si sólo esperara mi presencia para marcharse, más que como demostración de respetuosa cortedad. -He vacilado mucho antes de venir -murmuró-, y ahora veo que tenía razón en vacilar, puesto que ni siquiera me conoce. El ceceo me la reveló. -¡Teresa! -exclamé, atolondrado, sin acertar a moverme ni a decir más. -Sí, Teresa Rivas. Era mi deber hablar una vez siquiera con usted, Mauricio, y por eso vengo. Hay en mi casa una criatura que ya va a ser un hombre, mi hijo, que tiene derecho a preguntarme quién es su padre. Se llama Mauricio Rivas, y es un muchacho inteligente y bueno, trabajador, y más noble. Yo callaba.

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75 min Sitio Porno Gratis Con Una Trama

100 mb Sitio Porno Gratis Con Una Trama Decíase por aquellos días que López Domínguez había pedido cuatro mil hombres de refuerzo al Gobierno Central, y que a los apremios de éste para rendir la Plaza antes de 1. de Enero, fecha de la reunión de las Cortes, contestó que a tantos no se podía comprometer. Con un mes largo por delante quizá podría rematar la empresa. Castelar ofreció mandar los refuerzos y seguía pidiendo rendición a todo trance, ya por la fuerza, ya por el soborno, o bien combinando hábilmente ambos métodos de guerra. A mediados del mes, los sitiadores concentraron sus fuegos sobre los castillos de Atalaya, Moros y Despeñaperros, y las puertas de San José y Madrid. La Plaza contestó con brío, y los disparos de la escuadra Centralista contra San Julián resultaron cortos y por tanto ineficaces. Reunió a la sazón López Domínguez Consejo de Generales para determinar el plan que habían de seguir, acordándose por el pronto la conveniencia de un ataque vigoroso a San Julián, y conviniéndose en la urgencia suma de reforzarla línea de bloqueo: ésta no era inferior a seis leguas, y si no se neutralizaba la extensión con la intensidad, imposible alcanzar el éxito con la rapidez que Castelar quería. Desplegaba López Domínguez enorme actividad, supliendo con su cuidado y esfuerzo la escasez de los medios de combate. En Pormán celebró el General en Jefe una entrevista con el Contralmirante Chicarro, el cual le dijo que le era dificilísimo el bloqueo marítimo porque sus barcos andaban bastante menos que los barcos rebeldes. Con tal Marina y un Ejército animoso, pero de contado contingente, era obra de romanos rendir la más formidable plaza de guerra que sin duda existe en el Mediterráneo. Si los Cantonales hubieran tenido tanto seso como bravura en aquella última ocasión de su loca rebeldía, no queda un centralista para contarlo. Hasta el 28 de Diciembre transcurrieron los días sin ningún suceso extraordinario. Continuaba incesante el fuego entre sitiadores y sitiados. Éstos hicieron varias salidas y en una de ellas causaron diez y ocho bajas a sus enemigos. Hacia el 22 recibieron los centralistas los refuerzos que esperaban y con ellos veinticuatro piezas de Artillería de diez y seis centímetros. El 24, un proyectil Armstrong disparado por la fragata Tetuán, que seguía mandada por el intrépido contrabandista Colau, estalló en la batería número 3 del campo enemigo, haciendo reventar cuatro granadas que dieron muerte a un oficial, catorce artilleros e individuos de tropa, y tres paisanos. Y con esto, amados lectores, llego al día 28, fecha culminante en mi memoria por ser la fiesta de los Santos Inocentes, y porque en aquella madrugada, a punto de salir el sol, nos escapamos de Cartagena Leona la Brava y yo, suceso a mi ver memorable que merece un rinconcito en estas verídicas crónicas.

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79 min Aprender A Tener Mejor Sexo

61 min Aprender A Tener Mejor Sexo Sebastian dió el palco de honor al Prefecto y á su esposa. Se representaba la admirable ópera de Tin-tu-ling cuyo título es Setentrion y Africa. Esta ópera no tiene letra, segun la costumbre moderna, que empezó desde la insurreccion del público, en la primera representacion de Lucrecia; sin embargo, el público Parisiense, muy indulgente, oia, desde cuatro ó cinco siglos, las palabras siguientes:  Douce espérance  Dans ma souffrance  Quel doux espoir  .  Mon cœur palpite  Il bat plus vite  .  Douce chimère  En vain j'espère.  .  Quel est donc ce mystère?  O moment fatal!  Je souffre et j'espère  Mystère infernal! Ahora bien! una noche, el público, aburrido, al fin, de esta mistificacion secular, se sublevó en masa, rasgó el libreto, rompió los asientos, pidió la cabeza del surcidor de palabras, y amenazó prenderle fuego á la Opera, si volvían á romperle el tímpano, so pretesto de buena música, con esa poesía inmutablemente estúpida y añeja de varios siglos. El Director se presentó, y reconociendo que el público tenía razon y mucha paciencia, prometió que en adelante las óperas no tendrian letra. Esta promesa fué aplaudida con entusiastas aplausos. No hay por qué agregar que todos los pueblos de la tierra aceptaron esta innovacion con entusiasmo. Esta feliz revolucion debía engendrar otra: se inventaron instrumentos maravillosos que hablaban el idioma de los misterios y de la pasion: se inventó el divino Erófono que es la voz del Amor, y que no necesita acompañar á Idolo de mi vida, ó mi ardor á su ardor corresponde, para espresar en todos sus mas ténues matices todos los mas tiernos afectos del corazon. La sinfonía, propiamente dicha, jamás tuvo palabras, y sin embargo ella todo lo espresa: es el melódico canto de lo infinito. La fantasía, el amor y el pensamiento religioso, absorvieron, desde ese instante, el génio de los grandes compositores, y produjeron obras maestras, ¡Se podrá creer que se han precisado siglos, para llegar á este resultado, y que el Orfeo de los Cristianos, el divino Rossini, ha arrojado su Moises y su Guillermo Tell ante los bárbaros del siglo XIX!

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64 min Columpiándose En Una Canción Estrella Wikipedia

114 min Columpiándose En Una Canción Estrella Wikipedia Ruidoso escándalo trajo la grave acusación, una de las mayores torpezas de la Unión Liberal, porque en el proceso salieron a relucir infinidad de suciedades de nuestra administración, y nadie a la postre fue castigado. El ex-ministro se defendió con maestría y sutileza grandes. Inmensa labor fue, para el que se sentía inocente, demostrarlo sin dirigir un solo golpe al punto delicado de donde procedía la infracción de ley. Pues sobre este embrollo y sobre los incidentes del dramático proceso, habló don Bruno tres meses, sin descanso de su lengua ni agotamiento de su saliva. Él lo sabía todo: la inocencia de Collantes, la dudosa conducta de Mora, el origen palatino de aquella irregularidad. Las relaciones entre los partidos de gobierno quedaron rotas y envenenado el ambiente político. Si no inventa O'Donnell la guerra de África, sabe Dios lo que habría pasado. Fue la guerra un colosal sahumerio. Casi tanto como los Cargos de piedra, sacó de quicio a don Bruno la intentona republicana que estalló y fue sofocada en el curso del estío. En aquella locura pereció el más loco de nuestros demócratas, Sixto Cámara, joven, apuesto, de rostro interesante y algo místico. Trató de sublevar a la guarnición de Olivenza: no pudo conseguirlo; huyó, y perseguido por la Guardia Civil en los campos extremeños, murió de calor y de sed. Místico fue el martirio de aquel visionario que padeció la generosa demencia de querer implantar la República con tres republicanos. En los claros que dejaban estos asuntos de real importancia, subía don Bruno a su púlpito para condenar los resellamientos y pasar revista a los nuevos periódicos, La Discusión, inspirado por Rivero; El Estado, dirigido por el poeta Campoamor; El Horizonte, hechura de don Luis González Bravo, papel impulsivo y un tanto burlesco con remembranzas de El Guirigay. De El Contemporáneo, el periódico elegante, órgano de la fracción más europeizada del moderantismo, hablaba pestes el buen don Bruno; odiaba con toda su alma a los caballeros del guante blanco, que derramaban sus luces en aquel diario, dándole la nota de la distinción y del saborete inglés, a los que llamaban Sincretismo a la Unión Liberal, y a cada momento empleaban términos tan estrambóticos como el Self-government y el Habeas Corpus. ¡Qué tendría que ver con la política el Santísimo Corpus Christi! Una mañana de Noviembre, hallándose don Bruno y Halconero en casa de este charlando de la movilización de tropas, entró jadeante Juanito Santiuste con la noticia de que él, también él, ¡feliz mortal! iría.

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H.264 Vagina Mojada Jessica Chapman Scottsdale Az

800 mb Vagina Mojada Jessica Chapman Scottsdale Az ¿Mi madre en cama, y sin gravedad? Eso lo creerá quien no conozca su tesón, su resistencia, su desprecio del mal físico. Mi madre se morirá en pie mandando y haciéndose obedecer de cuantos viven a su lado. Si guarda cama, sin duda su enfermedad es gravísima. Con las noticias que le trajo Dulce aquella tarde, cesó la tranquilidad que Guerra disfrutaba en su forzada reclusión. El deseo de ir a su casa se confundía en angustioso enredijo con el temor de ir, no sólo por el peligro de abandonar la madriguera, sino porque la idea de presentarse ante su madre llenaba su espíritu de turbación. En los últimos años, su única defensa contra el despotismo materno había sido la fuga, la ausencia temporal del hogar; pero sus correrías de hijo pródigo tenían siempre un término preciso dentro de corto plazo, por ley de la necesidad quiero decir, que en cuanto se le acababa el cumquibus, no tenía el hombre más recurso que acudir a la casa materna y afrontar los rigores del tirano que en ella moraba. La penuria, como al lobo el hambre, le expulsaba de su cueva, lanzándole en busca de carne. En la ocasión que aquí se describe, en aquel caso grave de emancipación y de aventuras revolucionarias, cuando la penuria empezó a manifestarse, se defendió Guerra algunos días, ya con el admirable arreglo y la casi milagrosa economía de Dulce, ya empeñando lo menos indispensable. Pero al fin las energías se agotaban, y pronto había de sonar la hora de la rendición. La lectura que en otro tiempo era su encanto, ya le causaba hastío. Sus autores favoritos, yacían olvidados sobre la cómoda. Leía tan sólo periódicos, para seguir en ellos todos los trámites del proceso de Campón, y si cuando le creyó condenado irremisiblemente a morir, se encendió en ira y deseos de venganza, al saber lo del indulto su alegría fue grande, y su fanatismo, por la acción antipirética de la alegría en la física revolucionaria, se enfrió hasta llegar a cero. Algunas noches iba Dulce a casa de sus padres, más que por gusto de verse entre su familia, por tomar el pulso a la opinión de aquella gente, y ver de qué pie cojeaba, pues sólo por aquel lado había desconfianza y el recelo de una delación. La familia de Dulce, padre, madre, hermanos, tío y primos, es digna de pasar a la Historia; pero el narrador necesita curarse en salud, diciendo que los Babeles (que así se llama aquella chusma), son del todo punto inverosímiles, lo cual no quita que sean verdaderos. Queda, pues, el lector en libertad de creer o no lo que se le cuenta, y aunque esto se tache de impostura, allá va el retrato con toda la mentira de su verdad, sin quitar ni poner nada a lo increíble ni a lo inconcuso.

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1080p Libro Vintage De Poesía Afroamericana

67 min Libro Vintage De Poesía Afroamericana Y lo digo como si hablase a Dios. El calorcillo de la mano; el magnetismo de los ojos; lo afectuoso de los conceptos; la generosidad de la proposición, todo me conmovió de suerte que tuve harto quehacer en reprimir las lágrimas. Tartamudeando, articulé unas gracias confusas. Doña Milagros me apretó la mano más fuerte, metiéndome en la piel sus torneados dedos, como si sellase un pacto. -¡Es que no va de guasa. hablo formal. formal! No pueo yo vivir sin las gatiyas. Si me trasláan o se va usté. no quiero pensá la que me espera. Cojo yo cariño a too; a un gato, a una escoba. pero a estas. no es cariño, que es chiflaúra. ¡Es un delirio, una enfermedá! Oyose en esto la voz de Tula, que llamaba a gritos a Feíta para reclamar no sé qué objeto que no parecía por ninguna parte. Y al quedarnos enteramente solos, la comandanta, llegándose a mi oído y hallando tan de cerca que sentí en mis mejillas el divino calor de su aliento, balbució: -Si a veses se me mete en el arma que no las parió su mujer de usté, Dio la haya perdonao. ¡Qué iba a parirlas eya!

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