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102 min Dlo No Te Importa Una Mierda

En ese instante habían cruzado, en efecto, en graciosos volteos por el aire, juguetonas o irritadas, confundiendo sus diminutos cuerpos en estrechos abrazos, una danaís color café con manchas rojas y blancas en el festón, y otra del género morfo de un celeste suave y delicado. Riose Areba sin escrúpulo y murmuró: -¡Rara coincidencia! Sin esperar la respuesta del doctor de Selis, Brenda se lanzó tras ellas llena de entusiasmo; los brillantes lepidópteros se separaron, quedando sólo la danaís al alcance de la joven. La mariposa hacía esfuerzos rápidos y violentos para huir, ora ondulando hacia arriba, ora descendiendo en desesperados volteos, hasta rozarse con las altas yerbas que bordeaban el seto; pero al fin, ya fatigada y rendida, fue presa de sus temblorosas manos, merced a una red tendida con el tul. Volviose Brenda jadeante y encendida, con el sombrerillo de paja casi suspendido de sus doradas crenchas en desorden; mas, al mirar por entre sus dedos de marfil el extremo de un ala, ya sin el destellante polvo que constituía su primitivo encanto, escapó a sus rojos labios una expresión entre alegre y pesarosa: -¡Ay, qué mustia está! -¿Cuál fue la víctima? -preguntó Areba riendo todavía, pero de una manera extraña. -La de color café, que yo no quería. El doctor de Selis, que se había avanzado unos pasos al encuentro de la joven, pareció satisfecho del desengaño, y dijo con acento sentencioso, en el que iba envuelto el amor propio herido: -¿No quería usted, señorita, saber lo que era una ilusión? La respuesta es elocuente, y decirse puede que palpa usted la realidad. Brenda volvió a mirar con tristeza a la pobre prisionera, y levantando el brazo la lanzó con fuerza al espacio. Como azorado de su corta esclavitud, el lepidóptero se remontó a grande altura en prolongada espiral, perdiéndose entre la arboleda.

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100 min Galerías Gratis De Hermosas Mujeres Follando -clamó Lucas, alzando las manos sobre su cabeza en señal de asombro. -Andandito que no. -Pero ¿por qué? porque ya le he dicho, camará, que no soy tentado de la bambolla; que no quiero guerra, ni que por mí se indisponga la gente: el que más valga, buen provecho le haga y con Dios se vea. -Pero, don Gonzalo, ¿y nuestra obra regeneradora? ¿y el triunfo de nuestra causa, y. -Créame, don Lucas: todo lo que por esa causa trabaje Coteruco, y la carabina de Ambrosio pata. -¡Incrédulo! -exclamó el mozalbete afectando pesadumbre. -La verdad por delante, amigo mío: las ideas me gustan y el triunfo le deseo; pero los cálculos fallan. Y el que lo tiene lo pierde.

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80 min Chicas Calientes Haciendo Cosas Desnudas Clips Toda la guarnición marchó al asalto de nuestro Club. ¡Esfuerzo inútil! El Comité aguardaba tranquilamente en medio de la calle, armado de los famosos "rayos negros". Le bastó proyectarlos, para que una mitad de las tropas huyesen a la desbandada y la otra mitad quedase tendida en el suelo. Los soldados vieron como sus fusiles estallaban entre sus manos antes de disparar y como se inflamaban las cápsulas en sus cartucheras, acribillándolos de heridas mortales. Los que estaban más lejos, espantados por el fenómeno, arrojaban las armas y se despojaban de sus bolsas de municiones, viendo en el propio equipo militar un peligro de muerte. Los oficiales, impulsados por el orgullo profesional, gritaban: "¡Adelante! , pero el revolver estallaba en su diestra, llevándoles la mano y el brazo. Los artilleros abandonaban las piezas para huir, en vista de que los armones llenos de proyectiles se inflamaban sólos lo mismo que si fuesen volcanes, haciendo volar los miembros de los hombres despedazados. Gracias a los "rayos negros", en unas cuantas horas se cambio el orden de la vida, y el Comité vencedor se instaló en el antiguo palacio imperial, decretando que había muerto para siempre el gobierno de los varones. Mentiría si le dijese que este movimiento feminista fue unánime. Las prudentes, las contemporizadoras, las amigas del hombre, acudieron llorosas al Comité para suplicarle que no insistiese en su lucha contra los tiranos masculinos.

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107 min Adolescente Brasileña En Medias Coño Fotos Fuera el rencor, fuera la venganza. Al peor enemigo tratarle como el amigo mejor. Y no digo más sobre esto. Segundo sermón. -Oigamos la segunda homilía. Será para que me case. esa otra matraca la dejo para después. Ahora lo que recomiendo es. que no sea usted avaro. ¡Avaro yo! ¿Cuándo has visto en mí señales de sordidez?

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HDLIGHT Seguridad De Los Adolescentes Y Planes De Lecciones De Conducción.

78 min Seguridad De Los Adolescentes Y Planes De Lecciones De Conducción. Después de dos días de descanso en su casa, guardando con los vecinos una reserva del mejor gusto, para que todos alabaran su prudencia y seriedad, volvió Carrasco a la vida ordinaria, y reapareció en las tertulias de café y casino, acudiendo puntual a su domicilio a las horas de comer. A la semana de esta existencia metódica, creyó Doña Leandra que pues el grande obstáculo de la conspiración no existía ya, y parecía D. Bruno absolutamente desocupado y sin ningún negocio, revelándose en todo como hombre aburridísimo de puro holgazán, llegada era la ocasión de marcharse todos a descansar de tantos afanes. Así lo propuso a su marido en los términos más expresivos y con razones muy enteras, sin obtener más que una negativa en crudo. «No podía ocurrírsete la idea de esa viajata en peor coyuntura -le dijo-. ¿Qué razón hay, qué motivos? me preguntas. Querida Leandra, no puedo satisfacerte por hoy: ten paciencia, y pronto sabrás que sería disparate garrafal ausentarnos ahora de los Madriles». Y no dijo más: salió de estampía, dejando a la pobre mujer afligida y pasmada, lamentándose de que su esposo, después de haber andado en pasos de conjuración, no hablaba de cosa alguna sin envolver su palabra en ridículos y enfadosos misterios. A la sorpresa de Doña Leandra siguió una pena hondísima, un desconsuelo que abatía su alma y la incapacitaba para toda resolución. Aún fue su dolor más punzante, y se le clavó en el corazón la espada más aguda, viendo que su hija Lea, ordinariamente su paño de lágrimas, no le prodigó aquel día los consuelos que necesitaba, y en vez de lamentar con ella los entorpecimientos que al viaje ofrecía Carrasco, la sorprendió con esta despiadada salida: «No llore, madre, porque nos quedemos algún tiempo más en Madrid, que ya vendrá el día de irnos al pueblo. Lo que es ahora, más vale que en ello no piense».

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350 mb Vírgenes Jóvenes Presumiendo En Casa

47 min Vírgenes Jóvenes Presumiendo En Casa No se explicaba él, bien claro, el motivo de haber limitado hasta aquellos esteros su excursión; pero la verdad es que temía alejarse demasiado del lugar de su residencia, que ofrecíale encantos mayores, y oportunidad quizás al regreso de pasear sus vistas por los vecinos jardines. En tales lugares sorprendiole la aurora; una aurora de estío, fulgurante, tibia y serena, con nubecillas de coral sobre un fondo de zafir. Habíase sentado al pie de unos talas, al acecho de los patos que pasaban de vez en cuando, en parejas o en grupos sobre el arroyo, con las alas arqueadas, en engañosa actitud de descender, lanzando roncas notas, al dirigir el movible cuello a uno y otro ribazo con manifiesta inquietud. En vuelo lento y majestuoso, que contrastaba con la rapidez de estos palmípedos, solía venir entre ellos alguna cigüeña blanca de manchas negras y dentado pico; o algún fenicóptero de alas color de fuego y pecho albo rosa flotando en el espacio como suspendidas por el aire, a manera de enormes pandorgas teñidas de brillantes colores. Agitábase todo en derredor, cual si al aparecer la aurora, una onda prodigiosa de vida se hubiese desprendido del horizonte, bañando los paisajes en oxígeno y luz nueva. Era un despertar risueño y seductor, con cuadros llenos de variedad e interés. En un árbol partido por su cúspide, en forma de cilindro oblicuo, y provisto aún de algunas ramas de escasas hojas, veíanse dos nidos de lodo, a poca distancia el uno del otro; moradas ingeniosas que los pequeños arquitectos consolidan con cerdas y hebras vegetales, con un tabique que resguarda los huevos de la hembra y separa los compartimientos destinados al sueño de los esposos. Las puertas de estas viviendas singulares, rara vez miran al oriente: ya se fabriquen sobre las ruinas, o en el extremo de los troncos verticales, o en la horqueta del sauce melancólico, o en el robusto brazo del pitaco adornado de ramilletes dorados, tan parecidos a charreteras flamantes sobre un paño verde obscuro. -¿Temen acaso los horneros rojos la lluvia de rayos de fuego, durante las primeras horas del día? Hacíase Raúl con interés esta pregunta, sin encontrarle respuesta satisfactoria, mientras salían en doble pareja los horneros, y se colocaban sobre el cieno endurecido para saludar de consuno la mañana, con esos agudos cantos que tan bien remedan irónicas y nerviosas carcajadas. Algo más lejos, y sin preocuparse de aquel concierto bullicioso, otra ave cogida con sus largas uñas a la corteza, en posición vertical, con las alas flojas y la cola abierta en forma de tijera, horadaba con su duro pico el tronco de un sauce -ejemplar hermoso, que deslizaba las guedejas de su verde cabellera hasta la superficie tranquila del agua en lánguido desmayo. El ave buscaba el corazón del árbol, para bifurcar luego el camino hacia abajo, y construir allí su nido, como un perito hábil que mide exactamente un ángulo recto, curioso detalle que hizo sonreír al joven, pensando que de todos los seres alados, fuera éste quizás el único que no empleara la curva.

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