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57 min Notas De La Conferencia

En cuanto al y a la provisión de aguardiente, que llegaba a cincuenta galones, había sólo para dos meses. Pero a juzgar por las últimas observaciones de los astrónomos, la Luna conservaba una atmósfera baja, densa, pesada, a lo menos en los valles profundos, y allí no podía menos de haber arroyos y manantiales. Así, pues, ni en la travesía ni en el primer año de su permanencia en el continente lunar debían sufrir hambre ni sed los atrevidos exploradores. Quedaba la cuestión del aire en el interior del proyectil; pero también estaba resuelta. El aparato de Reiset y Regnault, destinado a producir oxígeno, era alimentado por clorato de potasa y había para dos meses. Es verdad que consumía necesariamente cierta cantidad de gas, porque debía mantener a más de cuatrocientos grados la materia productiva; pero tampoco había nada que temer en este punto. Por lo demás el aparato no exigía sino un poco de vigilancia, porque funcionaba automáticamente. A aquella elevada temperatura el clorato de potasa se transformaba en cloruro potásico y abandonaba todo su oxígeno; y descomponiendo dieciocho libras de clorato de potasa se obtendrían las siete libras de oxígeno necesarias para el consumo diario de los viajeros del proyectil. Más no bastaba renovar el oxígeno gastado; era también necesario absorber el ácido carbónico producido por la respiración. En efecto, al cabo de doce horas la atmósfera del proyectil se había cargado de este gas deletéreo, producto de la combustión de los elementos de la sangre por el oxígeno aspirado. Nicholl conoció aquel estado del aire al ver a Diana respirar fatigosa, y era, efectivamente, porque el ácido carbónico, a causa de su gravedad específica, se iba acumulando en el fondo del proyectil, como en la famosa Gruta del Perro, en Nápoles. La pobre perra, con la cabeza baja, sufría ya la influencia perniciosa de aquel gas; pero el capitán Nicholl se ,apresuró a remediar el mal, disponiendo en el fondo del proyectil varios recipientes que contenían potasa cáustica, sustancia que, por ser muy ávida de ácido carbónico, lo absorbió en poco tiempo y purificó el aire. Se procedió luego al inventario de los instrumentos. Los termómetros y barómetros habían resistido, salvo un termómetro de mínimas, que se había roto. Un excelente aneroide, que iba dentro de un estuche almohadillado, fue colgado en la pared; como es fácil de comprender, no sufría ni marcaba más que la presión de aire contenido en el proyectil. Pero indicaba también la cantidad de vapor de agua que encerraba. En aquel momento oscilaba su aguja entre 730 y 760 milímetros, lo cual significaba “buen tiempo”. También disponía Barbicane de varias brújulas que seguían intactas y que no marcaban dirección alguna, porque a la distancia en que el proyectil se encontraba de la Tierra el polo magnético no podía ejercer acción sensible en el aparato.

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42 min Las Chicas Se Han Vuelto Mejores Pechos Salvajes La ciudad tiene funciones políticas y administrativas que todo el mundo conoce; pero tiene también otra misión más importante, porque toca a lo ideal, que es la de iniciar a sus hombres en el secreto de su propio espíritu, si es que tiene espíritu. Cuando yo hablo, pues, de arte granadino, no es para oponerlo ridículamente al arte español, ni para separarlo siquiera, sino para señalar el matiz que en éste representamos y para fijar mejor el carácter de nuestra ciudad. No tengo fe en un arte exclusivamente local, ni tampoco en los artistas que se forman en el aire. Un hombre, hasta cierto tiempo, necesita nutrirse «en su tierra», como las plantas; pero después no debe encerrarse en la contemplación de la vida local, porque entonces cuanto cree quedará aprisionado en un círculo tan estrecho como su contemplación. No es esto decir que un arte demasiado general y un arte exclusivamente local sean inútiles: inútil no hay nada en el mundo. El arte local sirve para formar núcleos; muchos grandes no serían grandes sin el calor que les prestaron los pequeños; si algún artista genial quisiera iniciarnos con franqueza en el misterio de la evolución de su espíritu, sabríamos que el primer arranque, la primera llamarada, los sintió viendo un cuadro, leyendo una poesía, oyendo una composición musical, que eran muy malos en el fondo o muy pobres por la forma, pero que contenían eso que yo he llamado el espíritu de una ciudad, o de un país. Después de todo, nuestro espíritu es muy pequeño, y solos no podríamos casi nada. ¿Quién sabe si los genios no son más que grandes «ladrones de espíritu», seres afortunados que por azar se han puesto en un sitio donde soplaba el alma invisible, y han servido de conductores de las corrientes espirituales que brotaban de ese alma, que es el alma común de los humildes? Así hay también genios de la guerra a costa de la sangre de los que pelean, y hombres cargados de millones a costa del sudor de los que trabajan. Por el contrario, un arte demasiado general, esto es, un arte abstracto, de gabinete, formado entre libros y modelos, es un regulador sin el cual se caería bien pronto en el amaneramiento. Entre esas dos fuerzas, la una que empuja hacia arriba y la otra que abate los ánimos del que intenta ser demasiado original, queda espacio bastante para que los más grandes hombres se muevan con soltura; y si alguno es tan fuerte que rompe y agranda los moldes, tanto mejor. Más bien que de arte, de lo que yo trato aquí es de tendencias artísticas. Ni es fácil, ni viene a cuento sintetizar la historia de nuestro arte: para eso están los libros; pero es importante conocer cuál, entre varias direcciones, es la mejor, para economizar fuerzas. Así, por ejemplo, hemos tenido nuestro grupo de clásicos y nuestro grupo de románticos, y no falta quien haya creído estar en lo firme cultivando la poesía oriental. Entre esos tanteos se ha perdido gran parte de nuestra energía, sin llegar a nada grande y definitivo. Los que siguieron las corrientes venidas de fuera, tuvieron que violentar su natural para adaptarse; y los que se remontaron al orientalismo, en vez de dar un paso adelante dieron un salto atrás. Los que, afanosos de originalidad, se rebelan contra el espíritu que en su tiempo y en su medio domina, se cortan a sí mismos las alas, por lo ya dicho de que lo mejor no lo hacemos nosotros, sino que lo encontramos hecho ya. El arte oriental no puede ser granadino, porque nosotros no somos orientales; lo arábigo se hizo místico, y un arte exclusivamente descriptivo, sensual, por muy brillante y suntuoso que sea, no nos satisface.

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91 min Iowa Acompañantes Femeninas De Iowa

24 min Iowa Acompañantes Femeninas De Iowa ¡Si Caillié hubiera nacido en Inglaterra, se le habría honrado como al más intrépido viajero de los tiempos modernos, como al mismo Mungo-Park! Pero en Francia no se le apreció en todo su valor. -Era un valiente explorador -dijo el cazador-. ¿Y qué fue de él? -Murió a los treinta y nueve años, de resultas de sus fatigas. En Inglaterra se le habrían tributado los mayores honores; pero en Francia se creyó haber hecho bastante adjudicándole en 1828 el premio de la Sociedad Geográfica. Y mientras él realizaba tan maravilloso viaje, un inglés concebía la misma empresa y la intentaba con igual valor, aunque con menos fortuna. Se trata del capitán Clapperton, el compañero de Denham. En 1829 entró en África por la costa oeste en el golfo de Benin, siguió las huellas de Mungo-Park y de Laing, encontró en Bussa los documentos relativos a la muerte del primero y llegó el 20 de agosto a Sakatu, donde, tras haber sido apresado, exhaló el último suspiro entre los brazos de su fiel criado Richard Lander. -¿Y qué fue de ese tal Lander? -preguntó Joe con mucho interés. -Consiguió llegar a la costa y regresar a Londres con los papeles del capitán y una relación exacta de su propio viaje. Entonces ofreció sus servicios al Gobierno para completar el reconocimiento del Níger; incorporo a su empresa a su hermano John, segundo hijo de una humilde familia de Cornualles, y de 1829 a 1831 ambos bajaron por el río desde Bussa hasta su desembocadura, describiendo el camino milla a milla y aldea por aldea. -Entonces, ¿esos dos hermanos se libraron de la suerte común? -Sí, al menos en aquella exploración; pero en 1833 Richard emprendió un tercer viaje al Níger y murió de un balazo junto a la desembocadura del río. Ya veis, pues, amigos míos, que el país que atravesamos ha sido testigo de nobles sacrificios que con harta frecuencia no han tenido más recompensa que la muerte.

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400 mb Rubias Mayores Follando En El Tubo Porno

TVRIP Rubias Mayores Follando En El Tubo Porno Raúl hízole una seña. Selim era un cambujo vigoroso de veinte años, en cuyo rostro resaltaban los rasgos del indio sobre los del negro, acentuados y enérgicos, con sus pómulos salientes, los labios delgados, el hueso frontal un poco hendido en su parte superior y enarcado de una manera notable sobre las cuencas; ojos negros, pequeños y brillantes, de mirar rápido y vivo, bigote ralo, crespo y retorcido, y cuello ancho y robusto bien plantado en un tronco formidable por lo macizo del esqueleto y del músculo. Difícilmente se encontraría mejor conductor de cuadriga en un juego olímpico, ni auriga más diestro en una confusión de vehículos de plaza. Sabía afirmarse bien en los lomos de un redomón, y sujetar por el bocado un tronco rebelde, y aun correrse por la lanza, hasta ceñir con sus dedos cortos y fornidos, a manera de tenazas, las narices de los potros, que al fin daban con ellas en los guijarros, llenos de roja espuma. Había nacido enmedio de las sierras de los Tambores, en una de aquellas habitaciones pajizas levantadas sobre algunas rocas de las vertientes, colgantes del abismo, sacudidas por las rachas de los ventisqueros, como un nido de buitre; y aunque habíase trasladado desde muy joven a Montevideo, contrayendo otros hábitos y costumbres, conservaba algo de las energías indómitas, propias de la savia semisalvaje que circulaba por sus venas. Astuto, leal y entendido, granjeose desde el principio la simpatía de Raúl, por quien él sentía respeto y afecto profundo. Acudió en el acto al llamado, guiando un ligero break, a propósito para excursiones de este género. Raúl le dio el morral. -Pesa -dijo Selim. -Muy poco, apenas una docena de patos. Sólo he hecho dos disparos. -Eso dije yo, señor. El monte va perdiendo hasta los escondrijos, y la caza está huida; si quedan nutrias y aves viajeras, ya es mucho aventurar. Perdices, ¡ni el rastro! De becasinas, ni una pluma. El cambujo se refregó sus anchas narices, arreglando el rendaje, y añadió con un cierto aire de malicia: -En el baldío de Zambique, del lado acá de la quinta, en donde abundan los rastrojos, suelen silbar perdigones. -Déjame allí -repuso secamente Raúl.

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71 min El Amor Es Una Droga Lizzy Desnuda

10 min El Amor Es Una Droga Lizzy Desnuda Don Robustiano saltó sobre el sillón y gritó fuera de sí: -¡Rayos y centellas! ¡Tú la has hecho hoy, Verónica! - ¡Señor -respondió ésta casi llorando-, puedo jurar a su merced que ni siquiera me tocó en el pelo de la ropa! -¡Qué ropa, ni qué pelo, ni qué doscientos mil demonios! Te detuvo, osó mirarte a la cara, hablarte, decirte chicoleos como a una tarasca bardaliega; él, un panojo hediondo, un rocín indecente; a ti, mi hija, la descendiente de un real trinchante y de cien señores de primer lustre. ¿Qué más agravio? ¿Qué más profanación? ¿Qué más infamia? Pero ya se ve; estamos en los tiempos de la igualdad. ¡de la canalla, digo yo! y ya no hay picotas ni parrillas para los villanos insolentes ni para los sacrílegos. Verónica, tu madre, que murió al echarte al mundo, tu noble, tu ilustre madre, la única mujer digna de estas siete comarcas, por sus títulos de nobleza, de unirse a mí; tu madre, digo, no te dio ese ejemplo. Hembra denodada y majestuosa, purgó como buena, con un torozón y tres sangrías, el requiebro francés de un soldado de Napoleón: «charmante femme»[1] la dijo al pasar, y ella, indignada, aunque sin comprender la frase, a la vergüenza de aceptarla prefirió caer desplomada en mis brazos. Pero tú no te has muerto al escuchar la escoria inmunda que te arrojó al oído ese bodoque, mal criado y peor nacido. Eres hija desnaturalizada, has prevaricado y no te quiero ver delante. Vete, vete lejos de mí. y cuenta que no te pongo a pan y agua.

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45 min Fotos Y Fotos De Sexo De Bondage Gratis anoche, mientras yo dormía, concertaste con este Teniente. ya lo veo, ya. que te trajese a la casa de tu antiguo amor, Pepita Izco. ¡Bien, muy bien! ¿Es ello propio de un caballero? Al decir esto me estrujaba, y llenando de arañazos mi rostro, me desanudaba la corbata. Yo no hice más que rechazarla con alguna violencia. El Teniente acudió a contenerla. Sofocado y casi sin aliento, apenas pude formular algunas palabras en mi defensa. «Esta señora está loca -afirmé-. Llévenla donde quieran. Yo me vuelvo a Ochandiano». Y dejando a Silvestra rodeada de los del convoy, fui a sacar del carro mi maleta, para poner en ejecución inmediatamente lo que había dicho. En esto, sentimos por el robledal toques de corneta y ruido de tropas. Era un destacamento de la división de Lizárraga, que según después supe iba a Portugalete. Pronto se vio aquel trozo de la carretera lleno de soldados. El Capitán que mandaba a los de Lizárraga reconoció al instante a la fierecilla, y se fue hacia ella gozoso, saludándola con estas voces: «¡Oh, Chilivistra!

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118 min Japón Padre E Hija Sexo Consensual

42 min Japón Padre E Hija Sexo Consensual A la luz de un farolillo colocado junto al pesebre, los trajes azul y rosa de las niñas, sus sombreritos de flores, las joyas relumbrantes de la mamá, causaban el efecto de una aparición sobrenatural, que contrastaba con las paredes sucias, el techo empavesado de polvorientas telarañas, los montones de estiércol y el olor punzante y molesto de cuadra sucia. Tan escasa era la claridad, que doña Manuela se dio un golpe contra la hoz clavada en la pared para cortar la hierba, y pasaron algunos momentos antes que las tres mujeres distinguieran a Nelet en el fondo de la cuadra. El pobre muchacho, a pesar de su rudeza, contemplaba a Brillante con asombro doloroso, frunciendo el ceño como si quisiera cerrar el paso a las lágrimas. Los dos habían sido muy buenos amigos. El cochero celebraba sus picardías de animal viejo y brioso; tenía orgullo en decir que era muy bravo y sólo por él se dejaba manejar, y ahora estaba allí tendido de costado sobre el estiércol, inmóvil como carne muerta, agitando alguna vez con ronco estertor el redondo pecho y levantando un poco la cabeza para lanzar en torno suyo la mortecina y lacrimosa mirada. —¡Lo que somos. ¡lo que somos. decía Nelet entre dientes, sintiendo que cada espasmo de la larga agonía de su Brillante era una verdadera puñalada para él. Al ver a las señoritas se adelantó algunos pasos, hablando con tono compungido. El veterinario se había marchado, declarándose impotente para remediar el mal. Brillante se moría de una enfermedad extraña, de un nombre raro que Nelet no podía recordar; pero lo cierto era que estaba ya en la agonía. Y el pobre caballo, como si quisiera afirmar las palabras de su amigo o reconociese a sus amas, levantaba la pesada cabeza, lanzando su estertor angustioso. Aquello partía el corazón a las tres mujeres. —¡Brillante! ¡Pobrecito Brillante. Y las tres se abalanzaron a la pobre bestia, soltando sus faldas, cuyos bordes barrieron la suciedad del suelo. Doña Manuela, casi arrodillada en el estiércol, sin acordarse de su elegante traje, cogía la cabeza de Brillante, que se elevaba trabajosamente como para saludar a sus amas por última vez. Aquella mirada desmayada y vidriosa, fija con expresión agradecida en el grupo de mujeres, acabó con la falsa serenidad de éstas, y estallaron los sollozos y las exclamaciones de desconsuelo.

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72 min En Luv Con Un Stripper Mp3 recordaba enternecida cuando el doctor Pajares era estudiante y se sentaba a su lado en la mesa. La merienda se animaba. Nelet había encendido la lámpara del comedor, y los moscardones y mariposas del vecino jardín, atraídos por la luz, aleteaban nerviosamente, chocando con la pantalla de porcelana. Sobre la mesa aparecían las doradas naranjas de terso cutis, el panquemado de Alberique, con miga porosa, la corteza obscura y barnizada y el vértice nevado, y las bandejas de dulce seco, confitería indígena, sólida y empalagosa: peras verdosas con la dureza del azúcar petrificado, limoncillos de las monjas de Sagunto, trozos de melón, yemas envueltas en rizados moñetes de papel, todo destilando azúcar y atrayendo a los insectos que revoloteaban en torno de la luz. La concurrencia se atracaba de huevos cocidos. Partíanlos en la frente del vecino, a pesar de las muchas precauciones que se adoptaban para evitar esta broma tradicional; y eran de ver las señoritas tapándose la cara con las manos, chillando como gallinas asustadas, por miedo a que les golpeasen encima de las cejas, y los aplausos y vivas con que se acogía la travesura de alguna joven cuando era ella la que agredía a los audaces pollos. Cuando se hacía momentáneamente el silencio en el comedor, oíase cómo se regocijaba fuera la plebe; el rasgueo de la guitarra, el estallido de los cohetes, el cacareo de las mujeres; y algunas veces el estruendo venía de abajo, de la cocina, donde sonaban el vozarrón de Nelet y las corridas medrosas de las criadas, con chillidos de protesta débil. También allí partían huevos. Las personas mayores la emprendieron con el dulce, y el señor Cuadros descorchó frascos de licor de colores vivos e infernales, que hacían retorcer el estómago. Las copitas de color rosa besaban las bocas, dejando en los rojos labios de las jóvenes adorables gotitas de azúcar líquido. La sobremesa, alborozada y ruidosa, duró mucho rato. Nadie miraba el reloj del comedor, que seguía indiferente marcando el curso del tiempo. Cuando sonaron las nueve, todos se sobresaltaron. Fuera del hotel la algazara iba disminuyendo. Doña Manuela hizo prometer a sus amigos que la honrarían con su visita en los dos restantes días de la Pascua, y comenzaron los preparativos de marcha. Las criadas comparecieron rojas y sudorosas. Bien habían bromeado con Nelet y el cochero del señor López. Comenzó la confusión de la despedida.

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60 min Color De Cabello Rojo Virgen Crudo / Tema Candente

43 min Color De Cabello Rojo Virgen Crudo / Tema Candente Al mismo tiempo llegaba el alcalde, al frente de un pelotón de voluntarios armados. -¡En la taberna dicen que está! -gritaron algunos espectadores. Entendió el aviso el valiente, y, pálido como la cera, retrocedió con sus hombres a prender a Zolinar, que, según se dijo, y era la verdad, después de cometer el doble crimen, había ido a la taberna, en donde se había sentado, taciturno, sombrío y como atolondrado. Preso el reo sin resistencia, condújosele al lugar de la catástrofe. Reconoció la navaja y confesó su delito. Al mismo tiempo entró en el local Gildo, que volvía de Pontonucos. No seré yo quien relate lo que sintió y lo que hizo aquel hijo desventurado delante del cadáver de su padre. Antes bien quiero poner fin a este negro , y le pongo diciendo que don Román llevó a su propia casa al moribundo don Frutos para no abandonarle un instante en los cuidados que su estado reclamaba, y que al entrar en la corralada llamó a Blas y le dijo-¡Revienta mi mejor caballo, si es preciso; pero llega en el aire a Solapeña, y tráete al médico volando! Largos días pasaron sin que la población de Coteruco viera disiparse aquella nube negra, sofocante y abrumadora que cayó sobre todos los ánimos el infausto día más atrás historiado. Muchos, aunque lo confesaban muy bajito, creyendo así ensañarse menos en la memoria de los muertos, pensaban que la mano justiciera de Dios había andado en el asesinato de Patricio; otros sostenían que sus faltas, aunque grandes y muchas, no merecían tan bárbaro y sangriento castigo, porque con algo menos se hubiera satisfecho la justicia humana si le hubiera residenciado; quién tomaba un poco de ambos pareceres, y quién no manifestaba ninguno, aunque todos convenían en compadecer al muerto y encomendarle a Dios. ¡Pero don Frutos! ¡El bondadoso sacerdote, cosido a puñaladas en premio de la generosidad con que se lanzó al peligro para proteger al débil! En este crimen había circunstancias que espantaban al pueblo: había inhumanidad, barbarie, como en el cometido en Patricio, y, además, sacrilegio; y el cielo no podía menos de fulminar su maldición sobre el rebaño que, pudiendo, no había librado a su pastor de las garras del tigre. Esta creencia y los comentarios a que daba lugar, más el recuerdo del cadáver de Patricio; de la aparición de don Román con el cuerpo ensangrentado del párroco a las espaldas; del aspecto de Polinar al encaminarse a la taberna después de el doble crimen, erizado el áspero cabello, cárdeno el semblante extraviada y torva la vista, robaron el apetito y el sueño a aquellas gentes, y en muchos días no se oyó un grito en Coteruco, ni despachó el tabernero dos raciones, ni por el club apareció nadie. En cambio, no sosegaba un punto la portalada de don Román, entrando y saliendo por ella las personas que sin cesar acudían a enterarse del estado de don Frutos. Un día se les dijo que el médico le había declarado fuera de peligro; y entonces empezó el pueblo a respirar con desahogo (algo por amor al enfermo, y mucho por creer que con el alivio del cura descargaban de un gran peso a sus conciencias) y a entrar en su vida normal; pero, justo es decirlo, ni se acercó al club, aunque sí a la taberna, ni hubo autoridad que redujera a los voluntarios a dar la guardia en el fatal recinto en que había ocurrido la catástrofe. Verdad es que, por unas y otras causas, el Parlamento y la Milicia habían llegado a ser empalagosos en Coteruco.

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