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750 mb Ice D'angelo Monta Una Enorme Polla Negra

¿Se bañó alguien en estas cámaras de cuyo techo llovían, sobre el agua, estrellas luminosas? No, jamás. Se lo aseguro a José María, que se ríe, acercando cuanto puede su rostro al mío. -Todo ensueño y mentira, primo. Un ensueño viejo, oriental, de arrayanes, laureles y miradores, bajo la caperuza de nieve de una sierra. ¿Por qué me gusta Granada? Porque estoy segura de que no existe. -Niña, tú debe de ser poetisa. La verdá. ¿No te has ganao algún premiesiyo, vamo, en los Juego Florale? Sigue, sigue, que yo, cuando te oiho, me parese que esa cosa ya se me había ocurrío a mí. Y no crea: he leío hase año los verso de Sorriya. -¡No soy poetisa, a Dios sean dadas gracias! Conste, primo. La Alhambra no existe. En cambio, esos leones, esos monstruos están vivos. Les tengo miedo. Me recuerdan unas esfinges de Alejandría que persiguieron a una santa. Los versos entallados al borde de la fontana dicen que están de guarda, y que el no tener vida les hace no ejecutar su furia.

720p Atado Al Banco Y Al Tubo Follado.

41 min Atado Al Banco Y Al Tubo Follado. Eso prueba que usted no es como tantos ancianos que querrían encontrar cabezas viejas sobre hombros jóvenes. Usted ha estudiado el carácter de Annie y lo ha comprendido. Y eso es lo que me parece encantador. El doctor Strong parecía, a pesar de su calma y paciencia habitual, soportar con trabajo todos aquellos cumplidos. -Y ya sabe, mi querido doctor --continuo El Veterano, dándole muchos golpecitos amistosos-, que puede usted disponer de mí en todo momento. Sepa que estoy enteramente a su disposición. Estoy dispuesta a ir con Annie a los teatros, a los conciertos, a las exposiciones, a todas partes; y ya verá usted cómo ni siquiera me quejo de cansancio. ¡El deber, mi querido doctor, el deber ante todo! Cumplía su palabra. Era de esas personas que pueden soportar una cantidad enorme de diversiones sin cansarse. Cada vez que leía el periódico (y lo leía todos los días durante dos horas, sentada en un cómodo sillón) descubría que había que ver algo que divertiría mucho a Annie. En vano protestaba Annie, que estaba cansada de todo aquello; su madre le contestaba invariablemente: -Mi querida Annie, lo creía más razonable, y debo decirte, amor mío, que es agradecer muy mal la bondad del doctor Strong. Este reproche se lo dirigía por lo general en presencia del doctor, y me parecía que aquello era lo que principalmente decidía a Annie a acceder, y se resignaba casi siempre a ir a donde la quería llevar El Veterano. Muy rara vez las acompañaba míster Maldon. Algunas veces animaban a mi tía para que se uniera a ellas; otras veces era únicamente a Dora. Antes hubiera dudado en dejarla; pero recordando lo que había sucedido aquella noche en el gabinete del doctor, ya no tenía la misma desconfianza. Creía que el doctor tenía razón, y no sospechaba más que él. Algunas veces mi tía se rascaba la nariz cuando estábamos solos, y me decía que no lo comprendía, pero que querría verlos más dichosos, y que no creía que su marcial amiga (así llamaba siempre al Veterano) contribuyera a arreglar las cosas. Decía también que el primer acto de sensatez de nuestra marcial amiga debía ser el arrancar todas las mariposas de su cofia y regalárselas a algún deshollinador para que se disfrazara en Carnaval.

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76 min Libre Desnudo Peludo Gran Culo Mujeres

23 min Libre Desnudo Peludo Gran Culo Mujeres Le sorprendió la rapidez con que había transcurrido el tiempo y continuó su camino, dispuesto a vagar sin rumbo fijo; pero los grupos de gente que siguiendo el pretil marchaban en la misma dirección le arrastraron, haciendo que insensiblemente se encaminara a la feria de la Alameda. Al llegar al puente del Real pasó por entre los tranvías y carruajes, que, parados en la obscuridad, parecían mirar al gentío con los encarnados y redondos ojos de sus faroles. El magnífico panorama reanimó a Juanito. Al otro lado del río, millares de luces de colores, en serpenteantes líneas o marcando el contorno de los pabellones arquitectónicos, desvanecían la obscuridad, produciendo un rojizo vaho que se extendía por el cielo coma el reflejo de lejano incendio. Las charcas del río se poblaban de inquietos peces de fuego. Atravesó el puente sufriendo los codazos de la multitud. Aquella noche era la última de feria. Destacábanse los grupos de soldados, con los roses enfundados de blanco; los huertanos iban en cuadrilla, cogidos de las manos por temor de extraviarse; y pasaban las labradoras con su traje de fiesta, arrastrando tras sí un racimo de chiquillos llorones y cansados, precedidas por los maridos en mangas de camisa, chaleco negro y el garrote de Liria en la mano, mirando a todos con fijeza, como si temiesen que los «señoritos» se burlasen de la familia. Los farolillos venecianos formaban gigantescos pabellones de una claridad difusa. En la entrada de la Alameda apelotonábase el gentío, y por entre la masa de espaldas arqueadas y codos en punta pasaban las floristas con su cesto de mimbres erizado de ramilletes y las chicuelas desgreñadas, con el cántaro en la cadera y el turbio vaso en la mano, pregonando: «¡Al aigua fresqueta! Juanito viose detenido por la masa apiñada ante el tablado de los bailes populares. Sonaba el agudo cornetín repitiendo monótonamente la contradanza moruna o acompañando las voces de los cantadores, y a su compás saltaban sobre el tablado las parejas de bailarines, que de lejos parecían polichinelas. En aquel lugar bifurcábase la corriente del gentío. La gente alegre y ruidosa, los labradores, la chavalería de gorrilla y tufos o de falda almidonada y pañuelo de seda, seguía por el pretil del río mirando la larga fila de casetas, en las que se aburrían los feriantes esperando al comprador que nunca llegaba. Por el lado opuesto, por la avenida central, donde estaban establecidos los pabellones de baile, marchaba la gente «distinguida», con parsimonia, como en una procesión, mirando con el rabillo del ojo a los que estaban en las compactas filas de sillas, o deteniéndose un instante para contemplar las parejas que danzaban en los pabellones. Juanito, confundido entre este público e insensible a las cosas de este mundo, lo encontraba todo feo y ridículo con su pesimismo feroz. Aquellos pabellones, que vistos con un poco de buena voluntad a la luz artificial recordaban los palacios deslumbrantes de las leyendas, parecíanle ridículas barracas. Y luego, ¡qué asco le producían los imbéciles que en aquellos salones al aire libre bailaban como monigotes, sin advertir que el gentío se divertía con sus saltos!

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70 min Chicas Que Se Desnudan En Cam

94 min Chicas Que Se Desnudan En Cam Nuestro querido Eduardo, Amalia mía, cree que yo iba a cometer el desatino de repetir lo que él probablemente te estaría diciendo al entrar yo, pues que ha clasificado de disparate la frase que me dejó entre la boca. También es usted mordaz, caballero -dijo Amalia acompañando sus palabras con una mímica poco agradable para Daniel; es decir, arrancándole dos o tres hebras de sus lacios cabellos, sin que Eduardo lo notase y con tal prontitud que obligó a Daniel a hacer una exclamación. -preguntó Amalia con la cara más seria del mundo, y fijando sus bellísimos ojos en los de su primo. -Nada, hija, nada. Me imaginaba en este momento que tú y Florencia serán las más lindas mujeres de esta noche. -¡Gracias a Dios que te oigo decir una cosa razonable! -dijo Eduardo. -Gracias, y para que sean dos, te diré que es hora de que pidas tu sombrero y me acompañes. -Pero es temprano aún. -No, señor; por el contrario, es tarde. -Bien, ahora. -No, ya.

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58 min Corta El Pene Lo Tira A La Policia

94 min Corta El Pene Lo Tira A La Policia De regular estatura, porte distinguido, buen color, pelo castaño obscuro, partido a un lado por la raya, y frente ancha y despejada que le daba un aspecto de franca nobleza; eran, sin embargo, lo más interesante de su fisonomía, sin duda alguna, los ojos, donde vagaba una mirada llena de dulzura y lealtad que no excluía la inteligencia que en ellos brillaba. En convivencia con los ojos, se plegaban los labios en una sonrisa de bondad. En verdad que era simpático aquel muchacho. Vestía bien, sin exageración. Se inclinó ante la baronesa viuda, que le tendió su mano, siempre enguantada; saludó a la joven y fue a colocarse de pie ante la chimenea. Agotó en breve dos o tres temas de conversación. La anciana no parecía hacerle gran caso, sumida ahora en la lectura de un crimen espeluznante, cuyos espantables detalles parecían producirla profundo interés. La rubia, colocada a alguna distancia, le envolvía, mientras hablaba, en una mirada tibia y acariciadora. Algunas veces se tornaba en ardiente, y entonces ella descendía con rapidez sus largas pestañas para velar el fuego de sus pupilas. Pasado un rato dio algunos pasos hacia él, arrastrando con majestad su larga cola sobre la mullida alfombra. -¡Qué poca gracia tienes para arreglarte la corbata! Tiró el abanico sobre una butaca y se preparó a perfeccionar con sus bellas manos el nudo. Hizo un movimiento de coquetería. Perdió la estatua su rigidez marmórea. Se ladeó la cabeza curvando el cuello, olvidó la cara en una picaresca sonrisa su irreprochable dibujo, se achicaron los ojos, echáronse hacia adelante los hombros dejando su clasicismo para tomar un no sé qué de lúbrico, adquirieron movilidad las caderas, y la imagen cambió por completo, exhalando toda ella un perfume de voluptuosidad embriagador. Dejó la diosa de serlo y se convirtió en mujer. Tal vez estaba más apetitosa así, pero indudablemente estaba menos bella. Después de la corbata le pasó la mano por el bigote, luego por el pelo. ¡Para eso eran primos!

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101 min Cómo Tener Un Sexo De 3 Vías -prosiguió el doctor cuando se halló más sereno-. Amó, y sus desdichadas ideas fueron vasto y tormentoso mar que le alejó del objeto amado. El amor le dio fuerzas, y luchó contra el embate de las enfurecidas olas; creyóse rendido, y el ansia de llegar al anhelado puerto le hizo luchar de nuevo. ¡El último esfuerzo, Águeda; el que debía salvarle, le mató! Tradújose por la maledicencia en baja codicia de los bienes de la mujer amada, y en infame apariencia de conversión su postrera tentativa. -¿Eso se ha dicho? -exclamó Águeda asombrada. -Eso se ha dicho; esa versión ha circulado en este pueblo; eso le valió hasta los insultos de los ignorantes; eso le alejó para siempre del fin que perseguía; esa pena le enloqueció y armó su brazo y le quitó la vida; y esa horrenda historia me lega en sus postreros instantes para que usted no la ignore. y para tormento de la amarga existencia que aún arrastro; y como no puede ser muy larga jornada tan angustiosa, aprovecho estas horas en que la fiebre del dolor me sostiene para que el encargo no quede sin cumplirse. -¡Qué ceguedad, Dios mío! -exclamó Águeda-. Si temió que yo pudiera algún día inficionarme con la ponzoña de esa infame calumnia, ¿por qué no me lo dijo? -¡Para qué! Para quitar todo fundamento a sus temores. ¡Para desprenderme de cuanto poseo! ¿Qué menos debiera yo dar por su felicidad y por la mía? -El amor contrariado, Águeda, es como la mayor de las locuras: ciega a los hombres y los precipita en todo linaje de desatinos. -No doctor: lo que agita y embravece las pasiones en el corazón humano es el desamparo del alma; lo que debilita al principio y enloquece después es el desconocimiento de Dios.

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106 min Myspace Sexy Sassy Italian Dawn Adams ¿Cabeza no está? -Creo que ha salido. Suba usted y le dirán. Subí medio muerto de sobresalto. Salió a recibirme Jesusa, la criada vieja que a Cabeza servía desde tiempo inmemorial. No esperó a escuchar el metal de mi cortada voz para decirme: «Cabeza no está. Se ha ido a casa de su tía doña Florencia». -¿Pero no vendrá pronto? Pase usted por aquí. Tengo que darle un recado. Llevome a la que había sido mi habitación, y con seca voz me dijo señalando mi baúl: «Aquí tiene usted su ropa. lo mismo la nueva que los pingajos que trajo acá. Puede usted retirarse. Cabeza me ha dicho que le diga. que no volverá a su casa. hasta que usted no se haya ido, llevándose su ropa». -¡Jesús, Jesusa!

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76 min Tetas Grandes Porno Vids Misty Mendez -Los escojo grandes y los escojo chicos: ¿Cuándo será? (Con vivísimo interés. Los escojo de todos tamaños. te contaré: el otro día me asomé yo a la ventana del comedor, que da al patio, y vi salir por la puerta del sótano un ratón casi tan grande como un burro. No te rías, que es verdad. Bueno, pues sería como una cabra. Llevaba un collar con cascabeles, y parándose en medio del patio, me miraba como diciendo: «¿A que no bajas? ¡Yo qué había de bajar, si tenía un miedo. me contó Lucas que en Madrid va a salir una procesión con tantos estandartes como personas hay, quiere decirse, que cada persona lleva su estandarte, menos los soldados que van con las escopetas al hombro. Oye un secreto: Braulio y Basilisa hicieron el domingo en la cocina un pastel muy grande, muy grande. De todo le echaron, cascos de naranja, pasas, nueces, anises, dátiles, y mucha azúcar, un saco grande de azúcar, y dijeron que lo iban a poner en la mesa. ¿Tú lo viste? Pues yo tampoco. Papaíto, ¿a que no sabes lo que soñé anoche? Pues que tú me llevabas en brazos por un camino, y me decías que aquel camino era el del cielo. claro, por eso era todo azul, y había estrellas, unas con rabo y otras con barbas. Yo te pregunté si iríamos hasta el sol, y tu me dijiste que hasta el sol no, porque hacía muchísimo calor y nos tostaríamos.

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13 min Seducido Por Novias Mami Tetas Grandes

53 min Seducido Por Novias Mami Tetas Grandes muchas veces he ido después a visitar su tumba; es un cuadrilátero encerrado en una verja de hierro, y dominado por una cruz de mármol blanco, en la cual se lee: Aura. –No tiene más inscripción, pero está tapizado de violetas; allí he leído, al declinar de las tardes, el pequeño manuscrito de su vida, que me dejó, como un recuerdo, y me parece tenerla al lado, con la barba apoyada en la palma de la mano, como solía hacerlo, cuando niños, leíamos en la sombra de nuestros bosques; y me parece sentir el rayo de su mirada, y el perfume embalsamado de su aliento; ¡ay! yo esperaba morir tranquilo, dormir al lado de Aura, y que la piedad de mi madre, tapizara mi fosa de violetas; pero ausente de ella, desterrado y solo, mi tumba, como la del marino arrojado a la orilla, después de la tormenta, tendrá por lecho la desierta playa, y por bóveda el ancho pabellón del firmamento; lejos, de cuantos me aman, nadie al caer de la tarde, irá a visitarme en mi sepulcro; nadie dirá entre sollozos: «¡aquí yace! ; la arena que me cubra no será empapada por una lágrima afectuosa; las coronas que ofrecen a los muertos, los que aman su memoria, no se verán jamás sobre mi lápida; y la tumba olvidada del poeta peregrino, no se verá jamás como la tumba idolatrada de Aura, embalsamada por el suave ambiente, que despiden sobre ella las violetas. * * * Así, termina la relación, que en el seno de la intimidad, depositó nuestro amigo, y la cual, aunque palidecida y trunca, hemos tratado de reproducir en estas páginas; ¡pobre amigo! ¡sus tristes presentimientos se cumplieron! el destino, que lo persiguió toda su vida, lo arrojó a morir en las playas desiertas, de un río casi ignorado; ¡no le fue dado, como lo deseaba, dormir el sueño eterno al lado de Aura! ¡su madre no visitó su tumba, sus hermanas no tejieron coronas para él! una cruz de madera señala el lugar en donde duerme; zarzas espinosas, rodean en vez de flores, su sepulcro, y la soledad que ya reinaba en su alma, reina hoy sombría, en torno de su fosa. la historia de su dolor, mal escrita, por la mano de la amistad, es cuanto queda de él. -Me hacen Vds. reír con su sencilla ignorancia respecto al hombre más grande y más poderoso que ha existido en el mundo. ¡Si sabré yo quién es Napoleón! yo que le he visto, que le he hablado, que le he servido, que tengo aquí en el brazo derecho la señal de las herraduras de su caballo, cuando. Fue en la batalla de Austerlitz: él subía a todo escape la loma de Pratzen, después de haber mandado destruir a cañonazos el hielo de los pantanos donde perecieron ahogados más de cuatro mil rusos. Yo que estaba en el 17 de línea, de la división de Vandamme, yacía en tierra gravemente herido en la cabeza. De veras creí que había llegado mi última hora. Pues como digo, al pasar él con todo su estado mayor y la infantería de la guardia, las patas de su caballo me magullaron el brazo en tales términos que todavía me duele. Sin embargo, tan grande era nuestro entusiasmo en aquel célebre día que incorporándome como pude, grité: «¡Viva el Emperador!

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