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11 min Letras De Las Letras

¡loca. loca! Dios mío ya llegamos. Estoy medio muerta. Al entrar en la calle y acercarnos a la casa, alcé la vista y detrás del vidrio de uno de los miradores, distinguí un bulto siniestro, después dos ojos terribles separados por el curvo filo de una nariz aguileña, después un rayo de indignación que partía de aquellos ojos. Presentación vio también la fatídica imagen y estuvo a punto de desmayarse en mis brazos. -Mi mamá nos ha visto -dijo-. Escápese usted, sálvese usted, pues todavía es tiempo. -Subamos, y diciendo la verdad nos salvaremos los dos. En el corredor Presentación cayó de rodillas ante su madre que al encuentro nos salía, y exclamó con ahogada voz: -Señora madre ¡perdón!

47 min La Libertad Naturista Nudista Desnuda Un Poppin

650 mb La Libertad Naturista Nudista Desnuda Un Poppin No lloró esta pérdida de la antigua compañera de sus desventuras; pero la sintió en su corazón, que quizá imputó a su memoria el delito de haberla olvidado tan pronto. Supo también que había en el pueblo una casa recién concluida, de solana y corral, cuyo dueño se veía precisado a venderla para pagar a los que le habían dado a préstamo las tres cuartas partes de lo gastado en hacerla, y la compró. Dos semanas más adelante envió los necesarios cachivaches para amueblarla, amén de un ama de gobierno que en la villa le proporcionaron, y trasladóse a Coteruco, precedido de sus séis baúles de cuero inglés con vistosas chapas de metal. Precedídole había también su fama de hombre rico, y hasta su propósito de fabricar en breve una casa de arcos sobre los cimientos de la paterna choza, no sé si para borrar hasta las huellas de su estirpe, o para darla mayor prestigio; mas ni por esas ni por otras se voltearon las campanas al verle asomar sobre el cerro de Carrascosa, ni lo que más adentro le llegó, se le disputaron los notables para hospedarle en sus viviendas, ínterin él labraba el palacio proyectado; ilusión que, como se ha dicho, acarició en su mente soñadora el esplendoroso y reluciente don Gonzalo al enderezar su rumbo a Europa. Y pasó un día, y pasaron dos; y ni por asomarse al balcón con gorro de terciopelo bordado, en la cabeza, y en mangas de camisa para que brillara más el áureo culebreo de su cadena despilfarrada sobre su chaleco; ni por tirar a la calleja, cuando alguien pasaba por ella, colillas de medio puro, acudían las doncellas del lugar a ofrecerle canastillos de flores y velludos piescos, ni los señores a brindarle su alianza y su respeto. Alguna vieja pedigüeña se le presentó con un par de pollos tísicos en son de memorial plañidero, para alivio de añejos ayunos o de histéricos pertinaces. Patricio Rigüelta fue a verle, andando los días, y púsole sobre las mismas nubes, movido del afán de poner mucho más abajo, y aun despellejados, a los notables de Coteruco. Esto levantó un poco los abatidos humos de don Gonzalo; pero llegóse después a saludarle don Frutos, el señor cura, que era hombre muy cumplido; y lo echó a perder con la mejor intención. Díjole que se complacía en ver que la suerte había sido justa por aquella vez, colmando de dones a quien tanto y tan desnudo había rodado por el polvo de la miseria; con lo cual se ensoberbeció el indianete, cuyo prurito era olvidarse y pretender que los demás se olvidasen de que era hijo del perdulario Bragas. Supo don Román de que pie cojeaba el recién venido, a quien, siendo él mozo, había conocido muchacho y dádole de comer muy a menudo, y se apresuró a visitarle porque no tomara a desdén su alejamiento; pero como hombre cuerdo, limitóse en la visita a darle la bienvenida y a ofrecerle todas las atenciones y la buena voluntad de un convecino. Echó de menos don Gonzalo en este tributo de cortesía un sahumerio a su importancia de acaudalado y a su saber de hombre del día, y amoscóse, tachando a don Román de lugareño incivil y de vanidoso destripaterrones. Pero, en medio de todo, diéronle estas visitas ocasión, al devolverlas, de zarandear durante tres días su levita y su manatí por las callejas, no sin amargos contrapesos; pues bien sabe Dios lo que el hinchado personaje se requemaba cada vez que las viejucas del lugar, al cruzarse con él, se santiguaban, llenas, quizá, de complacencia, exclamando al verle alejarse: «¡Bendito sea el Señor que tanto puede! ¿Quién le diría al infeliz muchachuco de Antón Bragas que había de pasearse por estas callejas lleno de oro y paño fino, como un caballero de los más prencipales?

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16 min Hinchazón Del Pene Y Disfunción Eréctil.

55 min Hinchazón Del Pene Y Disfunción Eréctil. Gildo se comprometió a averiguar lo que pudiera, y el otro se encerró en su casa. Entre tanto, llegaron a Solapeña don Lope y sus dos protegidas; y esclavo el Hidalgo de su sistema de no meterse nunca donde no le llamaran, dejó a Narda y a Magdalena a la puerta de la casa de los parientes de ésta; y sin aceptar las gracias que, llorando, le daban las dos mujeres, entre súplicas y encargos para el prisionero, tomó la vuelta de Coteruco, a donde llegó, con la cachava al hombro, a la una de la tarde. Abrió el portón y luego la puerta del calabozo de Lucas, y halló a éste acurrucado en el suelo, por no haber allí mueble mejor en que sentarse, con la cabeza entre las manos. Levantóse el cojo al ver a su tío, y díjole éste sin más preámbulo: -Sígueme a mí cuarto. Lucas obedeció como un autómata. El cuarto de don Lope era como él: grande, sombrío, pobre desaliñado: una cama torneada, de alto testero, con colcha y rodapié de indiana; una percha de roble; un ropero de cabretón; un crucifijo y una benditera en la pared, sobre la cama; un palanganero en un rincón; una mesa de encina junto a la ventana; un viejo sillón junto a la mesa, y sobre ésta un tintero de estaño con dos plumas de ave, el Quijote en dos tomos, en pasta entera, varios libros de devoción y algunos pliegos de papel de barbas. No había más allí. -Siéntate ahí, -dijo el Hidalgo con voz ronca a su sobrino, señalándole el sillón. Sentóse Lucas. -Habéis enviado a ese caballero continuó don Lope-, fuera de aquí, so pretexto de que conspira contra vosotros, y de que, por el bien del Estado, conviene tenerle seguro. ¿No es esto lo que has querido darme a entender en tus retóricas estúpidas? -Justamente, -contestó Lucas, sin atreverse a protestar contra estos calificativos de su tío. -¡Cuenta, miserable, con no mentir, porque en ello te va la vida! -Digo la verdad.

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12 min Ray J Y Kim Sin Censura Porno

104 min Ray J Y Kim Sin Censura Porno Al paisano caído, se lo llevaron al puesto en un carrito de pértigo. El rubio se apeó junto al fogón, pidió el frasco de caña, con el que mojó el pañuelo que volvió a atarse. Pude ver la herida corta de labios hinchados. El ojo también se le iba poniendo gordo. Después quiso curarlo a mi bayo. Juntos le revisamos la cornada y me dijo: -Pa llevarlo va a andar mal. Si es de su idea venderlo yo se lo compro, siempre que noh'arreglemoh'en el precio. Miré para el campo. Ya el rodeo se iba perdiendo en la distancia. Recordé los cangrejales. ¡Abandonarlo al pobrecito Comadreja, así herido, en esas pampas de rechazo! -Vea cuñao. Pa qué vi'a mentirle. Yo al mancarrón le tengo cariño y.

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100 min La Psicología Evolutiva Y El Sexo Danwin David Buss.

79 min La Psicología Evolutiva Y El Sexo Danwin David Buss. Me siento. Una ligera fiebre enrojece mis mejillas; me late aprisa el corazón. La ilusión de tantas mujeres, y yo me cuento entre ellas. ¡Y nunca las he poseído! En mis viajes a Madrid -tan cortos, de horas- me paraba ante los escaparates, fascinada, embobada. ¡Las piedras, y sobre todo, las perlas! Lo primero que encuentro en el estuche, forrado de felpa rosa, en forma de garganta y escote de mujer, donde se escalona el collar de cinco hilos. Me lo pruebo, temblorosa sobre el negro de la blusa; lo acaricio; trabajo me cuesta quitármelo. Al acostarme, haremos otra prueba más convincente. ¡Qué redondas, qué oriente, qué igualdad la de estas perlas! Farnesio es todo un hombre de bien, para tener en su poder las llaves y que yo encuentre tales preseas en su sitio. Hay un caudal aquí.

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32 min Video Xxx Teen Hardcore Sex Gratis ¡Oh qué bonita estaba con su traje de luto! ¡Cómo lloraba y qué trabajo me costó sacarla de su rincón! ¡Y qué dichosos nos sentimos cuando se decidió! ¡Qué alegría sacar a Jip de su encierro y encontramos los tres reunidos! -Mi querida Dora, ¡ahora eres mía para siempre! -Déjame --dijo Dora en tono suplicante-, te lo ruego. -¿No eres ya mía para siempre? -Sí, ya lo creo -exclamó Dora- ¡Pero tengo tanto miedo! -¿Miedo, querida mía? -Sí, no me gusta -dijo Dora- ¿Por qué no se va? -¿Pero quién, tesoro mío? -Tu amigo -dijo Dora- ¿A él qué le importa? ¡Qué estúpido es! -Amor mío (nunca la he visto más seductora en sus movimientos infantiles), ¡si es el mejor muchacho del mundo!

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25 min Pov Sexo Con Una Chica Caliente

64 min Pov Sexo Con Una Chica Caliente ¡Si te enterarás al fin de quien es Rapella! ¡Si cuando tú vas a un punto ya estoy yo de vuelta! Todo eso que quieres saber, ya lo sé yo. ¿Por quién me tomas? ¡A fe que tengo bonito genio para estar tanto tiempo ignorante de lo que interesa a mis amigos! La aproximación de un sacerdote que se detuvo en medio de la nave mirándoles atentamente, les obligó a callar. «¿Quieres saberlo? -prosiguió el siciliano, libre ya del importuno clérigo-. Pues déjame terminar lo que diciendo venía. Para tu asunto es indiferente que evacuen o no evacuen la gloriosa villa de Oñate, porque. vamos, aplacaré tu curiosidad: Negretti está aquí; tu niña, no. Ya te contaré cómo lo supe. -Cuéntemelo usted ahora.

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97 min Sexo Y La Ciudad Fergie Mp3

69 min Sexo Y La Ciudad Fergie Mp3 Y algo dijo el otro después que le cargó soberanamente, por ejemplo: que entre los clérigos amigos de ambos criticaban a Hillo por meterse en belenes revolucionarios, arrimándose a las logias; y aunque su prisión había sido, según se contaba, un error de la policía, no le hacía favor el paso por el Saladero. Por lo demás, le veía con gusto entre los pocos eclesiásticos que hacían ascos a la facción, y se agarraban a las falditas de la angélica Isabé, pues el carlismo no habla de triunfar, y el porvenir era de los de acá, conforme al ejpíritu der siglo. Él iba siempre con er siglo, y por ver en su compañero iguales ideas, simpatisaban. Debía D. Pedro mirar con desprecio las murmuraciones obscurantistas y seguir adelante, procurando ingresar en el cuerpo castrense, pues convenía formar un plantel de capellanes, gente güena, que diera la norma del futuro personal eclesiástico; y si venía una ley (que sí vendría), abriéndole el caminito de los cabildos catedrales, como descanso y premio del militar servicio, la carrera de tropa era una bendisión. Cierto que la vida de campaña tenía sus trabajos y penalidades; pero todo se compensaba con lo divertido de andar entre gente ilustrada y de humor alegre, y con lo queuno se solasa cuando le toca la sircustansia de un buen alojamiento. Seguía Hillo dando a todo su aquiescencia, por ver si paraba un poco el molinillo de la palabra de Ibraim; pero ni por esas. Mientras más conforme aparecía D. Pedro, el otro apretaba más en su despotrique, y, por fin, se metió en la política palpitante. A Mendizábal no le podía ver, aunque eran casi paisanos (D. Víctor había visto la luz en Coria del Río, a la verita e Seviya). Mil ejemplos podría citar el clérigo hablador del detestable Gobierno de D. Juan y Medio; pero como para muestra bastaba un botón, denunciarla la incapacidad del Ministro con este solo caso. A poco de sentarse en la poltrona el gaditano, llegó él (Ibraim) de la propia Sevilla con buenas recomendaciones.

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29 min Bienes Raíces U S Islas Vírgenes

72 min Bienes Raíces U S Islas Vírgenes Le tenía a usted por un santo, y resulta usted un alcahuete. Atrás, villano. Déjeme en paz». Me arrojé en la cama, ocultando mi rostro entre las almohadas, y oí los gemidos del pobre Sagrario que lloraba como una Magdalena. Pasado un mes, pienso que no entero, de sufrimientos horribles más en lo moral que en lo físico, sobrevino el extraño incidente que a continuación se narra. Antes debo indicar que a ratos iniciábase ligero alivio en mi dolencia de los ojos. La percepción luminosa cada vez era mayor, y refugiándome en una casi obscuridad podía distinguir vagamente los objetos de más bulto. El amable y gracioso Albitos me vaticinó que antes de tres o cuatro semanas mi retina cumpliría como buena ejerciendo las funciones que le asignó la Naturaleza. Pero no contaba el buen doctor con las aventuras de mi dislocada imaginación, lanzándose sin freno ni paracaídas a los espacios novelescos. Una tarde o noche, no lo sé, hallándome solo en mi caverna teñida de color violeta con franjas de oro, vi que a mí se llegaba una mujer. era Efémera, la buena, la estatuaria, la que en Tafalla y Madrid me trajo dulces mensajes de mi adorada Madre. La reconocí al sentir en mi hombro su mano marmórea. Alargué la mía para coger su túnica, y advertí que sobre esta llevaba un delantal casero.

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