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49 min Lado A Lado Con Congeladores De Fondo Congelador

¡Tu gran entendimiento de matemático y de filósofo alemán no es capaz de penetrar estas sutilezas de una madre prudente! -Es que me asombro más y más cada vez -dijo el ingeniero. -Asómbrate todo lo que quieras; pero confiesa tu barbaridad -manifestó la dama, aumentando en bríos-, reconoce tu ligereza y brutal comportamiento conmigo, al acusarme como lo has hecho. Eres un mozalbete sin experiencia ni otro saber que el de los libros, que nada enseñan del mundo ni del corazón. Tú de nada entiendes, más que de hacer caminos y muelles. señorito mío. En el corazón humano no se entra por los túneles de los ferro-carriles, ni se baja a sus hondos abismos por los pozos de las minas. No se lee en la conciencia ajena con los microscopios de los naturalistas, ni se decide la culpabilidad del prójimo, nivelando las ideas con teodolito. -¡Por Dios querida tía! -¿Para qué nombras a Dios sino crees en él? -dijo doña Perfecta, con solemne acento-. Si creyeras en él, si fueras buen cristiano, no aventurarías pérfidos juicios sobre mi conducta. Yo soy una mujer piadosa, ¿entiendes?

91 min Que Talla Es Grande Para Los Senos

119 min Que Talla Es Grande Para Los Senos Con esto y la firma de Amaranta terminaba la epístola, cuya lectura, absorbiendo mi atención, me distraía de la batalla. El fragor de esta zumbaba en mis oídos como el rumor del mar, a quien generalmente no se hace caso alguno desde tierra. ¿Es tal vuestra impertinencia que queréis obligarme a contaros lo que allí pasaba? Pues oíd. Cuando la tropa francesa de línea retrocedió por tercera vez, extenuada de hambre, de sed y de cansancio; cuando los soldados que no habían sido heridos se arrojaban al suelo maldiciendo la guerra, negándose a batirse e insultando a los oficiales que les llevaran a tan terrible situación, el general en jefe reunió la plana mayor, y expuesto en breve consejo el estado de las cosas,se decidió intentar un último ataque con los marinos de la guardia imperial, aún intactos, poniéndose a la cabeza todos los generales. Por eso, cuando leída la carta alcé los ojos, vi delante de las primeras filas de caballería algunas masas de tropa escoltando los seis cañones de la carretera, cuyo fuego certero y terrible había sido el nudo gordiano de la batalla. Servidos siempre con destreza y al fin con exaltación, aquellos seis cañones eran durante unos minutos la pieza de dos cuartos arrojada por España y Francia, por la usurpación y la nacionalidad en un corrillo de veinte mil soldados. ¿Cara o cruz? ¿Las tomarían los franceses? ¿Se dejarían quitar los españoles aquellos seis cañones? ¿Quién podría más, nuestros valientes y hábiles oficiales de artillería, o los quinientos marinos? Yo vi a estos avanzar por la carretera, y entre el denso humo distinguimos un hombre puesto al frente del valiente batallón y blandiendo con furia la espada; un hombre de alta estatura, con el rostro desfigurado por la costra de polvo que amasaban los sudores de la angustia; de uniforme lujoso y destrozado en la garganta y seno como si se lo hubiera hecho pedazos con las uñas para dar desahogo al oprimido pecho. Aquella imagen de la desesperación, que tan pronto señalaba la boca de los cañones como el cielo, indicando a sus soldados un alto ideal al conducirles a la muerte, era el desgraciado general Dupont que habíavenido a Andalucía, seguro de alcanzar el bastón de mariscal de Francia. El paseo triunfal de que habló al partir de Toledo había tenido aquel tropiezo.

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750 mb Colección Fetiche Al Rojo Vivo 39 Kaede

500 mb Colección Fetiche Al Rojo Vivo 39 Kaede Me había cansado de leer y me caía de sueño; pero como tenía permiso (como una gran cosa) para permanecer levantado hasta que volviera mi madre (que pasaba la velada en casa de unos vecinos) como es natural, hubiera preferido morir en mi puesto antes que irme a la cama. Había llegado a ese estado de sueño en que me parecía que Peggotty se inflaba y crecía de un modo gigantesco. Me sostenía con los dedos los párpados para que no se me cerrasen y la miraba con insistencia, mientras ella seguía trabajando; también miraba el pedacito de cera que tenía para el hilo (¡qué viejo estaba y qué arrugado por todos lados! y la casita donde vivía el metro, y la caja de labor, con su tapa de corredera que tenía pintada una vista de la catedral de Saint Paúl, con la cúpula color de rosa, y el dedal de cobre puesto en su dedo, y a ella misma, que realmente me parecía encantadora. Tenía tanto sueño que estaba convencido de que en el momento en que perdiera de vista cualquiera de aquellas cosas ya no tendría remedio. -Peggotty -dije de repente- ¿Has estado casada alguna vez? -¡Dios mío, Davy! -replicó Peggotty-. ¿Cómo se te ha ocurrido pensar en eso? Me contestó tan sorprendida que casi me despabiló, y dejando de coser me miró con la aguja todo lo estirada que le permitía el hilo. -Pero ¿tú no has estado nunca casada, Peggotty? -le dije- Tú eres una mujer muy guapa, ¿no? La encontraba de un estilo muy diferente al de mi madre; pero, dentro de otro género de belleza, me parecía un ejemplar perfecto. Había en el gabinete un taburete de terciopelo rojo, en el que mi madre había pintado un ramillete; el fondo de aquel taburete y el cutis de Peggotty eran para mí una misma cosa. El terciopelo del taburete era suave y el cutis de Peggotty, áspero; pero eso era lo de menos.

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60 min Consejo Municipal De Texas Carrera Electoral Gay

95 min Consejo Municipal De Texas Carrera Electoral Gay Al cuidado de los buenos Padres, estos aguardan a que las educandas sean señoras para meter las narices en sus hogares, adueñándose del marido y de los hijos, y por fin, esperan cachazudos y tenaces a que se hagan viejas idiotas para quitarles todo lo que tienen. -Así es y así será. Y ahora te digo que la de San Epifanio anda muy a la cola en ortografía. Ayer vi casualmente una tarjeta que escribió a doña Segismunda, en la cual noté que pone hombre sin hache y ayer con hache y elle. La de Cucúrbitas dice ivierno, ferroscarriles y Espirituisanto. -Ya lo ves, Casianilla: con lo poquito que tú sabes eres muy superior a esas señoronas hartas de dinero, que nos miran a nosotros por encima del hombro. Compárate, y verás bien claro tu superioridad. Vuelve la vista al pasado, y te harás cargo del inmenso adelanto que has conseguido desde que te saqué de la abyección y la miseria para elevarte hasta donde ahora te encuentras. Ido te enseñó a leer y escribir, y entre ese buen hombre y yo te dimos las nociones elementales con que apareces superior a todo este señorío hecho de pronto que sólo brilla por el oro ganado sabe Dios cómo». Andando, andando, y cuando íbamos frente al Hospicio, pasó junto a nosotros rapidísima una figura de mujer, que me tocó en el codo y siguió su camino con la velocidad del viento. De lejos me miró sonriente: era una Efémera. No bien rebasamos el terreno antaño llamado los Pozos de Nieve, donde a la sazón se construían hermosas casas, pasaron con loca presteza y travesura, no una, sino dos o tres Efémeras, rozándome con dedos ligerísimos como para hacerme cosquillas. Desparecieron delante de nosotros, perdiéndose entre los grupos de transeúntes, y dejando tras sí ecos de risas livianas y de interjecciones burlescas. En estos prodigios del orden quimérico no se fijó Casiana, y sí lo hizo con atención discreta en que era la hora de comer y debíamos volvernos a casa. Aferrado a una idea tenazmente alojada en mi cerebro, propuse hacer rabona en nuestra hospedería, y retrocediendo algunos pasos nos metimos en el bodegón llamado La Criolla.

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86 min Fotos De Mujeres Desnudas Desnudas En Topless Sexy

16 min Fotos De Mujeres Desnudas Desnudas En Topless Sexy El temor que nos rodeaba y comenzaba a ser lo más claro de nuestro prestigio entre el pueblo bajo, se intensificó hasta un grado increíble. Nunca como entonces, fuimos dueños de la situación, aunque nos execraran. Entre la gente de buena posición, nadie creía aquella horrible calumnia, aunque algunos energúmenos la aprovecharon para denigrarnos. Entre éstos que afirmaban la verdad del envenenamiento y los otros que la ponían caballerosamente en duda, el pueblo decía: -Los que los acusan dicen la verdad; los otros se callan de miedo. Y si la gente tan bien colocada temía, ¿qué no había de temer el pobre pueblo? De tan vil, de tan inexistente causa, nunca he visto salir tales efectos. Como si estuviésemos en tiempos de Rosas, la provincia calló, y no hay gobernante que haya gobernado tan pacíficamente como Correa. Una persona, sin embargo, tuvo una sombra de duda que me afligió en extremo: María. La visitaba frecuentemente, y estaba entonces enamorado de ella, de su hermosura, de su ingenio, de su delicadeza, de su instrucción artística. Era toda una señora con los candores deliciosos de una niña. Hacía tiempo que la notaba más fría y reservada que antes, sin poder darme cuenta del motivo, cuando una noche, como se aludiera, no sé a qué cuento, al difunto Gobernador, dejó escapar esta frase: -¡Cuándo se aclarará ese misterio tan doloroso! Comprendí entonces todas sus reservas, y le dije la verdad, comenzando por revelarle la vida íntima de Camino, sus extravíos, sus malas costumbres, para terminar con el cuadro de su muerte, sin detalles ociosos y escandalosos, tal, en fin, como lo he hecho en estas páginas. Y terminé diciendo: -Para que no tenga usted la menor duda, voy a mandar que venga Cruz, y él le contará las cosas tal como pasaron. Comenzaba a escribir una tarjeta cuando María, levantándose y poniendo su mano sobre la mía, me interrumpió así: -Nadie sino usted podía contarme semejantes atrocidades. Le creo, pero no quiero que nadie me repita cosas que yo no debo saber.

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106 min John Holmes Estrella Porno Con Putas ¿Cuántas indias y negras de esas que venden a sus hijas están en la cárcel? Yo no sé de ninguna. Las señoras, a su vez, comentaban por lo bajo el suceso. -¿Qué te parece, hija mía? -murmuraba misia Tecla-. ¿Habrá sinvelgüensa? -Y la peladita no era fea. ¡Tenía unos ojos! Nadie lo hubiera creído. -No, y lo que es el doctor, tampoco era feo. ¡Qué simpático! Y cada una envidiaba interiormente a Alicia, no pudiendo menos de admirar su audacia. Este sentimiento era acaso el único real que latía en el fondo de todo aquel barullo.

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200 mb ¿ayuda El Agua Con El Sexo? Precisamente tal investigación perpetua, llegó a hacerme sospechoso, al punto de advertirse pronto reparada Lucía en aquella tarde queme llamaron sus horquillas la atención. La vi escamarse, llevarse la mano al pelo, atenta a mi fijeza. darse cuenta quizás del peligro y hundirse las horquillas en los bucles. Cuando anocheció, bajó a cambiarse de peinado. Y no ha vuelto a ponérselas. El detalle, recogido por Enrique, que es en efecto un puntual observador, torna a irritarme. -¡Hace falta averiguar quién la despeina! -digo. ¿no es usted? -¿Que no? -Que no. -De honor.

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11 min Videos Porno Hot Sexy Pareja India Pero nada más se puede decir de ella, ¿no es verdad, Minnie? -No, padre -dijo mistress Joram-; eso es todo. -Así, cuando encontró una colocación --continuó míster Omer- para acompañar a una señora anciana y difícil, no congeniaron y no pasó de ahí. Por último ha venido a esta casa de aprendiza, pronto hará ya tres años, y es la mejor chica que se puede encontrar. Trabaja como seis. Minnie, ¿no hace ahora ella el trabajo de seis obreras? -Sí, padre ---contestó Minnie-; que no se diga que no le hago justicia. -Muy bien -dijo míster Omer-; así debe ser. Y así, caballerito -añadió después de unos momentos de acariciarse la barbilla-, para que no me considere usted tan charlatán como corto de aliento, creo que es todo lo que le puedo decir. Como al hablar de Emily bajaban la voz, supuse que estaba cerca, y al preguntarlo, míster Omer me indicó que sí, y me señaló hacia la puerta interior. Me apresuré a preguntar si podía mirar y, al darme su permiso, miré a través de los cristales y la vi sentada trabajando; la vi; y era la más preciosa criatura del mundo: pequeñita, con sus grandes ojos azules, que habían penetrado en mi infantil corazón; estaba riéndose vuelta hacia otro niño de Minnie, que jugaba a su lado, y había tal decisión en su rostro brillante, mezclada con mucho de su antigua expresión caprichosa, que me pareció justificado todo lo que había oído. Pero no había nada en su belleza, estoy seguro, que pudiera hacer esperar otra cosa que bondad y felicidad y una vida tranquila y dichosa. El martilleo del patio parecía como si no hubiese cesado nunca, y resonaba débilmente durante todo el tiempo. -¿Quiere usted entrar a hablarle? ---dijo míster Omer-.

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102 min Pelirrojas Sexy Folladas Duro Y Abofeteadas En verdad que era simpático aquel muchacho. Vestía bien, sin exageración. Se inclinó ante la baronesa viuda, que le tendió su mano, siempre enguantada; saludó a la joven y fue a colocarse de pie ante la chimenea. Agotó en breve dos o tres temas de conversación. La anciana no parecía hacerle gran caso, sumida ahora en la lectura de un crimen espeluznante, cuyos espantables detalles parecían producirla profundo interés. La rubia, colocada a alguna distancia, le envolvía, mientras hablaba, en una mirada tibia y acariciadora. Algunas veces se tornaba en ardiente, y entonces ella descendía con rapidez sus largas pestañas para velar el fuego de sus pupilas. Pasado un rato dio algunos pasos hacia él, arrastrando con majestad su larga cola sobre la mullida alfombra. -¡Qué poca gracia tienes para arreglarte la corbata! Tiró el abanico sobre una butaca y se preparó a perfeccionar con sus bellas manos el nudo. Hizo un movimiento de coquetería. Perdió la estatua su rigidez marmórea. Se ladeó la cabeza curvando el cuello, olvidó la cara en una picaresca sonrisa su irreprochable dibujo, se achicaron los ojos, echáronse hacia adelante los hombros dejando su clasicismo para tomar un no sé qué de lúbrico, adquirieron movilidad las caderas, y la imagen cambió por completo, exhalando toda ella un perfume de voluptuosidad embriagador. Dejó la diosa de serlo y se convirtió en mujer. Tal vez estaba más apetitosa así, pero indudablemente estaba menos bella.

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109 min Madres Reales Que Azotan Hijos Adolescentes -Amiga Lina, hay cosas que, antes de conocerlas, parecen encerrar el secreto de la felicidad, y cuando se conocen, son más amargosas que la muerte. De esas cosas es preciso huir. Todos hemos tenido veinticinco años, y sufrido vértigos y rendido tributo a la engañifa, a las farsas, a los faroles de papel con una cerilla dentro. Ya vemos más claro. Otra lucha, ardiente, nos llama. Otro sport, como ahora dicen. ¿Usted supone que la mujer no puede jugar a ese juego? Vaya si puede. Detrás de cada combatiente suele haber una amazona; detrás de cada poderoso, una reina social. Consiéntame usted que, por lo menos, la inicie. Después, si no se pica usted al juego, nuestra amistad persistirá: siempre tendré igual empeño en que no se salga con sus malos propósitos Mascareñas. Le ajustaré las cuentas, no lo dude usted. Al despedirme al día siguiente en la estación, me deslizó al oído, entregándome una primorosa caja de chocolates: -Una postalcita. Deseo saber qué impresión la causa París. ¡Ah, Carranza!

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