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94 min Selecciones De Dick Volumen 4 Torrents Bit

¿Y cómo había de suceder otra cosa? Don Robustiano es el primero en su casa para todo. Preside la mesa, guía el rosario, a él se le pide el dinero para los gastos domésticos, su menor capricho se respeta con una orden, se le cede el mejor asiento cuando vuelve de pasear, los criados le saludan desde media legua, el gabinete más soleado, más ancho y mejor amueblado es el suyo; Toribio le ha suscrito a un periódico de sus ideas. y todas estas y otras infinitas atenciones se le consagran por la familia espontáneamente, sin que él necesite apuntar la insinuación más vaga. Por si no fueran bastantes estos motivos de satisfacción, los dos ángeles de Verónica no le dejan sosegar un momento y le hacen correr con ellos, y contarles cuentos, y jugar al escondite. y le comen a besos, que es, entre todas las delicias de que se ve rodeado, la que más consuela y rejuvenece el alma del honrado viejo. Largas y acaloradas discusiones sostiene con la familia a propósito del porvenir de las dos hermosas criaturas. Él quiere que sean jurisconsultos; Antón que ingenieros; Toribio que generales, y emperadores si es necesario; Verónica. que no se los lleven nunca de su lado. -En todas las profesiones, artes y oficios -concluye siempre el solariego-, cabe lo que más debe ambicionar un padre para su hijo: que sea hombre de bien, y estos niños tienen ya mucho adelantado para serlo como el que más; el no necesitar ocuparse en el modo de adquirir el pan de cada día; tarea peligrosa en la cual se tuercen, al rigor de la necesidad, muchas conciencias de suyo rectas y delicadas, y desmayan no pocos espíritus denodados. Otra ventaja tienen aún de inmensa utilidad, si saben aprovecharla en cuanto vale: un gran libro en que aprender, un ejemplo vivo que imitar: su abuelo Toribio. Sí, amigo mío: tú, mal que pese a tu modestia, sin argumentos pomposos, sin ruidosa palabrería, pero con hechos muy elocuentes, has sido capaz de hacerme comprender, y ahora me deleito en confesarlo, que existe una nobleza más ilustre, más grande, más veneranda que la de la sangre, que la de los pergaminos: la nobleza del corazón. Después de oír tan claras, tan ingenuas manifestaciones de boca de don Robustiano, y después de contemplar el cuadro de su familia, que acabo de describir rápidamente, ¿qué me resta de decir a mí? Nada, benévolo lector. Hazte, pues, la cuenta, y no te equivocas, de que he concluido; perdona las faltas, y si eres montañés y montañés fidalgo, refrena tu suspicacia y otórgame la justicia de creer que al hablar de don Robustiano y de don Ramiro y de la caterva de solariegos que éstos evocan en su diálogo, así me acordé de tu padre o de tu abuelo, como del emperador de la China. Si la Historia, menos desmemoriada que el Tiempo, no se cuidase de retener y fijar toda humana ocurrencia, ya sea de las públicas y resonantes, ya de las domésticas y silenciosas, hoy no sabría nadie que los Carrascos, en su tercer cambio de domicilio, fueron a parar a un holgado principal de la Cava Baja de San Francisco, donde disfrutaban del discorde bullicio de las galeras y carromatos, y del grande acopio de vituallas, huevos, caza, reses menores, garbanzos, chorizos, etc. que aquellos descargaban en los paradores. Escogió D.

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89 min Motor Escolta Santuario Fez Tassle Colgantes —Lo diré si se me antoja —repuso Miguel, asiendo con violencia el brazo su compañero. —Pues es menester que se te antoje —dijo Barbicane, echando llamas por s ojos y alzando la mano—. ¡Tú has sido el que nos ha arrastrado a este peligroso viaje y queremos saber para qué! —dijo el capitán—. ¡Ya que no sé adónde voy, quiero saber a qué voy! —¿A qué? —repitió Miguel dando un salto de un metro—. ¡A tomar posesión de la Luna en nombre de los Estados Unidos! ¡A añadir un Estado más a los treinta y nueve de la Unión! ¡A colonizar las regiones lunares, a cultivarlas, a poblarlas, a transportar a ellas todas las maravillas del arte, de las ciencias y de la industria! ¡A civilizar a los selenitas, si es que no están más civilizados que nosotros, y a constituirlos en República si no tienen ya esta forma de gobierno! —replicó Nicholl, que bajo la influencia de aquella embriaguez inexplicable se volvía terco y pendenciero. —¿Quién dice que no hay selenitas? —exclamó Miguel, en tono de amenaza.

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83 min A Mi Hija Le Gusta Orinar ¡Ya hecha, una alcorza! Horas después del baile, del que salieron juntos, los dos amigos departían sobre sus cosas íntimas en la casa de Raúl, bajo la influencia todavía de las recientes y opuestas impresiones. Comentaron ya sin reservas los hechos que interesaban a uno y otro, se expusieron creencias y certidumbres, buscose el secreto de dudas y contradicciones aparentes; y por natural encadenamiento de ideas, trataron de sondar ajenos planes e intenciones. Zelmar creía, en lo concerniente a Raúl, que sus propósitos debían perseguirse por los mismos medios empleados hasta el momento: el caso era arar hondo en el corazón de la joven, antes que adquiriese forma seria la oposición manifiesta de la señora de Nerva a sus amores, y se extendiese a mayor radio el papel activo que parecía desempeñar Areba en el drama doméstico. Lo demás debía reservarse al tiempo. No dejaba de preocuparle, con todo, el móvil secreto que compelía a aquélla a asumir esa actitud. -Veo oscuro, eso -agregaba mirando a su amigo. -Así es -había respondido Henares, con gesto caviloso-; yo tampoco me doy razones. Trataré, sin embargo, de averiguar si algún hecho de mi vida pasada, aparte del que te he referido, tiene alguna conexión estrecha con la historia de la familia de Brenda. -En cuanto a Areba -proseguía Bafil-, me explico su conducta en esta emergencia por los impulsos de una pasión violenta hacia ti, contra mi antigua opinión a su respecto. Esto no obstante, recuerda la sospecha que te insinué después del lance en el Paso Molino, y que tú consideraste inadmisible. En la pasión que ha nacido en su pecho, sin poder expandirse, en ella reconcentrada y escondida, privada de desarrollo, como el feto que ha de nacer para morir con el primer vagido, entra por mucho el amor propio lastimado. Enmedio de sus rarezas y caprichos originales, estoy seguro que nunca pensó en el fracaso de su primera elección: la has herido en mitad de su soberbia, y debes precaverte. Una mujer de estas condiciones, desairada, centuplica sus fuerzas para hacerse sentir aun en la hora en que te creas a solas con el pensamiento. Contribuiré, por mi parte, a tu defensa. Confieso sinceramente que me siento arrastrado a quererla; y que por ello, me confundo con los pocos que dicen: a repulsa obstinada, pretensión pertinaz. Por el instante, nuestro estado de ánimo es idéntico: ambos sentimos, pero no somos felices; yo no soy el preferido, y aquel en quien ella piensa no puede pertenecerle. Los dos corazones se agitan en el vacío, con la diferencia de que el mío está prevenido, y puedo a voluntad reprimir sus arranques; mientras que el de ella se debate ya dominado e inquieto, sintiendo en las dos aurículas el escozor de un dardo, y tarde o temprano el corazón lacerado y abatido, se rinde, aunque valga toda una guardia vieja.

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1080p Mujeres Que Tienen Relaciones Sexuales Con Tubos De Mujeres

47 min Mujeres Que Tienen Relaciones Sexuales Con Tubos De Mujeres ¡Qué tentación, repito, de lanzarme a ellos y despedazarles! Acordeme de la gallina, que a pesar de su mansedumbre, se eriza y enfurece para defender a su progenitura. ¡Yo me volvía león! Algo extraño debía de notarse en mi gesto, para que Mauro Pareja, el Abad, mirándome fijamente, me cogiese de un brazo y me llevase, como en animosa demostración, hacia el cierre de cristales que daba al mar, en el salón de lectura. -Don Benicio. ¿qué le pasa a usted? -preguntome-. Parece que está usted así. como inmutado. -murmuré apenas repuesto de la horrible impresión- No sé. ¡Déjeme usted ahora. aguarde un poco. Y de pronto, encarándome con él: -Mire usted, don Mauro. usted es amigo mío. usted me aprecia; digo, yo creo que me aprecia. Deme usted una prueba de amistad: una sola.

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18 min Los Diamantes Son Un Puto Mejor Amigo

HDTV Los Diamantes Son Un Puto Mejor Amigo Echevarría, idem; Don José Guerreros, renegado exaltado y fue agente del gobierno de Balcarce; unos Peñas, renegados; Don N. Perelló, unitario y renegado. Debe haber en el resguardo otros muchos renegados, según la opinión general. Correos. Don Manuel J. Albarracín, unitario; Don Bonifacio Salvadores, idem y renegado; F. Olayo Picó, unitario. Institución de serenos. Presidente Don José Olaguer, renegado, vive con todos. Tesorero. -Don Felipe Botet, unitario muy renegado. Ayudantes. Don Juan Bautista Perichón, unitario; Don Pedro Botet, renegado; Don Antonio José Larrosa, vive con todos; Don José Álvarez, federal; Don Ambrosio Correa, idem; Don José León Gutiérrez, idem muy comprometido. Serenos pertenecientes al partido de los renegados. Pedro Espejo; Fermín Urain; José Pillao; Manuel Roxas; Juan Navea; Cosme Méndez; Vicente Gómez; Nicolás Martínez; José Alcolea, y unitario; Rufino Blanco; Manuel Sosa; Manuel Rubio; Gregorio Díaz, y muy malo en la época pasada; Domingo Lara, y unitario malo; Nicolás Blanco; Lorenzo Vose; José M. Cabot; Juan Ramón Díaz; José Ramos; Pedro Melo; Atanasio Romero; Luis Peredo; Francisco Rodríguez; Alberto Buráñez; José Isla; Vicente Montillo; Francisco Tixera; José M. Ordóñez; Julián Muñoz. Individuos de todas clases Don Luis Vega, ex juez de paz el año 33, renegado exaltado.

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22 min Amatures Xxx Torrents Caseros Mujeres que he estado en Hollabrünn, en Austerlitz y en Jena. -Por lo mismo que he estado en tan terribles acciones de guerra, tengo miedo. Pues fuera de la fila. Aquí no se quiere gente medrosa. -Todos los soldados aguerridos -dijo Santorcaz-, tienen miedo al empezar la batalla, por lo mismo que saben lo que es. Oído esto, casi todos los bisoños que poco antes reíamos a carcajada tendida, saludándonos con bravatas y dicharachos, conforme a la guerrera exaltación de que estábammos poseídos, callamos, mirándonos unos a otros, para cerciorarse cada cual de que no era él solo quien tenía miedo. -¿Sabéis lo que dijo mi señora madre que hiciera al comenzar la batalla? -indicó Rumblar-. Pues me dijo que rezara un Ave-María con toda devoción. Ha llegado el momento. Dios te salve, María. El mayorazguito continuó en voz baja el Ave-María que había empezado en alta voz, y todos los que estaban en la fila le imitaron, como si aquello en vez de escuadrón fuera un coro de religioso rezo; y lo más extraño fue que Santorcaz, poniéndose pálido, cerrando los ojos, y quitándose el sombrero con humilde gesto, dijo también Santa María. Aún resonaba en el aire aquella fervorosa invocación, cuando un estruendo formidable retumbó en las avanzadas de ambos ejércitos. Las columnas francesas del ala derecha se desplegaron en línea y rompieron el fuego contra nuestra izquierda.

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