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»Y aura es que, en habiendo dejao el cuerpo pa los bichos, Miseria pensó lo que le quedaba por hacer y, sin dilación porque no era sonso, el hombre enderezó pa'l Cielo y después de un viaje largo, golpió en la puerta deste. »Cuantito se abrió la puerta, San Pedro y Miseria se reconocieron, pero al viejo pícaro no le convenían esos recuerdos y, haciéndose el chancho rengo, pidió permiso pa pasar. »-¡Hm! -dijo San Pedro-. Cuando yo estuve en tu herrería con Nuestro Señor, pa concederte tres gracias, te dije que pidieras el paraíso y vos me contestaste: 'Callate viejo idiota'. Y no es que te la guarde, pero no puedo dejarte pasar aura, porque en habiéndote ofrecido tres veceh'el Cielo, vos te negaste a acetarlo. »Y como ahí no más el portero del Paraíso cerró la puerta, Miseria, pensando que de dos males hay que elegir el menos pior, rumbió pa'l Purgatorio a probar como andaría. »Pero amigo, allí le dijeron que sólo podían dentrar las almas destinadas al cielo y que como él nunca podría llegar a esa gloria, por haberla desnegao en la oportunidá, no podían guardarlo. Las penas eternas le tocaban cumplirlas en el Infierno. »Y Miseria enderezó al Infierno y golpió en la puerta, como antes golpiaba en la tabaquera sobre del yunque, haciendo llorar los diablos. Y le abrieron pero, qué rabia no le daría cuando se encontró cara a cara con el mesmo Lilí. »-¡Maldita mi suerte -gritó-, que andequiera he de tener conocidos! »Y Lilí, acordándose de las palizas, salió que quemaba, con la cola como bandera'e comisaría, y no paró hasta los pieses mesmo de Lucifer, al que contó quién estaba de visita. »Nunca los diablos se habían pegao tan tamaño susto y el mesmito Ray de los Infiernos, recordando también el rigor del martillo, se puso a gritar como gallina culeca, ordenando que cerraran bien toditas las puertas, no juera a dentrar semejante cachafaz. »Ahí quedó Miseria, sin dentrada a ningún lao porque ni en el cielo, ni en el Purgatorio, ni en el Infierno lo querían como socio y dicen que es por eso que, dende entonces, Miseria y Pobreza son cosas de este mundo y nunca se irán a otra parte, porque en ninguna quieren almitir su existencia. Una hora habría durado el relato y se había acabado el agua. Nos levantamos en silencio para acomodar nuestras prendas. -¡Pobreza!

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32 min Pechuga De Pollo Deshuesada Filipino Adobo Nutrición Y olvidando dónde me encontraba, solo contra tres, por encima de un océano iracundo, salté hacia la proa, y con voz que dominó el fragor de la tempestad, grité, precipitándome sobre Robur: ¡En nombre de la ley, yo…! No pude concluir. El Espanto tembló, como herido por una gran sacudida eléctrica, y su armadura se dislocó por todas partes. El Espanto acababa de ser destrozado por un rayo, y rotas sus alas y sus turbinas, cayó de una altura de más de mil pies en las profundidades de aquel golfo. Cuando volví a la vida, después de estar no sé cuántas horas sin conocimiento, estaba rodeado de un grupo de marineros. A la cabecera del lecho había un oficial interrogándome, y pude contestar con completa lucidez. Lo referí todo, y seguramente debieron creer los que me escuchaban que se las veían con un desgraciado que acababa de perder la razón. Encontrábame a bordo del Ottawa, que navegaba por el golfo de Méjico con rumbo a Nueva Orleans. El barco huía de la tempestad, cuando me vio asido a una tabla entre las olas y me recogieron a bordo. Yo estaba a salvo, pero Robur el conquistador y sus compañeros habían concluido en las aguas del golfo su aventurera existencia. El Dueño del mundo había desaparecido para siempre, destruido por la tempestad que temerariamente desafiara en pleno espacio, y llevándose el secreto de su extraordinario aparato. Cinco días después el Ottawa daba vista a las costas de Luisiana, y en la mañana del 10 de agosto anclaba en el fondo del puerto. Después de despedirme de los oficiales del barco, que tan solícitos cuidados me habían prodigado, tomé el tren de Washington, mi villa natal, que ya había desesperado de volver a ver. Inmediatamente me encaminé hasta la Dirección de Policía, deseando que mi primera visita fuera para mi jefe, el señor Ward. ¡Qué sorpresa, qué estupefacción y qué alegría experimentó cuando aparecí en el umbral de la puerta de su despacho! Me había dado por muerto. Le puse al corriente de lo que había sucedido desde mi desaparición; la persecución de los destroyers por el lago; el vuelo de El Espanto encima de las cataratas del Niágara; el alto en el Great-Eyry; la catástrofe en el golfo de Méjico. Entonces supo mi jefe que el aparato de Robur podía transportarse a través del espacio, con la misma facilidad que por tierra y que por mar.

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75 min Porno Gratis Pelicula Video Rubio Joven Oye hablar de Dios, sonrisita; oye hablar de reyes, sonrisita; oye, en fin, hablar de todo lo corriente en los pueblos regidos por leyes, usos y costumbres a que estamos avezados usted y yo, sonrisita. A su padre se le cae la baba con estas cosas de Maravillas, sobre todo cuando le ve echar desprecios, a su modo, sobre el viejo resabio de «las clases», tan arraigado en Villavieja; y Maravillas, en tanto, teniendo a menos decir de quién es hijo, y pegándose como una lapa a lo que aquí se tiene por aristocracia de la población, que no sabe, a la hora presente, si temerle, si admirarle o si reírse de él; porque en Villavieja ha habido siempre muy poco entusiasmo por las ideas políticas y filosóficas. Lo más exaltado de aquí no pasa todavía del progresismo histórico, tal como lo dejó el Duque de la Victoria al volverse a Logroño en 1856. »Sin embargo, no ha predicado enteramente en desierto el joven apóstol desde que vino Licenciado de Madrid. Ya tiene algunos partidarios casi entusiastas, entre los mareantes y los zapateros, a quienes se digna hablar, de tarde en cuando, de Compte, de Büchner y de Lombroso, asegurándoles de pasada que él conoce hasta la última palabra de la ciencia experimental, escoba y azote del viejo mundo teológico y metafísico. »Yo creo que habría palos en el Casino, si a Maravillas le diera por hablar tan recio allí, porque solamente con la estampa y la sonrisita es ya una indigestión continua para ciertos y determinados temperamentos: uno de ellos el fiscal, de seguro; y muy probable, el hijo del boticario, que es atroz por lo sincero, por lo acelerado. y por lo forzudo, y se pasa las horas muertas jugando al billar con el Ayudante de Marina que está siempre desocupado. No tiene otro vicio; pero un taco espantoso. »El fiscal lleva en este juzgado cuatro años, y es un sujeto digno de estudio. Es aragonés, solterón y joven todavía, pero algo acabado. Detesta la profesión tanto como a la villa, y ni siquiera trata de disimularlo. Las acusaciones suyas son dicterios y palizas contra todo lo que trae entre manos, hasta la ley, que no le da cuanto necesita para despacharse a su gusto. Para él no hay atenuantes ni eximentes. Siempre pide el máximum de la pena para toda clase de delitos. Cuando habla de Villavieja, la acusa del mismo modo, porque está deseando que le echen de la carrera y de aquí. Pone cada mote que no le levanta nadie, por lo bien que cae. Tiene talento y gracia y se deja querer, porque, después de todo, es un lagarto muy apreciable, hombre de bien y de trato muy ameno. Antes jugaba mucho al tresillo; ahora se le halla casi toda la noche y parte de la tarde fumando y tomando café en una mesa, cerca de la de billar, viendo cómo juegan el hijo del boticario y el Ayudante de Marina, hablando con ellos a su modo a ratos, y a ratos con dos abogados y un médico, jóvenes, de lo más culto y tratable que hay aquí, y conmigo, que solemos acompañarle.

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21 min Videos De Sexo Gratis En Blanco Sobre Negro -¿Jacinto? -preguntó el ingeniero-, ¿qué endiablado nombre le han puesto Vds. -D. Las tres rompieron a reír. -Lo llamamos así porque es muy sabio. -No: porque cuando nosotras éramos chicas, él era chico también, pues. Salíamos al terrado a jugar y le sentíamos estudiando en voz alta sus lecciones. -Sí; y todo el santo día estaba cantando. -Declinando, mujer. Eso es: se ponía de este modo Nominavito rosa, Genivito, Davito, Acusavito. -Supongo que yo también tendré mi nombre postizo -dijo Pepe Rey. -Que se lo diga a Vd. María Juana -replicó Florentina ocultándose. díselo tú, Pepa. -Vd.

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109 min Cómo Tener Relaciones Sexuales En Morrowind Iv Capitulo II: En Morganton El 26 de abril salí de Washington y al día siguiente llegaba a Raleg, la capital del Estado de Carolina del Este. Dos días antes el director general de la policía me había llamado a su despacho. Mi jefe me esperaba no sin cierta impaciencia. He aquí la conversación que sostuve con él y que motivó mi partida: -John Strock -empezó diciendo- ¿continúa usted siendo aquel agente sagaz y abnegado que en tantas ocasiones nos ha dado pruebas de sus relevantes condiciones? -Señor Ward -contesté yo, inclinándome-, no soy yo quien ha de decirle si he perdido algo de mi sagacidad. En cuanto a mi abnegación, le puedo afirmar que está siempre a la disposición de mis jefes. -No lo dudo -declaró el señor Ward-, pero quiero hacerle a usted otra pregunta más precisa. ¿Continúa usted siendo el hombre lleno de curiosidad, ávido por penetrar en el terreno del misterio, que yo siempre he conocido? -Continúo siendo el mismo, señor Ward. -¿Y ese intento de curiosidad no se ha debilitado por el constante uso de que de él ha hecho usted? -¡Nada de eso! -Pues bien, Strock, escúcheme. El señor Ward tenía entonces cincuenta años, en toda la fuerza de su inteligencia, muy entendido en las importantes funciones que desempeñaba. Él me había encargado varias veces de misiones difíciles, algunas de carácter político, que desempeñé con acierto y me valieron su aprobación. Hacía meses que no se presentaba una ocasión de ejercitar mis facultades, y aquella ociosidad no dejaba ya de serme penosa. Yo esperaba, pues, no sin impaciencia, lo que el señor Ward iba a comunicarme. No cabía duda de que se trataba de ponerme en campaña por algún motivo de importancia. Pues he aquí de lo que me habló el jefe de policía, un asunto que preocupaba, no solo en Carolina del Norte y en los Estados vecinos, sino en toda América.

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51 min Video De Chicas Que Tienen Sexo Gimiendo Pero, como el doctor no le permitió hablar, concilió un profundo sueño, que bien lo necesitaba. En aquellos momentos el Victoria trazaba una línea oblicua hacia el oeste. Empujado por un viento muy fuerte, volvió a ver las orillas del desierto espinoso por encima de las palmeras curvadas o arrancadas por el ímpetu de la tormenta; y, tras haber recorrido casi doscientas millas desde el rescate de Joe, el anochecer superó los 10º de longitud. El camino del oeste. - El despertar de Joe. - Su terquedad. - Fin de la historia de Joe. - Tegelel - Zozobras de Kennedy. - Rumbo al norte. - Una noche cerca de Agadés Durante la noche pareció que el viento también quería descansar de sus fatigas del día, y el Victoria permaneció pacíficamente sobre la copa de un corpulento sicomoro. El doctor y Kennedy se repartieron la guardia, y Joe durmió de un tirón por espacio de veinticuatro horas. -Que duerma -dijo Fergusson-. El reposo es el único remedio que necesita, y la naturaleza se encargará de completar su curación. Al amanecer volvió a soplar un viento fuerte, pero variable, tan pronto se dirigía al norte como al sur, aunque finalmente el Victoria fue empujado hacia el oeste. El doctor, mapa en mano, reconoció el reino de Damergu, territorio de suaves ondulaciones y muy fértil, con aldeas cuyas chozas están construidas con altas cañas y ramas de asalpesia entrelazadas. En los campos cultivados, las gavillas se alzaban sobre una especie de andamios destinados a preservarlas de la acción de ratones y termitas. No tardaron en llegar a la ciudad de Zinder, fácil de reconocer por su gran plaza de las ejecuciones, en cuyo centro se levanta el árbol de la muerte; al pie de éste vela el verdugo y cualquiera que pasa bajo su sombra es inmediatamente ahorcado. Consultando la brújula, Kennedy no pudo abstenerse de decir: -¡Otra vez rumbo al norte!

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