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97 min Chicos Borrachos Heterosexuales Hacen Cosas Gay

Pero esta débil y pequeña defensa de su rostro no alcanzaba hasta su cabeza, y el mulato, que tenía más gana de comer que de besar, se contentó con poner sus labios grasientos sobre el fino y lustroso cabello de la joven. -¡Qué bruto es Su Reverencia! -exclamó Rosas riéndose a carcajada suelta-. Así no se besa a las mujeres. ¿Y tú? ¡La mojigata! Si fuera un buen mozo no le tendrías asco. Y se echó un vaso de vino a la garganta, mientras su hija, colorada hasta las orejas, enjugaba con los párpados una lágrima que el despecho le hacía brotar por sus claros y vivísimos ojos. Rosas comía entretanto con un apetito tal, que revelaba bien las fibras vigorosas de su estómago, y la buena salud de aquella organización privilegiada, en quien las tareas del espíritu suplían la actividad que le faltaba al presente. Luego del asado comióse el pato, la fuente de natas y el dulce. Y siempre cambiando palabras con Viguá, a quien de vez en cuando tiraba una tajada, acabó por dirigirse a su hija, que guardaba silencio con los labios, mientras bien claro se descubría en las alteraciones fugitivas de su semblante, la sostenida conversación que entretenía consigo misma. -¿Te ha disgustado el beso, no? -¿Y cómo podrá ser de otro modo?

31 min Amanda Seyfried Y Julianne Moore Lesbiana

114 min Amanda Seyfried Y Julianne Moore Lesbiana ¿Y qué fue? Que perdí el sentido, que al oír los disparates de ese bruto me volví caballero. ¿Puede uno volverse caballero en momentos dados, aun siendo sacerdote? Se conoce que sí. He faltado a la moderación, a la humildad, a la paciencia que me impone el Sacramento; he faltado, y tendré que expiar mi culpa. Es que de algún tiempo acá, desde que la desconocida mamá de Calpena me fue metiendo con suavidad en este berenjenal romántico, no me conozco; no soy el Pedro Hillo de antes, de tantos años pacíficos y obscuros dentro de la paz sacerdotal. me he convertido insensiblemente en otro ser, menos de Dios y más del siglo. Cuando he soportado que me encarcelaran, como un caso natural, ¿qué me queda ya que ver ni que sentir? Soy hombre, sí; soy caballero, y no consiento que la llamen coima. Al que me lo diga, le enseñaré yo quién es Señó Jiyo, como dice ese bestia. No quiero, no quiero la deshonra de Fernando, a quien amo con todo mi corazón, y no le amaría más si le hubiera yo engendrado». En todo el trayecto hasta su casa, que fue lento y penoso, sus ideas sufrían una oscilación de balanza puesta en el fiel y empujada arriba y abajo por manos invisibles. Ya creía que lo dicho por Ibraim era falso, un embuste, una historia equivocada; ya veía en ello una verdad aterradora; y cuando esta idea de la posible veracidad del odioso cuento se clavaba en su magín, le entraba de nuevo la furia, y ganas de emprenderla a bastonazos con el primerito que encontrase. «¡Vaya, que si es verdad.

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22 min Aishwarya Rai Desnuda Aishwarya Rai Desnuda

700 mb Aishwarya Rai Desnuda Aishwarya Rai Desnuda Al menos hablaré con una persona del mismo Marineda, una señora, un alma compasiva. Ya sabrá ella parte de mi historia. Anda, papá. Es preciso que entre allí tu espíritu antes de que se cierre la ventana. Va a llover y tengo mucha prisa de regresar al cielo. En este clima tan húmedo no hay modo de vivir sin paraguas, impermeable o cosa así. Cuélate pronto. y abur. ¡Que ya cierran la vidriera. EL HÉROE. (Desde el alféizar de la ventana. Hijo mío, no te mojes.

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500 mb Yo Y Mi Novio Mamá Porno

55 min Yo Y Mi Novio Mamá Porno Era delgada, y, aunque su espalda y garganta eran muy bien formadas, y su talle extremadamente gracioso, se advertía a primera vista que carecía de aquella majestad voluptuosa que tienen comúnmente las mujeres corpulentas. No tenía tampoco una fisionomía pronunciada: la rapidez de sus sensaciones se pintaba en su semblante, cuya expresión era tan fugaz, tan variable, que en un momento la prestaba diferentes fisionomías. Sus grandes ojos pardos, centelleantes de ingenio, tenían naturalmente una mirada rápida y casi deslumbradora, pero cuando esta mirada se fijaba, era difícil defenderse de la impresión que producía su expresión, a la vez altiva y apasionada. Por lo demás, nada había en ella de sobresaliente, sus facciones no eran académicas, y sólo cuando se animaba en la conversación, se podía conocer el admirable efecto de su conjunto. Era de notar que, a pesar de la rara movilidad de aquel rostro y del gracioso desgarbo que había en toda su persona, la forma de su cara y la posición natural de sus labios, le daban, cuando estaba distraída, un gesto admirable de aristocracia, y que sin ninguna afectación había en sus maneras una como inesperada dignidad, mezclada con el más amable abandono. El traje que llevaba era a propósito para realzar aquel género de hermosura, pues consistía en un vestido de encaje sobre raso de un color de rosa caído, que convenía al de su tez blanca, pálida y casi transparente, y entre su profusa cabellera negra, se entrelazaban con aparente descuido gruesos hilos de perlas. Su pie, calzado con raso blanco, podía competir con el más pulido de una gaditana, y sus manos, cubiertas de un ligero y perfumado guante, eran pequeñas y lindas. Carlos se decía a sí mismo, al examinarla, que a no ser tan bella como Luisa, ninguna mujer podría parecer más seductora pero, sin embargo, no cometió la profanación, que tal hubiera sido en su concepto, de hacer ningún género de comparación entre la amable y elegante figura que estaba mirando y la imagen celestial que tenía grabada en su corazón. Acaso en el instante mismo que admiraba las gracias de la condesa, el recuerdo querido de su idolatrada compañera, vino a turbar su pasajera distracción, pues Elvira, que le seguía por los ojos, le vio apartarse hacia el extremo de la sala y sentarse en el paraje menos visible con aire melancólico y pensativo. -Mira a nuestro sevillano -dijo entonces sonriendo a la condesa-, mira cómo va a buscarme una soledad en medio de un baile. No puedes formarte una idea de un carácter más esquivo y huraño, y es lástima a la verdad, pues convendrás conmigo en que es muy guapo. -Sí -contestó con una especie de gracioso desdén-, no es desagradable. -¡No es desagradable! Muy parca eres en tu aprobación, prima -repuso Elvira fijando en Carlos los ojos-, y creo que serás la primera mujer que no le crea digno de una calificación más lisonjera.

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61 min Porno Creampies Múltiples Sin Limpiar

54 min Porno Creampies Múltiples Sin Limpiar La venda había caído. Clemencia no contestó. Al día siguiente sir George, desesperado, pues entreveía que en una mujer de carácter tan superior como era Clemencia, por grande que fuese el poder de su amante corazón, sería aún mayor el de la voluntad dirigida por la razón y estimulada por la dignidad femenina, volvió a escribir, y esta vez su carta, más sincera, era más sencilla, y por lo tanto más elocuente. Pero Clemencia no la abrió, y se la devolvió cerrada con un sobre. Entonces sir George se abatió profundamente, no porque se despertase en aquel corazón muerto una pasión real y sentida por Clemencia, eso no era posible: cenizas no levantan llama; pero ese hombre para quién la vida había perdido todos sus prestigios, todos sus goces, todo su interés, todo su valor, todas sus excitaciones, había hallado en Clemencia, el solo ser que sobrepujaba por instinto toda su adquirida aristocracia intelectual; la sola mujer que con su gracia, a la vez aguda e infantil, su saber y su inocencia, su inteligencia de primer orden y sus sentimientos de alta esfera, su poesía de corazón, y su sensatez en la vida práctica, le atraía, le interesaba, le entretenía, le sorprendía; en fin, había logrado lo que no otra, llenarlo. ¡Extraña anomalía! El impulso que sentía hacia Clemencia, y el deseo de reconciliarse con ella, llevó a sir George, el escéptico, el positivo, el estoico y desdeñoso, hasta el punto ridículo de hacer los extremos de un héroe de novela: rondó la calle de Clemencia noches enteras, escribió carta sobre carta, se fingió malo, obsequió a don Galo con un par de pistolas de Mantón (el regalo más inútil del mundo); pero todo fue en vano y se estrelló contra el sano juicio que después de un íntimo convencimiento había trazado su senda a Clemencia. Sir George se hacía ilusión, o quería hacérsela, de que esos extremos eran hijos de un sentimiento vivo y vigoroso, y pulsaba con ansia su corazón por ver cómo latía; pero era en vano: la cuerda de ese bello reloj estaba gastada; cuanto hacía era ficticio, no se pudo engañar y acabó por reírse con agrio desdén de sí mismo. -¡Y que haya -decía con amargura-, hombres que afecten mi estado! ¡Hombres que se afanen en hacerse la antítesis de Prometeo, no buscando, sino apagando la llama de la vida! Entonces sir George cayó en uno de esos accesos de misántropo esplín, que lo hacían el más desgraciado de los hombres, tanto más cuanto que quería disimularlos, y de los cuales sólo Clemencia hubiera podido sacarle con su trato encantador, como David a Saúl de los suyos, con su melodiosa arpa. <<<<--->> X>> Tercera partePablo, al recibir la carta de su prima, se había apresurado a ponerse en camino. Algún negocio -pensaba-, algún apuro en que se hallará, algún pleito en que la hayan envuelto.

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