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31 min Porno Adulto E Hija Gratis De Lesbianas

- ¡Adiós, alegría de Navidad! -murmuró Clemencia enjugándose sus lágrimas-. Ya no voy a tener gusto en toda la noche, y vale más que esto se acabe pronto. - Pero ¿por qué, mi vida? -dijo Enrique inclinándose a besar los perfumados cabellos de Clemencia- te preocupas mucho por las palabras de un imbécil. Vas a ver si te quito la pena. Bailaremos el primer valse ¿no es esto lo convenido? - Sí, pero se acabará todo después. Entraron. La cena se concluyó alegre, pero la frente de Clemencia permaneció nublada y triste. Tocóse el valse consabido. Enrique hizo prodigios de galantería y de imaginación para distraer a Clemencia; pero ésta sonreía tristemente, ocultaba bajo su larga y sedosa pestaña alguna lágrima que asomaba a sus radiantes ojos negros, y en un descanso dijo a Enrique mirándole fijamente con los ojos entrecerrados y llenos de pasión: - ¿Me amas, Enrique? - Más que a mi vida . - Pues no hagas caso a Valle . ¡desgraciado! El me quiere también . - Esa es una razón de más . - Esa es una razón para tenerle piedad . quizá yo tengo la culpa de que esté enamorado así, y celoso.

119 min Yo Sin Ti Por Eros Ramazzotti

97 min Yo Sin Ti Por Eros Ramazzotti Vamos a armar un escandalazo. -Don Genaro querido, no haga usted tal. Mire usted que no hay cosa más verosímil que esto de mi locura. Si usted no me quisiese tanto, haría coro, diciendo que estoy. Me toqué la frente con el dedo. -¡Disparates! Cosas que tú lanzas en broma. Mira, mira cómo no se puede soltar prenda. ¡Es increíble! ¡Qué red, qué maraña, qué serie de emboscadas, qué negra conjuración contra ti, pobrecilla, que a nadie hiciste daño! -Se equivoca usted. Daño, lo hice. Bien me pesa. ¿Qué menor castigo he de sufrir por lo que dañé? -Vaya un daño el que tú harías. Y todos contra ti, confabulados. ¿Querrás creer? Hasta el mentecato de Polilla declara que has cometido ciertos actos de extravagancia impropios de una señorita formal. Carranza es el peor.

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54 min Milf Es Follada Y Gime Fuerte

96 min Milf Es Follada Y Gime Fuerte ¡pim! ¡pum! sin lograr su objeto, Gabino mató a un guardia civil. Milagro fue que no le fusilaran. Hoy le tiene usted en la prisión militar de Logroño esperando sentencia de un Consejo de guerra. Más de un mes lleva en este suplicio; pero ello va despacio. Militares hay del Ejército liberala que se interesan por él; mas no faltan otros que no pararán hasta la vida quitarle. Oído el parecer de mi familia, y el consejo de mi confesor, vine a Madrid para poner cuanto esté de mi parte en la santa obra de salvar a ese desgraciado». -Procede usted -le dije yo efusivamente apretándole las manos- como esposa cristiana que olvida las ofensas y obra conforme a la divina ley de amor. Porque si es verdad que su bello cuerpo conserva señales de malos tratos. Chilivistra me interrumpió diciendo con presteza: «Cardenales fueron y tantas que llevaba yo sobre mí todo el Sacro Colegio. Mas tiempo ha que no dolerme. Mi confesor, santo siervo de Dios y de don Carlos, me ha dicho que perdone al marido mala que me ofendía. y ello no era más que cuando se arrebataba por la bebida o se encalabrinaba porque le había soplado mal el naipe. El Altísimo y mi conciencia me gritan que emprenda la campaña de redención. Lo hago no sólo por mí sino por el mi hijo. Se me olvidó decirle que tenemos un niño de siete años al cual he dejado en casa de los mis padres. ¡Ayúdeme usted, don Tito, en esta empresa cristiana, y si en ella salimos triunfosganaremos el cielo!

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550 mb Viendo Amigo Follar La Historia De Mi Esposa

DVDSCR Viendo Amigo Follar La Historia De Mi Esposa ¡Mueran los inmundos asquerosos unitarios! ¡Muera el pardejón Rivera y los inmundos franceses! Sociedad Popular Restauradora El portador Don Daniel Bello está al servicio de la Sociedad Popular Restauradora, y todo lo que haga, debe ser en favor de la Santa Causa de la Federación, porque es uno de sus mejores servidores. Buenos Aires, junio 10 de 1840. Julián González Salomón. Presidente. Boneo. Secretario. -Ahora -dijo Daniel, mirando a los soldados de Cuitiño, que estaban ya en la más completa irresolución-, ¿qué hombre es el que buscan en esta casa, que es como si fuera la mía, y en que no se han escondido nunca salvajes unitarios? El ordenanza de Cuitiño iba a responder, cuando todos volvieron la cabeza al gran ruido que hicieron cuatro o seis caballos que entraron de improviso al zaguán enlosado, haciendo un ruido infernal con las herraduras sobre las losas, y con los sables y espuelas de los jinetes que se desmontaron, y entraron en tropel a la sala. Maquinalmente Amalia vino a ponerse al lado de Daniel, y la pequeña Luisa se agarró del brazo de su señora. -Vivo o muerto -gritó al entrar a la sala el que venía delante de todos. -Ni vivo, ni muerto, comandante Cuitiño -dijo Daniel. -¿Se ha escapado? -No, los que se escapan, señor comandante -contestó Daniel-, son los unitarios que no pudiendo mostrársenos de frente, están trabajando para enredarnos e indisponernos a nosotros mismos. Con sus logias y con sus manejos que están aprendiendo de los gringos, ya la casa de un federal no está segura; y al paso que vamos, mañana han de avisar al Restaurador que en la casa del comandante Cuitiño, la mejor espada de la Federación, se esconde también algún salvaje unitario. Esta es mi casa, comandante; y esta señora es mi prima. Yo vivo aquí la mayor parte del tiempo, y no necesito jurar para que se me crea que adonde estoy yo, no puede haber unitarios escondidos. Pedro, lleve usted a todos esos señores, que registren la casa por donde quieran.

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62 min Información De Registro Web De Élite Madura

71 min Información De Registro Web De Élite Madura Se me encendió la sangre, y con toda la fuerza de mis pulmones lancé al hemiciclo estas palabras: «¡A buenas horas mangas verdes! Majaderos fuisteis; sed ahora ciudadanos y dejaos matar en vuestros asientos». En el espantoso vocerío perdiéronse mis apóstrofes. Muchos diputados daban vivas a la Soberanía Nacional, a la Asamblea y a la República. Salmerón echó el resto de su potente voz con estas frases rotundas: «Se han borrado en este momento todas las diferencias que nos separaban. Borradas estarán hasta tanto que no quede reintegrada esta Cámara en la representación de la Soberanía Nacional. Otra vez, sintiéndome coro, grité burlescamente: «¡Tarde piache! Mi comentario familiar quedó ahogado en el estrépito de los aplausos que corearon la vibrante protesta del gran metafísico. Tocó la vez a Castelar, que dijo: «Yo creo que la sesión debe seguir como si no sucediese nada fuera de esta Cámara. Puesto que aquí tenemos libertad de acción, continuemos el escrutinio, sin que por eso el Presidente del Poder Ejecutivo tenga que rehuir ninguna responsabilidad. Yo he reorganizado el Ejército; pero lo he reorganizado no para volverse contra la legalidad, sino para mantenerla». Frenéticos aplausos interrumpieron al colosal tribuno, que terminó de esta manera: «Ya, señores diputados, no puedo hacer otra cosa que morir el primero con vosotros». Inmensa emoción. Muchos se abalanzaron a abrazarle. Don Eduardo Benot se puso en pie, y rojo de ira gritó: «¿Hay armas? Vengan. ¡Nos defenderemos!

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50 min Nueva Orleans Famoso Enano De Cuero Enano

92 min Nueva Orleans Famoso Enano De Cuero Enano Puesto en pie D. Alonso, sostenido por sus dos hijas, mirábales a todos uno por uno con ojos de sorpresa y terror. «¿Dónde está Oñate? -preguntó con ronca voz y mayor espanto en su mirada». Los cuatro a un tiempo señalaron hacia donde se veían las mortecinas luces de la villa entre montes y espesuras borrosas. y le hicieron notar el triste son de tambores que hacia aquella parte se oía. Encarose D. Alonso, erguido y fiero, con el espacio obscuro salpicado de luces, y cual si estuviera delante de una persona, blandió su bastón, exclamando: «¡Ca. nallas, lad. No pudo concluir: su lengua era como un trapo, y sus esfuerzos por hacerla funcionar no producían más que sordos mugidos. Volvió a gritar: «¡Ca. nallas! y lo que no pudo decir con la boca, decíalo con el bastón, pues más de cinco minutos estuvo apaleando la atmósfera, hasta que sus hijas, haciéndole sentar en el sitio que escogieron como menos incómodo, trataron de sosegarle con palabras cariñosas «Sí, sí -dijo Demetria mirando a la villa e increpándola con más amargura que furor-: te hemos maldecido, Oñate; hemos llorado sobre ti más de lo que pudieran llorar por sus pecados todas las generaciones que en ti han vivido. Si logramos perderte de vista para siempre, sólo te decimos: Oñate, quédate con Dios». En tanto Calpena daba estas órdenes a Sancho, acompañadas del dinero preciso: «Necesitamos a todo trance víveres y un carro del país. Este pobre señor no puede moverse; ya lo ves. En caballería, si alguna se encontrara, tampoco podríamos llevarle. Busca por las casas de Lamiátegui un carro de bueyes, y lo tratas sin reparar en precio.

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96 min Sexo Conmigo Camiseta Invaluable

91 min Sexo Conmigo Camiseta Invaluable Lo he visto por el ventanillo sentándome en la litera. Se mueve el camarote menos. Mi vecino el húsar saluda, sonríe y habla. Se ha vestido, intentando salir, pero torna a tenderse. Confía en que el día de hoy concluirá de habituarle al buque. Yo desatornillo el vidrio y lo abro. Entra una brisa primaveral, que renueva el aire confinado. El señor del equipaje flamante está en mangas de camisa, jabonándose las manos, y tengo que cerrar. ¿Hoy tampoco piensa usted salir? -le dice casi hosco al húsar. El húsar, informado por mí, ya conoce la tribulación matrimonial de nuestro huésped. Le ha contestado con cierta sequedad burlona. Cuando sale, contristado, comentamos su intención. Proyecta indudablemente traer a su mujer aquí, en nuestra ausencia. -¡No, pues eso no! ¡Vive el cielo! -¡Pondremos vigías!

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93 min Tommys Favoritos Esposa Virtual Pulgares Fotos

300 mb Tommys Favoritos Esposa Virtual Pulgares Fotos -¿Además? Si dice que es una tertulia, el día y la hora del recibimiento, no sé qué más. -Pues bien, oiga usted: anuncia que la tertulia se abre con café con leche; ¡pobre Juana! Amalia no pudo menos que soltar la risa con menos conveniencia que la que requería el lugar en que se encontraba; y a tiempo de volver su cabeza para no hacerse notable por su risa, un relámpago de alegría brilló en sus ojos; acababa de descubrir a Daniel en la puerta del salón. Daniel entraba en aquel momento; y se dirigía a su prima, después de haber divisado a su Florencia paseando los salones con uno de sus mejores amigos, con quien acababa de bailar. Pero antes de que los primos y los amantes se cambien una palabra, salgamos del baile con el lector y vamos un momento a recoger los pormenores de otra escena bien diferente en otra parte, en nada parecida a la que dejamos; y del brazo con el lector hagamos también lo posible para volver pronto a los salones de nuestro viejo fuerte. El joven Daniel entraba al baile a las doce y media de la noche, pero antes de seguirlo en él, veamos lo que era y lo que hacía tres horas antes en la casa misteriosa de la calle de Cochabamba, a cuya puerta hemos visto acercarse varios individuos, dar una seña, entrar en la casa, y cerrarse luego la puerta de la calle. Entre el lector con nosotros a esa casa, a las nueve y media de la noche, y encontraremos una reunión de hombres bien interesante, pero bien en peligro al mismo tiempo. La sala de Doña Marcelina, cuyas ventanas daban a la calle, se había convertido esa noche en campamento general. La cama matrimonial y los catres de lona de sus distinguidas sobrinas habían sido trasportados de la alcoba a la sala. Y todas las sillas de ésta, las del comedor, tres baúles, y un banco que parecía haber tenido el honor en algún tiempo de ser colocado en la portería de algún convento, estaban cuidadosamente colocados en el círculo que permitía el estrecho aposento convertido improvisadamente en sala de recepción para esa noche, estando colocada en uno de sus testeros una mesa de pino con dos velas de sebo, y delante de ella una silla que parecía la presidencia de aquel lugar. Parados unos, otros sentados, y otros cómodamente acostados en los catres y en la cama, una crecida reunión de hombres ocupaba la sala de Doña Marcelina, sin más luz que la escasa claridad de las estrellas que entraba a través de los pequeños y empañados vidrios de las ventanas. Las palabras eran dichas al oído, y de cuando en cuando alguno de los que allí estaban se aproximaba a las ventanas, y con la mayor atención paseaba sus miradas por la lóbrega y desierta calle de Cochabamba. El reloj del Cabildo hizo llegar hasta esta reunión misteriosa la vibración metálica de su campana. -Son las nueve y media de la noche, señores, y nadie puede equivocarse en una hora de tiempo cuando le espera una cita importante. Los que no han venido no vendrán ya. Vamos a reunirnos. Al concluirse la última de esas palabras, dichas por una voz muy conocida nuestra, los postigos de las ventanas se cerraron, y la luz de la pieza inmediata penetró a la sala por la puerta de la habitación contigua. Un minuto después, el señor Don Daniel Bello ocupaba la silla colocada delante de la mesa de pino, teniendo a su derecha al señor Don Eduardo Belgrano; ocupados los demás asientos por veinte y un hombres, de los cuales el de más edad contaría apenas veinte y seis o veinte y siete años, y cuyas fisonomías y trajes revelaban la clase inteligente y culta a que pertenecían.

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