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38 min Fob Asiático Recién Salido Del Barco

Lo menos se cree en las antecámaras del Vaticano, revolviendo el guiso negro de aquella diplomacia. ¡Qué cosa más artística, confitarse en discreción! ¡Prodigar detalles sobre lo que pasó hace dos mil años, y guardar una reserva ridícula, sobre lo que ha sucedido ayer, y, además, no importa nada absolutamente! -¿Qué fin se llevará en eso la gente de iglesia, don Antón? ¿A qué vendrá tal arte de maquiavelismo? Polilla frunció la boca y enarcó los dos hopitos de las cejas. -¡Ay, hija mía! No dudes que algún fin llevan; que ese sistema de disimulo les da buen resultado. No hay como ser zorro. En estos zorritos se fía la gente. En un hombre franco, no. Ya verás, ya verás si Carranza se las arregla para buscarte novio de su mano; y claro, después mandará en tu casa y en ti y satisfará sus ambiciones. ¡No tengas miedo de que se pierda! Pero yo trataré de madrugar y defenderte. -Usted es muy buen amigo -declaré. -No, no vayas a creer que no nos estimamos el Magistral y yo.

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74 min Creampie Interacial Esposa Blanca Polla Negra -Gracias, buen Macabeo. y hasta la vista -dijo Fernando, dejando caer una moneda de plata en el sombrero que aquél tenía entre las manos. Luego arrimó las espuelas al caballo y partió. -¡Que se deja usté aquí esto! -gritó Macabeo alzando la moneda. -¡Guárdatela! -respondió sin volver la cara el que se iba. -¡No la he ganado! -volvió a gritar Macabeo. -¡Bébela a mi salud! -le respondieron. -¡Si no lo cato, hombre de Dios! -gritó más recio el otro. -Pues échala al pozo -se oyó decir confusamente a Fernando al doblar el ángulo de la calleja que conducía al camino de la sierra. ¡Eso sí que no! -murmuró Macabeo, guardando la moneda en el bolsillo después de darle unas vueltas en la mano.

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74 min Lamiendo Coños 2008 Jelsoft Enterprises Ltd

58 min Lamiendo Coños 2008 Jelsoft Enterprises Ltd La capa de hielo que los cubría se derritió como por encanto. Inmediatamente después se disminuyó el gas por medida de economía, dejando el aparato de aire con su consumo habitual. —exclamó Nicholl—, ¡qué buenos son estos rayos caloríficos! ¡Con cuánta impaciencia deben esperar los selenitas la reaparición del astro del día, después de una noche tan larga! —Sí —contestó Miguel, aspirando, por decirlo así, aquel éter brillante—; luz y calor constituyen toda la vida. En el mismo instante, se advirtió la tendencia de la base del proyectil a separarse ligeramente de la superficie lunar, siguiendo una órbita elíptica bastante alargada. Si desde ese momento hubiera sido visible toda la Tierra, hubiesen podido volver a ver a Barbicane y sus compañeros. Pero sumergida en la irradiación del Sol, permanecía absolutamente invisible. Otro espectáculo les llamaba la atención, y era el que presentaba la región austral de la Luna, aproximada por sus anteojos a medio cuarto de legua. No abandonaban todos los detalles del extraño continente. Los montes Doerfel y Leibniz forman dos grupos separados que se desenvuelven próximamente en el Polo Sur. El primer cuarto se extiende desde el Polo Sur hasta el paralelo ochenta y cuatro en la parte oriental del astro; el segundo, que se presenta hacia el borde oriental, ya del grado setenta y cinco de latitud al polo. Aparecen sobre su arista, caprichosamente contorneada, resplandecientes planicies, tales como las ha señalado el padre Secchi, Barbicane pudo estudiar su naturaleza con más certidumbre que el ilustre astrónomo romano. —Eso son nieves —exclamó Miguel. —¿Nieves? —repitió Nicholl.

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104 min Yo Y Mi Amigo Teniendo Sexo

53 min Yo Y Mi Amigo Teniendo Sexo Deje a los viejos que hablan de negocios y especulaciones sin ocuparse de los muchachos, y véngase con nosotros. La alusión a la señora de la Selva había sido clara, pero ni me di por entendido, ni ella insistió, por buen gusto innato, aunque criada en un medio que no era cultivador de semejantes matices. En el grupo juvenil, bullicioso, superficial, y entrometido, me encontré molesto, porque no iba a mantener conversaciones generales: iba en busca de algo decisivo, y necesitaba hablar aparte con Eulalia. Buscaba el medio de alejarla del grupo, cuando Rozsahegy me hizo muy indirectamente el juego, llamándome. -La situación sólida, ¿usted cree? -preguntó con aire de inocencia y de perplejidad, aunque fuera un zorro viejo. -Sí, don Estanislao. Todo va bien. No hay que hacer caso a la oposición. Su misma fiebre lo demuestra. Son perros que ladran a la luna. -Muchos perros. Ese mitin del Frontón. -¿Ha viajado por el campo? En las estancias, en cuanto ladra un cuzco, todos los perros desocupados se ponen a ladrar también, sin saber por qué, y no muerden, porque no tienen qué morder. -dijo Coen, con aire misterioso-.

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80 min Capucha Ghetto Gangbang Puta Blanca Perra

Youtube Capucha Ghetto Gangbang Puta Blanca Perra Y aquel otro señor que está adentro del coche será. ¿Cómo está usted, señor? Don Cándido hizo tres o cuatro saludos con la cabeza sin desplegar los labios, y sin acabar de limpiarse el rostro con el pañuelo. -¡Ah es mudo! -prosiguió el fraile. -¿Quería usted alguna cosa, señor Gaete? -Me gusta mucho oír la voz de usted, señor. ¿quiere usted decirme. -Que tengo que hacer, señor -dijo Daniel saltando al coche y haciendo una señal al cochero, que hizo partir los caballos a trote largo en dirección a la plaza de la Victoria; mientras el reverendo cura Gaete se quedó sonriendo, con una expresión de gozo infernal en su fisonomía, y mirando el número de la casa de Madama Dupasquier. Once días después de los acontecimientos anteriores, es decir, el 16 de agosto, el destino de Buenos Aires estaba sobre un monte de sombras donde la vista humana se extraviaba y se asustaba ante su perspectiva. Eran apenas las cinco de la mañana de aquel día. No se veía un solo astro sobre el firmamento; y el oriente, envuelto en el espeso manto de la noche, no quería levantar aún las ligeras puntas del velo nacarado del alba. Tres bultos, semejantes a otras tantas visiones de la imaginación de Hoffmann, parecían de cuando en cuando rarificarse sobre el muro y las ventanas que separaban las habitaciones de la joven viuda de Barracas del gran patio de la quinta, cortado por una verja de fierro, como se sabe, y cuya puerta estaba abierta en aquel momento, cosa que jamás había acontecido a tales horas, después de la tristísima noche con que empezamos la exposición de esta historia. -Si no hay nadie. Aunque su merced se esté hasta mañana, no ha de ver luz, ni a ninguno -dijo, sin el misterio que parecía requerir aquella hora, una voz chillona de mujer. -¿Pero cuándo, dónde se han ido? -exclamó con un acento de impaciencia y rabia la persona a quien se había dirigido la mujer.

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67 min Calcomanías Automotrices Pin Strip Kits Gráficos La planicie que más se presta en Europa para los ejercicios bélicos es la comprendida entre el Rhin y el Sena; apenas se da por allí un paso sin tropezar con el recuerdo de una batalla: allí dimos nosotros, entre mil, las de San Quintín y Rocroy; Europa contra Napoleón la de Waterlóo; Alemania contra Francia la de Sedán. Mons fue en nuestro tiempo la llave de Europa; Namur nos lo tomó en persona Luis XIV, dando ocasión al buen Boileau para que compusiera una oda, que los mismos franceses citan como ejemplo de ridiculez; en Amberes sostuvimos un sitio famoso en los fastos de la guerra. Brujas, cuna del arte gótico; Gante, patria de Carlos V; Iprés, foco del jansenismo, uno de los esfuerzos más vigorosos realizados en Francia para crear la Iglesia nacional; Dismude, famoso por su excelente manteca; Audenarde, un embrión de ciudad gótica, ahogado en flor; Malinas, corte y segunda patria de la insigne Margarita de Austria, la negociadora de la paz de Cambray, hoy ciudad sacerdotal, austera, donde recuerdo haber encontrado hombres del pueblo con cara de obispos: todas estas ciudades fueron centros de guerra, y en todas ellas se nota ese primer movimiento de expansión, a veces no proseguido, para estirarse libremente después de años y siglos de postura violenta e incómoda. Esta idea del ensanche pudo muy bien mantenerse en los límites del buen gusto, con sólo acomodarse a las condiciones de cada una de las ciudades que se trataba de ensanchar; pero no tardó en complicarse con otra idea nueva, que para abreviar bautizaré con el nombre de americanismo. Los colonos que iban a América a establecerse, podían instalarse allí sin atender a tradiciones que no existían; y como su deseo era ir de prisa, fundaron la ciudad exclusivamente útil y prosaica. A veces, una compañía de ferrocarriles crea, a modo de estaciones, núcleos de población, que en unos cuantos años, como Chicago o Minneápolis, son capitales de un millón o medio de almas. Más bien que capitales son aglomeraciones de «buildings», o estaciones de ferrocarril prolongadas en todos sentidos. Esta ramplonería arquitectónica vino a Europa de rechazo y fue del gusto de los hombres de negocios, de los mangoneadores de terrenos y solares, y de los fabricantes de casas baratas; cundió el amor a la línea recta, y llegó el momento de que los hombres no pudieran dormir tranquilos mientras su calle no estuviera tirada a cordel. Donde las condiciones de las ciudades exigían estos ensanches, la sacrificada fue la estética, y donde los ensanches no estaban justificados, se procuró al mismo tiempo afear las poblaciones y hacerlas inhabitables. En el momento actual existe en Europa una fuerte reacción contra el mal gusto, y todas las ciudades que tienen tradiciones artísticas se esfuerzan por mil medios para sostenerlas y no caer en el montón anónimo. En España estamos aún con la piqueta al hombro, y si los municipios tuvieran fondos bastantes para pagar las expropiaciones, habría que dormir al raso. Madrid tuvo sus ensanches, y Barcelona el suyo, y Valencia y Bilbao. ¿Quién no? Y lo curioso es la sinceridad con que muchos creen que la cosa es digna de admiración. Yo he ido a Málaga, y un hijo de la ciudad me ha llevado, antes que a ninguna parte, a ver la calle de Larios. Cuando lo que es tan vulgar nos parece tan extraño, ¿qué prueba más clara de que no está en armonía con nuestro modo de ser? A Granada llegó la epidemia del ensanche, y como no había razón para que nos ensancháramos, porque teníamos nuestros ensanches naturales en el barrio de San Lázaro, Albaicín y Camino de Huétor, y más bien nos sobraba población, concebimos la idea famosa de ensancharnos por el centro y el proyecto diabólico de destruir la ciudad, para que el núcleo ideal de ella tuviera que refugiarse en Albaicín.

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11 min Hadas Oscuras Para Colorear Para Adolescentes

112 min Hadas Oscuras Para Colorear Para Adolescentes Ángel, vaya usted, vaya usted allá», y siempre le estoy predicando para que se case. Algunas noches no he querido darle palique para que se fuera con ella: esto bien lo sabe Dios. Si yo hubiera sido mala, habría jugado con él como con un gatito chico; pero tengo ya marcado mi carril, y por él voy aunque se hunda el mundo. Esa desgraciada mujer, esa Dulcenombre tiene mucho que agradecerme, y ella ni siquiera lo sospecha: puede que crea lo contrario. (Desvelándose más. ¡Vaya con los cuentos que trae Basilisa! Estas mujeres lo observan y son muy criticonas. Dice que Dulce es guapa de cara, pero que está en los huesos. Me hizo reír la otra tarde cuando decía: «No sé cómo el amo se acuesta con ese esqueleto! ¡Qué tontería ponerse a discurrir sobre si es gordo o es flaco! Estoy segura de no haberme envanecido cuando Basilisa se puso a hacer comparaciones entre delanteras rasas y. otras que no son rasas. Yo, bien lo sabe Dios, que lee dentro de mí, que ahora mismo está leyendo, bien sabe Dios que yo, si pudiese, iría a esa mujer para decirle: «Cambiemos, amiga: toma lo que te falta y a mí me sobra. Tu serás feliz y yo también». (Se duerme. Levantose tempranito, y como la tarde anterior había dispuesto su equipaje, no tenía nada que hacer más que despedirse de todos los de casa, que se apenaron de verla partir. Basilisa, particularmente, lloraba como una Magdalena.

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97 min Video Gratis De Adolescentes Calientes Con Strapons Algo le distinguirá de la turba; al presentarse él, una virtud se revelará; virtud de dominio, de grandeza, de misterio. Las cabezas se inclinarán, o los ojos quedarán cautivos, o el corazón se descolgará de su centro, yéndose hacia él. Pensando en él, prolongo mi estación ante el tocador, y las lunas altas, límpidas, copian mi cara expresiva, mis ojos ansiosos, mi busto brotando del escote como un blanco puñal de su vaina de oro cincelado. Y pruebo más trajes; uno azul, del azul de los lagos, bordado de verdes chispas de cristal y largas cintas de seda crespa, y otro blanco, en que se desflecan orlas de cisne, y otro del tono leonado de las pieles fulvas, transparentes, bajo el cual se trasluce un forro de seda naranja, azafranoso. Y me sonrío, y entreabro abanicos, y juego a prenderme flores, y vierto por el suelo esencias, y, por último, rendida, arrojo aprisa mis galas, y estremecida por la horripilación del amanecer, corro con los brazos cruzados sobre el pecho a refugiarme en mi cama, donde me apelotono, me hago un ovillo, encogida, trémula de cansancio, con los pies helados, la cabeza febril. - IV - Al empezar a crecer los días, remanece la idea de irme a Alcalá una semana, a ver a mis viejos amigos. Se combina este propósito con mis maliciosos recelos. Es indudable que esos arrinconados y modestos señores, que no me han hecho en tres o cuatro meses ni una visita, poseen la clave de mi historia, saben lo que yo todavía no comprendo, lo que inútilmente busqué en el armario de papeles. Farnesio es impenetrable; nada le arrancaré; cada día se difumina mejor la verdad en las nieblas de su habla sobria. El secreto, sin embargo, no puede ser verdadero secreto, ya que lo han conocido, por lo menos, tres personas: Farnesio, Carranza y Roa, el fallecido. Dispongo mi viaje. Nada de aparato; me alojaré en la casa que tantos años habité, y que ahora es mía, y me servirá Sidra, la misma maritornes de antaño. La tengo allí al cuidado de los muebles. ¡Vaya unos muebles! El cocinero, eso sí, enviará todos los días la comida, y un pinche encargado de presentarla. Invitaré al canónigo; se le soborna por la boca: es amigo de la mesa. Malo será que no se descorra el velo.

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44 min El Apellido Maci De La Madre Adolescente

72 min El Apellido Maci De La Madre Adolescente En seguida del señor Mandeville estaba Doña Mercedes Rosas de Rivera, y frente a ella su hermana Agustina, teniendo a su izquierda al señor Picolet de Hermillon, cónsul general de Cerdeña; seguían después todas las principales señoras de aquella reunión federal, colocados entre ellas algunos personajes notables de la época, y conservándose los demás caballeros, unos de pie tras las sillas de las señoras, otros formando grupos en los ángulos del comedor. Frente a la señorita Manuela, en la cabecera opuesta de la mesa, estaba sentado el general Mansilla. Un silencio, apenas interrumpido por el ruido de la porcelana y los cubiertos, inspiraba un no sé qué de ajeno al lugar y al objeto de aquella reunión, y ponía en conflicto a la parte más crecida de los asistentes, en medio de ese silencio de funerales. ¡Era de verse la pantomima de aquellas señoras esposas de los heroicos defensores de la santa causa, al llevar cada bocado a su boca! El tenedor se levantaba del plato con una delicadeza tal que parecía entre los dedos el fiel de una celosa balanza, pronto a inclinarse al más ligero accidente. El pedacito de ave o de pastel era llevado a los labios con la misma delicadeza con que una persona de buen gusto lleva a las narices una delicada flor del aire, y los indecisos labios lo tomaban tiernamente, después que los ojos habían girado a derecha e izquierda para ver si alguien notaba el pecado capital de comer cuando se está para ello en una mesa. Todos los preceptos del catón éranse allí escrupulosamente cumplidos: el cubierto, siempre sobre el plato, y sobre el plato siempre lo que en él se había servido; esperando todos que alguien preguntase, para contestar; y como nadie preguntaba, ninguno de los convidados hablaba una palabra. Había allí, sin embargo, una dama que comía más libremente que las otras; y era la señora esposa de Don Antonio Díaz, personaje célebre de la emigración oriental que acompañó a Buenos Aires al ex presidente Oribe. Esta señora, madre de preciosas hijas que allí estaban, se entretenía en comerse medio budín, como postre de una piernita de pavo y de una tierna pechuga de gallina, que había saboreado para quitar de sus labios el gusto salado que habían dejado en ellos dos o tres rebanadas de jamón, con que la señora quiso neutralizar el gusto a manteca que había dejado en su boca un plato de mayonesa con que había empezado a preparar su apetito. Los coroneles Salomón, Santa Coloma, Crespo, el comandante Mariño; los doctores Torres, García, González Peña; los diputados Garrigós y Beláustegui, eran de los personajes más notables que servían de caballeros federales a las damas de la mesa. Pero los coroneles y el comandante especialmente maldecían con toda buena fe al maestro de ceremonias Erézcano, que colocádolos había en aquel lugar en que cada bocado se les atragantaba como una nuez. Salomón sudaba; Santa Coloma se retorcía el bigote, y Crespo tosía. El general Mansilla, que mejor que nadie conocía la ridiculez de aquel silencio y de aquella tirantez aldeánica, se fue de repente a fondo sobre el flanco de sus federales amigos: -Bomba, señores -dijo levantándose con una copa en la mano, y con esa gracia y zafaduría peculiares al carácter del entusiasta unitario del Congreso. Damas y caballeros se pusieron de pie. -Brindo, señores -dijo Mansilla-, por el primer hombre de nuestro siglo, por el que ha de aniquilar para siempre el bando de los salvajes unitarios; por el que ha de hacer que la Francia se ponga de rodillas delante del gobierno de la Confederación Argentina; por el ínclito héroe del desierto; por el Ilustre Restaurador de las Leyes, Brigadier Don Juan Manuel Rosas; y brindo también, señores, por su digna hija, que en tal día como éste, vino al mundo para honor y gloria de la América. Las palabras del general Mansilla fueron la mecha, y el pulmón de los ilustres convidados fue el cañón que dio salida a la detonación de su fulminante entusiasmo. Se acabó el silencio, se acabó la tirantez, se acabó la aldea; y comenzó el bullicio, la elasticidad y la bacanal.

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51 min Masturbando A Los Adolescentes Con Las Historias De Tus Amigos.

30 min Masturbando A Los Adolescentes Con Las Historias De Tus Amigos. He aquí sus figuras y principales accesorios: un lecho revuelto, y en él un cuerpo humano devorado por la fiebre. El cuerpo era de mujer, y de mujer de hermosas facciones, aunque a la sazón alteradas por el fuego de la calentura. Tenía la cabeza en escorzo, con la boca en lo más alto de él; y el óvalo gracioso de la cara recortábase en un fondo de enmarañadas guedejas de cabellos grises, desparramados sobre la almohada. Jadeaba la enferma; y las ropas del lecho alzábanse y descendían al agitado compás de una respiración fatigosa y sibilante, como si al llegar el aire a los resecos labios atravesara mallas de alambre caldeado. Sentada junto a la cabecera de la cama estaba una joven de cabellos rubios y cutis blanquísimo, con los brazos cruzados bajo el pecho de gallardo perfil, y con los azules, rasgados ojos, velados por las lágrimas, fijos en el rostro de la enferma, y atenta a los menores movimientos de su cuerpo. Al alcance de su mano había una mesa con jaropes de botica, que desde lejos se daban a conocer por lo subido de sus olores; y entre los jaropes, un reloj de bolsillo con la tapa abierta. Sobre la cabecera de la cama, colgado en la pared, un crucifijo de marfil; y debajo, una benditera y un ramito de laurel sujeto al lazo de seda que la sostenía. Al aparecer en la alcoba el doctor, se levantó la joven y quiso decirle algo, tal vez como expresión de su agradecimiento; pero el llanto apagó su voz. Comprendióla el médico, al mismo tiempo que don Lesmes se la presentaba como hija de la enferma y autora de la carta que él había recibido, y no le faltaron en aquel momento oportunas frases de las muchas que aún conservaba en su repertorio de médico viejo de la corte y hombre de buena sociedad. Diose comienzo a la inspección facultativa, que fue detenida y minuciosa. El doctor mostró durante ella el certero desembarazo que da una larga y gloriosa práctica. Se hallaba junto a aquel lecho, que era casi un ataúd, como los buenos generales en los trances apurados de una batalla perdida: explorando, con perfecto conocimiento del terreno, los únicos puntos vulnerables del enemigo. Águeda y don Lesmes, por no poder hacerlo la enferma, respondían a sus preguntas. No cansaré al pío lector con el relato minucioso de estas investigaciones facultativas, porque ni son del caso, ni yo entiendo jota de ellas. Pero he de citar un detalle, por lo que de él corresponde a la figura de don Lesmes. El doctor había puesto bajo el brazo de la enferma, en contacto inmediato con la piel, un primoroso tubo de cristal graduado. Don Lesmes, como si no supiera qué iba a pasar allí, miraba de reojo la operación y el tubo.

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